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Viejo errean dijo: 24.06.14
EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESÚS, EL CRISTO DE DIOS, EL MESÍAS DE LOS JUDÍOS, SEGÚN SAN MATEO, CAPÍTULO XVI VERS XIII AL XX

13 Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?».
14 Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».
15 «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?».
16 Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
17 Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
18 Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
19 Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».
20 Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

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Viejo errean dijo: 25.06.14


PRIMERA PARTE
LA PROFESIÓN DE LA FE
SEGUNDA SECCIÓN:
LA PROFESIÓN DE LA FE CRISTIANA
CAPÍTULO SEGUNDO
CREO EN JESUCRISTO, HIJO ÚNICO DE DIOS
ARTÍCULO 2
“Y EN JESUCRISTO, SU ÚNICO HIJO, NUESTRO SEÑOR”
I. Jesús
430 Jesús quiere decir en hebreo: "Dios salva". En el momento de la anunciación, el ángel Gabriel le dio como nombre propio el nombre de Jesús que expresa a la vez su identidad y su misión (cf. Lc 1, 31). Ya que "¿quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?"(Mc 2, 7), es Él quien, en Jesús, su Hijo eterno hecho hombre "salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt 1, 21). En Jesús, Dios recapitula así toda la historia de la salvación en favor de los hombres.
431 En la historia de la salvación, Dios no se ha contentado con librar a Israel de "la casa de servidumbre" (Dt 5, 6) haciéndole salir de Egipto. Él lo salva además de su pecado. Puesto que el pecado es siempre una ofensa hecha a Dios (cf. Sal 51, 6), sólo Él es quien puede absolverlo (cf. Sal 51, 12). Por eso es por lo que Israel, tomando cada vez más conciencia de la universalidad del pecado, ya no podrá buscar la salvación más que en la invocación del nombre de Dios Redentor (cf. Sal 79, 9).
432 El nombre de Jesús significa que el Nombre mismo de Dios está presente en la Persona de su Hijo (cf. Hch 5, 41; 3 Jn 7) hecho hombre para la Redención universal y definitiva de los pecados. Él es el Nombre divino, el único que trae la salvación (cf. Jn 3, 18; Hch 2, 21) y de ahora en adelante puede ser invocado por todos porque se ha unido a todos los hombres por la Encarnación (cf. Rm 10, 6-13) de tal forma que "no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos" (Hch 4, 12; cf. Hch 9, 14; St 2, 7).
433 El Nombre de Dios Salvador era invocado una sola vez al año por el sumo sacerdote para la expiación de los pecados de Israel, cuando había asperjado el propiciatorio del Santo de los Santos con la sangre del sacrificio (cf. Lv 16, 15-16; Si 50, 20; Hb 9, 7). El propiciatorio era el lugar de la presencia de Dios (cf. Ex 25, 22; Lv 16, 2; Nm 7, 89; Hb 9, 5). Cuando san Pablo dice de Jesús que "Dios lo exhibió como instrumento de propiciación por su propia sangre" (Rm 3, 25) significa que en su humanidad "estaba Dios reconciliando al mundo consigo" (2 Co 5, 19).
434 La Resurrección de Jesús glorifica el Nombre de Dios "Salvador" (cf. Jn 12, 28) porque de ahora en adelante, el Nombre de Jesús es el que manifiesta en plenitud el poder soberano del "Nombre que está sobre todo nombre" (Flp 2, 9). Los espíritus malignos temen su Nombre (cf. Hch 16, 16-18; 19, 13-16) y en su nombre los discípulos de Jesús hacen milagros (cf. Mc 16, 17) porque todo lo que piden al Padre en su Nombre, Él se lo concede (Jn 15, 16).
435 El Nombre de Jesús está en el corazón de la plegaria cristiana. Todas las oraciones litúrgicas se acaban con la fórmula Per Dominum nostrum Jesum Christum... ("Por nuestro Señor Jesucristo..."). El "Avemaría" culmina en "y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús". La oración del corazón, en uso en Oriente, llamada "oración a Jesús" dice: "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí pecador". Numerosos cristianos mueren, como santa Juana de Arco, teniendo en sus labios una única palabra: "Jesús".
II. Cristo
436 Cristo viene de la traducción griega del término hebreo "Mesías" que quiere decir "ungido". Pasa a ser nombre propio de Jesús porque Él cumple perfectamente la misión divina que esa palabra significa. En efecto, en Israel eran ungidos en el nombre de Dios los que le eran consagrados para una misión que habían recibido de Él. Este era el caso de los reyes (cf. 1 S 9, 16; 10, 1; 16, 1. 12-13; 1 R 1, 39), de los sacerdotes (cf. Ex 29, 7; Lv 8, 12) y, excepcionalmente, de los profetas (cf. 1 R 19, 16). Este debía ser por excelencia el caso del Mesías que Dios enviaría para instaurar definitivamente su Reino (cf. Sal 2, 2; Hch 4, 26-27). El Mesías debía ser ungido por el Espíritu del Señor (cf. Is 11, 2) a la vez como rey y sacerdote (cf. Za 4, 14; 6, 13) pero también como profeta (cf. Is 61, 1; Lc 4, 16-21). Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey.
437 El ángel anunció a los pastores el nacimiento de Jesús como el del Mesías prometido a Israel: "Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor" (Lc 2, 11). Desde el principio él es "a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo"(Jn 10, 36), concebido como "santo" (Lc 1, 35) en el seno virginal de María. José fue llamado por Dios para "tomar consigo a María su esposa" encinta "del que fue engendrado en ella por el Espíritu Santo" (Mt 1, 20) para que Jesús "llamado Cristo" nazca de la esposa de José en la descendencia mesiánica de David (Mt 1, 16; cf. Rm 1, 3; 2 Tm 2, 8; Ap 22, 16).
438 La consagración mesiánica de Jesús manifiesta su misión divina. "Por otra parte eso es lo que significa su mismo nombre, porque en el nombre de Cristo está sobreentendido Él que ha ungido, Él que ha sido ungido y la Unción misma con la que ha sido ungido: Él que ha ungido, es el Padre. Él que ha sido ungido, es el Hijo, y lo ha sido en el Espíritu que es la Unción" (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, 3, 18, 3). Su eterna consagración mesiánica fue revelada en el tiempo de su vida terrena, en el momento de su bautismo, por Juan cuando "Dios le ungió con el Espíritu Santo y con poder" (Hch 10, 38) "para que él fuese manifestado a Israel" (Jn 1, 31) como su Mesías. Sus obras y sus palabras lo dieron a conocer como "el santo de Dios" (Mc 1, 24; Jn 6, 69; Hch 3, 14).
439 Numerosos judíos e incluso ciertos paganos que compartían su esperanza reconocieron en Jesús los rasgos fundamentales del mesiánico "hijo de David" prometido por Dios a Israel (cf. Mt 2, 2; 9, 27; 12, 23; 15, 22; 20, 30; 21, 9. 15). Jesús aceptó el título de Mesías al cual tenía derecho (cf. Jn 4, 25-26;11, 27), pero no sin reservas porque una parte de sus contemporáneos lo comprendían según una concepción demasiado humana (cf. Mt 22, 41-46), esencialmente política (cf. Jn 6, 15; Lc 24, 21).
440 Jesús acogió la confesión de fe de Pedro que le reconocía como el Mesías anunciándole la próxima pasión del Hijo del Hombre (cf. Mt 16, 23). Reveló el auténtico contenido de su realeza mesiánica en la identidad transcendente del Hijo del Hombre "que ha bajado del cielo" (Jn 3, 13; cf. Jn 6, 62; Dn 7, 13), a la vez que en su misión redentora como Siervo sufriente: "el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos" (Mt 20, 28; cf. Is 53, 10-12). Por esta razón, el verdadero sentido de su realeza no se ha manifestado más que desde lo alto de la Cruz (cf. Jn 19, 19-22; Lc 23, 39-43). Solamente después de su resurrección su realeza mesiánica podrá ser proclamada por Pedro ante el pueblo de Dios: "Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado" (Hch 2, 36).
III. Hijo único de Dios
441 Hijo de Dios, en el Antiguo Testamento, es un título dado a los ángeles (cf. Dt 32, 8; Jb 1, 6), al pueblo elegido (cf. Ex 4, 22;Os 11, 1; Jr 3, 19; Si 36, 11; Sb 18, 13), a los hijos de Israel (cf. Dt 14, 1; Os 2, 1) y a sus reyes (cf. 2 S 7, 14; Sal 82, 6). Significa entonces una filiación adoptiva que establece entre Dios y su criatura unas relaciones de una intimidad particular. Cuando el Rey-Mesías prometido es llamado "hijo de Dios" (cf. 1 Cro 17, 13; Sal 2, 7), no implica necesariamente, según el sentido literal de esos textos, que sea más que humano. Los que designaron así a Jesús en cuanto Mesías de Israel (cf. Mt 27, 54), quizá no quisieron decir nada más (cf. Lc 23, 47).
442 No ocurre así con Pedro cuando confiesa a Jesús como "el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16) porque Jesús le responde con solemnidad "no te ha revelado esto ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos" (Mt 16, 17). Paralelamente Pablo dirá a propósito de su conversión en el camino de Damasco: "Cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo para que le anunciase entre los gentiles..." (Ga 1,15-16). "Y en seguida se puso a predicar a Jesús en las sinagogas: que él era el Hijo de Dios" (Hch 9, 20). Este será, desde el principio (cf. 1 Ts 1, 10), el centro de la fe apostólica (cf. Jn 20, 31) profesada en primer lugar por Pedro como cimiento de la Iglesia (cf. Mt 16, 18).
443 Si Pedro pudo reconocer el carácter transcendente de la filiación divina de Jesús Mesías es porque éste lo dejó entender claramente. Ante el Sanedrín, a la pregunta de sus acusadores: "Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?", Jesús ha respondido: "Vosotros lo decís: yo soy" (Lc 22, 70; cf. Mt 26, 64; Mc 14, 61). Ya mucho antes, Él se designó como el "Hijo" que conoce al Padre (cf. Mt 11, 27; 21, 37-38), que es distinto de los "siervos" que Dios envió antes a su pueblo (cf. Mt 21, 34-36), superior a los propios ángeles (cf. Mt 24, 36). Distinguió su filiación de la de sus discípulos, no diciendo jamás "nuestro Padre" (cf. Mt 5, 48; 6, 8; 7, 21; Lc 11, 13) salvo para ordenarles "vosotros, pues, orad así: Padre Nuestro" (Mt 6, 9); y subrayó esta distinción: "Mi Padre y vuestro Padre" (Jn 20, 17).
444 Los evangelios narran en dos momentos solemnes, el Bautismo y la Transfiguración de Cristo, que la voz del Padre lo designa como su "Hijo amado" (Mt 3, 17; 17, 5). Jesús se designa a sí mismo como "el Hijo Único de Dios" (Jn 3, 16) y afirma mediante este título su preexistencia eterna (cf. Jn 10, 36). Pide la fe en "el Nombre del Hijo Único de Dios" (Jn 3, 18). Esta confesión cristiana aparece ya en la exclamación del centurión delante de Jesús en la cruz: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (Mc 15, 39), porque es solamente en el misterio pascual donde el creyente puede alcanzar el sentido pleno del título "Hijo de Dios".
445 Después de su Resurrección, su filiación divina aparece en el poder de su humanidad glorificada: "Constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su Resurrección de entre los muertos" (Rm 1, 4; cf. Hch 13, 33). Los apóstoles podrán confesar "Hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad "(Jn 1, 14).
IV. Señor
446 En la traducción griega de los libros del Antiguo Testamento, el nombre inefable con el cual Dios se reveló a Moisés (cf. Ex 3, 14), YHWH, es traducido por Kyrios ["Señor"]. Señor se convierte desde entonces en el nombre más habitual para designar la divinidad misma del Dios de Israel. El Nuevo Testamento utiliza en este sentido fuerte el título "Señor" para el Padre, pero lo emplea también, y aquí está la novedad, para Jesús reconociéndolo como Dios (cf. 1 Co 2,8).
447 El mismo Jesús se atribuye de forma velada este título cuando discute con los fariseos sobre el sentido del Salmo 109 (cf. Mt 22, 41-46; cf. también Hch 2, 34-36; Hb 1, 13), pero también de manera explícita al dirigirse a sus Apóstoles (cf. Jn 13, 13). A lo largo de toda su vida pública sus actos de dominio sobre la naturaleza, sobre las enfermedades, sobre los demonios, sobre la muerte y el pecado, demostraban su soberanía divina.
448 Con mucha frecuencia, en los evangelios, hay personas que se dirigen a Jesús llamándole "Señor". Este título expresa el respeto y la confianza de los que se acercan a Jesús y esperan de Él socorro y curación (cf. Mt 8, 2; 14, 30; 15, 22, etc.). Bajo la moción del Espíritu Santo, expresa el reconocimiento del misterio divino de Jesús (cf. Lc 1, 43; 2, 11). En el encuentro con Jesús resucitado, se convierte en adoración: "Señor mío y Dios mío" (Jn 20, 28). Entonces toma una connotación de amor y de afecto que quedará como propio de la tradición cristiana: "¡Es el Señor!" (Jn 21, 7).
449 Atribuyendo a Jesús el título divino de Señor, las primeras confesiones de fe de la Iglesia afirman desde el principio (cf. Hch 2, 34-36) que el poder, el honor y la gloria debidos a Dios Padre convienen también a Jesús (cf. Rm 9, 5; Tt 2, 13; Ap 5, 13) porque Él es de "condición divina" (Flp 2, 6) y porque el Padre manifestó esta soberanía de Jesús resucitándolo de entre los muertos y exaltándolo a su gloria (cf. Rm 10, 9;1 Co 12, 3; Flp 2,11).
450 Desde el comienzo de la historia cristiana, la afirmación del señorío de Jesús sobre el mundo y sobre la historia (cf. Ap 11, 15) significa también reconocer que el hombre no debe someter su libertad personal, de modo absoluto, a ningún poder terrenal sino sólo a Dios Padre y al Señor Jesucristo: César no es el "Señor" (cf. Mc 12, 17; Hch 5, 29). " La Iglesia cree que la clave, el centro y el fin de toda historia humana se encuentra en su Señor y Maestro" (GS 10, 2; cf. 45, 2).
451 La oración cristiana está marcada por el título "Señor", ya sea en la invitación a la oración "el Señor esté con vosotros", o en su conclusión "por Jesucristo nuestro Señor" o incluso en la exclamación llena de confianza y de esperanza: Maran atha ("¡el Señor viene!") o Marana tha ("¡Ven, Señor!") (1 Co 16, 22): "¡Amén! ¡ven, Señor Jesús!" (Ap 22, 20).
Resumen
452 El nombre de Jesús significa "Dios salva". El niño nacido de la Virgen María se llama "Jesús" "porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt 1, 21); "No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos" (Hch 4, 12).
453 El nombre de Cristo significa "Ungido", "Mesías". Jesús es el Cristo porque "Dios le ungió con el Espíritu Santo y con poder" (Hch 10, 38). Era "el que ha de venir" (Lc 7, 19), el objeto de "la esperanza de Israel"(Hch 28, 20).
454 El nombre de Hijo de Dios significa la relación única y eterna de Jesucristo con Dios su Padre: el es el Hijo único del Padre (cf. Jn 1, 14. 18; 3, 16. 18) y Él mismo es Dios (cf. Jn 1, 1). Para ser cristiano es necesario creer que Jesucristo es el Hijo de Dios (cf. Hch 8, 37; 1 Jn 2, 23).
455 El nombre de Señor significa la soberanía divina. Confesar o invocar a Jesús como Señor es creer en su divinidad "Nadie puede decir: "¡Jesús es Señor!" sino por influjo del Espíritu Santo"(1 Co 12, 3).
Viejo errean dijo: 26.06.14
Jesucristo, el Mesías ungido por el Espíritu Santo (5.VIII.87)



1. 'Salí del Padre y vine al mundo; de nuevo dejo el mundo y me voy al Padre' (Jn 16, 28). Jesucristo tiene el conocimiento de su origen del Padre: es el Hijo porque proviene del Padre. Como Hijo ha venido al mundo, mandado por el Padre. Esta misión (missio) que se basa en el origen eterno del Cristo) Hijo, de la misma naturaleza que el Padre, está radicada en El. Por ello en esta misión el Padre revela el Hijo y da testimonio de Cristo como su Hijo, mientras que al mismo tiempo el Hijo revea al Padre. Nadie, efectivamente 'conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo' (Mt 11, 27). El Hijo, que 'ha salido del Padre', expresa y confirma la propia filiación en cuanto 'revea al Padre' ante el mundo. Y lo hace no sólo con las palabras del Evangelio, sino también con su vida, por el hecho de que El completamente 'vive por el Padre', y esto hasta el sacrificio de su vida en la cruz.
2. Esta misión salvífica del Hijo de Dios como Hombre se lleva a cabo 'en la potencia' del Espíritu Santo. Lo atestiguan numerosos pasajes de los Evangelios y todo el Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, la verdad sobre la estrecha relación entre la misión del Hijo y la venida del Espíritu Santo (que es también su 'misión') estaba escondida, aunque también, en cierto modo, ya anunciada. Un presagio particular son las palabras de Isaías, a las cuales Jesús hace referencia al inicio de su actividad mesiánica en Nazaret: 'El Espíritu del Señor está sobre mi, porque me ungió para evangelizar a los pobres; me envió a predicar a los cautivos la libertad, a los ciegos la recuperación de la vista; para poner en libertad a los oprimidos, para anunciar un año de gracia del Señor' (Lc 4,17-19; cfr. Is 61, 1-2).
Estas palabras hacen referencia al Mesías: palabra que significa 'consagrado con unción' ('ungido'), es decir, aquel que viene de la potencia del Espíritu del Señor. Jesús afirma delante de sus paisanos que estas palabras se refieren a El: 'Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír' (Cfr. Lc 4, 21).
3. Esta verdad sobre el Mesías que viene en el poder del Espíritu Santo encuentra su confirmación durante el bautismo de Jesús en el Jordán, también al comienzo de su actividad mesiánica. Particularmente denso es el texto de Juan que refiere las palabras del Bautista: 'Yo he visto el Espíritu descender del cielo como paloma y posarse sobre El. Yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar en agua me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu y posarse sobre El, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo. Y yo vi, y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios' (Jn 1, 32)34).
Por consiguiente, Jesús es el Hijo de Dios, aquel que 'ha salido del Padre y ha venido al mundo' (Cfr. Jn 16, 28), para llevar el Espíritu Santo: 'para bautizar en el Espíritu Santo' (Cfr. Mc 1, 8), es decir, para instituir la nueva realidad de un nuevo nacimiento, por el poder de Dios, de los hijos de Adán manchados por el pecado. La venida del Hijo de Dios al mundo, su concepción humana y su nacimiento virginal se han cumplido por obra del Espíritu Santo. El Hijo de Dios se ha hecho hombre y ha nacido de la Virgen María por obra del Espíritu Santo, en su potencia.
4. El testimonio que Juan da de Jesús como Hijo de Dios está en estrecha relación con el texto del Evangelio de Lucas donde leemos que en la Anunciación María oye decir que Ella 'concebirá y dará a luz en su seno un hijo que será llamado Hijo del Altísimo' (Cfr. Lc 1, 31-32). Y cuando pregunta: '¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón?', recibe la respuesta. 'El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por esto el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios' (Lc 1, 34-35).
Si, entonces, el 'salir del Padre y venir al mundo' (Cfr. Jn 16, 28) del Hijo de Dios como hombre (el Hijo del hombre), se ha efectuado en el poder del Espíritu Santo, esto manifiesta el misterio de la vida trinitaria de Dios. Y este poder vivificante del Espíritu Santo está confirmado desde el comienzo de la actividad mesiánica de Jesús, como aparece en los textos de los Evangelios, sea de los sinópticos (Mc 1, 10; Mt 3, 16; Lc 3, 22) como de Juan (Jn 1, 32-34).
5. Ya en el Evangelio de la infancia, cuando se dice de Jesús que 'la gracia de Dios estaba en El' (Lc 2, 40), se pone de relieve la presencia santificante del Espíritu Santo. Pero es en el momento del bautismo en el Jordán cuando los Evangelios hablan mucho más expresamente de a actividad de Cristo en la potencia del Espíritu: 'enseguida (después del bautismo) el Espíritu le empujó hacia el desierto' dice Marcos (Mc 1, 12). Y en el desierto, después de un período de cuarenta días de ayuno, el Espíritu de Dios permitió que Jesús fuese tentado por el espíritu de las tinieblas, de forma que obtuviese sobre él la primera victoria mesiánica (Cfr. Lc 4, 1-14). También durante su actividad pública, Jesús manifiesta numerosas veces la misma potencia del Espíritu Santo respecto a los endemoniados. El mismo lo resalta con aquellas palabras suyas: 'si yo arrojo los demonios con el Espíritu de Dios, entonces es que ha llegado a vosotros el reino de Dios' (Mt 12, 28). La conclusión de todo el combate mesiánico contra las fuerzas de las tinieblas ha sido el acontecimiento pascual: la muerte en cruz y la resurrección de Quien ha venido del Padre en la potencia del Espíritu Santo.
6. También, después de la ascensión, Jesús permaneció, en la conciencia de sus discípulos, como aquel a quien 'ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder' (Hech 10, 38). Ellos recuerdan que gracias a este poder los hombres, escuchando las enseñanzas de Jesús, alababan a Dios y decían: 'un gran profeta se ha levantado entre nosotros y Dios ha visitado a su pueblo' (Lc 7, 16),' Jamás hombre alguno habló como éste' (Jn 7, 46), y atestiguaban que, gracias a este poder, Jesús 'hacia milagros, prodigios y señales' (Cfr. Hech 2, 22), de esta manera 'toda la multitud buscaba tocarle, porque salía de El una virtud que sanaba a todos' (Lc 6, 19). En todo lo que Jesús de Nazaret, el Hijo del hombre, hacía o enseñaba, se cumplían las palabras del profeta Isaías (Cfr. Is 42, 1 ) sobre el Mesías: 'He aquí a mi siervo a quien elegí; mi amado en quien mi alma se complace. Haré descansar asar mi espíritu sobre él...' (Mt 12, 1 8).
7. Este poder del Espíritu Santo se ha manifestado hasta el final en el sacrificio redentor de Cristo y en su resurrección. Verdaderamente Jesús es el Hijo de Dios 'que el Padre santificó y envió al mundo' (Cfr. Jn 10, 36). Respondiendo a la voluntad del Padre, El mismo se ofrece a Dios mediante el Espíritu como víctima inmaculada y esta víctima purifica nuestra conciencia de las obras muertas, para que podamos servir al Dios viviente (Cfr. Heb 9,14). El mismo Espíritu Santo (como testimonio al Apóstol Pablo) 'resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos' (Rom 8, 11), y mediante este 'resurgir de los muertos'. Jesucristo recibe la plenitud de la potencia mesiánica y es definitivamente revelado por el Espíritu Santo como 'Hijo de Dios con potencia' (literalmente): 'constituido Hijo de Dios, poderoso según el Espíritu de Santidad a partir de la resurrección de entre los muertos' (Rom 1, 4).
8. Así pues, Jesucristo, el Hijo de Dios, viene al mundo por obra del Espíritu Santo, y como Hijo del hombre cumple totalmente su misión mesiánica en la fuerza del Espíritu Santo. Pero si Jesucristo actúa por este poder durante toda su actividad salvífica y al final en la pasión y en la resurrección, entonces es el mismo Espíritu Santo el que revela que El es el Hijo de Dios. De modo que hoy, gracias al Espíritu Santo, la divinidad del Hijo, Jesús de Nazaret, resplandece ante el mundo. Y 'nadie (como escribe San Pablo) puede decir: 'Jesús es el Señor', sino en el Espíritu Santo' (1 Cor 12,3).

Jesucristo trae al Espíritu Santo (12.VIII.87)
1. Jesucristo, el Hijo de Dios, que ha sido mandado por el Padre al mundo, llega a ser hombre por obra del Espíritu Santo en el seno de María, la Virgen de Nazaret, y en la fuerza del Espíritu Santo cumple como hombre su misión mesiánica hasta la cruz y la resurrección.
En relación a esta verdad (que constituía el objeto de la catequesis precedente), es oportuno recordar el texto de San Ireneo que escribe: 'EL Espíritu Santo descendió sobre el Hijo de Dios, que se hizo Hijo del hombre; habituándose junto a El a habitar en el género humano, a descansar asar en los hombres, y realizar las obras de Dios, llevando a cabo en ellos la voluntad del Padre, transformando su vetustez en la novedad de Cristo' (Adv. haer. III, 17,1).
Es un pasaje muy significativo que repite con otras palabras lo que hemos tomado del Nuevo Testamento, es decir, que el Hijo de Dios se ha hecho hombre por obra del Espíritu Santo y en su potencia ha desarrollado la misión mesiánica, para preparar de esta manera el envío y la venid las almas humanas de este espíritu, que 'todo lo escudriña, hasta las profundidades de Dios' (1 Cor 2, 10), para renovar y consolidar su presencia y su acción santificante en la vida del hombre. Es interesante esta expresión de Ireneo, según la cual, el Espíritu Santo, obrando en el Hijo del hombre, 'se habituaba junto a El a habitar en el género humano'.
2. En el Evangelio de Juan leemos que 'el último día, el día grande de la fiesta, se detuvo Jesús y gritó diciendo: !Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. Al que cree en mi, según dice la Escritura, ríos de agua viva manarán de sus entrañas!. Esto dijo del Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en El, pues aún no había sido dado el Espíritu porque Jesús no había sido glorificado'. (Jn 7, 37)39).
Jesús anuncia la venida del Espíritu Santo, sirviéndose de la metáfora del 'agua viva', porque 'el espíritu es el que da la vida...' (Jn 6, 63). Los discípulos recibirán este Espíritu de Jesús mismo en el tiempo oportuno, cuando Jesús sea 'glorificado': el Evangelista tiene en mente la glorificación pascual mediante la cruz y la resurrección.
3. Cuando este tiempo )o sea, la 'hora' de Jesús) está ya cercana, durante el discurso en el Cenáculo, Cristo repite su anuncio, y varias veces promete a los Apóstoles la venida del Espíritu Santo como nuevo Consolador (Paráclito).
Les dice así: 'yo rogaré al Padre y os dará otro Abogado que estará con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, que el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis, porque permanece con vosotros' (Jn 14, 16)17). 'El Abogado, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése os lo enseñará todo y os traerá a la memoria todo lo que yo os he dicho' (Jn 14, 26). Y más adelante: 'Cuando venga el Abogado, que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, El dará testimonio de mí...' (Jn 15, 26).
Jesús concluye así: 'Si no me fuere, el Abogado no vendrá a vosotros: pero, si me fuere, os lo enviaré. Y al venir éste, amonestará al mundo sobre el pecado, la justicia y el juicio...' (Jn 16, 7-8).
4. En los textos reproducidos se contiene de una manera densa la revelación de la verdad sobre el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo. (Sobre este tema me he detenido ampliamente en la Encíclica 'Dominum et Vivificantem'). En síntesis, hablando a los Apóstoles del cenáculo, la vigilia de su pasión, Jesús une su partida, ya cercana, con la venida del Espíritu Santo. Para Jesús se da una relación casual: El debe irse a través de la cruz y de la resurrección, para que el Espíritu de su verdad pueda descender sobre los Apóstoles y sobre la Iglesia entera como el Abogado. Entonces el Padre mandará el Espíritu 'en nombre del Hijo', lo mandará en la potencia del misterio de la Redención, que debe cumplirse por medio de este Hijo, Jesucristo. Por ello, es justo afirmar, como hace Jesús, que también el mismo Hijo lo mandará: 'el Abogado que yo os enviaré de parte del Padre' (Jn 15,26).
5. Esta promesa hecha a los Apóstoles en la vigilia de su pasión y muerte, Jesús la ha realizado el mismo día de su resurrección. Efectivamente, el Evangelio de Juan narra que, presentándose a los discípulos que estaban aún refugiados en el cenáculo, Jesús los saludó y mientras ellos estaban asombrados por este acontecimiento extraordinario, 'sopló y les dijo: !Recibid el Espíritu Santo; a quien perdonareis los pecados, les serán perdonados; a quien se los retuviereis, les serán retenidos!' (Jn 20, 22 -23).
En el texto de Juan existe un subrayado teológico, que conviene poner de relieve: Cristo resucitado es el que se presenta a los Apóstoles y les 'trae' el Espíritu Santo, el que en cierto sentido lo 'da' a ellos en los signos de su muerte en cruz ('les mostró las manos y el costado': Jn 20, 20). Y siendo 'el Espíritu que da la vida' (Jn 6, 63), los Apóstoles reciben junto con el Espíritu Santo la capacidad y el poder de perdonar los pecados.
6. Lo que acontece de modo tan significativo el mismo día de la resurrección, los otros Evangelistas lo distribuyen de alguna manera a lo largo de los días sucesivos, en los que Jesús continúa preparando a los Apóstoles para el gran momento, cuando en virtud de su partida el Espíritu Santo descenderá sobre ellos de una forma definitiva, de modo que su venida se hará manifiesta al mundo.
Este será también el momento del nacimiento de la Iglesia: 'recibiréis el poder del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta el extremo de la tierra' (Hech 1,8). Esta promesa, que tiene relación directa con la venida del Paráclito, se ha cumplido el día de Pentecostés.
7. En síntesis, podemos decir que Jesucristo es aquel que proviene del Padre como eterno Hijo, es aquel que 'ha salido' del Padre haciéndose hombre por obra del Espíritu Santo. Y después de haber cumplido su misión mesiánica como Hijo del hombre, en la fuerza del Espíritu Santo, 'va al al Padre' (Cfr. Jn 14, 21). Marchándose allí como Redentor del Mundo, 'da' a sus discípulos y manda sobre la Iglesia para siempre el mismo Espíritu en cuya potencia el actuaba como hombre. De este modo Jesucristo, como aquel que 'va al Padre' por medio del Espíritu Santo conduce 'al Padre'' a todos aquellos que lo seguirán en el transcurso de los siglos.
8. 'Exaltado a la diestra de Dios y recibida del Padre la promesa del Espíritu Santo, (Jesucristo) le derramó' (Hech 2, 33), dirá el Apóstol Pedro el día de Pentecostés. 'Y, puesto que sois hijos, envió Dios a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que grita: ¡Abbá!, Padre!' (Gal 4, 6), escribía el Apóstol Pablo. El Espíritu Santo, que 'procede del Padre' (Cfr. Jn 15, 26), es, al mismo tiempo, el Espíritu de Jesucristo: el Espíritu del Hijo.
9. Dios ha dado 'sin medida' a Cristo el Espíritu Santo, proclama Juan Bautista, según el IV Evangelio. Y Santo Tomás de Aquino explica en su claro comentario que los profetas recibieron el Espíritu 'con medida', y por ello, profetizaban 'parcialmente' Cristo, por el contrario, tiene el Espíritu Santo 'sin medida': ya como Dios, en cuanto que el Padre mediante la generación eterna le da el espirar (soplar) el Espíritu sin medida; ya como hombre, en cuanto que, mediante la plenitud de la gracia, Dios lo ha colmado de Espíritu Santo, para que lo efunda en todo creyente (Cfr Super Evang S Ioannis Lectura, c. III, 1.6, nn. 541-544). El Doctor Angélico se refiere al texto de Juan (Jn 3, 34): 'Porque aquel a quien Dios ha enviado habla palabras de Dios, pues Dios no le dio el espíritu con medida' (según la traducción propuesta por ilustres biblistas)
Verdaderamente podemos exclamar con íntima emoción, uniéndolos al Evangelista Juan: 'De su plenitud todos hemos recibido' (Jn 1, 16); verdaderamente hemos sido hechos participes de la vida de Dios en el Espíritu Santo
Y en este mundo de hijos del primer Adán, destinados a la muerte, vemos erguirse potente a Cristo, el 'último Adán', convertido en 'Espíritu vivificante' (1 Cor 15, 45).

Jesucristo revela la Trinidad (19.VIII.87)
1. Las catequesis sobre Jesucristo encuentran su núcleo en este tema central que nace de la Revelación: Jesucristo, el hombre nacido de la Virgen María, es el Hijo de Dios. Todos los Evangelios y los otros libros del Nuevo Testamento documentan esta fundamental verdad cristiana, que en las catequesis precedentes hemos intentado explicar, desarrollando sus varios aspectos. El testimonio evangélico constituye la base del Magisterio solemne de la Iglesia en los Concilios, el cual se refleja en los símbolos de la fe (ante todo en el niceno-constantinopolitano) y también, naturalmente, en la constante enseñanza ordinaria de la Iglesia, en su liturgia, en la oración y en la vida espiritual guiada y promovida por ella.
2. La verdad sobre Jesucristo, Hijo de Dios, constituye, en la autorrevelación de Dios, el punto clave mediante el cual se desvela el indecible misterio de un Dios único en la Santísima Trinidad. De hecho, según la Carta a los Hebreos, cuando Dios, 'últimamente en estos días, nos habló por su Hijo' (Heb 1, 2), ha desvelado la realidad de su vida íntima, de esta vida en la que El permanece en absoluta unidad en la divinidad, y al mismo tiempo es Trinidad, es decir, divina comunión de tres Personas. De esta comunión da testimonio directo el Hijo que 'ha salido del Padre y ha venido al mundo (Cfr. Jn 16, 28). Solamente El. El Antiguo Testamento, cuando Dios 'habló por ministerio de los profetas' (Heb 1, 1), no conocía este misterio íntimo de Dios. Ciertamente, algunos elementos de la revelación veterotestamentaria constituían la preparación de la evangélica y, sin embargo, sólo el Hijo podía introducirnos en este misterio. Ya que 'a Dios nadie lo vio jamás': nadie ha conocido el misterio íntimo de su vida. Solamente el Hijo: 'el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, ése le ha dado a conocen' (Jn 1, 18).
3. En el curso de las precedentes catequesis hemos considerado los principales aspectos de esta revelación, gracias a la cual la verdad sobre la filiación divina de Jesucristo nos aparece con plena claridad. Concluyendo ahora este ciclo de meditaciones, es bueno recordar algunos momentos, en los cuales, junto a la verdad sobre la filiación divina del Hijo del hombre, Hijo de María, se desvela el misterio del Padre y del Espíritu Santo.
El primero cronológicamente es ya en el momento de a anunciación, en Nazaret. Según el Ángel, de hecho quien debe nacer de la Virgen es el Hijo del Altísimo, el Hijo de Dios. Con estas palabras, Dios es revelado como Padre y el Hijo de Dios es presentado como aquel que debe nacer por obra del Espíritu Santo: 'El Espíritu Santo vendrá sobre ti' (Lc 1, 35). Así, en la narración de a anunciación se contiene el misterio trinitario: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Tal misterio está presente también en la teofanía ocurrida durante el bautismo de Jesús en el Jordán, en el momento que el Padre, a través de una voz de lo alto, da testimonio del Hijo 'predilecto', y ésta v acompañada por el Espíritu 'que bajó sobre Jesús en forma de paloma' (Mt 3, 16). Esta teofanía es casi una confirmación 'visiva' de las palabras del profeta Isaías, a las que Jesús hizo referencia en Nazaret, al inicio de su actividad mesiánica: 'El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió... me envió...' (Lc 4, 18; cf. Is 61, 1).
4. Luego, durante el ministerio, encontramos las palabras con las cuales Jesús mismo introduce a sus oyentes en el misterio de la divina Trinidad, entre las cuales está la 'gozosa declaración' que hallamos en los Evangelios de Mateo (11, 25)27) y de Lucas (10, 21)22). Decimos 'gozosa' ya que, como leemos en el texto de Lucas, 'en aquella hora se sintió inundado de gozo en el Espíritu Santo' (Lc 10, 21 ) y dijo: 'Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos y las revelaste a los pequeñuelos. Si, Padre, porque así te plugo. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo' (Mt 11, 25)27).
Gracias a esta inundación de 'gozo en el Espíritu Santo', somos introducidos en las 'profundidades de Dios', en las 'profundidades' que sólo el Espíritu escudriña: en la íntima unidad de la vida de Dios, en la inescrutable comunión de las Personas.
5. Estas palabras, tomadas de Mateo y de Lucas, armonizan perfectamente con muchas afirmaciones de Jesús que encontramos en el Evangelio de Juan, como hemos visto ya en las catequesis precedentes. Sobre todas ellas, domina la aserción de Jesús que desvela su unidad con el Padre: 'Yo y el Padre somos una sola cosa' (Jn 10, 30). Est afirmación se toma de nuevo y se desarrolla en la oración sacerdotal (Jn 17) y en todo el discurso con el que Jesús en el cenáculo prepara a los Apóstoles para su partida en el curso de los acontecimientos pascuales.
6. Y propiamente aquí, en la óptica de esta 'partida', Jesús pronuncia las palabras que de una manera definitiva re velan el misterio del Espíritu Santo y la relación en la que El se encuentra con respecto al Padre y el Hijo El Cristo que dice: 'Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí', anuncia al mismo tiempo a los Apóstoles la venida del Espíritu Santo y afirma: Este es 'el Espíritu de verdad, que procede del Padre' (Jn 15, 26). Jesús añade que 'rogará al Padre o para que este Espíritu de verdad sea dado a los Apóstoles, para que 'permanezca con ellos para siempre' como 'Consolador' (Cfr. Jn 14,16). Y asegura a los Apóstoles: 'el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre' (Cfr. Jn 14, 26). Todo ello, concluye Jesús, tendrá lugar después de su partida, durante los acontecimientos pascuales, mediante la cruz y la resurrección: 'Si me fuere, os lo enviaré' (Jn 16, 7).
7. 'En aquel día vosotros sabréis que yo estoy en el Padre', afirma aún Jesús, o sea, por obra del Espíritu Santo se clarificará plenamente el misterio de le unidad del Padre y del Hijo: 'Yo en el Padre y el Padre en mí'. Tal misterio, de hecho, lo puede aclarar sólo 'el Espíritu que escudriña las profundidades de Dios' (Cfr. 1 Cor 2, 10), donde en la comunión de las Personas se constituye la unidad de la vida divina en Dios. Así se ilumina también el misterio de la Encarnación del Hijo, en relación con los creyentes y con la Iglesia, también por obra del Espíritu Santo. Dice de hecho Jesús: 'En aquel día (cuando los Apóstoles reciban el Espíritu de verdad) conoceréis (no solamente) que yo estoy en el Padre, (sino también que) vosotros (estáis) en mi y yo en vosotros' (Jn 14, 20). La Encarnación es, pues, el fundamento de nuestra filiación divina por medio de Cristo, es la base del misterio de la Iglesia como cuerpo de Cristo.
8. Pero aquí es importante hacer notar que la Encarnación, aunque hace referencia directamente al Hijo, es 'obra' de Dios Uno y Trino (Concilio Lateranense IV). Lo testimonia ya el contenido mismo de a anunciación (Cfr. Lc 1, 26-38). Y después, durante todas sus enseñanzas, Jesús ha ido 'abriendo perspectivas cerradas a la razón humana' (Gaudium et Spes, 24), las de la vida íntima de Dios Uno en la Trinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Finalmente, cumplida su misión mesiánica, Jesús, al dejar definitivamente a los Apóstoles, cuarenta días después del día de la resurrección, realizó hasta el final lo que había anunciado: 'Como me envió mi Padre, así os envío yo' (Jn 20, 21). De hecho, les dice: 'Id, pues; enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo' (Mt 28, 19).
Con estas palabras conclusivas del Evangelio, y antes de iniciarse el camino de la Iglesia en el mundo, Jesucristo entregó a ella la verdad suprema de su revelación: la indivisible Unidad de la Trinidad.
Y desde entonces, la Iglesia, admirada y adorante, puede confesar con el evangelista Juan, en la conclusión del prólogo del IV Evangelio, siempre con la íntima conmoción: 'A Dios nadie le vio jamás; Dios unigénito, que está en el seno del Padre, ése le ha dado a conocer' (Jn 1, 18).
Viejo tutuu dijo: 27.06.14
Yo no hablo de tu religion..vos no opines como deberia ser la mia ..jesus no fue mesias xq no cumplio cn la profecia no cites nueatras fuentes judias para cambiarlas a tu conveniencia. En tu religion jesus es hijo de maria cn lo divino..x ende no es hijo dde padre humano y ahi ya no es...jesus no reconstruyo el 3er templo de jerusalem, no fue rey de israel, no trajo tora ni era un erudito sino q encima modifico lo q es inmodificable, y encima murio y en este mundo no hay mejorias..o somos la sociedad cn valores hermosos de la q habla la redencion? Hay mucho mas para decir pero lo dejo aca..RUben...dedicate a defender tu religion sim señalar a las demas..de nuevo me puse muy mal x encontrar esto...deja de usar fuentes judias para defender tu cristianismo
A .muyina le gusta esto.
Viejo errean dijo: 27.06.14
EL ASESINATO DE SAN ESTEBAN

Hechos cap VI
Capítulo 6
1 En aquellos días, como el número de discípulos aumentaba, los helenistas comenzaron a murmurar contra los hebreos porque se desatendían a sus viudas en la distribución diaria de los alimentos.
2 Entonces los Doce convocaron a todos los discípulos y les dijeron: «No es justo que descuidemos el ministerio de la Palabra de Dios para ocuparnos de servir las mesas.
3 Es preferible, hermanos, que busquen entre ustedes a siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y nosotros les encargaremos esta tarea.
4 De esa manera, podremos dedicarnos a la oración y al ministerio de la Palabra».
5 La asamblea aprobó esta propuesta y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe y a Prócoro, a Nicanor y a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía.
6 Los presentaron a los Apóstoles, y estos, después de orar, les impusieron las manos.
7 Así la Palabra de Dios se extendía cada vez más, el número de discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén y muchos sacerdotes abrazaban la fe.
8 Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y signos en el pueblo.
9 Algunos miembros de la sinagoga llamada «de los Libertos», como también otros, originarios de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de la provincia de Asia, se presentaron para discutir con él.
10 Pero como no encontraban argumentos, frente a la sabiduría y al espíritu que se manifestaba en su palabra,
11 sobornaron a unos hombres para que dijeran que le habían oído blasfemar contra Moisés y contra Dios.
12 Así consiguieron excitar al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y llegando de improviso, lo arrestaron y lo llevaron ante el Sanedrín.
13 Entonces presentaron falsos testigos, que declararon: «Este hombre no hace otra cosa que hablar contra el Lugar santo y contra la Ley.
14 Nosotros le hemos oído decir que Jesús de Nazaret destruirá este Lugar y cambiará las costumbres que nos ha transmitido Moisés».
15 En ese momento, los que estaban sentados en el Sanedrín tenían los ojos clavados en él y vieron que el rostro de Esteban parecía el de un ángel.


Cap VII
1 El Sumo Sacerdote preguntó a Esteban: «¿Es verdad lo que estos dicen?».
2 El respondió: «Hermanos y padres, escuchen: El Dios de la gloria se apareció a nuestro padre Abraham, cuando aún estaba en la Mesopotamia, antes de establecerse en Jarán,
3 y le dijo: «Abandona tu tierra natal y la casa de tu padre y ve al país que yo te indicaré».
4 Abraham salió de Caldea para establecerse en Jarán. Después de la muerte de su padre, Dios le ordenó que se trasladara a este país, donde ustedes ahora están viviendo.
5 El no le dio nada en propiedad, ni siquiera un palmo de tierra, pero prometió darle en posesión este país, a él, y después de él a sus descendientes, aunque todavía no tenía hijos.
6 Y Dios le anunció que sus descendientes emigrarían a una tierra extranjera, y serían esclavizados y maltratados durante cuatrocientos años.
7 Pero yo juzgaré al pueblo que los esclavizará –dice el Señor– y después quedarán en libertad y me tributarán culto en este mismo lugar.
8 Le dio luego la alianza sellada con la circuncisión y así Abraham, cuando nació su hijo Isaac, lo circuncidó al octavo día; Isaac hizo lo mismo con Jacob, y Jacob con los doce patriarcas.
9 Los patriarcas, movidos por la envidia, vendieron a su hermano José para que fuera llevado a Egipto. Pero Dios estaba con él
10 y lo salvó en todas sus tribulaciones, le dio sabiduría, y lo hizo grato al Faraón, rey de Egipto, el cual lo nombró gobernador de su país y lo puso al frente de su casa real.
11 Luego sobrevino una época de hambre y de extrema miseria en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y nuestros padres no tenían qué comer.
12 Jacob, al enterarse de que en Egipto había trigo, decidió enviar allí a nuestros padres. Esta fue la primera visita.
13 Cuando llegaron por segunda vez, José se dio a conocer a sus hermanos, y el mismo Faraón se enteró del origen de José.
14 Este mandó llamar a su padre Jacob y a toda su familia, unas setenta y cinco personas.
15 Jacob se radicó entonces en Egipto, y allí murió, lo mismo que nuestros padres.
16 Sus restos fueron trasladados a Siquem y sepultados en la tumba que Abraham Había comprado por una suma de dinero a los hijos de Emor, que habitaban en Siquem.
17 Al acercarse el tiempo en que debía cumplirse la promesa que Dios había hecho a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto,
18 hasta que vino un nuevo rey que no sabía nada acerca de José.
19 Este rey, empleando la astucia contra nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres y los obligó a que abandonaran a sus hijos recién nacidos para que no sobrevivieran.
20 En ese tiempo nació Moisés, que era muy hermoso delante de Dios. Durante tres meses fue criado en la casa de su padre,
21 y al ser abandonado, la hija del Faraón lo recogió y lo crió como a su propio hijo.
22 Así Moisés fue iniciado en toda la sabiduría de los egipcios y llegó a ser poderoso en palabras y obras.
23 Al cumplir cuarenta años, sintió un vivo deseo de visitar a sus hermanos, los israelitas.
24 Y como vio que maltrataban a uno de ellos salió en su defensa, y vengó al oprimido matando al egipcio.
25 Moisés pensaba que sus hermanos iban a comprender que Dios, por su intermedio, les daría la salvación. Pero ellos no lo entendieron así.
26 Al día siguiente sorprendió a dos israelitas que se estaban peleando y trató de reconciliarlos, diciéndoles: «Ustedes son hermanos, ¿por qué se hacen daño?».
27 Pero el que maltrataba a su compañero rechazó a Moisés y le dijo: «¿Quién te ha nombrado jefe o árbitro nuestro?
28 ¿Acaso piensas matarme como mataste ayer al egipcio?».
29 Al oír esto, Moisés huyó y fue a vivir al país de Madián, donde tuvo dos hijos.
30 Al cabo de cuarenta años se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí, en la llama de una zarza ardiente.
31 Moisés quedó maravillado ante tal aparición y, al acercarse para ver mejor, oyó la voy del Señor que le decía:
32 «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob». Moisés atemorizado, no se atrevió a mirar.
33 Entonces el Señor le dijo: «Quítate las sandalias porque estás pisando un lugar sagrado.
34 Yo he visto la opresión de mi Pueblo que está en Egipto, he oído sus gritos de dolor, y por eso he venido a librarlos. Ahora prepárate, porque he decidido enviarte a Egipto».
35 Y a este Moisés, a quien ellos rechazaron diciendo: ¿Quién te ha nombrado jefe o árbitro nuestro?, Dios lo envió como jefe y libertador con la ayuda del ángel que se apareció en la zarza.
36 El los liberó, obrando milagros y signos en Egipto, en el Mar Rojo y en el desierto, durante cuarenta años.
37 Y este mismo Moisés dijo a los israelitas: Dios suscitará de entre ustedes un profeta semejante a mí.
38 Y cuando el pueblo estaba congregado en el desierto, él hizo de intermediario en el monte Sinaí, entre el ángel que le habló y nuestros padres, y recibió las palabras de vida que luego nos comunicó.
39 Pero nuestros padres no sólo se negaron a obedecerle, sino que lo rechazaron y, sintiendo una gran nostalgia por Egipto,
40 dijeron a Aarón: «Fabrícanos dioses que vayan al frente de nosotros, porque no sabemos qué le ha pasado a ese Moisés, ese hombre que nos hizo salir de Egipto».
41 Entonces, fabricaron un ternero de oro, ofrecieron un sacrificio al ídolo y festejaron la obra de sus manos.
42 Pero Dios se apartó de ellos y los entregó al culto de los astros, como está escrito en el libro de los Profetas: "Israelitas, ¿acaso ustedes me ofrecieron víctimas y sacrificios durante los cuarenta años que estuvieron en el desierto?
43 Por el contrario, llevaron consigo la carpa de Moloc y la estrella del Dios Refán, esos ídolos que ustedes fabricaron para adorarlos. Por eso yo los deportaré más allá de Babilonia".
44 En el desierto, nuestros padres tenían la Morada del Testimonio. Así lo había dispuesto Dios, cuando ordenó a Moisés que la hiciera conforme al modelo que había visto.
45 Nuestros padres recibieron como herencia esta Morada y, bajo la guía de Josué, la introdujeron en el país conquistado a los pueblos que Dios iba expulsando a su paso. Así fue hasta el tiempo de David.
46 David, que gozó del favor de Dios, le pidió la gracia de construir una Morada para el Dios de Jacob.
47 Pero fue Salomón el que le edificó una casa,
48 si bien es cierto que el Altísimo no habita en casas hechas por la mano del hombre. Así lo dice el Profeta:
49 "El cielo es mi trono, y la tierra la tarima de mis pies. ¿Qué casa me edificarán ustedes, dice el Señor, o donde podrá estar mi lugar de reposo?

50 ¿No fueron acaso mis manos las que hicieron todas las cosas?"
51 ¡Hombres rebeldes, paganos de corazón y cerrados a la verdad! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo y son iguales a sus padres.
52 ¿Hubo algún profeta a quien ellos no persiguieran? Mataron a los que anunciaban la venida del Justo, el mismo que acaba de ser traicionado y asesinado por ustedes,
53 los que recibieron la Ley por intermedio de los ángeles y no la cumplieron».
54 Al oír esto, se enfurecieron y rechinaban los dientes contra él.
55 Esteban, lleno del Espíritu Santo y con los ojos fijos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús, que estaba de pie a la derecha de Dios.
56 Entonces exclamó: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».
57 Ellos comenzaron a vociferar y, tapándose los oídos, se precipitaron sobre él como un solo hombre,
58 y arrastrándolo fuera de la ciudad, lo apedrearon. Los testigos se quitaron los mantos, confiándolos a un joven llamado Saulo.
59 Mientras lo apedreaban, Esteban oraba, diciendo: «Señor Jesús, recibe mi espíritu».
60 Después, poniéndose de rodillas, exclamó en alta voz: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado». Y al decir esto, expiró.




San Esteban es el primer mártir del cristianismo asesinado por los judíos.


Viejo errean dijo: 27.06.14
Originalmente publicado por tutuu Ver mensaje
Yo no hablo de tu religion..vos no opines como deberia ser la mia ..jesus no fue mesias xq no cumplio cn la profecia no cites nueatras fuentes judias para cambiarlas a tu conveniencia. En tu religion jesus es hijo de maria cn lo divino..x ende no es hijo dde padre humano y ahi ya no es...jesus no reconstruyo el 3er templo de jerusalem, no fue rey de israel, no trajo tora ni era un erudito sino q encima modifico lo q es inmodificable, y encima murio y en este mundo no hay mejorias..o somos la sociedad cn valores hermosos de la q habla la redencion? Hay mucho mas para decir pero lo dejo aca..RUben...dedicate a defender tu religion sim señalar a las demas..de nuevo me puse muy mal x encontrar esto...deja de usar fuentes judias para defender tu cristianismo
Hay Emi, ¿Cómo todavía no te diste cuenta que el nuevo templo de Dios sos vos?, ¿o pensás que Dios va a estar encerrado entre cuatro paredes hechas por hombres?. El Reino de los cielos está dentro tuyo Emi………, ¿ o vos no sos hija de Dios? Vos creés que estás fuera de su Reino?, meditalo

Amicus Plato, sed magis amica veritas.

Aristóteles

La traducción sería algo así:

Soy amigo de Platón, pero soy mas amigo de la verdad


Te dejo mis saludos
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Editado por errean: 29.06.14 a las 09:58
Viejo Tonyreyes dijo: 28.06.14
Originalmente publicado por errean Ver mensaje
Hay Emi, siendo tan inteligente!!!!!!!!!!!!!, ¿Cómo todavía no te diste cuenta que el nuevo templo de Dios sos vos?, ¿o pensás que Dios va a estar encerrado entre cuatro paredes hechas por hombres?. El Reino de los cielos está dentro tuyo Emi………, ¿ o vos no sos hija de Dios? Vos creés que estás fuera de su Reino?, meditalo
Te dejo mis saludos
Tanto tiempo esperando la verdad y la encuentro en una respuesta tan sencilla.
Dios no vive en ningún templo hecho por humanos.
Dios actúa dentro de mi, si yo se lo permito.
Gracias

Editado por Tonyreyes: 28.06.14 a las 21:11
Viejo tutuu dijo: 29.06.14
Originalmente publicado por Tonyreyes Ver mensaje
Tanto tiempo esperando la verdad y la encuentro en una respuesta tan sencilla.
Dios no vive en ningún templo hecho por humanos.
Dios actúa dentro de mi, si yo se lo permito.
Gracias
Deci lo que quieras del templo, no deja de ser TU interpretación, pero por sobre las otras profecías entre otras, q mencioné que no cumplió..no respondiste nada..
Y por que hablaron de la divinidad de jesus tanto tiempo despues de su muerte? en el concilio de Nisea? no existia antes? vamos muchachos, el imperio romano llenó la religion cristiana de paganismo, no ves eso? No me hables a mi de ver o no ver lo que es cuestión de fe..yo respeto tu religión, y lo que crees.. sos libre de creer en jesus como yo soy libre de creer que tal vez ni siquiera existió!.. pero fuera de eso..te hablé para que NO uses fuentes judías.. porque para nosotros no es mesias ni jamás se acercó a serlo.
Viejo errean dijo: 30.06.14
EVANGELIO SEGUN SAN MATEO
Capítulo 1
1 Genealogía de Jesus, el Cristo, el Mesías, hijo de David, hijo de Abraham:




2 Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos.
3 Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Aram;
4 Aram, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón.
5 Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé;
6 Jesé, padre del rey David. David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías.
7 Salomón fue padre de Roboam; Roboam, padre de Abías; Abías, padre de Asá;
8 Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Joram; Joram, padre de Ozías.
9 Ozías fue padre de Joatam; Joatam, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías;
10 Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Josías;
11 Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia.
12 Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel;
13 Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacim; Eliacim, padre de Azor.
14 Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquim; Aquim, padre de Eliud;
15 Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob.
16 Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.
17 El total de las generaciones es, por lo tanto: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta el destierro en Babilonia, catorce generaciones; desde el destierro en Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.
18 Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no han vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
19 José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
20 Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.
21 Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».
22 Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:
23 "La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel", que traducido significa: «Dios con nosotros».
24 Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa,
25 y sin que hubieran hecho vida en común, ella dio a luz un hijo, y él le puso el nombre de Jesús.
Viejo errean dijo: 02.07.14
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Amén

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