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  • 1 Mensaje de PINOS

Viejo PINOS dijo: 05.02.14
Era por ese entonces un mozalbete, igual de cachondo que hoy en día, pero con una exceso de testosterona propio de la edad.
Noviaba con una niña de mi misma edad, de nombre María Rosa, con la cual andábamos de escarceos permanentes, pero sin llegar a concretar un encuentro sexual completo. Como imaginarán el magreo, o la franela, como le decíamos en Argentina, me provocaban una notorias erecciones y un insoportable dolor de huevos, que sólo conseguían alivio luego de unas buenas pajas.
El intercambio de baba, el toqueteo de chocho y polla, la masturbación por sobre los interiores, se daba todas las noches, en el portal de la casa de mi novia.
Los padres, como a la sazón se estilaba, no se acercaban para exigirle a María Rosa que me despidiera, sino que bastaba un grito de la madre, o peor aún, del padre, para que interrumpiéramos nuestra faena y me marchase para casa más caliente cada día que transcurría
Una de las noches, en que evidentemente no escuchamos los gritos de los padres, la mamá, Doña Haydee, se acercó donde nos encontrábamos manoseándonos, pero, por lo que luego pude saber, previamente nos estuvo espiando y escuchando nuestra conversación.


Esa noche, nuestros escarceos habían avanzado más de lo común, al punto que mi noviecita, había sacado la poronga del pantalón y me había hecho una paja de película, provocando que eyaculara contra unas plantas que había a los costados de la puerta de calle.

Los acontecimientos ulteriores me hicieron saber que claramente, mi suegrita, había escuchado algo así:

“Uyyyyyyyyy….que poronga que tenés¡¡¡¡, me encantaría tragármela toda, pero no me va entrar en la boca. Cuanto mide?, decía María Rosa.

“Si mi amor, quiero que te la comas toda…. Te gusta….. mide 17 cms de largo por 6 cms de diámetro”, yo le respondía

“Mmmmmmm…..que cosa preciosa…..no me dolerá cuando me la metas…..?” preguntaba María Rosa mientras me seguía haciendo la puñeta.

“No dulce, te va encantar….vas a ser la minita más feliz del mundo, jeje” yo le respondía mientras seguía a mil, hasta que escuchando sus palabras, acabé, echando tres o cuatro lechazos, y dejando restos de semen en la mano de mi novia.

Allí apareció Doña Haydée por lo cual en segundos guardé la verga en el pantalón, mi novia se limpió la mano en mi ropa, me dí media vuelta y emprendí la retirada, mientras escuchaba gritando a mi suegra:

“Andá adentro inmediatamente….no vas a salir más con ese muchacho, son unos sinvergüenzas los dos”

Suerte que mi suegro estaba profundamente dormido, según supe luego, pues si no seguro me corría a tiros o palazos.

Lógicamente dejé transcurrir un par de meses y esperé que mi novia me diera su aprobación para volver a su casa, pero, según me dijo, su madre quería hablarme a solas, previo a que retornara a su hogar.

María Rosa me pidió que fuere a la casa el sábado siguiente por la mañana, que su madre estaría sola en la casa, ya que su padre trabajaba hasta el mediodía. Mi novia, por su parte, para evitar presenciar una charla que podría ser desagradable, se había buscado una actividad con sus amigas, por lo que, a lo hecho pecho, a las 10,00 de la mañana de ese caluroso sábado de enero, toqué el timbre de la casa de mi novia. Aguardé unos segundos y a través del vidrio opaco de la puerta de calle, vi aparecer la figura de mi suegra.

En este punto, cabe destacar que Doña Haydee tenía 45 años, y aunque en ésa época a mi me había parecido una vieja, ahora que tengo su edad me doy cuenta de que vieja nones, además que en ese mismo instante noté que se las traia.

Cuando abrió la puerta quedé de una pieza. Estaba vestida – es una forma de decir- con unos pantaloncitos cortos, unos jeans desflecados como se usaban en la época que, por detrás, solo le tapaban los glúteos. Arriba llevaba un top de algodón, y por lo que se le notaba, no tenía puesto sostén.

Mi suegra era la versión mayor de mi novia. Piel blanca nívea, cabello negro azabache, ojos negros, pestañas abundantes, boca grande y roja como una fresa, dientes blancos y de buen tamaño y un cuerpo de infarto. Un par de tetas de 120 cms, cintura pequeña a pesar de la edad, nalgas abundantes, paradas y por lo que se podía ver bastante firmes. Piernas bien formadas, sin manchas venosas, rodillas y tobillos finos. Todo ello distribuido en unos 165 cms de altura aproximados.

Me hizo entrar a la casa y como buen caballero le cedí el paso, lo que permitió ver como meneaba esas hermosas cachas.

Esa visión hizo que la verga pegara un respingo debajo del pantalón, marcando un bulto indisimulable.

Nos sentamos en la sala, ella en el sofá de dos cuerpos y yo en sillón pequeño que lo enfrentaba.

Allí comenzó la filípica.

“Sabrás por que he pedido verte previamente a que vuelvas a mi casa” afirmó

“La verdad es que no, pero la escucho con atención si es lo que usted quiere” le dije desafiante

“Mirá mocoso, no te hagas el gallito que vos sabés bien que los agarré in fraganti, mientras hacían porquerías” me dijo enojada

“Pero doña Haydée – traté de bajar su cólera- son cosas de novios, o usted no se hacía mimos con Don Tito cuando eran novios” le dije

“Que atrevido sos, mirá si yo te voy a andar diciendo que hacía con mi marido cuando eramos novios” continuó nerviosa.

“Bueno, si quiere no me diga, pero me imagino que algo parecido harían” le dije doblando la apuesta

Se puso colorada, no sabía si de ira o de vergüenza. Por mi parte, a medida que avanzaba la conversación y ella acaloraba, me excitaba más, haciendo más pronunciado el bulto en mis pantalones.

Pude observar que paralelamente, debajo del top de algodón, se marcaban acentuadamente sus pezones.

En forma instintiva, me puse de pie, abandonando, el sillón y ocupando un sitio en el sofá, al lado de Doña Haydee.

“Que hacés, por que te sentás aquí?” me dijo entre sorprendida y agradada.

“Es que así es mas lindo, juntito a usted” – le dije a la par que posaba una mano sobre su pierna derecha y la otra sobre su hombro

“No seas insolente” me dijo, pero sin hacer movimientos tendientes a desplazarme

“No soy insolente, usted es muy linda” le dije y le estampé un beso en la boca.

“Pero, nene, estás loquito” cambió el tono. “Podría ser tu mamá” me dijo.

“Pero no lo es y le aseguro que me calienta usted más que María Rosa” le di otro beso y con ambas manos le apreté las tetas.

“Mmmmmmm, salí, salí, soy una vieja para vos” me decía mientras le manoseaba los globos

“Que vieja ni que vieja, sos un hambrón” le dije metiendole la lengua en la boca.

En ese momento senti como con una mano detrás de mi nuca atraía más hacia ella mi cabeza y con la otra apretaba sobre el pantalón mi pija

“Ahhhhhh….siiiiiii….. agarrame la verga….. te gusta” le decía

“Que tenés ahí, era verdad lo que le decías a María Rosa del tamaño, a ver” me dijo y luego de abrir mi bragueta dejó la pistola al aire.

“Ohhhhhh…. Que poronga que tenés turrito…. Con eso la ibas a matar a mi nena…. Damela a mi¡¡¡¡¡” me dijo y acto seguido se avalanzó hacia delante y comenzó a lamer la cabeza de la poronga.

Sentí como se la iba metiendo con dificultad en la boca, provocándole, al principio arcadas, escuchaba “glurpppp.. smmmm queeeeee rimmmca po….dongaaaaaaa” y sentía correr la saliva por el tronco

Alucinaba con Doña Haydee chupándome la pija.

Me tomó de la mano, me puso de pie, ella se arrodilló frente a mi, me bajó el pantalón y luego el calzoncillo, con la mano sobre la pija salivada me hizo una rápida paja que la terminó de parar, apuntando al cielo, se agachó aún más y se metió uno a uno los huevos en la boca, empapándolos de su baba caliente.

Luego me los acariciaba, me los estrujaba sin dañarme con una mano y con la otra me masturbaba. Soltó la verga, se metió el dedo índice en la boca, lo mojó adecuadamente y con la yema del dedo comenzó a acariciar el perineo primero y luego a hacer masajes circulares sobre el ojete.

“Aggggghhhhh…. Que me hacés putita? Quiero acabar” le decía al borde de mi resistencia.

“Esperá pendejo, esperá que todavía falta mucho.”

Hizo que me arrodillara en el sofá, me abrió las piernas, y sentí como escupía el culo, desparramando su esputo por la raya y luego en el orto. Acto seguido me comenzó a pasar la lengua por el ojo del culo y creí que me desmayaba del placer.

“Ahhhhhhhh….vieja atorranta….que carajo me estás haciendo” le decía entre suspiros

“Te estoy dando un beso negro, boludito, así aprendés” y mientras me lo decía me tomaba la poronga y tiraba de ella hacía atrás, haciéndome una paja de campeonato.

Cuando estaba por acabar, logró que me girara, que me sentara en el sofá desparramado de placer y se subió al mismo, colocó sus piernas a mis lados y puso la concha a la altura de mi boca.

El perfume de hembra encelada que despedía era embriagador. Me pasó su concha por la cara, llenándome de flujos cálidos y pegajosos, lo que, lejos de provocarme asco me encendieron aún más, comencé a comerle la concha, mordía los labios superiores y los inferiores, encontré con la punta de la lengua el clítoris henchido y caliente y lo lamí con desesperación.

“Ahhhhhhh…seeeeeeeeee…..comele el coño a la viejitaaaaaa…… daleeeeee…… si…..comete toda la concha hijoputaaaaaaa” gritaba Doña Haydee

La tomé de las nalgas y la empujé mas arriba, dejando el agujero del culo a la altura de mi lengua y arremetí en su ojete con furia, metiendole la lengua en el orto y causando un alarido de placer en mi suegra.

“Mmmmmmmmmmmmm…..turrooooo, siiiiiiiiii, quiero que me chupes el culo, el boludo de Tito no quiere, pero a mi mencanta…..si, cometelo”

Luego me dedique a darle lengua a la cachucha de mi suegra hasta que sentí la contracción de sus músculos y percibí un orgasmo potente, que se tradujo en una oleada de sus jugos que supieron a gloria.

Lo cierto que ella había acabado y yo estaba por derramarme, así que luego de la tempestad, se puso de rodillas en el sofá, abrió los cantos exhibiéndome una concha peluda y hambrienta, lubricada y caliente. Me puse de pie, me coloqué detrás de ella, escupí la cabeza de mi chota, la apunté hacia su cueva y la introduje de un empellón.

“Ayyyyyyyyyyyy, turroooooo , me partís la argolla con esa poronga….daleeeeee, metémela toda” me gritaba desaforadamente.

Comencé un movimiento acompasado que fue creciendo en intensidad y violencia, y a los pocos minutos sentí como una columna de semen hirviente salía de mis huevos y se dirigía hacia la matriz de mi suegra.

“Agggggggggggg…..que linnnnn….doooooo….Diosssssssssss miooooooooo” gritaba yo.

Expulsé tres o cuatro lechazos interminables y dejé la verga en la cajeta de mi suegra, sintiendo como con los músculos vaginales me ordeñaba hasta la última gota de semen.

Se desinfló la verga, nos tiramos exhaustos en el sofá y solícita, con su lengua como lampazo, limpio la pistola, al tiempo que de su chocho, caía sobre el tapizado de cuero del sillón las sobras de leche que su cuerpo no había absorvido.

“Antes de desvirgar a María Rosa, vas a tener que atender a tu suegra cuando ella te lo pida, sino no te la dejo ver más”, me amenazó.

“Sus deseos son órdenes Doña Haydee, para mi la palabra de los mayores es sagrada” le dije.
A ccottonete le gusta esto.
Viejo ccottonete dijo: 22.09.14
que buen relato, ojala hubiera muchas suegras asi!!!
Viejo PINOS dijo: 24.09.14

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