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Ver resultados: ¿Qué pregunta te haces cuando te ocurre algo malo?
¿Por qué me pasó esto? 13 43,33%
¿Para qué me pasó esto? 5 16,67%
Ninguna de las anteriores 12 40,00%
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Viejo pa2c3 dijo: 24.02.10
La razón por la que nos afecta lo que dicen o hacen los demás es ese afán por ponernos en nuestro papel de víctimas.

Cuando adoptamos el papel de víctimas siempre (o casi siempre) nos hacemos la siguiente pregunta: ¿por qué me pasó esto? Nunca se nos ocurre que si lo que queremos es disfrutar de la vida, entregarnos a ella con la idea de sacarle el mayor jugo posible, la pregunta adecuada es la siguiente: ¿para qué me pasó esto?

Siempre (o casi siempre) y de manera completamente inconsciente ubicamos al mundo como un lugar a usar, a descubrir, a moldear, a transformar, a conquistar. Pero qué cosa. El mundo es el que nos usa a nosotros, el que nos descubre, el que nos moldea, nos transforma y nos conquista sin piedad alguna. Y creemos que eso está mal. Que el que debe llevar la batuta, dirigir la orquesta somos nosotros, no el mundo.

Mentira, es completamente al revés. El mundo (la vida) es la que con una paciencia infinita nos va moldeando, nos engulle, hace uso a su antojo de nosotros, de nuestro ser (o de aquello que creemos es nuestro ser). El universo se expresa a través de nosotros. Si todavía nos queda un poco de humildad debemos consentir que no tenemos la menor idea de qué onda con el universo. Y es tan contundente este hecho que las cosas más inverosímiles son el pan nuestro de cada día, pero a pesar de ello nos aferramos a pensar que debemos controlar lo que pasa en nuestro mundo, en nuestra vida.

Aceptar esta verdad es la clave para dejar de ponernos en el papel de víctimas. Aceptar que es el mundo el que nos usa y no nosotros a él. Aceptar que cuando algo nos sale bien, no somos nosotros los que logramos hacerlo, es el mundo el que logró hacerlo a través de nosotros.

Sí, ya sé que esto implica hacer a un lado las ideas de responsabilidad, libertad, dignidad, etc. Yo sólo digo: maldita la hora en que esas ideas inundaron al mundo. Sólo han acarreado hambre, miseria, sufrimiento, miedo, desesperación, etc.

El caso es que nadie es víctima de nadie. Los hechos concretos (un robo, una pelea, etc.) es la manera en que la vida se abre paso, se expresa a través de nosotros. Acostumbrados como estamos a juzgarlo todo, inmediatamente comenzamos a decir que, de ser cierto lo anterior, entonces la vida se abre paso de un modo muy injusto para algunas personas, o que incluso la vida no tiene sentido. Nos empeñamos en querer llevar el control y nos parece aborrecible la sola idea de que algo más pueda controlarnos.

Pero resulta que estamos controlados hasta el culo. Nada escapa a este control. Pero no queremos hacer un alto en el camino para darnos cuenta de ello. Nos aterra tener que enfrentar de frente (valga la redundancia) a la realidad. Al hecho de que no somos lo que toda la vida habíamos creído que éramos.

¿Qué podemos hacer entonces?

Si alguien me asalta, me golpea, etcétera. ¿Acaso no soy la víctima? Y si yo soy el asaltante, ¿acaso no soy el victimario? Ahí está el meollo del asunto. Hemos aprendido que ante un hecho como estos, de manera inmediata e inconsciente (y también consciente) debemos tomar el papel (más nos vale) de víctimas o victimarios. Nadie nos ha enseñado que ante un hecho como estos (un robo, una golpiza, etc.) lo adecuado es hacernos la siguiente pregunta: ¿qué quiere decirnos la vida con eso que nos acaba de pasar?, ¿para qué nos pasó?, ¿qué aprendizaje podemos sacar de ello?

Tenemos que dar vuelta a la tuerca: dejar que el mundo se exprese a través de nosotros, ¿para qué? Pues para dejar atrás la angustia, la neurosis y todas esas fregaderas. Si hacemos esto las implicaciones son enormes. Por ejemplo, hemos aprendido que al terminar de estudiar una carrera lo adecuado es buscar un trabajo y de preferencia uno que tenga que ver con lo que estudiamos. Nunca hemos aprendido que lo adecuado es preguntarle a la vida qué sigue. Sí, así de simple: preguntarle a la vida qué sigue. En lugar de aferrarnos a seguir los planes que nosotros o nuestros padres han hecho para nuestra vida. Hay que entender que la que manda es la vida, no nosotros. Y si la vida nos da muestras claras de que lo adecuado no es meternos a trabajar en algo relacionado con lo que estudiamos sino en algo diferente, pues eso es lo que debemos hacer, y no estar de aferrados en seguir lo planeado por nosotros o nuestros padres, que aunque fue hecho de buena fe, ya no se apega a lo que la vida quiere de nosotros. Y ya quedamos: la vida manda, no nosotros.

Esa es la causa de todas nuestras neurosis y de todos nuestros malos momentos. El no querer hacer caso a los signos, o las señales que por montones nos manda la vida para indicarnos qué es lo que quiere de nosotros. En lugar de eso nos empeñamos en tratar de forzar las cosas para que la vida nos dé lo que nosotros queremos de ella. Grave error. Y el precio que pagamos es muy alto. Simplemente dejamos de sentirnos vivos. Vivimos como los zombis. O sea, paradójicamente, al no hacerle caso a la vida, ni somos nosotros, ni somos nada.

Hemos aprendido que nosotros estamos para dominar al mundo, para controlarlo. Y cuando la vida nos abofetea (inclusive con cosas tan simples como reprobar en la escuela una materia) pensamos que hemos fallado. Y buscamos qué es lo que no hicimos bien: que si no estudié suficiente, que si me desvelé estudiando y salió peor, que si el maestro nos preguntó cosas que nunca nos había enseñado, etc. El caso es que hemos aprendido a estar siempre alertas pensando que estamos inmersos en un mundo terrible, donde el que no cae tropieza, donde lograr el éxito es algo dificilísimo y que implica sacrificios inmensos, donde hay que cuidarse de todo lo que nos digan porque la mitad o más de la mitad son puras mentiras, etc.

¿Cuándo vamos a aprender a entregarnos con gusto a la vida? ¿Cuándo?, si lo primero que nos dicen al salir de casa es “cuídate” y nunca nos dicen “entrégate”. Cuándo vamos a aprender que si nos toca nos toca, y que lo importante no es estar buscando mil y un formas de cuidarnos el trasero, sino que lo importante es poner oídos, ojos, manos y todo lo demás, a las señales, hechos o eventos (o como le queramos llamar) con los que la vida nos está queriendo decir algo. Que lo importante es poner atención a estas señales y hacernos la gran pregunta: ¿qué me está queriendo decir la vida con tal o cual hecho que me acaba de pasar o que me está pasando?, ¿qué debo hacer?

Pero nos da miedo la posible respuesta. Qué tal si la vida lo que me pide es dejar mi trabajo. Qué tal si lo que me pide es que me aleje de mi madre. O que deje a mi pareja. Nos da miedo. Por eso en lugar de preguntarnos qué debemos hacer de acuerdo a las señales que me está enviando la vida (señales como ese dolor en el pecho, esa diarrea que no se quita, ese fastidio de todos los días, etc.), mejor nos hacemos la pregunta más inadecuada de todas, la que nos lleva derechito al papel de víctimas. Mejor nos preguntamos qué QUEREMOS hacer. Sí, porque seguimos pensando que NOSOSTROS controlamos al mundo, que ese dolor del pecho YO me lo quito, a ver cómo pero YO me lo quito. Y tonta, estúpidamente, hacemos a un lado la pregunta correcta. La pregunta correcta es ¿qué DEBEMOS hacer? Hacemos a un lado lo correcto. La vida misma quisiera levantarse y gritarnos: haz esto, hazme caso. Pero no puede levantarse y gritárnoslo, lo único que puede hacer es mandarnos señales de lo que debemos hacer y nosotros le damos la espalda.

Debemos darle vuelta a la tuerca. Entender de una vez por todas que los que mandamos no somos nosotros, es la vida. Pero ahí es donde vienen las peores complicaciones. A veces le hacemos caso a la vida y por ejemplo damos una bofetada a ese cabrón que nos ha estado jodiendo la vida por tantos años, pero no pasan ni diez minutos en que ya estamos llenos de angustia y remordimiento: por qué lo hice, debí controlarme, no es posible, así no soy yo, etc. Uta madre, pues a qué estamos jugando. Nos sentimos víctimas, no sólo de los demás sino de nosotros mismos.

Es el colmo. Al pensar que nosotros debemos controlar al mundo, en el momento en que perdemos el control sentimos la peor de las culpas. Cuando en realidad hicimos todo lo contrario: actuamos bien, porque por fin, aunque sea por un momento dejamos de sentirnos víctimas e hicimos caso a las señales que nos mandó por años la vida y dimos una bofetada a ese hijo de puta que nos había estado jodiendo por tantos años pero al que no nos habíamos atrevido a levantarle la mano porque ¿qué va a decir la gente? No, por Dios, van a decir que no me sé controlar. Y luego peor aún, si no me da dinero para la comida, ¿cómo le voy a hacer? Dos minutos en que dejemos de ser víctimas no nos cambia mucho que digamos, pero al menos nos permite echar un vistazo a lo fantástico que sería vivir de acuerdo a lo que la vida nos va indicando, y no de acuerdo a lo que digan o hagan los demás.

18 Comentarios | Registrate y participá

Viejo 1nfest dijo: 24.02.10
Esto no va aca.

Disiento; pero como no tiene el tag de discusion y no esta en el subforo adecuado prefiero esperar para argumentar mi posicion.

Saludos
Viejo Burn dijo: 25.02.10
Nos movemos a psicología
Viejo pa2c3 dijo: 25.02.10
Mi intención no es crear debate ni convencer a nadie. Mi intención es compartir mi idea. ¿Para qué? Porque si no lo hago me enfermo. Sacando mis ideas, compartiéndolas, evito ponerme de malas: angustiado, neurótico, etcétera. Y eso para mí es muy importante.

Creo que es perfectamente válido que haya discrepancias, no sólo entre lo que lo que yo pienso y lo que los demás piensan, sino también entre lo que yo pienso ahora y lo que pensaré el día de mañana. Y por supuesto, también creo que es perfectamente válido que haya discrepancias entre lo que yo pienso y la vida que llevo. Así somos los seres humanos: una verdadera incógnita.
Viejo PabloHot dijo: 25.02.10
Originalmente publicado por pa2c3 Ver mensaje
La razón por la que nos afecta lo que dicen o hacen los demás es ese afán por ponernos en nuestro papel de víctimas.

Cuando adoptamos el papel de víctimas siempre (o casi siempre) nos hacemos la siguiente pregunta: ¿por qué me pasó esto? Nunca se nos ocurre que si lo que queremos es disfrutar de la vida, entregarnos a ella con la idea de sacarle el mayor jugo posible, la pregunta adecuada es la siguiente: ¿para qué me pasó esto?

Siempre (o casi siempre) y de manera completamente inconsciente ubicamos al mundo como un lugar a usar, a descubrir, a moldear, a transformar, a conquistar. Pero qué cosa. El mundo es el que nos usa a nosotros, el que nos descubre, el que nos moldea, nos transforma y nos conquista sin piedad alguna. Y creemos que eso está mal. Que el que debe llevar la batuta, dirigir la orquesta somos nosotros, no el mundo.

Mentira, es completamente al revés. El mundo (la vida) es la que con una paciencia infinita nos va moldeando, nos engulle, hace uso a su antojo de nosotros, de nuestro ser (o de aquello que creemos es nuestro ser). El universo se expresa a través de nosotros. Si todavía nos queda un poco de humildad debemos consentir que no tenemos la menor idea de qué onda con el universo. Y es tan contundente este hecho que las cosas más inverosímiles son el pan nuestro de cada día, pero a pesar de ello nos aferramos a pensar que debemos controlar lo que pasa en nuestro mundo, en nuestra vida.

Aceptar esta verdad es la clave para dejar de ponernos en el papel de víctimas. Aceptar que es el mundo el que nos usa y no nosotros a él. Aceptar que cuando algo nos sale bien, no somos nosotros los que logramos hacerlo, es el mundo el que logró hacerlo a través de nosotros.

Sí, ya sé que esto implica hacer a un lado las ideas de responsabilidad, libertad, dignidad, etc. Yo sólo digo: maldita la hora en que esas ideas inundaron al mundo. Sólo han acarreado hambre, miseria, sufrimiento, miedo, desesperación, etc.

El caso es que nadie es víctima de nadie. Los hechos concretos (un robo, una pelea, etc.) es la manera en que la vida se abre paso, se expresa a través de nosotros. Acostumbrados como estamos a juzgarlo todo, inmediatamente comenzamos a decir que, de ser cierto lo anterior, entonces la vida se abre paso de un modo muy injusto para algunas personas, o que incluso la vida no tiene sentido. Nos empeñamos en querer llevar el control y nos parece aborrecible la sola idea de que algo más pueda controlarnos.

Pero resulta que estamos controlados hasta el culo. Nada escapa a este control. Pero no queremos hacer un alto en el camino para darnos cuenta de ello. Nos aterra tener que enfrentar de frente (valga la redundancia) a la realidad. Al hecho de que no somos lo que toda la vida habíamos creído que éramos.

¿Qué podemos hacer entonces?

Si alguien me asalta, me golpea, etcétera. ¿Acaso no soy la víctima? Y si yo soy el asaltante, ¿acaso no soy el victimario? Ahí está el meollo del asunto. Hemos aprendido que ante un hecho como estos, de manera inmediata e inconsciente (y también consciente) debemos tomar el papel (más nos vale) de víctimas o victimarios. Nadie nos ha enseñado que ante un hecho como estos (un robo, una golpiza, etc.) lo adecuado es hacernos la siguiente pregunta: ¿qué quiere decirnos la vida con eso que nos acaba de pasar?, ¿para qué nos pasó?, ¿qué aprendizaje podemos sacar de ello?

Tenemos que dar vuelta a la tuerca: dejar que el mundo se exprese a través de nosotros, ¿para qué? Pues para dejar atrás la angustia, la neurosis y todas esas fregaderas. Si hacemos esto las implicaciones son enormes. Por ejemplo, hemos aprendido que al terminar de estudiar una carrera lo adecuado es buscar un trabajo y de preferencia uno que tenga que ver con lo que estudiamos. Nunca hemos aprendido que lo adecuado es preguntarle a la vida qué sigue. Sí, así de simple: preguntarle a la vida qué sigue. En lugar de aferrarnos a seguir los planes que nosotros o nuestros padres han hecho para nuestra vida. Hay que entender que la que manda es la vida, no nosotros. Y si la vida nos da muestras claras de que lo adecuado no es meternos a trabajar en algo relacionado con lo que estudiamos sino en algo diferente, pues eso es lo que debemos hacer, y no estar de aferrados en seguir lo planeado por nosotros o nuestros padres, que aunque fue hecho de buena fe, ya no se apega a lo que la vida quiere de nosotros. Y ya quedamos: la vida manda, no nosotros.

Esa es la causa de todas nuestras neurosis y de todos nuestros malos momentos. El no querer hacer caso a los signos, o las señales que por montones nos manda la vida para indicarnos qué es lo que quiere de nosotros. En lugar de eso nos empeñamos en tratar de forzar las cosas para que la vida nos dé lo que nosotros queremos de ella. Grave error. Y el precio que pagamos es muy alto. Simplemente dejamos de sentirnos vivos. Vivimos como los zombis. O sea, paradójicamente, al no hacerle caso a la vida, ni somos nosotros, ni somos nada.

Hemos aprendido que nosotros estamos para dominar al mundo, para controlarlo. Y cuando la vida nos abofetea (inclusive con cosas tan simples como reprobar en la escuela una materia) pensamos que hemos fallado. Y buscamos qué es lo que no hicimos bien: que si no estudié suficiente, que si me desvelé estudiando y salió peor, que si el maestro nos preguntó cosas que nunca nos había enseñado, etc. El caso es que hemos aprendido a estar siempre alertas pensando que estamos inmersos en un mundo terrible, donde el que no cae tropieza, donde lograr el éxito es algo dificilísimo y que implica sacrificios inmensos, donde hay que cuidarse de todo lo que nos digan porque la mitad o más de la mitad son puras mentiras, etc.

¿Cuándo vamos a aprender a entregarnos con gusto a la vida? ¿Cuándo?, si lo primero que nos dicen al salir de casa es “cuídate” y nunca nos dicen “entrégate”. Cuándo vamos a aprender que si nos toca nos toca, y que lo importante no es estar buscando mil y un formas de cuidarnos el trasero, sino que lo importante es poner oídos, ojos, manos y todo lo demás, a las señales, hechos o eventos (o como le queramos llamar) con los que la vida nos está queriendo decir algo. Que lo importante es poner atención a estas señales y hacernos la gran pregunta: ¿qué me está queriendo decir la vida con tal o cual hecho que me acaba de pasar o que me está pasando?, ¿qué debo hacer?

Pero nos da miedo la posible respuesta. Qué tal si la vida lo que me pide es dejar mi trabajo. Qué tal si lo que me pide es que me aleje de mi madre. O que deje a mi pareja. Nos da miedo. Por eso en lugar de preguntarnos qué debemos hacer de acuerdo a las señales que me está enviando la vida (señales como ese dolor en el pecho, esa diarrea que no se quita, ese fastidio de todos los días, etc.), mejor nos hacemos la pregunta más inadecuada de todas, la que nos lleva derechito al papel de víctimas. Mejor nos preguntamos qué QUEREMOS hacer. Sí, porque seguimos pensando que NOSOSTROS controlamos al mundo, que ese dolor del pecho YO me lo quito, a ver cómo pero YO me lo quito. Y tonta, estúpidamente, hacemos a un lado la pregunta correcta. La pregunta correcta es ¿qué DEBEMOS hacer? Hacemos a un lado lo correcto. La vida misma quisiera levantarse y gritarnos: haz esto, hazme caso. Pero no puede levantarse y gritárnoslo, lo único que puede hacer es mandarnos señales de lo que debemos hacer y nosotros le damos la espalda.

Debemos darle vuelta a la tuerca. Entender de una vez por todas que los que mandamos no somos nosotros, es la vida. Pero ahí es donde vienen las peores complicaciones. A veces le hacemos caso a la vida y por ejemplo damos una bofetada a ese cabrón que nos ha estado jodiendo la vida por tantos años, pero no pasan ni diez minutos en que ya estamos llenos de angustia y remordimiento: por qué lo hice, debí controlarme, no es posible, así no soy yo, etc. Uta madre, pues a qué estamos jugando. Nos sentimos víctimas, no sólo de los demás sino de nosotros mismos.

Es el colmo. Al pensar que nosotros debemos controlar al mundo, en el momento en que perdemos el control sentimos la peor de las culpas. Cuando en realidad hicimos todo lo contrario: actuamos bien, porque por fin, aunque sea por un momento dejamos de sentirnos víctimas e hicimos caso a las señales que nos mandó por años la vida y dimos una bofetada a ese hijo de puta que nos había estado jodiendo por tantos años pero al que no nos habíamos atrevido a levantarle la mano porque ¿qué va a decir la gente? No, por Dios, van a decir que no me sé controlar. Y luego peor aún, si no me da dinero para la comida, ¿cómo le voy a hacer? Dos minutos en que dejemos de ser víctimas no nos cambia mucho que digamos, pero al menos nos permite echar un vistazo a lo fantástico que sería vivir de acuerdo a lo que la vida nos va indicando, y no de acuerdo a lo que digan o hagan los demás.
Disiento. ¿Por qué hablar en términos absolutos? Habrá cosas que uno podrá controlar y otras que no, el azar existe, pero de ahí a sostener en términos absolutos que lo que uno hace no tiene relación con lo que a uno le pasa, me parece que hay un trecho muy grande.
Viejo pa2c3 dijo: 26.02.10
Pablo Hot

Estoy de acuerdo, no deberíamos hablar en términos absolutos. Pero lo hice con la intención de llamar la atención y te pido disculpas por ello. Además, observa que mañosamente siempre escribo "nosotros" en lugar de escribir "yo".

Todo esto lo hice a propósito como una provocación para que llamara la atención el tema.






Cell Leader

Dame chance. Recuerda que "gris es toda teoría, verde es el árbol de la vida". Lo dijo Goethe.

Además el tema le puede servir a mucha gente, pues promueve la reflexion sobre la vida diaria que llevamos.

Editado por pa2c3: 26.02.10 a las 12:50
Viejo Luna Selene dijo: 26.02.10
Después de leer todo, me da la sensación de que hablás mucho y decís poco.
Ya que tu intención no es convencer a nadie, ni armar debate; me voy a limitar a preguntar acerca de aquello sobre lo que no me ha quedado muy claro (ya que tu intención, sí es compartir tu idea). La mayoría de mis dudas, se centran en la definición de términos que usaste. Supongo que no serás una persona que usa palabras sin saber lo que las mismas significan (o el significado que vos le das en el texto que escribiste).

Originalmente publicado por pa2c3 Ver mensaje
La razón por la que nos afecta lo que dicen o hacen los demás es ese afán por ponernos en nuestro papel de víctimas.

¿A qué te referís con papel de víctimas?
Porque hablás acerca de que siempre tendemos a intentar saber qué es lo que hicimos mal y querer arreglarlo, y esa tendencia no se acerca en nada a mi concepción de lo que sería "ponerse en papel de víctimas".

Originalmente publicado por pa2c3 Ver mensaje
Esa es la causa de todas nuestras neurosis y de todos nuestros malos momentos. El no querer hacer caso a los signos, o las señales que por montones nos manda la vida para indicarnos qué es lo que quiere de nosotros. En lugar de eso nos empeñamos en tratar de forzar las cosas para que la vida nos dé lo que nosotros queremos de ella. Grave error. Y el precio que pagamos es muy alto. Simplemente dejamos de sentirnos vivos. Vivimos como los zombis. O sea, paradójicamente, al no hacerle caso a la vida, ni somos nosotros, ni somos nada.

¿Qué es la vida? Aclaraste anteriormente, el "mundo". Bueno, ¿A qué te referís? ¿El Planeta Tierra? ¿La Galaxia? ¿Algún "Dios"?
Suponiendo que eso tenga una respuesta de parte tuya: ¿Cuál sería, según tu opinión; la forma "correcta" de interpretar dichas señales?
Estás muy seguro que hay que `entregarse´ a la vida... ¿Cómo sabés si te estás `entregando´ (jaja) bien?
Y como último; decís que vivimos malos momentos porque no seguimos las señales que... que la "vida" nos envía. ¿O sea que si las seguimos, no vamos a vivir malos momentos?

Originalmente publicado por pa2c3 Ver mensaje
¿Cuándo vamos a aprender a entregarnos con gusto a la vida? ¿Cuándo?, si lo primero que nos dicen al salir de casa es “cuídate” y nunca nos dicen “entrégate”. Cuándo vamos a aprender que si nos toca nos toca, y que lo importante no es estar buscando mil y un formas de cuidarnos el trasero, sino que lo importante es poner oídos, ojos, manos y todo lo demás, a las señales, hechos o eventos (o como le queramos llamar) con los que la vida nos está queriendo decir algo. Que lo importante es poner atención a estas señales y hacernos la gran pregunta: ¿qué me está queriendo decir la vida con tal o cual hecho que me acaba de pasar o que me está pasando?, ¿qué debo hacer?

"Che, tomate un bondi hasta Fuerte Apache, bajate y ponete en bolas. Después empezá a caminar con un celular en tu mano, y entrégate."

[/comentarioplus]
Viejo Idhimus dijo: 26.02.10
Todo error tiene una enseñanza, asi como toda accion tiene su reaccion

Generalmente tan solo apunto a la pregunta: ¿que puedo sacar de esto que ocurrio? Que beneficios puedo obtener?

Tambien se ve mucho que al "pasar por eso" lo primero que se hace es debatirlo con otro ser deductivo. En algunos casos esto se lo utiliza a favor de uno mismo, ya sea como tema de conversacion, como "a mi me paso esto y a ti no, asi que me considero mejor que vos( inconsciente egoista)"o simplemente exagerar lo ocurrido para llamar la atension y sacar beneficio de ello..

Personalmente, en el 90% de los casos, prefiero guardar los acontesimientos por los que eh pasado, tan solo haria referencia a ellos si me atacaran con una pregunta referente a los mismos

Aunque muchas veces, lo que si hago es saltar con la frase...."Cosas que pasan........ .....a la gente estupida" ...señalandome...
Viejo pa2c3 dijo: 27.02.10
Luna Selene

Gracias por tu interés.

Seguramente la mejor manera de explicarme será con un hecho real, concreto, y vivido por mí.

Bueno, pues hace bastantes años (tendría yo unos 20 años), cuando estudiaba en la universidad, un profesor entró en el salón de clases diciendo: "que comience la farsa". Yo no entendí a qué se refería y me preguntaba en voz baja a mí mismo: ¿qué pasará?, ¿por qué diría eso el profesor?

Con cuánto asombro e incredulidad vi que dividía al grupo en dos partes: por un lado los que quisieran tomar clase, por otro lado los que quisieran contar chistes. Por supuesto, el profesor estaba entre los que querían contar chistes. Y entonces ¿quién daba la clase?

Pues resulta que el muy cabrón había repartido los temas entre nosotros sus alumnos, y pues nosotros dábamos la clase mientras él contaba chistes en otro lado del salón.

Yo estaba tan encabronado que comencé a decirle de cosas (pero sin groserías). Cosas así como: "eres un irresponsable", "no tienes respeto por tus alumnos, ni por tu trabajo", "no merecemos que nos hagas esto", "ponte a ver como es absurdo que algunos tomemos clase de este lado del salón mientras que tú estás con tus risas en el otro lado, eso no es justo", etcétera.

Recuerdo que me temblaba el mentón; y todavía me tiembla cuando me acuerdo. Recuerdo que mi voz era entrecortada: estaba furioso.

Una vez terminada la "clase", y que se había ido el profesor, todo el grupo se reunió a mi alrededor para calmarme (por cierto, yo era el jefe de grupo). Fui el único que perdió el control. Todos los demás simplemente se fueron hacia uno de los dos lados: hacia un lado si querían tomar clase, y hacia el otro lado si querían estar en lo de los chistes.

Bueno, el caso es que cuando se fue el profesor trataron de calmarme diciéndome cosas como las siguientes: "ya cálmate", "te va a hacer daño", "no le hagas caso", etcétera. Y yo respondía con cosas como las siguientes: "es que no es justo", "cómo es que ese pedazo de mierda se dice profesor", "no nos merecemos este trato", etcétera. Y bueno, creo que eso es ponerse en el papel de víctima: sentir que mereces más de lo que te dan y encabronarte (o de algún modo ponerte mal) porque no te lo dan.

Ponerse en el papel de víctima entonces sería lo siguiente: sentir que se merece más de lo que se tiene, y ponerse mal porque no se lo tiene.

Luego trataré de explicar los otros conceptos.

Editado por pa2c3: 01.03.10 a las 14:37 Razón: corregir la escritura de dos palabras
Viejo Luna Selene dijo: 27.02.10
Esperaré las demás explicaciones entonces, y de nada.

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