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  • 1 Mensaje de Alta Pebeta
  • 1 Mensaje de Gustavo Filippi

Viejo Gustavo Filippi dijo: 19.01.15
Matar la palabra
La palabra ha sido acusada en múltiples ocasiones de ser lábil, de no poder reflejar al pie dela letra la realidad y sus acontecimientos. Hoy por hoy, producto del abandono de la educación como valor y objetivo, vemos como nuestro lenguaje rico el posibilidades se plaga de palabras que caen en desuso. Palabras desahitadas, que dada su complejidad para se interpretadas solo quedan en el olvido.
La sociedad se sintetiza en su discurso, sus metáforas se silencian, la belleza se eclipsa ante la búsqueda fallida donde se pretende que la cosa sea la palabra. El mal entendido es imperdonable, a pesar de que este sea intrínseco de la naturaleza del ser.
Aparecen frases que resumen sensaciones y situaciones de las más variadas “Alta música”. Muchas cosas se puede decir de la estética de los acordes musicales, de los sentimientos que provocan y de lo que cuentan sus estrofas… ¿Alta música?
Algunos sujetos, a sabiendas del desgaste del discurso, usan una batería de adjetivos para expresar los sentimientos, sus angustias su alegría. Ellos temen que si no se subraya la que se dice, si no se recarga y se recarga el contenido no llega. Pareciera que la escucha del otro, se licua, no nos interesa demasiado. Solo leemos copetes y ni siquiera nos tomamos el tiempo de interpretación que un texto o un mensaje se merece, en especial un mensaje escrito u oral….de nuestros seres queridos. Las conversaciones se abrevian al ritmo de un tuit o un wasap.
Pero a pesar de esta crisis del discurso donde los fantasmas de la abreviación y la falta de fortaleza de las palabras, es fácil advertir que se conserva el ancestral miedo a las palabras. Las palabras des- ocultan siempre, a pesar de tener toda la vocación de no decir. El silencio del discurso es una forma de expresión consciente o inconsciente. Si bien la verdad no es la única verdad, el ocultamiento de algunos hechos indudables es el único camino del perverso y los amos para mitigar su advenimiento.
De eso no se habla.
A esa persona no se lo nombra.
Vamos a quemar ese libro.
El expediente tiene que desaparecer.
Ese archivo hay que borrarlo.
Este llega muerto al juicio.
Hay situaciones imposibles de denunciar, los muertos asesinados por el poder llenan las tumbas de los cementerios.
Las palabras pueden hacer caer gobiernos, las palabras pueden curar, las palabras pueden ocasionar rupturas del pensamiento, las palabras no se pueden matar. Pero no existe ningún tirano de este mundo que no haya intentado matar la palabra, producir su ausencia total o desvirtúala hasta que su contenido sea nada, sea nada de nada.
Desde siempre los sujetos que rompen con el paradigma del momento sufren el intento de silenciamiento permanente "hay cosas que no se pueden decir”.
Manifestar algunas cuestiones que tiene que ver con el libre pensamiento y la democracia es una herejía, un pecado mortal. Existen pensamientos fachos y discriminadores que habitan en el interior del inconsciente colectivo de nuestra sociedad. Estas ideas son justamente la que dan sustento de gobernabilidad al amo. El amo detesta lo diferente, teme las palabras y tiene muchos ojos y pocos oídos, especialmente la carencia de oído se manifiesta cuando recibe críticas morales o éticas. El poder nos dice “siempre Goliat mata a David”, lo demás es solo un mito. Se silencia al discurso frente al revolucionario, al que des oculta las miserias del amo, sus pactos secretos a espalda de los suyos. Pero las palabras no pueden morir perduran más allá del emisor.
Me gusta pensar que los hombres pueden morir pero sus ideas no tan fácilmente, hay otros que pueden continuar con ellas.
Como analista se que la interpretación es un acto violento del terapeuta al paciente. El paciente resiste lo que le es imposible escuchar, solo lo escuchará cuando sea su tiempo de análisis.
Pero algunas las palabras no se pueden callar y se sufren cotidianamente, habitan en el interior del inconsciente y pujan por salir, su inhibición conlleva muchas veces a la angustia y otras a síntoma castigadores.
El poder de la palabra es indudable, todos deseamos ser escuchados. Eso resulta insoportable para el amo que pretende ser la única voz, lejos del bien y del mal. El amo pretende matar lo que no controla, el amo desea matar la palabra de todos otros, de todos los fiscales.

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Viejo Alta Pebeta dijo: 24.01.15
Veamos... Antes que nada, mucho gusto... He aquí una persona que no sabe ni le interesa resumir(se).
Antes de sumergirme en las ideas que me detonó tu escrito, quizás sea únicamente este el momento apropiado para decir estas dos cosas: Una, que no veo por qué este tema no está en Filosofía en lugar de en Psicología... No sé... quizás me equivoque, pero en el enfoque me sonó más filosófico que sobre el funcionamiento de la mente... Quizás sea por la reiterada mención del "amo". La segunda cosa es que no estoy muy segura de haber entendido el punto, pero me interesó.

No estoy muy segura de en qué se basa tu generalización acerca de que "aun se conserva el miedo a la palabra". No creo que sea a la palabra a lo que se teme, sino a la pérdida del poder adquirido en la omisión o en la represión...

"Existen pensamientos fachos y discriminadores que habitan en el interior del inconsciente colectivo de nuestra sociedad.", existen, porque al poder le conviene que existan, porque los alimenta propiciando espacios donde cada vez hay menos tiempo para la comunicación, donde cada vez fastidia más que alguien hable, donde abreviar se pone "de moda" y nada abreviado reviste profundidad, donde la idea de profundo se convirtió en sinónimo de aburrido, donde pensar tiene mala prensa y dedicar la existencia a "garchar" y drogarse es "la que va"... Y todo esto, a mi entender, se difunde con la palabra también.

Los tiempos cambiaron, ahora nos preguntamos por que Shakespeare dio tantas vueltas para decir algo que nosotros diríamos de manera tanto más escueta, y seamos honestos, romanticismos a un lado, si un hombre viniera con toda esa pompa a querer seducirme, me resultaría ridículamente fuera de su tiempo...
Los tiempos se aceleraron, la modernidad acelera, antes se mataba a las personas a golpe de espada, y esto requería trasladarse hasta donde las personas estaban físicamente, lo que además te daba suficiente tiempo y espacio de reflexión, y aun así a lo largo de la historia se cometieron enormísimas barbaridades. Ahora basta apretar un botón para volar una porción de continente con una explosión. Eso no da tiempo a enviar cartas de despedida a tus familiares...

Lo importante no es hablar, sino tener algo que comunicar. Y para eso, primero tiene que importarnos alguien, empezando quizás por nosotros mismos... Si no me comunico conmigo misma, lejos estoy de poder hablar. Y en tiempos de stress profundo, de automatismo y de constante vértigo, no hay espacio suficiente para la reflexión.

Para poder hablar, primero hay que poder pensar, y para eso, hacen falta tiempo, tranquilidad, orden y deseo (entre otras cosas que quizás quieras agregar).

Lo que en resumen, si te apasiona tu profesión, te da mucho trabajo que hacer.

Por cierto, gracias por generar(me) nuevos deseos de pensar.

Saludos!
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Viejo Gustavo Filippi dijo: 25.01.15
Muchimas gracias por tus reflexiones.
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