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Opinión pública vs. Razón: La Crispación y La Soberbia (para tipos con ganas de leer) en el foro de Política, Economía y Sociales:


Bueno este tema lo abro porque ayer leyendo el diario La Voz del Interior encontre una opinion de un periodista, en esta él pone de manifiesto el problema que conlleva la valorizacion social argentina y la historia como forma para poder comprendernos y a la vez saber buscar los caminos para salir de los problemas que sucumben en nuestra sociedad que son varios como vemos. El artículo llega a mi por que esta visto de un punto historicista teoria que tiene razón (segín mi punto de vista) porque somos productos históricos, uno no es asi porque es asi, el ladrón, ...

 
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Viejo 12.07.07, 12:40
Bueno este tema lo abro porque ayer leyendo el diario La Voz del Interior encontre una opinion de un periodista, en esta él pone de manifiesto el problema que conlleva la valorizacion social argentina y la historia como forma para poder comprendernos y a la vez saber buscar los caminos para salir de los problemas que sucumben en nuestra sociedad que son varios como vemos.

El artículo llega a mi por que esta visto de un punto historicista teoria que tiene razón (segín mi punto de vista) porque somos productos históricos, uno no es asi porque es asi, el ladrón, el villero no es asi por elección (o si?) el tema es que somos una historia no podemos renegar nuestro pasado porque iríamos encontra de nuestro ser.

Bueno espero que lo lean y opinen sobre el tema:

La crispación y la soberbia

Los argentinos tenemos una relación difícil con nuestra realidad. Objetivarnos como seres históricos nos ayudaría a salir de la encerrona.

Enrique Lacolla
Periodista

Los argentinos seguimos enredados en la definición de nuestra propia identidad. A veces este girar obsesivo en torno al mismo tema hace pensar que nuestro problema es más psicológico que social. No es así, desde luego, pero la imbricación de ambos factores en un círculo vicioso que no termina de trascenderse a sí mismo, demuestra la importancia que la elaboración de un discurso autocrítico tendrá para alcanzar una meseta intelectual que consienta ponernos de acuerdo sobre algunos asuntos centrales que nos impregnan y establecer, de esta manera, un consenso que permita una construcción más racional de nuestro camino. La pervivencia de la contraposición entre "civilización y barbarie" como mito fundador para entender nuestro desarrollo es la más evidente exteriorización de este debate intestino, que no terminamos de resolver. Sus manifestaciones se pueden encontrar en los lugares y momentos más inesperados.

Días pasados, por ejemplo, mientras escuchaba el delicioso espacio de tango La ciudad en que vivimos, que conduce Américo Tatián por Radio Universidad, se coló en el programa la pregunta de un oyente que me parece condensa casi a la perfección una predisposición psicológica, henchida de una inconsciente petulancia, que permea a vastos estratos de nuestra clase media. El oyente en cuestión preguntaba acerca de cómo era posible que intelectuales de la talla de Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz hubieran apoyado al peronismo...

Tatián y Rogelio Alaniz, quienes en ese momento compartían el micrófono, intentaron dar una respuesta ponderada al exabrupto, pero creo que no dejaron duda de que, en cierto sentido, compartían ese asombro, refiriendo el examen de tan espinoso tema a autores como Juan José Sebreli, Luis Alberto Romero, José Martínez Estrada (con reservas) y Félix Luna, amén de una serie de estudiosos más académicos entre los que figuraban Juan Carlos Portantiero y no recuerdo si también Tulio Halperín Donghi.

Resulta curioso que se hayan omitido las aportaciones de otras vertientes nacionales del pensamiento, como las obras de Juan José Hernández Arregui, Fermín Chávez, José María Rosa, Jorge Abelardo Ramos, Salvador Ferla, José Luis Busaniche, Jorge Spilimbergo, Norberto Galasso, Marcelo Sánchez Sorondo y Alfredo Terzaga, para nombrar a los responsables de algunas de estas interpretaciones, en muchos casos formuladas desde fuera del peronismo y desde ángulos diferenciados del espectro ideológico. Como fue el caso de Jauretche y Scalabrini, que no eran, en sentido estricto, miembros con cédula de ese movimiento.

Pero el problema no reside aquí. El problema pasa por el discreto estupor que todavía suscita en muchos estratos de clase media, intelectuales o no tanto, la aproximación de la inteligencia al movimiento popular. En cierto modo parece juzgarse ese acercamiento como un rasgo contra natura, pues resultaría imposible acoplar la pulsión desordenada de un pueblo, que a lo largo de su historia habría fallado cada vez que se puso en situación de elegir a sus representantes, con un ordenamiento conceptual y social gobernado por las luces.

Quien esto escribe puede aportar un caso que le tocó vivir para engrosar el acervo anecdótico de este fenómeno. Siendo un joven crítico de cine, un colega que seguramente estimaba mis dotes más allá de lo que valían, me preguntó cómo, siendo inteligente, podía yo apoyar al peronismo, en ese momento proscrito por la llamada revolución libertadora. Y con amabilidad insinuó que lo hacía para diferenciarme; es decir, por una especie de coquetería intelectual. En otras palabras, quería decir algo como: "Si vos sos de los nuestros, para qué te mandás la parte"...

En la actitud del amigo subyacía una incomprensión que nace de cierta soberbia respecto del país en que vivimos. Es una constante que los sectores ilustrados o presuntamente tales se hayan perfilado en una actitud antagónica a los movimientos populares. Hayan sido estos federales del interior, rosista, yrigoyenista o peronista. En el núcleo de esta predisposición hay componentes sociológicos y psicológicos dispares, pero que confluyen en una actitud de desdén, negación, desconfianza o furia frente a las exteriorizaciones masivas del pueblo cuando éste se decide a apoyar con entusiasmo y participación a un movimiento. Este rechazo va desde las concentraciones del yrigoyenismo o el peronismo, a la Plaza de Mayo de abril de 1982, cuando una multitud aclamó la recuperación de las Malvinas. Muy a posteriori de este hecho, algunos intelectuales tuvieron el tupé de denominar a ese momento como "la plaza de la vergüenza". Sin entender que esa masa apoyaba, confusa pero certeramente, no al militarote que se asomaba al balcón, sino a la causa nacional que, por casualidad o no, él había tomado en sus manos.

Europeísmo. Al revés de que ha solido ocurrir en otros países de América latina, nuestros literatos y nuestra clase ilustrada, fuesen de origen patricio o pequeño burgués, en general nunca se sintieron cómodos con las vertientes populares de nuestra cultura y propendieron a abrevar en Europa para nutrirse.

El componente europeo de la cultura latinoamericana es indudable y sería una insensatez pretender negarlo. Pero en los otros países de Iberoamérica esa imbricación se ha producido sin rechazar los componentes autóctonos y populares que emanaban de la circunstancia en que vivían las clases pobres, y hasta esforzándose por identificarse con ellos y bañarse en su savia, mientras que en Argentina el deseo de identificarse con una cultura que se estima superior llevó a la producción de productos más híbridos, poco movilizadores y que inducían a un apartamiento del pueblo, apartamiento nutrido de esa aspirada identificación con Europa y de una percepción descalificante de las masas.

Jorge Luis Borges, el mejor de nuestros literatos y poseedor de un fino olfato para discernir las categorías esenciales, dijo una vez que los dos grandes libros fundadores de la cultura argentina eran el Facundo y el Martín Fierro. Y que, aunque él prefería al primero, reconocía que, desdichadamente, el segundo era el que se había hecho una sola cosa con el sentir popular y el que mejor lo expresaba. Esta contundente apreciación, formulada con serenidad y desde una conciencia absoluta de los valores que están en juego, contrasta con el divorcio entre realidad y ficción que en cambio se produce en la intelligentsia pequeño burguesa (o en el medio pelo cultural, para usar la categoría acuñada por Jauretche) cuando debe proponerse el examen de nuestra historia y la naturaleza de sus contradicciones. Lo que en Borges es una elección deliberada, derivada de su identificación reflexiva con los valores del universo portuario que miraba al exterior y que desde esa óptica dio forma al país, en una amplia capa intelectual de clase media se traduce en una incomodidad que traiciona un prejuicio casi racista del cual sus portadores abominarían si fuesen conscientes de él.

En la configuración de este prejuicio la mítica contraposición entre la civilización y la barbarie jugaba y juega una parte fundamental. El libro de Sarmiento, primer ensayo de interpretación sociológica sudamericana, adolecía del vicio de una antipatía visceral respecto del país tal como era, pero se asentaba en una virtud literaria de primer orden, poseída de furor romántico y capaz, por lo tanto, de ejercer una gran acción persuasiva sobre las capas semi ilustradas de la Argentina naciente, encantadas de justificar con esa formidable diatriba unos intereses que se valían del exterminio de las resistencias populares para imponer su hegemonía sobre el país.

La conciencia artificial. El mito fundador repotenció su eficacia al alcanzar a las generaciones que descendían de los inmigrantes y eran escolarizadas de acuerdo a esa oposición maniquea. Los nuevos habitantes, nacionalizados a toda prisa, carecían de una tradición oral que los conectara al pasado vivo del país. Ello facilitaba su encuadramiento en fórmulas simples y directas, lo que facilitó la conformación, a lo largo del tiempo, de una forma de mirar a la nación que pecaba de rígida y que imbuyó a capas y capas de argentinos de clase media con una concepción de país que descalificaba a los compatriotas más pobres o de piel más oscura, convirtiéndolos en réprobos a pesar suyo, víctimas de una suerte de fatalidad genética. Una fatalidad que los hacía díscolos, holgazanes e incapaces de elegir a sus representantes con un mínimo de acierto.

Este mecanismo adoctrinador se ha repetido una y otra vez a lo largo de la historia argentina posterior a la organización nacional. El resultado fue, y hasta cierto punto sigue siendo, la configuración de un punto de vista que primero se ha hinchado de indignación moral ante el éxito que alcanzaban las manifestaciones del demos elemental exteriorizado en el yrigoyenismo y el peronismo, y después ha tendido a replegarse a una estimación escéptica y frustrante de las posibilidades que la Argentina tendría respecto de elevarse a un nivel de potencia y prestigio que la hagan respetable entre las naciones del mundo. ¿Es esta conclusión verdadera? Lo único cierto es que la situación actual no podrá cambiar mientras persistan esos puntos de vista. Ahora bien, ¿cómo conseguir que esta situación se revierta?

Hay que revisar el mito fundador. Hay que entender que ningún país se construye contra sí mismo, es decir, contra el instinto político de sus clases populares. Este instinto debe ser educado, pero sin violar su preferencia primigenia. De lo contrario, tendremos lo que tenemos hoy, un país degradado por la oclusión de todas las opciones exaltantes y empujado al miserabilismo de una cultura televisiva que tiene a Gran Hermano como paradigma imbécil.

En esta necesaria revisión de la construcción mítica de nuestro pasado, que fuera y sigue siendo funcional a unos determinados intereses de clase, no pueden caber ya ni el engolamiento de una superioridad académica heredada ni la chicana polémica. La discusión y el debate son necesarios pero despojados, en lo posible, de toda descalificación derogatoria. Pues de lo que se trata no es de doblegar sino de persuadir a quienes participan de buena fe en la convención conceptual instituida por la historia oficial, para que se abran mentalmente a una revisión del pasado.

Como dijera Hernández Arregui, los protagonistas de nuestra historia son muertos vivos. En parte porque los conflictos que expresaron están todavía vigentes y en parte porque no hemos conseguido asumirlos en el conjunto de circunstancias que condicionaban a sus personajes. No es esta una condición salubre para nuestra integridad mental y, en consecuencia, para nuestra capacidad de encontrar una salida.

La definición de las contradicciones sociales nunca es pacífica, pero no tenemos por qué asumir, a partir de esto, que su liquidación ha de darse en los términos de una guerra civil. De hecho, sin embargo, ésta ha sido la actitud mental que gobernó y hasta cierto punto aún gobierna al debate sobre nuestra historia mediata e inmediata, e incluso a la de un pasado más remoto. La razón es, como vimos, que sus contradicciones fundamentales siguen vivas. Pero quienes se esfuerzan por deliberar de buena fe en torno de estos problemas no deberían ni negar la existencia de éstos ni esposar ciegamente un determinado partidismo, a la manera en que lo hacían quienes protagonizaron los choques del pasado, cuando se ensarzaban en una lucha a vida o muerte.

En la pregunta del oyente aludido, hay un trasfondo tal vez cándido, inducido por un apriorismo del cual esa persona ni se da cuenta. No creo que sea posible destruirlo sin destruir a quien lo padece. El camino es impulsar la reflexión autocrítica respecto de las nociones que hemos incorporado. No se tratará de negar las contradicciones ni la necesidad de tomar un partido frente a ellas, sino de hacerlo desde una actitud objetiva. Objetividad no quiere decir imparcialidad, sino cierta capacidad para representarse las cosas comprendiendo las variantes que las componen y los factores que condicionan la perspectiva del otro, en el marco del tiempo, de su época. Sólo así se podrá construir el consenso de los honestos, a partir del cual podremos representarnos el país que queremos y hacerlo factible.
"Yo que sentí el horror de los espejos no solo en el cristal impenetrable donde acaba y empieza, inhabitable, un imposible espacio de reflejos"JLB

Inconformista Chovinista Latinoamericano
Viejo 12.07.07, 15:29
Hola leyendo esto creo que el periodista tiene razón en que a veces subestimamos a la gente de más bajos recursos. No tanto en inteligencia, porque la inteligencia o el intelecto lo tiene cualquiera más o menos, sino en cultura y conocimientos generales. Yo creo que si hacemos una estadística, las personas de clases más bajas tendrán un menor nivel de educación, no porque quieran, sino porque no tienen los recursos para bancarse una educación así fuese estatal hay otros gastos, hay que fijarse en cuánto incentivo le da el entorno, si no tiene que salir a trabajar para ayudar a su familia y así pierde parte del tiempo de estudio, yo creo que la persona de clases más bajas tiene cierta desventajas con respecto al estudio que hacen que en general tengan menor nivel de educación, aunque no hablo de todos hablo en general. Cuando hablo de educación hablo de conocimientos, no de si es o no educado en cuanto a costumbres y formas.

Lo que si en cuanto al "peronismo" su asociación a los sectores menos intelectuales o clases bajas se da la primera por algunas razones:
1- Los antiperonistas llamaban al régimen peronista la "dictadura de las alpargatas" en modo discriminativo diría, y los peronistas les decían "alpargatas sí, libros no", desvalorizando un poco a la educación y la cultura.
2- Las intervenciones y cambios de profesores en las universidades en tiempos de Perón fue gigantesca, por ejemplo, Cortázar decidió abandonar la Universidad de Cuyo por esto y por rechazar al peronismo.

Que al peronismo se lo asocie a clases bajas es indudable porque su política le dio casi todos los beneficios a una clase baja, que estaba casi relegada hacia décadas. Esto es algo que me gustó del peronismo aunque a mi criterio terminó con los excesos generando casi una "lucha de clases" de la que adhiere el marxismo, porque las clases bajas con más beneficios recuperaron lo que merecían tener en la Sociedad y mostraron cierto resentimiento, y las clases altas tuvieron muchísima bronca de perder lo que perdieron en la Sociedad y hasta discriminaron el origen socio-económico de las mayorías peronistas.

Un ejemplo es Francisco De Narváez es unn tipo con muchísimo dinero, a mi criterio inteligente, respetuoso, y político, y es del Partido Justicialista o Peronista. Sin embargo, es de clase alta.
Casi todos los líderes sindicales y gremiales hoy son de clases media-altas o altas porque se han beneficiado a veces sin fijarse en los trabajadores, y es indudable que el sindicalismo creció en tiempos de Perón, aunque no se si de este tipo de sindicatos, que muchos no cumplen con su función principal.

Luego podemos decir que los autores citados por este periodista son "revisionistas", casi todos. Lo que nos marca una tendencia ideológica que rechace lo europeo, las clases altas, y el imperialismo. Yo creo que no debemos olvidar que el "revisionismo" ama a Rosas como primera tendencia sin tener en cuenta que Rosas era de una clase casi millonaria para decirlo en una forma actual, era de los más grandes estancieros del país en sus tiempos, y no debemos olvidar que su política educativa fue la peor del Siglo XIX en el país o por lo menos Buenos Aires, dónde gobernó.

Saludos.

-FEDE-
Viejo 13.07.07, 10:43
Originalmente publicado por Fede_cabj Ver mensaje
Hola leyendo esto creo que el periodista tiene razón en que a veces subestimamos a la gente de más bajos recursos. No tanto en inteligencia, porque la inteligencia o el intelecto lo tiene cualquiera más o menos, sino en cultura y conocimientos generales. Yo creo que si hacemos una estadística, las personas de clases más bajas tendrán un menor nivel de educación, no porque quieran, sino porque no tienen los recursos para bancarse una educación así fuese estatal hay otros gastos, hay que fijarse en cuánto incentivo le da el entorno, si no tiene que salir a trabajar para ayudar a su familia y así pierde parte del tiempo de estudio, yo creo que la persona de clases más bajas tiene cierta desventajas con respecto al estudio que hacen que en general tengan menor nivel de educación, aunque no hablo de todos hablo en general. Cuando hablo de educación hablo de conocimientos, no de si es o no educado en cuanto a costumbres y formas.

Lo que si en cuanto al "peronismo" su asociación a los sectores menos intelectuales o clases bajas se da la primera por algunas razones:
1- Los antiperonistas llamaban al régimen peronista la "dictadura de las alpargatas" en modo discriminativo diría, y los peronistas les decían "alpargatas sí, libros no", desvalorizando un poco a la educación y la cultura.
2- Las intervenciones y cambios de profesores en las universidades en tiempos de Perón fue gigantesca, por ejemplo, Cortázar decidió abandonar la Universidad de Cuyo por esto y por rechazar al peronismo.

Que al peronismo se lo asocie a clases bajas es indudable porque su política le dio casi todos los beneficios a una clase baja, que estaba casi relegada hacia décadas. Esto es algo que me gustó del peronismo aunque a mi criterio terminó con los excesos generando casi una "lucha de clases" de la que adhiere el marxismo, porque las clases bajas con más beneficios recuperaron lo que merecían tener en la Sociedad y mostraron cierto resentimiento, y las clases altas tuvieron muchísima bronca de perder lo que perdieron en la Sociedad y hasta discriminaron el origen socio-económico de las mayorías peronistas.

Un ejemplo es Francisco De Narváez es unn tipo con muchísimo dinero, a mi criterio inteligente, respetuoso, y político, y es del Partido Justicialista o Peronista. Sin embargo, es de clase alta.
Casi todos los líderes sindicales y gremiales hoy son de clases media-altas o altas porque se han beneficiado a veces sin fijarse en los trabajadores, y es indudable que el sindicalismo creció en tiempos de Perón, aunque no se si de este tipo de sindicatos, que muchos no cumplen con su función principal.

Luego podemos decir que los autores citados por este periodista son "revisionistas", casi todos. Lo que nos marca una tendencia ideológica que rechace lo europeo, las clases altas, y el imperialismo. Yo creo que no debemos olvidar que el "revisionismo" ama a Rosas como primera tendencia sin tener en cuenta que Rosas era de una clase casi millonaria para decirlo en una forma actual, era de los más grandes estancieros del país en sus tiempos, y no debemos olvidar que su política educativa fue la peor del Siglo XIX en el país o por lo menos Buenos Aires, dónde gobernó.

Saludos.

-FEDE-
Tu punto de vista es acertado pero quiero saber que pensás sobre eso de refundar nuestro mito fundador, más alla de las cotroversias que genere el nombrar "fausto", ahora que parece pecado con el revisionismo que se quedó con sacar a luz lo "fiero" de nuestros "próceres" (como si otros próceres no tuvieran lados oscuros "los hombres no somos ni diablos ni angeles") y no dio una crítca valorativa-constructiva. Por supuesto que los revisionistas lo único que hacen es "revisionar", pero nadie superó eso o usó eso para dar una tesis constructiva de como salir de esta crispacion que generó saber lo que somos.

Ya está lo que pasó no podemos retrotraernos en el pasado y volver al incanato, y hablar todo el día de que hay que meter presos a los dictadores y guerrilleros porque hay temas de fondo y actuales que no pueden dejar de obviarse. Por ahi es justificado porque verdaderamente es crispante el hecho de que un puñado de personas dictaminaran nuestro destino "jugando con fuego que no les quema" dirian Las Pastillas Del Abuelo.

A alguien rescato de este tema es a Marcos Aguinis (filósofo) en varios libros puso de manifiesto esto en un "las cosas que hay que hacer" (o algo asi) propone objetivos a encarar que tenemos los argentinos para salir de la "encerrona".
"Yo que sentí el horror de los espejos no solo en el cristal impenetrable donde acaba y empieza, inhabitable, un imposible espacio de reflejos"JLB

Inconformista Chovinista Latinoamericano
Viejo 26.07.07, 20:58
El texto parece una propaganda peronista y una cachetada dirigida a los gorilas. Me pareció que en partes es muy poco claro, o inaccesible, y la cantidad de firmas que tiene el thread respalda mi criterio. Además el tipo comete algunos errores, por ejemplo cuando dice: "Jorge Luis Borges, el mejor de nuestros literatos y poseedor de un fino olfato para discernir las categorías esenciales, dijo una vez que los dos grandes libros fundadores de la cultura argentina eran el Facundo y el Martín Fierro. Y que, aunque él prefería al primero, reconocía que, desdichadamente, el segundo era el que se había hecho una sola cosa con el sentir popular y el que mejor lo expresaba. Esta contundente apreciación, formulada con serenidad y desde una conciencia absoluta de los valores que están en juego, contrasta con el divorcio entre realidad y ficción que en cambio se produce en la intelligentsia pequeño burguesa (o en el medio pelo cultural, para usar la categoría acuñada por Jauretche) cuando debe proponerse el examen de nuestra historia y la naturaleza de sus contradicciones. Lo que en Borges es una elección deliberada, derivada de su identificación reflexiva con los valores del universo portuario que miraba al exterior y que desde esa óptica dio forma al país, en una amplia capa intelectual de clase media se traduce en una incomodidad que traiciona un prejuicio casi racista del cual sus portadores abominarían si fuesen conscientes de él. " yo digo "hermano, dejá de decir pelotudeces". Borges, a pesar de ser un genial escritor, a mi juicio también el mejor de Argentina, apoyó a muchos golpes militares, no era un tipo tolerante con las masas.
Y también creo que se equivoca cuando dice que el Radicalismo y el Peronismo fueron rechazados por la clase media. En la época de la Revolución del Parque, el radicalismo integraba a un sector enorme de la sociedad que repudiaba a la Generación del 80 y el fraude electoral, y fue rechazado porm la clase tradicional, cuyos despojos viven (o descansan en paz) ahroa con Mr Kapital en Recoleta. El peronismo en cambio - en el cincuenta y en la actualidad - obtuvo el apoyo de las masas, pero también formó alianzas con sectores altos. Con esto no quiero decir que Perón fue un hijo de puta, bah, tal vez lo fue, peor hizo cosas importantísimas en cuanto a derechos sociales. Pero formó un movimiento que está absolutamente corrompido, y quela gente vota con la esperanza de tener un gobierno socialdemócrata. Lamentablemente los que llegan a las boletas peronistas casi siempre son corrptos, o han hecho arreglos turbios que los limitan y nos los dejan poner en práctica sus facultades como ellos quisieran.

Es muy probable que esto quede como un montón e palabras sin lógica alguna. Perdón, suele sucederme.

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