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Viejo Cepion dijo: 10.12.06
Todavía no comprendo los motivos de la lucha de los productores agropecuarios contra el kirchnerismo. Es un hecho indiscutible que su sector fue el más beneficiado por la devaluación del 2002 y que fue el más perjudicado por la convertibilidad. Y sin embargo, en los ´90 jamás plantearon un desafío tan audaz a Menem como ahora a los Kirchner. Pero tampoco creo que se deba solo a motivos ideológicos, como dicen desde el oficialismo, pues los productores más combativos no son los de la patricia Sociedad Rural, sino de la plebeya Federación Agraria. ¿Alguien que conozca del tema podría aclararmelo?
Adjunto dos editoriales que analizan el tema desde puntos de vista ideológicos diferentes:
Originalmente publicado por Mariano Grondona

Anatomía de la incomunicación


Un viajero se ha quedado sin agua en medio del Sahara. Cuando está por perder las esperanzas, se le acerca en camello un beduino que le ofrece su cantimplora repleta con una condición: que acepte ser su esclavo. El viajero se rehúsa. Pensando que le ha ofrecido demasiado poco, el beduino le ofrece entonces dátiles además de la cantimplora. El viajero se vuelve a rehusar. Desconcertado por su actitud el beduino se aleja, perdiéndose en el horizonte.
Ni el viajero ha conseguido el agua que necesitaba desesperadamente ni el beduino ha logrado esclavizarlo. ¿Cuál ha sido la causa de esta doble frustración? Que a los protagonistas de esta historia los ha separado la valla de la incomunicación.
Cuando dos interlocutores hablan idiomas diferentes, se interpone entre ellos una valla lingüística. Pero en el fallido encuentro del Sahara, tanto el viajero como el beduino hablaban árabe. Sin embargo, no se entendieron. La incomunicación entre ellos no surgió entonces del idioma sino de algo más profundo: la falsa imagen que cada uno tenía del otro. El beduino supuso que, en la situación desesperante en la que se hallaba, el viajero le rendiría su voluntad. No entendió que al viajero lo habitaba la dignidad. El viajero esperaba por su parte un acto de solidaridad. No entendió que las tribus que apenas sobreviven en el desierto no pueden darse a veces el lujo del altruismo.
La incomunicación no provino entonces del choque entre dos idiomas distintos, sino del choque entre dos mentalidades distintas. Si el beduino hubiera advertido la chispa de dignidad que encendía la mirada de su interlocutor ambos, quizá, se habrían comunicado. Como no la advirtió, el drama se convirtió en tragedia.

El Gobierno y el campo
La parábola del beduino y el viajero podría aplicarse a la incomunicación que hoy se interpone entre el Gobierno y el campo. El Gobierno dice creer que los productores del campo, a quienes el presidente Kirchner calificó en su momento de "pícaros y avaros", sólo quieren llenar hasta el borde la cantimplora de sus ingresos con precios más altos. Pero verifica al mismo tiempo que "les va bien". ¿Por qué se quejan entonces?
Cuando el Gobierno alude a los productores del campo, dice creer por lo pronto que ellos quieren que los argentinos paguen por el pan, la leche y el trigo los altos precios internacionales. Dice suponer también que los instigadores del paro son los grandes productores, los estancieros. Sostiene además que los estancieros gozan de un poder concentrado en manos de unos pocos miles, frente a muchos miles de pequeños productores. Proclama, en fin, que la idea del paro nació entre los dirigentes rurales y no entre sus dirigidos.
Pero los representantes del campo se han cansado de decir que quieren mantener los precios de los cortes populares en su nivel actual, aun cuando haya que subsidiarlos con las ganancias de la exportación. Como se sabe, los pequeños productores se agrupan por otra parte en la Federación Agraria Argentina, los productores medianos en la Confederación de Sociedades Rurales (CRA) y los grandes productores en la Sociedad Rural Argentina. Y bien: los promotores del paro han sido la Federación Agraria y CRA, mientras que la Sociedad Rural dudó mucho antes de sumarse a último momento, justo al revés de lo que sostiene el Gobierno.
La producción agropecuaria es por otra parte una de las pocas, si no la única, que no está concentrada. La producción industrial, la red de comercialización, el propio Estado, están concentrados en pocas manos. Cerca de doscientos mil productores rurales que venden y compran cuando lo necesitan se comportan en cambio como un mercado casi perfecto, con su aluvión de ofertas y demandas independientes.
La presión a favor del paro no provino, en fin, de los dirigentes sino de sus dirigidos. No vino de arriba abajo, sino de abajo arriba, hasta que los dirigentes no pudieron sujetarla y se plegaron al paro empujados por la “bronca” de los pequeños productores, que podría traducirse ahora en manifestaciones y cortes de rutas. Es que, como lo demostró el duro paro agropecuario contra Gelbard en 1974, son los tamberos y los chacareros, no los estancieros, quienes se juegan porque tienen poco que perder cuando estalla el conflicto.
Este es el panorama de un campo poblado por cientos de miles de pequeños productores casi en el nivel de la subsistencia, que se indignan cuando ven que la fuerte rebaja del precio de sus productos en función de los controles del Gobierno no ha llegado a las góndolas ni a los mostradores donde compra el pueblo y donde opera, eso sí, una minoría comercial e industrial que se ha quedado con una diferencia del 30% que nadie explica.
Todo esto es tan evidente, que es forzoso preguntarse si los gobernantes no lo advierten o si, llevados por un interés electoral cada día más urgente, lo que pretenden imponer a través de su vasta red de canales oficiales y extraoficiales de comunicación es la imagen de un gobierno que se esfuerza casi hasta el heroísmo por proteger al pueblo contra la oligarquía agropecuaria que quiere explotarlo.
Si ganar las próximas elecciones es la verdadera meta del Gobierno, también es evidente que los ruralistas, que se empeñaron en vano en dialogar con él hasta llegar a la ingenuidad de hacer depender la suspensión del paro de la posibilidad de que el presidente Kirchner los recibiera, algo que hubiera contradicho la imagen de hostilidad hacia un campo “insolidario” que éste busca difundir, tampoco entienden al Gobierno.

La cabeza y el pecho
Se sabe desde Platón que al hombre lo guían dos impulsos principales. Uno, el cálculo de lo que le conviene, que parte de su cabeza. El otro, un sentido del honor y la dignidad que reside en su pecho. A este impulso, tantas veces olvidado, Platón y sus continuadores lo llamaron thymós.
En la parábola del comienzo, el beduino creyó que al viajero lo guiaba el cálculo. ¿Cómo no iba a preferir entonces sobrevivir aunque fuera a cambio de la sumisión? Pero al viajero no lo guiaba el cálculo sino el thymós. Por eso el beduino no lo comprendió.
Un error comparable cometieron hace poco el Presidente y su delegado Rovira en Misiones, cuando supusieron que los misioneros, rindiéndose ante los electrodomésticos, les venderían sus votos. Pero a los misioneros también los inspiraba, al contrario, el thymós. Por eso el obispo Piña, una figura por cierto ajena al espíritu de cálculo, llevó al triunfo al Frente Unidos por la Dignidad, una conjunción poderosa de miles de ciudadanos habitados por el thymós.
El error de percepción del Gobierno amenaza repetirse ahora ante el paro agropecuario. Lo que quieren los productores con este paro no es mejorar codiciosamente su cálculo de ganancias. Lo que quieren es que se los respete y que cesen en consecuencia el maltrato y la agresión constantes de los que son objeto. El campo no busca subir los precios internos con el paro. Exige, eso sí, que se reconozca su dignidad. Si el Gobierno sigue sin advertirlo, su difícil relación con cientos de miles de productores airados y con decenas de poblaciones del interior continuará bloqueada, detrás de la alta valla de la incomunicación.
Originalmente publicado por Mario Wainfeld

Mirad los lirios del campo


Si el observador repara en que está por cumplirse un lustro de las jornadas de diciembre de 2001, no le cabe más que asombrarse por lo que ha cambiado la agenda pública desde ese -no tan remoto- entonces. Un paro “del campo” reclamando al Gobierno una mejor discusión acerca de cómo se captura, se reparte y sustenta en el largo plazo el mayor crecimiento del sector en décadas era, sin ir más lejos, una hipótesis inimaginable, descabellada. El cambio copernicano se nos cayó encima. Ocurrió al estilo local: precipitadamente, sin premeditación, a impromptus de inspiración y de ambición, con actores veloces, dotados de una astucia animal para surfear los cambios de época aun sin comprenderlos.
Tres gobiernos nacionales variopintos cayeron en poco más de dos años, carcomidos por una ingobernabilidad alopante. El efímero Adolfo Rodríguez Saá anunció el default, Eduardo el fin de la convertibilidad. Explotó un sistema ingenioso, artificial, contingente, pensado para salir de la híper que se había prolongado morbosamente. Sus efectos en materia de recesión, pobreza y desempleo habían sido fenomenales. El shock del default los potenciaría y determinaría un piso terrible, estructural, muy peliagudo para revertir pero a la vez sencillo de ir levantando.
La devaluación era una salida de libro y también era un hecho que habría de ser catastrófica, demasiado tiempo se había prolongado el cepo para que ocurriera de modo más amigable.
La pesificación asimétrica definida por el tartajeante (pero no por eso privado de astucia sectorial) gobierno de Eduardo Duhalde cambió las reglas de juego. Alivió a muchos argentinos endeudados, que se propagaban por una variada escala social y geográfica. Tal vez en ese momento no se midió bien la magnitud de la escala de beneficiarios. Uno de los primeros fue el sector agroganadero, endeudado acaso como ninguno. La nueva cotización de la moneda, a la que se llegó por un trámite tumultuoso, no del todo controlado ni del todo inocente, alteró su ecuación en tiempo record. Jorge Todesca relata bien el efecto en su reciente libro El mito del país rico: “Los precios de los productos estaban en alza y la devaluación había multiplicado los ingresos por tres de manera instantánea. Las retenciones llevaban parte de esa renta a las arcas del Estado pero aún así la prosperidad repentina era fantástica”. La reseña no es -ninguna podría serlo- neutral o aséptica: Todesca integró el equipo económico encabezado por Jorge Remes Lenicov, cuyas acciones reivindica y relee, pasado un tiempito. La foto que propone es indiscutible, la expresión “prosperidad repentina”, más que sugestiva.
Las gentes del “campo” reaccionaron en su momento de modo atávico: creyeron que su enriquecimiento repentino era un logro de su prosapia, sin contrapartidas sociales. Como los nobles tras la Revolución Francesa, no entendieron ni aprendieron. Resistieron con furia las retenciones sin percatarse de que estaba por lloverles bienestar por un largo período. La ceremonia fáustica de la Rural en 2002 fue consagrar con una silbatina la política que se abría. A 4 años de distancia, cumple destacar la magnitud de sus anteojeras ideológicas, aun en lo que a sus billeteras concierne.
Pasado el tiempo, queda comprobado que a grandes rasgos la sencilla política promovida por la gestión de Duhalde y emprolijada en la de Néstor Kirchner (dólar recontraalto, retenciones a las exportaciones, intervencionismo de un Estado muy cuidadoso en los equilibrios fiscales) fue razonablemente eficaz. Mucho más que la de los gobiernos noventistas que jamás afrontaron un paro de magnitud comparable al que termina mañana.
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Los promotores de la medida se atajan prometiendo que no habrá de impactar en los precios al consumidor. Aluden a un paro sin lesividad, un oxímoron. No verbalizan otro detalle que es la inocuidad del paro puertas para adentro. Mientras los docentes que hacen huelga en provincia de Buenos Aires sufren descuentos de haberes, las gentes “del campo” no detienen su actividad, no dejan de producir, no pagan un peso por sus acciones.
El Gobierno dice que el paro es “político”, para desmerecerlo. Todos los gobiernos dicen que todos los paros que los interpelan son políticos, para desmerecerlos. Jamás tienen razón, es obvio que las medidas de fuerza son políticas, que su principal finalidad es interpelar al Gobierno y a la opinión pública. Los cuestionamientos a la política, tan de moda, tan Blumberg’s style, deberían estar restringidos a los cualunquistas, a las derechas, a los abanderados de la antipolítica.
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Algunos dirigentes de las entidades “del campo” tienen una estrepitosa portación de clase. De clase dominante, se entiende. Están de capa caída, no pueden decir la mitad de lo que piensan, en un ecosistema adverso, pero el desdén, la soberbia de dueños de la tierra se les cuela en el discurso. La Sociedad Rural (SRA) no es del todo lo que era, pero no ha dejado de ser lo que era.
Pero el paro ha aglutinado a muchos otros sectores, más diversificados, menos arrogantes, menos autistas. La heterogeneidad del conjunto que adhirió con mucha bronca y mucho espíritu de cuerpo a la medida de fuerza, negada por la publicidad oficial, debería ser una señal de alerta para el Gobierno. Los pliegos de condiciones de la Federación Agraria Argentina y la SRA tienen rubros comunes importantes que el paro consolida. Pero hay diversidades chocantes en un colectivo en cuyo interior el Gobierno debería “hacer política” y no abroquelar en su contra. Algo falló en las tácticas si todos se unificaron en el reclamo... quizá lo que falló es el tacticismo extremo.
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El Presidente acuñó la consigna de no frenar el crecimiento por temor a recalentar la economía. Esa era una de sus pocas disidencias serias con Roberto Lavagna, cuando trabajaban en tándem. Esa decisión, toda una definición, implicaba riesgos y costos, que tal vez fueron subestimados al jugarlos casi todos a mano de Guillermo Moreno, el manosanta conchabado para resolver una ecuación seguramente superior a sus fuerzas o a sus incumbencias.
Ya en el segundo trimestre del año, Felisa Miceli les explicaba a gentes de su confianza que la política de precios conducida por Moreno era una herramienta que no podía durar más allá de fines de este año. Esa lectura seguramente tributaba algo al antagonismo que los separa, conocido y acallado en Palacio. Pero también espejaba una lectura sensata de la complejidad de las cuestiones a resolver que un mero activismo centrado en los índices de precios no se basta para desentrañar. La contradicción entre la ministra algo devaluada y el supersecretario que no le reporta no es sólo un conflicto de personalidades sino una puja que existe en el magín presidencial. En el día a día se ha resuelto a favor del tacticismo antiinflacionario, un objetivo loable pero incompleto. El etapismo oficial, sensato en su origen, se ha desvirtuado en la prolongación sine die de un manejo sesgado.
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Cuando hay coincidencia ecuménica sobre un objetivo jamás alcanzado y poco buscado, conviene levantar la guardia. El oficialismo, la oposición, las entidades “del campo” concuerdan en que es necesario un plan ganadero para aumentar, de una buena vez, el stock. Horacio Giberti, el memorable secretario de Agricultura del gobierno peronista del ´73, señala que la falta de planificación es el talón de Aquiles de la política sectorial oficial, que en general rescata.
“¿Hubo planificación alguna vez?”, pregunta este diario a funcionarios oficiales, asesores de entidades contreras, especialistas, a Giberti mismo. La respuesta es unívoca: jamás de los jamases. El dato da cuenta de una inercia densa que quizá debería revertirse en un momento promisorio: economía mundial en expansión, gloria de las commodities, modernización del agro, valorización de la propiedad, gobierno fuerte que puede predisponer condiciones razonables. Si no se puede ahora...
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“¿Por qué paran ahora si no lo hicieron en los ´90?”, inquieren en el Gobierno. Toda pregunta oficial propicia una respuesta simple, confortante. En este caso, es la adscripción ideológica de mucha dirigencia “del campo” a los slogans del neoconservadurismo, mechada con el buen trato personal que se les propinó, al que le asignan un valor desmesurado.
La simple respuesta oficial no es falsa pero sí inconclusa. Lo que falta, de lo que debería hacerse cargo. Es que reclaman ahora precisamente porque les va bien, porque tienen peso, poder, expectativas crecientes. Los más potentes y fastidiosos en las pujas distributivas son los privilegiados de la época. A la gente “del campo”, con su tintín oligárquico, le molestaría ser comparada con los obreros petroleros o los camioneros. Pero, como ellos, usufructúan de los beneficios de la etapa y van por más.
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Echar mano a la acción directa es también un reflejo adecuado a los tiempos. Gente bien apela a lo que da resultado, así fueran otrora manejos de plebeyos. Un estudio del Centro de Estudios para la Nueva Mayoría dirigido por Rosendo Fraga, publicado días atrás en La Nación, dio magnitud numérica a un hecho notorio. Los cortes de calles o rutas, la ocupación del espacio público como modo reclamo, se ha desplazado de una clase a otra. La mayoría de los piquetes en 2006 no fueron obra de los piqueteros. Ciudadanos mejor ensopados coparon la parada: asambleístas de Gualeguaychú, vecinos de Caballito indignados por la edificación silvestre de torres, vecinos de varios parajes preocupados por la inseguridad urbana, gentes “del campo”, en fin.
La acción directa paga bastante en la realidad política nativa, su apropiación por algunos sectores no desvalidos no debería sorprender a nadie.
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Los objetivos a compatibilizar son complejos: mantener el crecimiento, el círculo relativamente virtuoso de exportaciones y recaudación records, acrecentar el consumo popular a precios diferentes a los internacionales. Esos objetivos no se zanjan con la linealidad de una política de precios, sino merced a una praxis que el Gobierno es bichoco a adoptar, acaso porque no sabe cómo hacerlo: discurrir los temas, trabajarlos en largo plazo, asumir que no todo responde a la lógica del nudo gordiano, compatibilizar, acercar posiciones. Lo cual no equivale a renunciar a la primacía o la conducción sino saber utilizarla en un marco más complicado que el emerger de la crisis, cuando el trazo grueso resolvía todo.
Los “dueños de la tierra” no terminan de reconocer que el combo paridad cambiaria competitiva-retenciones le ha sido insólitamente propicio, allende sus limitaciones perceptivas. Pero algunos de los reproches de los huelguistas camperos deberían ser explorados: la distinta apropiación de la renta del sector de la carne, concentrada en los exportadores y los “consumeros”, por caso. También la abolición, merced a los cambios de timón cotidianos, de horizontes previsibles que ofusca, hace bajar los brazos y estimula a buscar las inversiones más rentables en el cortísimo plazo que no siempre son las mejores para el futuro común.
El Gobierno debería predisponer la mesa, como otras tantas que adeuda, en una etapa en que la emergencia debe ir cediendo paso a concertaciones de variado pelaje, a pensamientos en plazos más largos que el que media hasta el próximo índice de precios al consumidor.
La victoria da derechos, pero genera nuevos escenarios que tornan obsoletos, o al menos incompletos, los medios utilizados en medio de la crisis. Un abordaje de mediano plazo de una cuestión con varias aristas debería recoger buena parte de la cartilla del Gobierno, empezando con los impuestos a las exportaciones, siguiendo con la intervención estatal, vía subsidios al consumo interno, entre otras variables. Pero esa victoria general no debería oscurecer las deudas del oficialismo de cara a una segunda etapa en la que las cosas son más intrincadas, en alguna medida porque en su momento resultaron bien.

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Viejo RMol dijo: 10.12.06
Originalmente publicado por Cepion Ver mensaje
Todavía no comprendo los motivos de la lucha de los productores agropecuarios contra el kirchnerismo. Es un hecho indiscutible que su sector fue el más beneficiado por la devaluación del 2002 y que fue el más perjudicado por la convertibilidad. Y sin embargo, en los ´90 jamás plantearon un desafío tan audaz a Menem como ahora a los Kirchner. Pero tampoco creo que se deba solo a motivos ideológicos, como dicen desde el oficialismo, pues los productores más combativos no son los de la patricia Sociedad Rural, sino de la plebeya Federación Agraria. ¿Alguien que conozca del tema podría aclararmelo?
Adjunto dos editoriales que analizan el tema desde puntos de vista ideológicos diferentes:
No veo los editoriales tan diferentes. ME parece que estan apuntando a lo mismo.
PAra entender el tema del campo hay que consdierar determinados hechos como que es verdad que el tipo de cambio los favorece pero por otro lado si bienestar no es solo merito de esto sino tambien del precio internacional de los commodities que nada tiene que ver con el gobierno (asi tambien este crecimiento que tambien esta atado a un crecimiento mundial impulsado principalmente por EEUU. El aumento de gasto de este y que uele darse por la guerra nos benefician economicamente por mas que moralmente estemos en contra)
Por ejemplo lei algo el otro diade un tipo del campo diciendo que lo que les hace ir bien es el precio de los commodities mas que el tipo de cambio y que con los precios de los commodities del 2001 estarian en problemas.
Por otro lado el conseguir mercados no es algo simple. Una gran parte del problema fue el freno a las exportaciones que tira por la borda el arduo trabajo que es conseguir mercados para nuestros productos con una europa y euuu con una alta proteccion con sus campos.
Por otro lado el campo siempre fue una industria muy ciclica y tambien muy dependeinte del azar climatico. Todo tipo de campo sabe que hay buenas y malas epocas. La gente de campo sabe que un año puede llenarse de guita y al año siguiente perder parte de una cosecha. Es logico que en epocas de bonanza busquen ganar lo mas posible no solo por una ambicion sino tambien por un tema de superviviencia a epocas menos favorables o ante un posible hecho catastrofico e imprevisible.
Para delegar menor cantidad de azar al planeta las tecnologias estan llenando el campo pero estas son muy costosas y en gran parte de la inversion el tipo de cambio alto no favorece sino al contrario, perjudica.
De la misma manera que le campo tiene ingresos en dolares tiene gran parte de su costo en la misma moneda donde su ventaja con el tipo de cambio se da mas por el margen que por una venta en dolares y costos en pesos. Una cosechadora de ultima generacion sale mas que una ferrari.
Igualmetne la venta de maquinaria agricola es record ya que es inversion necesaria.
Por otro lado el gobierno tiene un apolitca de costo alto pero a un empuje inflacionario.
A corto plazo no veo mal esta politica pero negar su incidencia en la inflacion (no tanto por el precio dolar sino por la emision de moneda para su mantenimiento) y echarle la culpa a los ganaderos y presentarlos a la sociedad como los culpables ante los aumentos de precio tampoco lo veo justo y creo que es una parte importante en estos paros.
Sinceramente si por un lado me piden que acepte no tener tantos ingresos porque estoy en una epoca favorecida (y sabiendo que tarde o temprano la cosa se da vuelta) y por el otro lado me llmana picaro o me ponene a la opinion publica en contra ya tocamos un tema emocional que no deberia en realidad tener mucha incidencia en los que es negocios y que hoy tienen mas de la que seria ideal.
Por otro lado no hay una politica clara a largo plazo en cuanto al agro. No hay estrategias reales surgidas de los gobiernos y esto es indispensalbe si queremos un mejor futuro a largo plazo.
Tambien hay que tener en cuenta que toda politica de precios maximos son peligrosisimas y con el tiempo deviene en una baja de la oferta y un aumento de precio. La mejor manera siempre de bajar los precios fue aumentar la oferta y hacia eso deberia dirigirse las politicas de pais buscando que se produzca la inversion necesaria del agro y ayudando a buscar mercados donde promover sus bienes. Y para aumentar la inversion ante menor estabilidad y menor proyeccion a futuro el retorno se exige mas alto.
Se deben definir politicas a largo plazo o sino es esperable solo la inversion a corto plazo que es la que se esta dando ahora. Y de ahi tambien la exigencia de una rentabilidad excesiva desde cierta perspectiva.

Creo que la politica oficial con el campo fue errada. Me parece que se cometio un gran error de llamarlos despectivamente y echarles culpas de inflacion cuadno tambien es una realidad que el precio a gondola siguio subiendo y se termino beneficiando a los frigorificos y a los carniceros.

Que hagan un paro ahora y no en los noventa hay una parte ideologica y emocional y una real falta de entendimiento del gobierno con el campo que en lugar de negociar a los golpes deberian lograr pactos sustentables y no solo atacar la ganancia (que dada la atomizacion de la oferta me gustaria saber si es verdad que todos se estan haceindo millonarios como se quiere a veces plantear) y meterles un supuesto deber de solidaridad y patriotismo y encajarles la carga de la inflacion.
El estar mejor o peor es un gran medida relativo. Pueden estar mejor economicamente que en los 90 pero no se puede obviar la parte psicologica y que pese a ganar mas se sientan atacados no solo verbalmente sino con polticas que cargan en el campo mucho peso y que en otras industrias (que el tipo de cambio tambien los favorecen) no.


Pero aclaro que mi contacto con gente del campo y su verdadero pasar es bastante poco.

Editado por RMol: 10.12.06 a las 21:01
Viejo COCOT dijo: 11.12.06
Lo que yo no logro entender es como un funcionario publico no sabe que quien comercia con el ganado y los granos no vende a lo que le parece, si no mas bien vende a lo que el mercado le demanda, es muy diferente a por ejemplo una carniceria que puede venderte a un mayor precio el kilo de asado por el lugar donde esta situada, el comerciante del agro vende a lo que cotiza ese dia, y si no le gusta es muy simple, se jode.
Que una persona comun y corriente que jamas piso un campo no lo sepa es algo completamente normal y entendible pero que un funcionario no lo sepa me huele raro, me huele mas bien a hechemosle la culpa a alguien.
Por otro lado como bien comento Rmol arriba el agro gana en dolares, pero tambien tiene gastos en dolares, Semillas, fertilizantes, vacunas, la mano de obra se paga de forma acorde ( a un ayudante se le pagan de 25 a 30 pesos la hora, con la comida incluida), la maquinaria ( una cosechadora cuesta alrededor de 300000 DOLARES ) es casi un millon de pesos y asi varias cosas mas que ahora no voy a enumerar.
Por otro lado existen los impuestos, al agro se le han aumentado ( en la pcia de bs as) un 120 % los impuestos inmobiliarios, cuando uno cosecha ademas del iva tiene que pagar desde un 20 a un 24 % de impuestos por que si, eso da un 45% de plata que se lleva el estado mas los impuestos inmobiliarios mas los impuestos rurales ( para arreglar caminos que jamas se arreglan), si alguien conoce a otra industria que pague las mismas cargas impositivas que avise por favor.
El campo hoy en dia no es tan rentable como lo hacen parecer, se ven numeros enormes en la suma de las cosechas, pero tambien se ven numeros gigantes en los gastos a pagar.
Seria mejor que el gobierno se concentre en saber por que el kilo de asado cuesta un 30 % mas en capital que en el interior, si la carne viene del mismo lado; habria que abrir un poco los ojos para ver quien esta inflando los precios y quien JAMAS podria inflarlos aunque quisiera, pero claro con intereses creados es muy dificil de ser objetivo.

Saludos.
Viejo Cepion dijo: 11.12.06
Coincido en que hay que investigar bien quienes son los generadores de precios. Porque frente a las cámaras y micrófonos nadie admite nada, pero off the record hay hijos de p. que dicen frases como "Nosotros no tenemos por qué financiarle el bife con lomo a los pobres de Buenos Aires" (nota de Página/12). Acá las verdaderas víctimas son, evidentemente, los consumidores. Los están tomando por tontos.
Y no debemos olvidar esto: el día en que los argentinos no puedan comer asado, hacen la Revolución (así, con mayúsculas), ponen una guillotina en la Plaza de Mayo y empiezan a cortar cabezas de políticos, estancieros, carniceros, etc.

Editado por Cepion: 07.02.07 a las 15:11
Viejo COCOT dijo: 11.12.06
Originalmente publicado por Cepion Ver mensaje
Coincido en que hay que investigar bien quienes son los generadores de precios. Porque frente a las cámaras y micrófonos nadie admite nada, pero off the record hay hijos de p. que dicen frases como "Nosotros no tenemos por qué financiarle el bife con lomo a los pobres de Buenos Aires" (http://www.pagina12.com.ar/diario/el...006-12-11.html). Acá las verdaderas víctimas son, evidentemente, los consumidores. Los están tomando por tontos.
Y no debemos olvidar esto: el día en que los argentinos no puedan comer asado, hacen la Revolución (así, con mayúsculas), ponen una guillotina en la Plaza de Mayo y empiezan a cortar cabezas de políticos, estancieros, carniceros, etc.
El articulo que citaste lamentablemente no es el ejemplo de muchos, como en todo ambito siempre hay quien habre la boca de mas y hace quedar a los otros como H.D.P, pero bueno calculo que por eso lo pusiste off the record.
El articulo tambien deja leer mucho entre lineas dando un poco a conocer el pensamiento en general ( para mi errado) sobre la gente que vive del campo.
De forma unanime se hace un reduccionismo a que todos son Bunge & Born y que todos tienen 20000 Hectareas, cosa bastante lejana a lo real, hay muchos productores que tienen 100, 200, 300 y 400 que se ven muchisimo mas afectados por las medidas que los "estancieros" clasicos de la argetina, pasa una vez mas lo mismo que con la AFIP, si ganas 5000 pesos por mes ya entras en la misma categoria que Macri por ejemplo, pagas el mismo % de impuestos ( y no creo que macri facture 5000 pesos por mes ... )
Otra de las cosas que se dejan leer que es ponen al productor agropecuario como un unanime alentador de la dictadura ¿¿¿????? a titulo de que ? si bien deben existir quienes se beneficiaron con dicha politica, esto no hace que todos sean asi, de hecho hay muchas personas que empezaron con ese negocio mucho despues de esas epocas. Pudo haber gente que se beneficio con la politica econimica de ellos, pero eso no los hace partidarios del genocidio, hay que saber diferenciar.
Otros de los temas que tocan son el gasoil subvencionado... si la gente de pagina 12 sabe donde conseguirlo que avisen por favor, por que en el interior el gasoil es mas caro que en la capital, y nadie hace ningun tipo de descuento por ser productor agricola.

Resumiendo como bien dijiste al principio del post, el verdadero problema calculo que radica en los frigorificos y cadenas de supermercados, por tu avatar veo que sos de pergamino, te pido un favor: Fijate cuanto cuesta el kilo de lomo alla y yo te digo cuanto lo cobran aca en el Jumbo de palermo ( Maximo exponente de los precios exhorbitantes)
Y otra cosa interesante seria hacer un calculo estimativo de cuanto costaria armar una "vaca" comprando los pedazos en el supermercado, creo que a mas de uno se le caeria la cara al comparar el numero.

Saludos.
Viejo RMol dijo: 11.12.06
Originalmente publicado por Cepion Ver mensaje
Coincido en que hay que investigar bien quienes son los generadores de precios. Porque frente a las cámaras y micrófonos nadie admite nada, pero off the record hay hijos de p. que dicen frases como "Nosotros no tenemos por qué financiarle el bife con lomo a los pobres de Buenos Aires" (http://www.pagina12.com.ar/diario/el...006-12-11.html). Acá las verdaderas víctimas son, evidentemente, los consumidores. Los están tomando por tontos.
Y no debemos olvidar esto: el día en que los argentinos no puedan comer asado, hacen la Revolución (así, con mayúsculas), ponen una guillotina en la Plaza de Mayo y empiezan a cortar cabezas de políticos, estancieros, carniceros, etc.
En la practica la frase esa no la veo tan mal.
Es facil pedir que otros financien a los pobres pero cada sector se va a defender si los culpan o moralmente los meten en la obligacion de hacer patria a costas de sus ganancias.

El mecanismo son los impuestos. Si pagan sus impuestos estoy de acuerdo en que no tienen porque financiar a los pobres. Es querer meter una culpa de una manera muy burda.
Y los impuestos al agro actualmente son bastante caros.

El problema del editorial es que esta teñido completamente con una ideologia. Es increible como todo lo atan a la dictadura. NO llego a entender como paso a videla.
En fin. Cuando sera la linda epoca donde los temas los podamos tratar sin referir todo a la dictadura y con un sentido mas practico.
Viejo Cepion dijo: 11.12.06
Originalmente publicado por COCOT Ver mensaje
Otra de las cosas que se dejan leer que es ponen al productor agropecuario como un unanime alentador de la dictadura ¿¿¿????? a titulo de que ? si bien deben existir quienes se beneficiaron con dicha politica, esto no hace que todos sean asi, de hecho hay muchas personas que empezaron con ese negocio mucho despues de esas epocas. Pudo haber gente que se beneficio con la politica econimica de ellos, pero eso no los hace partidarios del genocidio, hay que saber diferenciar.
La frase del ganadero pergaminense (me pregunto quién será) me hizo acordar a la frase de Celedonio Pereda, presidente de la Sociedad Rural durante la última dictadura, citado por Rodolfo Walsh en su Carta abierta a la Junta Militar: "Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos".
Originalmente publicado por COCOT
Resumiendo como bien dijiste al principio del post, el verdadero problema calculo que radica en los frigorificos y cadenas de supermercados, por tu avatar veo que sos de pergamino, te pido un favor: Fijate cuanto cuesta el kilo de lomo alla y yo te digo cuanto lo cobran aca en el Jumbo de palermo ( Maximo exponente de los precios exhorbitantes)
Según mi vieja, 12 o 13 pesos el kilo.

Editado por Cepion: 07.02.07 a las 15:11
Viejo :lalala: dijo: 12.12.06
El gobierno no entiende al campo y tampoco lo quiere entender se lo quiere llevar puesto.

No entiende el negocio, o no se dan cuenta que el precio que le pagan al productor bajo un monton pero en la gondola siguio subiendo ?

El campo son tantos los productores que a veces les cuesta tomar el rumbo.

Ovbio que hay maneras de bajar el precio de la carne y tener buenos margenes de ganancia pero para eso hay que invertir en desarrollo de nuevas tecnicas y aprendizaje, pero para eso hay que invertir, y ahi tendria que estar el estado ayudando al desarrollo no atacando al sector productivo y demonizarlos ante el resto de la sociedad.

Pero como todo en la Argentina es resolver en el momento y patear el hambre para adelante. Hoy en dia hay miles de pequeños productores que estan dejando las vacas de lado para pasarse a la soja, el dia de mañana solo el que este cagado de guita va poder comer carne, porque va ser un producto escaso si seguimos atacando asi a la gente que produce.

De hecho es un tema que tan poco le importa a la gente que le cree al gobierno sin analizar las cosas, por algo casi nadie participa de esta discusion.

Saludos.-
Viejo COCOT dijo: 12.12.06
lalala, nada mas acertado lo que pusiste, aca siempre se piensa en el momento, hagamos bajar la carne a cualquier costo por que como bien dijo Cepion mas arriba, sin asadito se arma una revolucion, es lamentable pero es una realidad.

Una vez escuche en la tele hablar a un politico y dijo algo que refleja tanto el pensamiento del bloque politico Argentino... " Si hacemos muchas cosas en este mandato, ¿que vamos a prometer para la reeleccion?" ; Es como el mecanico, si le llevas el auto y te lo deja impecable tal vez vos no vayas en todo un año, pero si te lo deja masomenos estas todos los meses ahi tocando alguna boludez y dejando minimo 100 pesitos por visita, bueno me fui a cualquier lado pero se entendio la analogia, Dejalos contentos, pero no mucho !!!!!!!! si no van a creer que estamos al pedo !

Volviendo a lo de antes, Cepion me decis que por alla el kilo de lomo esta 12 - 13 pesos ? Bueno aca en Cap. Fed en palermo ( Jumbo) te lo cobran 20 pesos el kilo y si es de alguna cabaña casi 30 pesos, ahora me pregunto yo ... ¿son otras vacas las que faenan para traer a Cap. Fed?, ¿Les dan el pasto en la boca?
Es tan simple ver donde se inflan los precios...pero claro con guita de por medio somos todos ciegos.

Saludos.
Viejo Isidoro_Cañones dijo: 12.12.06
El país se sostiene gracias al campo. Sin los ingresos del campo, toda la economía argentina se vendría a pique y si bien es razonable que los sectores paguen impuestos por sus ganancias, los impuestos que paga el campo son cuasi extorsivos.

Por lo demás, se les determinan los mercados para exportar y se les maneja la agenda (hoy podés exportar carne, mañana no) con lo cual los compromisos con los compradores del exterior son un chiste. Como somos argentinos, y afuera lo saben y además vendemos la mejor carne de sudamérica, nos tienen cierta tolerancia.

En primer término, el proceder patoteril de Guillermo Moreno, el secretario de comercio K, no contribuye a una buena relación con ninguno de los sectores involucrados.

El campo está harto del manejo K, que administra al país y a las finanzas como si fuera literalmente su estancia y, por otro lado, entre la falta de gasoil, generada por el mismo gobierno que no genera condiciones aptas para que las petroleras inviertan, y los precios máximos y demás corsets comerciales, es lógico que la gente del campo -al igual que otra tanta gente- esté con las bolas al plato.

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