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Viejo Isidoro_Cañones dijo: 01.12.06
UNA ACTITUD QUE SE HA CONVERTIDO EN UN ESCANDALO POLITICO

Los legisladores mexicanos, en un insólito "pijama party" en el Congreso




DESCANSO. Los legisladores duermen en sus bancas de la Cámara de Diputados decididos a no irse. (AP)

La sede del Parlamento mexicano, vallada en todos sus flancos, era ayer el símbolo del escenario de bochorno que enloda a la clase política local. Cansados hasta la modorra, lagañosos, con tímidas barbas de un día y caminando algunos por el recinto en cómodas pantuflas, los legisladores del oficialismo y la oposición centroizquierdista seguían ocupando la principal tribuna de Diputados, donde hoy debe jurar su cargo como presidente electo el derechista Felipe Calderón. Al cierre de esta edición nadie se movía del Palacio de San Lázaro -como se conoce al edificio legislativo- y los peores temores de la derecha parecían hacerse realidad.

Unos y otros tienen sus argumentos para perseverar en la toma. El Partido de Acción Nacional (PAN) en el gobierno pretende evitar que sus rivales del Partido de la Revolución Democrática (PRD) impidan esta mañana la asunción de Calderón, cuyo triunfo en los comicios del 2 de julio jamás reconocieron por considerar que fue fraudulento. Esa disputa traba desde entonces la vida política de México y coloca al país al borde de la ingobernabilidad si, como se teme, la oposición cumple su promesa de boicotear a la nueva administración.

Anoche habían fracasado todas las negociaciones abiertas, aunque nadie descartaba algún acuerdo de última hora que logre desalojar el estrado principal de la cámara, donde el martes los legisladores se rebajaron a la peor de las vergüenzas al tomarse a golpes de puño y propinarse violentos empujones con un saldo de varios contusos.

El escándalo era ayer la comidilla de las discusiones de café en los bares del Distrito Federal y merecía una contundente reprobación de toda la prensa.

La indignación de la gente contrastó con el descaro de los legisladores, cuyas andanzas alimentaban las charlas de todo el mundo. Así, por ejemplo, fue el caso del coordinador del PRD, Javier González Garza. Después de los golpes, a las dos de la mañana, apareció por el recinto en camisa de algodón, pantalón de mezclilla y pantuflas y una almohada naranja. Cuando extendió su bolsa de dormir junto a su correligionario Juan Guerra, los panistas -acostados en otro sector- empezaron a gritarles "beso, beso, beso". Las carcajadas estallaron para molestia de otro oficialista que gritaba enfurruñado: "Oye, a ver si pueden bajar un poco la luz". Era el preanuncio de una velada con palmaditas en el hombro, chistes y cantos tradicionales mexicanos en la voz de "los niños de San Lázaro", como un diario bautizó a la inesperada vocación cancionera de los señores diputados. En suma, todo se asemejaba a un "pijama party" en la tribuna política más sagrada del país.

Mientras el común de los mexicanos no salía de su asombro frente a estas escenas, panistas y perredistas rechazaban en las últimas conversaciones una propuesta del Partido Revolucionario Institucional (PRI) para que la jura se haga en una sede alterna y sin la asistencia del presidente Vicente Fox, a quien el líder centroizquierdista Andrés López Obrador acusa de haber armado un fraude en las presidenciales que perdió ante Calderón por apenas el 0,56% de los votos.

Al mandatario no le ha temblado la voz para denunciar a la oposición por su "necedad inútil" y por considerar que sus actos "avergüenzan a México ante el mundo". De paso, autorizó a sus voceros a que amenazaran con la posibilidad de convocar a la fuerza pública para desalojar a los legisladores que ocupan el Parlamento, lo que agrega otro elemento de tensión a las horas que vienen.

La toma y el boicot a la jura de hoy es un indicio del fermento político que consume al país. De un lado, anticipa lo que le espera a Calderón, cuyo gobierno nace debilitado y cuestionado por al menos un tercio del país, el caudal electoral propio del PRD. Pero además revela el grado de degradación al que ha llegado una dirigencia política cada vez más encapsulada en sus mezquindades y alejada de las necesidades de sus votantes.

Ese clima de fin de reino aparece nítido en encuestas como la del diario El Universal, difundida el lunes, según la cual 64% rechaza el sabotaje a la ceremonia de posesión. La mayoría, en el fondo, parece comulgar con la firme condena del escritor Carlos Fuentes: "Es muy grave lo que está pasando. Esa gente -dijo aludiendo a los legisladores- es indigna de la democracia".

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