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A usted que esta en contra del aborto. en el foro de Política, Economía y Sociales:
Cita
de Arcángel Justiciero
Originalmente publicado por Arcángel Justiciero
No te preocupes, defender la vida no es estar errado. Pero con al cultura de la muerte que impera en toda la sociedad mundial, el estar a favor de la vida es ser un bicho raro.
Ok, te acepto que hay que defender los derechos humanos. ¿Pero desde cuando una persona es una persona? Vos dijiste que desde el momento de la concepción, es decir (si no te malinterpreté) desde que el espermatozoide fecunda al óvulo. Sin embargo, este proceso no se produce de manera inmediata e, incluso cuando se produce, ...
No te preocupes, defender la vida no es estar errado. Pero con al cultura de la muerte que impera en toda la sociedad mundial, el estar a favor de la vida es ser un bicho raro.
Ok, te acepto que hay que defender los derechos humanos. ¿Pero desde cuando una persona es una persona? Vos dijiste que desde el momento de la concepción, es decir (si no te malinterpreté) desde que el espermatozoide fecunda al óvulo. Sin embargo, este proceso no se produce de manera inmediata e, incluso cuando se produce, las células en cuestión no presentan ningún cambio inmediato con respecto a su estado anterior. La única diferencia es que antes estaban separadas y ahora están juntas. La realidad es que no hay una linea fija que vos podés decir "a partir de aca es persona y antes, no". Entonces, si me decís que un espermatozoide y un óvulo que están juntos en proceso de fecundación son una persona, entonces también deberían ser una persona un instante anterior, y así sucesivamente, se podría decir que un espermatozoide es una "persona en potencia" y tu argumento se volvería ridículo, ya que, en ese caso, al tener sexo estarías creando una "persona en potencia" pero matando a otras 10000000 "personas en potencia" (puesto que todos los demás espermatozoides mueren en el proceso). La menstruación también podría considerarse asesinato desde tu punto de vista.
"ALGO"?? Es un ser humano con sus 46 cromosomas...
ERROR. El síndrome de Down es una trisomía del par 21, esa persona tiene 47 cromosomas, ¿acaso no es humana? Existen tambien diversas enfermedades genéticas producidas por un par sexual defectuoso, gente que en vez de tener un par XX o XY tiene XXY por ejemplo, ¿acaso no son humanos?
Definir al humano solo por su cantidad de cromosomas no sirve, a no ser que quiera excluir de la definición a mucha gente. No se como podríamos definir al humano, pero ese criterio no sirve.
El Ministerio de la Verdad no edito este post. No se borró ninguna información.
La guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es fuerza.
Al menos en los defectos tan graves, de donde se puede decir realmente "Algo" a lo que sale, uno de los supuestos de donde es justificado aqui el aborto (me ahorro de añadir imagenes).
Estoy a favor del aborto solo en el caso de que salga con problemas fisico mentales, si ese no fuese el caso a hacerse cargo.
Pero una persona no deja de ser persona por sus problemas físicos y/o mentales...
Yo les dejo el texto que me hizo cambiar de parecer. En su momento venía bastante sugestionado respecto del tema.
Aborté
Por Liliana Mizrahi *
“Desconfío de esa gente que conoce tan bien lo que Dios quiere que ellos hagan. He notado que coincide con los deseos personales que tienen.” Susan Anthony, sufragista norteamericana, 1873.
Lo hice, hace más de 30 años. Yo era muy joven y tenía dos hijos pequeñitos. Estaba recién separada. Ese embarazo no fue buscado, ni esperado ni deseado. Fue un accidente. Era “algo” que me había pasado azarosamente y con diafragma. No sé si en algún momento pensé en tenerlo, era muy claro que no quería/no podía y no debía. Llamé a mi médico ginecólogo que era un “doctor-profesor”. Muy fríamente (acusatoriamente) me dijo que me iba a sacar del trance. Me dio una dirección por la calle Junín, cerca de la avenida Santa Fe. Era una casa muy vieja, con una altísima puerta de madera. Me abrió una mujer vestida de blanco que, sin mediar palabra, me llevó a una habitación donde había un camastro con una frazada marrón y una camilla ginecológica vieja y una palangana amarilla en el piso. Después vi una mesa con los instrumentos para la intervención. No se oía una sola voz. No me sentía bien. Me acompañó el amigo que había contribuido al embarazo. Volvió la mujer de blanco y me indicó que me sacara la ropa y me pusiera una bata blanca. Me acosté en la camilla cubierta con un hule blanco y frío. Con mucho malestar abrí las piernas. Sin golpear ni pedir permiso, entró un joven que venía a cobrar los honorarios del doctor-profesor, me dijo que no podía aceptar mi cheque porque ahora yo estaba separada. ¡Encima eso! También era sospechosa de insolvencia. Me sorprendí, no me alcanzaba el efectivo, le di todo lo que tenía y le prometí llevarle el resto a su consultorio, a la tarde. Aceptó. La mujer-enfermera me inyectó algo y me dijo que iba a dormir, que contara hasta 10. Me desperté en el camastro, la palangana no estaba y no vi nada, no había nadie, las paredes eran amarillas. Me quedé un rato mirando los zócalos. No era cierto que no había nadie, miré bien y había varios camastros con mujeres recostadas con rostro de dolor y malestar. Rostros grises y ojeras opacas. Todas sangrábamos en un espectáculo de gemidos. Abortar es espantoso, no hay quien me desmienta. Algunas mujeres intentaban levantarse. El dolor moral es fuerte. Finalmente me pude levantar y me vestí. Tenía las piernas apretadas y sentía dolor en el bajo vientre. Mal, mal. Salí, mi amigo estaba sentado en la sala de espera. Le pregunté si me iba a ayudar a pagar esto porque no me alcanzaba el efectivo, me dijo: “Es un tema tuyo”. “¡Ah! a vos no te está pasando nada”, pensé. Todo era sórdido.
Nunca vi a mi médico en todo ese tiempo. Me dejó dicho que vaya a su consultorio, lo hice, le pagué un par de miles de pesos, y me comunicó que me había colocado un DIU, algo que recién salía a la venta, no se sabía mucho porque estaba en una etapa experimental, era una prueba, me confesó que él mismo no estaba seguro que fuera lo mejor para mí. Y me lo cobró como si fuera de platino. Otra vez no me había consultado, ni siquiera me había avisado, informado, no me preguntó nada, hizo lo que quiso. Se sintió con derecho a decidir sobre mi cuerpo, como si se tratara de algo que le pertenecía, como si yo no tuviera nada que ver.
Treinta años después, los varones siguen creyendo que pueden disponer sobre el cuerpo de las mujeres. Se sienten con prestigio moral, están convencidos de que tienen autoridad. Penalizan el aborto porque creen que pueden legislar sobre algo que ellos creen que las mujeres no podemos ni sabemos controlar. Y muchas mujeres, muchas, creen que los varones tienen razón y les reconocen autoridad y prestigio. Nos tutelan como si fuéramos hijas bobas, menores de edad, sin capacidad de decidir, sin conciencia, sin poder elegir y sin poder tener un control infalible sobre la propia capacidad reproductora. Es un tema nuestro (como dijo mi amigo). Se trata de nuestra libertad, de nuestro derecho para decidir nuestras maternidades... pero todavía los que deciden son ellos. ¿Qué hacer?
Me fue muy mal con el DIU, hemorragias y hemorragias. Un día fui al consultorio por ese tema y sin avisarme, sin anestesia, sin ninguna dilatación me arrancó el DIU con tanta fuerza y tan inesperadamente que vi estrellas de colores brillantes y casi me desmayo. Tuve una alucinación como en luces de neón que decía: “El retorno de lo reprimido”, S. Freud. Lo recuerdo perfecto. Y ahí comprendí: a este tipo le volvió el odio. Este tipo odia a las mujeres, está vestido de “doctor-profesor”, cree que es un patriarca, tiene algunos gestos paternalistas ¿pero quién se cree que es? ¿Dios? Otra vez no me avisó, no me informó ni me explicó nada. El decidió que las cosas eran así. Me castiga porque me separé, porque me embaracé, ahora me lo saco y no acepta mis cheques. ¿Quién es este señor? Nunca más volví. Pensé: la que pone el cuerpo soy yo y mi cuerpo es mío. Cuando llegué a la calle me tiré casi desmayada en la vereda, estaba en Pueyrredón y Juncal. * Psicóloga, poeta y ensayista, autora de, entre otros libros, Mujeres en plena revuelta y La mujer transgresora.
Pero una persona no deja de ser persona por sus problemas físicos y/o mentales...
Yo les dejo el texto que me hizo cambiar de parecer. En su momento venía bastante sugestionado respecto del tema.
Aborté
Por Liliana Mizrahi *
“Desconfío de esa gente que conoce tan bien lo que Dios quiere que ellos hagan. He notado que coincide con los deseos personales que tienen.” Susan Anthony, sufragista norteamericana, 1873.
Lo hice, hace más de 30 años. Yo era muy joven y tenía dos hijos pequeñitos. Estaba recién separada. Ese embarazo no fue buscado, ni esperado ni deseado. Fue un accidente. Era “algo” que me había pasado azarosamente y con diafragma. No sé si en algún momento pensé en tenerlo, era muy claro que no quería/no podía y no debía. Llamé a mi médico ginecólogo que era un “doctor-profesor”. Muy fríamente (acusatoriamente) me dijo que me iba a sacar del trance. Me dio una dirección por la calle Junín, cerca de la avenida Santa Fe. Era una casa muy vieja, con una altísima puerta de madera. Me abrió una mujer vestida de blanco que, sin mediar palabra, me llevó a una habitación donde había un camastro con una frazada marrón y una camilla ginecológica vieja y una palangana amarilla en el piso. Después vi una mesa con los instrumentos para la intervención. No se oía una sola voz. No me sentía bien. Me acompañó el amigo que había contribuido al embarazo. Volvió la mujer de blanco y me indicó que me sacara la ropa y me pusiera una bata blanca. Me acosté en la camilla cubierta con un hule blanco y frío. Con mucho malestar abrí las piernas. Sin golpear ni pedir permiso, entró un joven que venía a cobrar los honorarios del doctor-profesor, me dijo que no podía aceptar mi cheque porque ahora yo estaba separada. ¡Encima eso! También era sospechosa de insolvencia. Me sorprendí, no me alcanzaba el efectivo, le di todo lo que tenía y le prometí llevarle el resto a su consultorio, a la tarde. Aceptó. La mujer-enfermera me inyectó algo y me dijo que iba a dormir, que contara hasta 10. Me desperté en el camastro, la palangana no estaba y no vi nada, no había nadie, las paredes eran amarillas. Me quedé un rato mirando los zócalos. No era cierto que no había nadie, miré bien y había varios camastros con mujeres recostadas con rostro de dolor y malestar. Rostros grises y ojeras opacas. Todas sangrábamos en un espectáculo de gemidos. Abortar es espantoso, no hay quien me desmienta. Algunas mujeres intentaban levantarse. El dolor moral es fuerte. Finalmente me pude levantar y me vestí. Tenía las piernas apretadas y sentía dolor en el bajo vientre. Mal, mal. Salí, mi amigo estaba sentado en la sala de espera. Le pregunté si me iba a ayudar a pagar esto porque no me alcanzaba el efectivo, me dijo: “Es un tema tuyo”. “¡Ah! a vos no te está pasando nada”, pensé. Todo era sórdido.
Nunca vi a mi médico en todo ese tiempo. Me dejó dicho que vaya a su consultorio, lo hice, le pagué un par de miles de pesos, y me comunicó que me había colocado un DIU, algo que recién salía a la venta, no se sabía mucho porque estaba en una etapa experimental, era una prueba, me confesó que él mismo no estaba seguro que fuera lo mejor para mí. Y me lo cobró como si fuera de platino. Otra vez no me había consultado, ni siquiera me había avisado, informado, no me preguntó nada, hizo lo que quiso. Se sintió con derecho a decidir sobre mi cuerpo, como si se tratara de algo que le pertenecía, como si yo no tuviera nada que ver.
Treinta años después, los varones siguen creyendo que pueden disponer sobre el cuerpo de las mujeres. Se sienten con prestigio moral, están convencidos de que tienen autoridad. Penalizan el aborto porque creen que pueden legislar sobre algo que ellos creen que las mujeres no podemos ni sabemos controlar. Y muchas mujeres, muchas, creen que los varones tienen razón y les reconocen autoridad y prestigio. Nos tutelan como si fuéramos hijas bobas, menores de edad, sin capacidad de decidir, sin conciencia, sin poder elegir y sin poder tener un control infalible sobre la propia capacidad reproductora. Es un tema nuestro (como dijo mi amigo). Se trata de nuestra libertad, de nuestro derecho para decidir nuestras maternidades... pero todavía los que deciden son ellos. ¿Qué hacer?
Me fue muy mal con el DIU, hemorragias y hemorragias. Un día fui al consultorio por ese tema y sin avisarme, sin anestesia, sin ninguna dilatación me arrancó el DIU con tanta fuerza y tan inesperadamente que vi estrellas de colores brillantes y casi me desmayo. Tuve una alucinación como en luces de neón que decía: “El retorno de lo reprimido”, S. Freud. Lo recuerdo perfecto. Y ahí comprendí: a este tipo le volvió el odio. Este tipo odia a las mujeres, está vestido de “doctor-profesor”, cree que es un patriarca, tiene algunos gestos paternalistas ¿pero quién se cree que es? ¿Dios? Otra vez no me avisó, no me informó ni me explicó nada. El decidió que las cosas eran así. Me castiga porque me separé, porque me embaracé, ahora me lo saco y no acepta mis cheques. ¿Quién es este señor? Nunca más volví. Pensé: la que pone el cuerpo soy yo y mi cuerpo es mío. Cuando llegué a la calle me tiré casi desmayada en la vereda, estaba en Pueyrredón y Juncal. * Psicóloga, poeta y ensayista, autora de, entre otros libros, Mujeres en plena revuelta y La mujer transgresora.
que temita este... porque indudablemente uno esta tomando una desicion sobre una vida
porque aclaremos que es una vida, la peteada de la discucion de cuando es vida es muy relativo ya que podemos decir es que estaba en desarollo.
osea no estoy en desacuerdo, pero tampoco estoy de acuerdo que nos justifiquemos diciendo que todavia no era una vida.
si lo vas a hacer tene los huevos que tomaste una desicion por tu bien propio, cosa que no esta MAL, pero no hay excusa que valga estas jodiendo a alguien.
whoa, black betty
She really gets me high
You know that's no lie
She's so rock steady
She's always ready
Well' shes shakin' that thing
Boy she makes me sing
Ok, te acepto que hay que defender los derechos humanos. ¿Pero desde cuando una persona es una persona? Vos dijiste que desde el momento de la concepción, es decir (si no te malinterpreté) desde que el espermatozoide fecunda al óvulo. Sin embargo, este proceso no se produce de manera inmediata e, incluso cuando se produce, las células en cuestión no presentan ningún cambio inmediato con respecto a su estado anterior. La única diferencia es que antes estaban separadas y ahora están juntas. La realidad es que no hay una linea fija que vos podés decir "a partir de aca es persona y antes, no". Entonces, si me decís que un espermatozoide y un óvulo que están juntos en proceso de fecundación son una persona, entonces también deberían ser una persona un instante anterior, y así sucesivamente, se podría decir que un espermatozoide es una "persona en potencia" y tu argumento se volvería ridículo, ya que, en ese caso, al tener sexo estarías creando una "persona en potencia" pero matando a otras 10000000 "personas en potencia" (puesto que todos los demás espermatozoides mueren en el proceso). La menstruación también podría considerarse asesinato desde tu punto de vista.
Cuando hay concepción hay persona, cuando no hay concepción no hay persona. Es claro.
"El sonido es un movimiento...", "La electricidad es un movimiento..." "La luz es un movimiento...", La ciencia no posee otras definiciones. Ella pretende, no obstante, negar a Dios, porque no puede definirlo. Constancio C. Vigil
Pero una persona no deja de ser persona por sus problemas físicos y/o mentales...
Yo les dejo el texto que me hizo cambiar de parecer. En su momento venía bastante sugestionado respecto del tema.
Aborté
Por Liliana Mizrahi *
“Desconfío de esa gente que conoce tan bien lo que Dios quiere que ellos hagan. He notado que coincide con los deseos personales que tienen.” Susan Anthony, sufragista norteamericana, 1873.
Lo hice, hace más de 30 años. Yo era muy joven y tenía dos hijos pequeñitos. Estaba recién separada. Ese embarazo no fue buscado, ni esperado ni deseado. Fue un accidente. Era “algo” que me había pasado azarosamente y con diafragma. No sé si en algún momento pensé en tenerlo, era muy claro que no quería/no podía y no debía. Llamé a mi médico ginecólogo que era un “doctor-profesor”. Muy fríamente (acusatoriamente) me dijo que me iba a sacar del trance. Me dio una dirección por la calle Junín, cerca de la avenida Santa Fe. Era una casa muy vieja, con una altísima puerta de madera. Me abrió una mujer vestida de blanco que, sin mediar palabra, me llevó a una habitación donde había un camastro con una frazada marrón y una camilla ginecológica vieja y una palangana amarilla en el piso. Después vi una mesa con los instrumentos para la intervención. No se oía una sola voz. No me sentía bien. Me acompañó el amigo que había contribuido al embarazo. Volvió la mujer de blanco y me indicó que me sacara la ropa y me pusiera una bata blanca. Me acosté en la camilla cubierta con un hule blanco y frío. Con mucho malestar abrí las piernas. Sin golpear ni pedir permiso, entró un joven que venía a cobrar los honorarios del doctor-profesor, me dijo que no podía aceptar mi cheque porque ahora yo estaba separada. ¡Encima eso! También era sospechosa de insolvencia. Me sorprendí, no me alcanzaba el efectivo, le di todo lo que tenía y le prometí llevarle el resto a su consultorio, a la tarde. Aceptó. La mujer-enfermera me inyectó algo y me dijo que iba a dormir, que contara hasta 10. Me desperté en el camastro, la palangana no estaba y no vi nada, no había nadie, las paredes eran amarillas. Me quedé un rato mirando los zócalos. No era cierto que no había nadie, miré bien y había varios camastros con mujeres recostadas con rostro de dolor y malestar. Rostros grises y ojeras opacas. Todas sangrábamos en un espectáculo de gemidos. Abortar es espantoso, no hay quien me desmienta. Algunas mujeres intentaban levantarse. El dolor moral es fuerte. Finalmente me pude levantar y me vestí. Tenía las piernas apretadas y sentía dolor en el bajo vientre. Mal, mal. Salí, mi amigo estaba sentado en la sala de espera. Le pregunté si me iba a ayudar a pagar esto porque no me alcanzaba el efectivo, me dijo: “Es un tema tuyo”. “¡Ah! a vos no te está pasando nada”, pensé. Todo era sórdido.
Nunca vi a mi médico en todo ese tiempo. Me dejó dicho que vaya a su consultorio, lo hice, le pagué un par de miles de pesos, y me comunicó que me había colocado un DIU, algo que recién salía a la venta, no se sabía mucho porque estaba en una etapa experimental, era una prueba, me confesó que él mismo no estaba seguro que fuera lo mejor para mí. Y me lo cobró como si fuera de platino. Otra vez no me había consultado, ni siquiera me había avisado, informado, no me preguntó nada, hizo lo que quiso. Se sintió con derecho a decidir sobre mi cuerpo, como si se tratara de algo que le pertenecía, como si yo no tuviera nada que ver.
Treinta años después, los varones siguen creyendo que pueden disponer sobre el cuerpo de las mujeres. Se sienten con prestigio moral, están convencidos de que tienen autoridad. Penalizan el aborto porque creen que pueden legislar sobre algo que ellos creen que las mujeres no podemos ni sabemos controlar. Y muchas mujeres, muchas, creen que los varones tienen razón y les reconocen autoridad y prestigio. Nos tutelan como si fuéramos hijas bobas, menores de edad, sin capacidad de decidir, sin conciencia, sin poder elegir y sin poder tener un control infalible sobre la propia capacidad reproductora. Es un tema nuestro (como dijo mi amigo). Se trata de nuestra libertad, de nuestro derecho para decidir nuestras maternidades... pero todavía los que deciden son ellos. ¿Qué hacer?
Me fue muy mal con el DIU, hemorragias y hemorragias. Un día fui al consultorio por ese tema y sin avisarme, sin anestesia, sin ninguna dilatación me arrancó el DIU con tanta fuerza y tan inesperadamente que vi estrellas de colores brillantes y casi me desmayo. Tuve una alucinación como en luces de neón que decía: “El retorno de lo reprimido”, S. Freud. Lo recuerdo perfecto. Y ahí comprendí: a este tipo le volvió el odio. Este tipo odia a las mujeres, está vestido de “doctor-profesor”, cree que es un patriarca, tiene algunos gestos paternalistas ¿pero quién se cree que es? ¿Dios? Otra vez no me avisó, no me informó ni me explicó nada. El decidió que las cosas eran así. Me castiga porque me separé, porque me embaracé, ahora me lo saco y no acepta mis cheques. ¿Quién es este señor? Nunca más volví. Pensé: la que pone el cuerpo soy yo y mi cuerpo es mío. Cuando llegué a la calle me tiré casi desmayada en la vereda, estaba en Pueyrredón y Juncal. * Psicóloga, poeta y ensayista, autora de, entre otros libros, Mujeres en plena revuelta y La mujer transgresora.
Ese y sólo ese texto podría decir q "está bueno",
lo bueno -realmente- sería q Lili haga lo q predica o enseña y no exactamente lo contrario, en fin, lo mío es sólo por experiencias personales.
A ver si puedo aportar un poco, ya q acá se ha hablado mucho del aborto esde una sola religión, aporto lo mío:
Spoiler de Aborto en el JUDAÍSMO
Según el Talmud Bablí (de Babilonia) , Oholot 7:6, un niño nonato posee el estatus de "vida humana en potencia" hasta que su cabeza no ha emergido de las entrañas maternas.
Una vida humana en potencia es valiosísima, por lo que no debe ser perjudicada ni eliminada banalmente.
Pero, es mayor el valor de una vida humana existente.
Por lo tanto, ante la disyuntiva entre salvar al nonato o salvar a la madre, se opta por salvar a la madre.
Pues, el feto es asumido como un miembro de la madre, por lo tanto, el aborto a veces es una lamentable pero necesaria operación.
Pero, el Talmud es muy claro cuando establece: "...desde el momento que su cabeza ha emergido está prohibido tocarlo (quitarle la vida), pues una vida no tiene precedencia sobre la otra" (Sanhedrín 72b).
Saludos.
"¡Justicia, Justicia perseguirás para que vivas!" [Devarím / Deuteronomio 18:20]