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Viejo scherzo dijo: 06.07.06
Originalmente publicado por onimatrix
Que libros recomiendo... y porque.

Edgar Allan Poe.
Que quieren? Títulos? Cuentos 1, Cuentos 2, Narraciones Extraordinarias.
siempre tuve un interés particular para la literatura de Edgar Allan Poe, para ser un poco mas especifico, entre los últimos que leí de Poe que recomiendo son "The Fall of the House of Usher", "The Tell-Tale Heart", "Eleonora", y "Berenice" ("Berenice" lo recomiendo en especial!)

Originalmente publicado por onimatrix

Un Mundo Feliz de Aldoys Hexley.
Es un libro muy raro y cuando lo lei me recordo a 1984.
Lean el otro si tienen que elegir.

El libro "Un Mundo Feliz" de Aldous Huxley en su momento era uno de mis mas apreciados, también te recomiendo "Contrapunto", que la mayoría del libro son largos diálogos intelectuales entre los personajes, y "Mono y esencia" también me gusto.

Originalmente publicado por onimatrix


Así Hablaba Zaratustra y Ecce Homo, de Friederich Nietzche (Lo dije bien?)
Es lo único bueno que salió de todas esas clases de filosofía.

La verdad, sobre Nietzsche ya no se que decir, "Así Hablo Zarathustra" (hay varias maneras en que esta traducido el titulo, y también la obra) es uno de los libros que nunca me anime a seguir leyendo. No solo por el echo que todo el estilo en el que escribe es muy poético, metafórico y difícil de seguir (un estilo de escritura casi como la antigua filosofía griega), sino que por mucho tiempo yo lo tenia a Nietzsche como un dios y me sentía indigno de seguir leyendo si no podía extraerlo del todo como pensaba que necesitaba ser extraído. Este es un libro que no se lo recomiendo a gente que quiere leer Nietzsche, y nunca si quieren leer filosofía. Aunque si queréis leer algo de Nietzsche. "Ecce Homo" seria un poco mejor, seria ser como una 'autobiografía' propia y la verdad, aunque sigue teniendo la profundidad de Nietzsche, es un buen libro para comenzar a leer Nietzsche.
Originalmente publicado por onimatrix

El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry.
Si quieren que los convenza, es porque no se lo merecen
Ni hablar, completamente de acuerdo. Este es uno de los libros que me parece que hay que leerlos de vuelta cada año


Originalmente publicado por el bicho reactor
El libro que te recomiendo es: En busca del tiempo perdido de Marcel Proust

Monumental novela en siete partes considerada como una de las cumbres de la literatura universal. Obra de gran complejidad, constituye un estudio psicológico de la vida y el mundo que rodeó al autor y describe con minuciosidad la vida física y, sobre todo, la vida mental de un hombre ocioso que se mueve entre la alta sociedad. Toda la obra es un largo monólogo interior en primera persona, y en muchos aspectos es autobiográfica. El primer volumen, Por el camino de Swann, fue publicado en 1913 en una primera edición sufragada por el propio Proust y pasó desapercibido. A éste siguieron A la sombra de las muchachas en flor (que resultó un gran éxito y obtuvo el prestigioso premio Goncourt), El mundo de Guermantes (1920-21), Sodoma y Gomorra (1921-22), La prisionera (1923), Albertine desaparecida (1925) y El tiempo recobrado(1927). Las tres últimas partes, que Proust dejó manuscritas, se publicaron después de su muerte.
No conozco a nadie quien haya leído esto, de hecho conoczo a un hombre que me confeso que no se anima a leer nada de Proust. Yo intente como a los 16 años (que boludo!!) y nunca termine de leer ninguna de las tomas y termine leyendo partes de cada una, aunque si me había enamorado de un personaje que se llama "Albertine" que aparece en el quinto volumen, y en el sexto volumen ya era el amor de mi vida.

Conozco algo de poesía de Proust que me acuerdo mejor que "En Busca del tiempo Perdido" ....pero las 7 tomas son demasiado.



..y acabo de terminar de leer, que me lo recomendaron y hace bastante que lo quiero leer, que es "Zen en el Arte del tiro con Arco" de Eugen Herrigel. Se lo recomiendo a cualquiera que haga algún tipo de actividad que requiere algo de disciplina, ya sea artístico etc. (tenés que lograr apreciar lo que dice en el libro, y la verdad...diría que es un libro para entenderlo, y entenderlo de vuelta, y de vuelta, y de vuelta, y de vuelta.)

Editado por scherzo: 06.07.06 a las 01:18 Razón: DoblePost Unido

224 Comentarios | Registrate y participá

Viejo rOmYnIk dijo: 06.07.06
el alquimista pablo cohelo
bueno ese libro estuvo buenisimo me encanto me re colgue leyendolo todo el verano desde no pare hasta tener todos los libros de el lei todo de el es un gran escritor
Viejo bg.rock dijo: 12.01.07
La rebelión de Atlas de Ayn Rand... aunque es un poco largo... pero vale la inversión de tiempo


salutt
Viejo marianita_73 dijo: 12.01.07
Literatura en serio, industra nacional, El Señor de los Venenos de Enrique Symns.
Jamas vi algo mejor redactado
Viejo AnaPG dijo: 14.01.07
El señor de las moscas
El perfume
El tunel
Rebelión en la granja
Viejo vichoh dijo: 15.01.07
rebelion en la granja muy bueno
la flia de pascual duarte
el expreso de medianoche
Viejo Laura Va dijo: 15.01.07
Originalmente publicado por Fragilinvencible Ver mensaje
Que libro recomiendan y por que?
Yo recomiendo "Gracias por el fuego" de Mario Benedetti, es un libro que me marcó mucho...
Éramos dos seres débiles y heridos. Si pudiera recoger los escasos recuerdos diseminados. Pero, además, ¿de qué sirven? No soy una morbosa, soy un ser normal. Hasta los doce años dormí abrazada a mi muñeca, mi pobre muñeca tuerta y renga. Fue el perro que le rompió una pierna y se comió el ojo, pero no quise que mamá la mandara al taller. Dormí abrazada hasta los doce años, y mucho después vino Hugo, que de algún modo era, es, un muñeco y también un inválido. Pero sólo una noche dormí abrazándolo, y él apenas dijo: Hace demasiado, demasiado calor. Soy un ser normal que quiere asirse a algo. No me importa que después vengan el desencanto y la muerte, sólo pretendo un consuelo temporario, un consuelo para la piel. ¿Por qué mi palma se ahueca, sola e impotente, cuando pienso en tus hombros caídos, en tus piernas fuertes y velludas, en tu nuca indefensa, de chiquilín? Había dos lunares abultados como cicatrices. Y allá abajo el vello era suave y enredado. Una podía pasar los dedos como un peine, presionando levemente para deshacer los pocos nudos, y seguir. Oh, seguir. Ramón, Ramón, Ramón. ¿Y ahora? ¿Qué hacer con esta desesperación, con esta podredumbre? El Viejo, en el entierro, como un irrisorio monumento, como un prócer tóxico, dosificando sus estremecimientos para que el público, trepado sobre los canteros o apoyado en las lápidas, tomara buena nota de su dolor de padre conmovidamente famoso. Y Hugo sin llanto, con el odio inmóvil sobre los pómulos. Y el Viejo poniéndole una mano despreciativa sobre el hombro cobarde, resentido. El Viejo. ¿Por qué no lo mataste? Claro que si lo hubieras hecho, ahora estaría preguntándote con la misma ansiedad: ¿Por qué lo mataste? Al menos no sería una pregunta en el vacío. Eso suele ocurrir cuando uno se pone a comparar la desgracia mayor con la desgracia menor; esta parece entonces una suerte feroz, sólo porque no fue, sólo porque lo acontecido fue la desgracia mayor. Ramón, tonto, tontísimo, claro que prefería saberte asesino, parricida, antes que saberte esto. Iba a pensar Cadáver. Pero quién sabe qué eres. Espíritu, alma en pena. O nada, estrictamente nada. Sería tan cómodo creer en Dios y saber que de algún modo resides en su seno, en su inmensa voluntad, en su vieja urdimbre. Sería tan cómodo imaginar que ahora respiras con otro aliento, desprendido de esta mugre, sin angustia ni dicha, como un simple poro o como una gran ocasión flotante, provisto de siglos antes y de siglos después, con un pasado que es amarga experiencia necesaria y un futuro que es eternidad sin sobresaltos. Sería tan cómodo, pero no puedo. Y es una lástima, porque es horriblemente inconfortable pensar que, en vez de eso, eres nada, nada, nada. Se acabó la sangre fría. Quién sabe, a lo mejor puedo enloquecer. A lo mejor, si me miro al espejo fijamente, abriendo bien los ojos y apretando los labios hasta lograr una perplejidad desproporcionada a mis orejas, a mi boca, a mi nariz, a mis cejas; a lo mejor puedo así inundarme de un zumbido interior que me impida escuchar la letanía de los pésames, las maldiciones de Hugo, aquella radio que aturde, esa sirena de los patrulleros; a lo mejor puedo así evadirme a una región que no tenga memoria, que no tenga Ramón, que no tenga mi piel acariciada por Ramón. Pero tampoco. Nunca podré enloquecer. Ni siquiera matarme. Tengo la espesa, desgraciada suerte de ser normal. Y aun dentro de esta desesperación, aun así, con la cabeza ahogada por la almohada, soy capaz de pensar que dentro de una semana, o un mes, o más tarde aun, abriré el ropero y miraré todos mis vestidos, y elegiré uno, claro que no podrá ser aquel que Ramón me fue quitando, escogeré después el collar y los clips que vayan bien con el vestido, y me pasaré el lápiz por los labios que él, oh que él, y veré si están en la cartera el llavero, el carnet y los cigarrillos, y vigilaré otra vez el peinado antes de otorgarme el visto buen final, y bajaré al estudio de Hugo y rozaré apenas su mejilla y él me dirá: Me alegro de que estés más animada. Y le preguntaré si puedo llevar el coche, y él dirá que sí, y la muchacha sonreirá de lejos y correrá a abrirme el garage, y yo daré vuelta la llave y escucharé el ronquido familiar del motor, y pondré primera, apretaré suavemente el acelerador, y saldré a la luz, que será una luz extraña y metálica, con las verjas estriadas como en un aguafuerte, y los árboles quietos, con sus copas en triángulos secos. Y tomaré por la Rambla y bajaré el vidrio, y el aire me golpeará la cara, y por debajo del maquillaje sentiré que tengo arrugas y terribles ojeras y hasta varios proyectos de muecas, pero estaré tranquila y a pesar de todo sonreiré, aunque se trate de una sonrisa opaca, sin convicción, porque naturalmente hay que vivir y hay que guardar bajo siete llaves el furor por legítimo que sea, y junto con el furor hay que guardar el espanto. Y sin embargo no podré evitar el recuerdo de otro viaje por la Rambla. Guardar el espanto. Porque soy una hembra destruida. Lo soy aquí en la cama, con la cara llorosa escondida en la almohada, y lo seré ese día, con la piel maquillada y sin poros. Guardar el espanto, pero con urgencia. Porque soy una hembra destruida y solitaria. Y la nostalgia llegará a mi cabeza como le llega ahora, desde abajo. El aire golpeará en mi cara y mis arrugas existirán, no hay duda. No sólo las que tengo desde ya, sino las que sólo están diseñando sus pliegues. Y acaso todo vaya más o menos bien hasta que me acerque a La Goleta. Porque allí me llevó. Me llevaste. Tontísimo. Allí dijiste: Es una barbaridad, claro, pero te quiero. Guardar el espanto. O tal vez sea imposible. Porque al llegar a La Goleta es casi seguro que no podré soportarlo y estallaré, o me echaré a llorar tan convulsivamente como ahora, o perderé el sentido y mi cabeza caerá sobre el volante, y la bocina empezará a sonar, y acaso suene un rato largo, como una pobre alarma en el desierto.

Editado por Laura Va: 15.01.07 a las 17:24
Viejo dvdrgn dijo: 15.01.07
More Than Human, de Theodore Sturgeon. Es extrañamente inspirador.
Viejo Zé Pequeño dijo: 27.01.07
Cién años de soledad - Gabriel García Márquez
Crónica de una muerte anunciada - Gabriel García Márquez
La casa de los espíritus - Isabel Allende
El Señor de las moscas - Wiliam Golding
Rebelión en la granja- George Orwell
El lazarillo de Tormes - Anónimo
Rayuela - Julio Cortazar
Viejo Fragilinvencible dijo: 10.02.07
Originalmente publicado por Laura Va Ver mensaje
Éramos dos seres débiles y heridos. Si pudiera recoger los escasos recuerdos diseminados. Pero, además, ¿de qué sirven? No soy una morbosa, soy un ser normal. Hasta los doce años dormí abrazada a mi muñeca, mi pobre muñeca tuerta y renga. Fue el perro que le rompió una pierna y se comió el ojo, pero no quise que mamá la mandara al taller. Dormí abrazada hasta los doce años, y mucho después vino Hugo, que de algún modo era, es, un muñeco y también un inválido. Pero sólo una noche dormí abrazándolo, y él apenas dijo: Hace demasiado, demasiado calor. Soy un ser normal que quiere asirse a algo. No me importa que después vengan el desencanto y la muerte, sólo pretendo un consuelo temporario, un consuelo para la piel. ¿Por qué mi palma se ahueca, sola e impotente, cuando pienso en tus hombros caídos, en tus piernas fuertes y velludas, en tu nuca indefensa, de chiquilín? Había dos lunares abultados como cicatrices. Y allá abajo el vello era suave y enredado. Una podía pasar los dedos como un peine, presionando levemente para deshacer los pocos nudos, y seguir. Oh, seguir. Ramón, Ramón, Ramón. ¿Y ahora? ¿Qué hacer con esta desesperación, con esta podredumbre? El Viejo, en el entierro, como un irrisorio monumento, como un prócer tóxico, dosificando sus estremecimientos para que el público, trepado sobre los canteros o apoyado en las lápidas, tomara buena nota de su dolor de padre conmovidamente famoso. Y Hugo sin llanto, con el odio inmóvil sobre los pómulos. Y el Viejo poniéndole una mano despreciativa sobre el hombro cobarde, resentido. El Viejo. ¿Por qué no lo mataste? Claro que si lo hubieras hecho, ahora estaría preguntándote con la misma ansiedad: ¿Por qué lo mataste? Al menos no sería una pregunta en el vacío. Eso suele ocurrir cuando uno se pone a comparar la desgracia mayor con la desgracia menor; esta parece entonces una suerte feroz, sólo porque no fue, sólo porque lo acontecido fue la desgracia mayor. Ramón, tonto, tontísimo, claro que prefería saberte asesino, parricida, antes que saberte esto. Iba a pensar Cadáver. Pero quién sabe qué eres. Espíritu, alma en pena. O nada, estrictamente nada. Sería tan cómodo creer en Dios y saber que de algún modo resides en su seno, en su inmensa voluntad, en su vieja urdimbre. Sería tan cómodo imaginar que ahora respiras con otro aliento, desprendido de esta mugre, sin angustia ni dicha, como un simple poro o como una gran ocasión flotante, provisto de siglos antes y de siglos después, con un pasado que es amarga experiencia necesaria y un futuro que es eternidad sin sobresaltos. Sería tan cómodo, pero no puedo. Y es una lástima, porque es horriblemente inconfortable pensar que, en vez de eso, eres nada, nada, nada. Se acabó la sangre fría. Quién sabe, a lo mejor puedo enloquecer. A lo mejor, si me miro al espejo fijamente, abriendo bien los ojos y apretando los labios hasta lograr una perplejidad desproporcionada a mis orejas, a mi boca, a mi nariz, a mis cejas; a lo mejor puedo así inundarme de un zumbido interior que me impida escuchar la letanía de los pésames, las maldiciones de Hugo, aquella radio que aturde, esa sirena de los patrulleros; a lo mejor puedo así evadirme a una región que no tenga memoria, que no tenga Ramón, que no tenga mi piel acariciada por Ramón. Pero tampoco. Nunca podré enloquecer. Ni siquiera matarme. Tengo la espesa, desgraciada suerte de ser normal. Y aun dentro de esta desesperación, aun así, con la cabeza ahogada por la almohada, soy capaz de pensar que dentro de una semana, o un mes, o más tarde aun, abriré el ropero y miraré todos mis vestidos, y elegiré uno, claro que no podrá ser aquel que Ramón me fue quitando, escogeré después el collar y los clips que vayan bien con el vestido, y me pasaré el lápiz por los labios que él, oh que él, y veré si están en la cartera el llavero, el carnet y los cigarrillos, y vigilaré otra vez el peinado antes de otorgarme el visto buen final, y bajaré al estudio de Hugo y rozaré apenas su mejilla y él me dirá: Me alegro de que estés más animada. Y le preguntaré si puedo llevar el coche, y él dirá que sí, y la muchacha sonreirá de lejos y correrá a abrirme el garage, y yo daré vuelta la llave y escucharé el ronquido familiar del motor, y pondré primera, apretaré suavemente el acelerador, y saldré a la luz, que será una luz extraña y metálica, con las verjas estriadas como en un aguafuerte, y los árboles quietos, con sus copas en triángulos secos. Y tomaré por la Rambla y bajaré el vidrio, y el aire me golpeará la cara, y por debajo del maquillaje sentiré que tengo arrugas y terribles ojeras y hasta varios proyectos de muecas, pero estaré tranquila y a pesar de todo sonreiré, aunque se trate de una sonrisa opaca, sin convicción, porque naturalmente hay que vivir y hay que guardar bajo siete llaves el furor por legítimo que sea, y junto con el furor hay que guardar el espanto. Y sin embargo no podré evitar el recuerdo de otro viaje por la Rambla. Guardar el espanto. Porque soy una hembra destruida. Lo soy aquí en la cama, con la cara llorosa escondida en la almohada, y lo seré ese día, con la piel maquillada y sin poros. Guardar el espanto, pero con urgencia. Porque soy una hembra destruida y solitaria. Y la nostalgia llegará a mi cabeza como le llega ahora, desde abajo. El aire golpeará en mi cara y mis arrugas existirán, no hay duda. No sólo las que tengo desde ya, sino las que sólo están diseñando sus pliegues. Y acaso todo vaya más o menos bien hasta que me acerque a La Goleta. Porque allí me llevó. Me llevaste. Tontísimo. Allí dijiste: Es una barbaridad, claro, pero te quiero. Guardar el espanto. O tal vez sea imposible. Porque al llegar a La Goleta es casi seguro que no podré soportarlo y estallaré, o me echaré a llorar tan convulsivamente como ahora, o perderé el sentido y mi cabeza caerá sobre el volante, y la bocina empezará a sonar, y acaso suene un rato largo, como una pobre alarma en el desierto.
Si, si.
Cuantas veces habré leído el libro.
Alguien vió la peli que hicieron del libro? Yo no, es que es libro es tan bueno............

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