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Creado el 30.06.06 a las 15:34
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| A ver che, quien puede ayudarme... En la escuela me pidieron que encuentre un cuenting de Poe que se relacione con el tema de "La mezcladora de cemento" de Ray Bradbury. If you can help me me van a salvar de marzo XD | ||
| Conozco unos varios cuentos de Poe...pero ni idea de la mezcladora esa...:p si pusieras mas o menos de que se trata capaz es más facil.... HaCé Lo Que Digo...pero no lo que hago!!! ...¿Y si las moscas son ángeles?... | ||
| mira que casualidad, ayer entregue un tp de la mezcladora de cemento entre otros cuentos de "el hombre ilustrado" te dejo la parte que hice.. y ahora veo si encuentro algo de poe relacionado con el tema Ilustración: “La mezcladora de cemento” La Tierra es finalmente invadida por los marcianos. El problema llegará cuando los invasores se vean tentados por los intereses y placeres humanos. Es el tiempo de la invasión. Marte conquistará la Tierra presuntuosa. Entre los marcianos, el fervor bélico es casi absoluto. Casi. Porque Etil Vrye es la excepción. Es lector asiduo de la literatura terrestre. Leyó cuantiosos volúmenes fantásticos. Sabe que los terrestres han imaginado muchas invasiones marcianas. Pero todas fracasan. Etil cree que la literatura prefigura la realidad. Desde esta predeterminación textual, la invasión está destinada al fracaso. Además, la guerra es el cercenamiento absurdo de los cuerpos saludables. Bajo la amenaza de una muerte ignominiosa frente a su hijo, Etil acepta lo fatal: ser uno más en el estúpido ataque. Llega a la Tierra donde no lo esperan cañones rugientes, activos fuegos de metralla o misiles. Los terrestres reciben a los invasores con aplausos, hurras y fanfarrias. Los marcianos son agasajados con frutillas, perfumes, jabones, cervezas, copos de maíz o pescado. Etil es la conciencia lúcida que advierte el inicio de la estrategia contraofensiva terrestre: conquistar a los invasores no por las armas sino por una oferta de comodidades y halagos. Lentamente, los marcianos se tornan "desmemoriados y perezosos". La ilusión de placeres y aventuras en los cines, fiestas continuas, el frenesí por los automóviles, inoculan en los antes fieros guerreros una desorientada fragilidad de sonámbulos. En su carta a Tylla, su esposa marciana, Etil desnuda con claridad la meticulosa sangría de la libertad: " Y hemos sido arrojados en esta civilización como un puñado de semillas, en una mezcladora de cemento. Ninguno de nosotros podrá sobrevivir. Nos matarán a todos pero no con balas, sino con un amable apretón de manos. Nos destruirán a todos, pero no con cohetes, sino con un automóvil..." (38). En la civilización del estrangulamiento silencioso, la pesadez y rudeza de cemento es metáfora del páramo donde no es posible ya germinar. Florecer. Ser. La semilla del posible resplandor individual muere en el disimulado yermo de la vida moderna y sofisticada. Etil es tentado por la industria cinematográfica, por la feria hollywoodense de ilusiones, para oficiar como consejero técnico de un prometedor film que mostrará la invasión marciana a la tierra. Hasta el final, Etil mantiene su alteridad crítica, su independencia radical. Con estremecedora claridad, entrevé el futuro: llegarán a Marte las conocidas tecnologías terrestres. Brillantes luces de neón, casinos de juegos, "picnic en cementerios", mareas frenéticas de turistas. Etil entrevé que "la guerra es mala, pero la paz puede ser algo horrible". 2) Etil mantiene una posición pasiva frente a la “no-guerra” de los humanos. Su intención es quedarse allí para leer. Es cuando se entera de que ya habían intentado invadir Tierra en otras ocasiones y que todos los casos habían sido un fracaso, de este modo reconfirma su teoría de que no era buena la misión y que iban a perder, no muriendo sino cediendo al sistema capitalista de consumo innecesario. 3) La “asociación de productores americanos” es una clara ironía característica de los relatos de Ray Bradbury, metafóricamente simboliza la jerarquía de este tipo de instituciones y el poder que pueden llegar a tener. Aunque consiente por la sociedad, es aceptada y vista como normal. Y en el cuento una mujer dice a Ettil, que no quiere ir al cine ni comprar automóviles; "Oiga, ¿sabe como quién habla usted? Como un comunista. Nadie aguanta aquí esa clase de charla, se lo aviso. Nuestro viejo sistemita no tiene nada de malo" Cuando habla de “sistemita” se refiere al del capitalismo, que destruye la individualidad y crea una uniformidad mental que hace de los hombres participantes en un hormiguero, donde nadie piensa sino en lo señalado por la propaganda. Por esto es que, justamente, el relato se llama “La mezcladora de cemento” refiriéndose a la mezcladora como un objeto homogenizador... Que convierte a un conjunto de individuos, costumbres y cosas en algo completamente uniforme. 4) La sociología de la manipulación que mana de "La mezcladora de cemento" es una demostración de que la esclavitud es voluntaria. Nadie es dominado si previamente no lo consiente. La elección por la pérdida de la libertad es consecuencia de las costumbres y la educación. El poder infunde la amnesia de la libertad, para socavar la energía guerrera y la comprensión de la propia realidad. Una antigua práctica de consolidación del poder sin armas es isomorfa con los modernos brebajes anestesiantes de las culturas de masas, donde el inmediato placer de la industria del entretenimiento succiona la pasión por el paso libre. 5) Una de las críticas más estremecedoras y directas que Bradbury hace a la destructividad y formas de vida del hombre, se plasme en un cuento en el que un invasor de la Tierra le envía una carta a su esposa, luego del cálido recibimiento terráqueo, en la cual le comunica sus descubrimientos y temores: "Querida Tylla: Pensar que en mi ingenuidad creí que los terrestres contraatacarían con fusiles y bombas. No, no. Cometí un triste error. Mick o Rick o Jick, esos apuestos jóvenes que salvan el mundo, no existen. No. Hay rubios robots de rosados cuerpos de goma, reales, pero de algún modo irreales; vivos, pero de algún modo automáticos, que viven en cuevas. Tienen una mirada fija, inmóvil, por haberse pasado innumerables horas mirando películas. Sólo tienen músculos en las mandíbulas: mastican incesantemente unos trozos de goma. Y no sólo eso, querida Tylla, toda la civilización terrestre es algo semejante. Y hemos sido arrojados en esta civilización como un puñado de semillas en una mezcladora de cemento. Ninguno de nosotros podrá sobrevivir. Nos matarán a todos, pero no con una bala, sino con un amable apretón de manos. Nos destruirán a todos, pero no con un cohete, sino con un automóvil espero sirva de algo | ||
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