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Creado el 26.10.07 a las 20:31
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| El hombre que pensaba con los pieces Permítame presentarme, me llamo Humbreto R. F. Hamsklothbaver -pero puede llamarme “Lalo”- y usted me recordará pues un par de años atrás me había desempeñado como periodista en la sección policial de Crónica. Una reducción de personal me dejó sin empleo y debido a la situación económica y a mi inherente incapacidad para las relaciones públicas fue imposible encontrar otra ubicación que no fuera la de peón de taxi. Paulatinemente fue avanzando la decadencia: las dedudas me llevaron la casa, de antemano hipotecada, y mi pareja se fue con uno de los que consideraba mis amigos tras la ilusa posibilidad de bienestar económico. Solo, deprimido y sin dinero, comenzó mi derroteo por las pensiones de mala muerte hasta que un pasajero me habló de una casa en Parque Patricios donde había una pieza disponible. Me atendió una respetable señora, según me contó viuda desde hacía un par de décadas, que lo único que había hecho en su vida fue cuidar de su hijo. Cuando la jubiliación ya no alcanzó para mantener la antigua casa en que vivían deicideron poner en alquiler el cuartito del fondo; pero los pensionistas huían despavoridos ante la manía del “nene”, capaz de alterar los nervios de una tortuga. Debido a este motivo el precio de la habitación era muy conveniente, por eso la tomé. Aquella Mañana me desperté sobresaltado, otra vez ese ruido insoportable. Traté de acomodarme, pero fue inútil, cada vez que Eusebio Puricelli se ponía a hacer jueguito con la pelota era imposible conciliar el sueño; me levanté y puse la pava en un viejo calentador eléctrico, mientras tomaba los mates miraba al fenómeno. Definitivamente debe ser una de las mentes más brillantes del país, tapada por la ignorancia y la indiferecia de estos tiempos miserables. Su hallazgo significó una sorpresa mayúscula. Hijo único de un empleado metalúrgico, ya desde chico desarrolló una gran habilidad para jugar al fútbol. Sé, de buena fuente, que jugó un par de partidos en aquél glorioso equipo de Huracán que conquistó con toda la gloria el campeonato de 1973. Según dicen era un wing izquierdo bastante habilidoso y tenía pasta de crack, si lo hubiran dejado no se si el Diego luciría tan tranquilo su corona. Una vez le pregunté por qué dejó el deporte y me respondió que no pudo arreglar con la institución un contrato decente, entonces tuvo que dejar Huracán y así quedó: a la espera de un pase durante más de un cuarto de siglo. Puricelli es un tipo bastente desprolijo y nada elegante que anda todo el día en shorts, mostrando las gambas peludas y gasta unos botines Fulvence del tiempo de la inundación con unas medias tres cuartos que le regaló el club cuando estaba en la cuarta división. Completa el atuendo con una clásica camiseta de frisa comida por varias generaciones de polillas. Eusebio puede pasar semanas enteras sin bañarse y jamás se lava los dientes, se niega a usar algún tipo de desodorante o perfume. Hubo un acontecimiento que me dio la pauta de la sagacidad de este hombre tan particular. Hacía dos semanas que habitaba en la casa y nunca había hablado con Eusebio; esa mañana, mientras tomaba los amargos, se metió en la pieza y me encaró: -¿Usté es rati? -No, no lo soy –le respondí. -Le veo cara de rati, -insitió. -Te digo que no soy policia, aunque conozco bastante del tema. Soy... fui periodista. Sección policial. Crónica. -¡Ah!... – exclamó perplejo, -sabe en mi época yo conocí a muchos periodistas... deportivos, sabe... conocí al viejo Juvenal... ¿Usted lo conoció a Juvenal? -Personalmente, nunca jamás. -No se perdió de nada. Sabe, si no me hubiera dedicado al fóbal me hubiera gustado ser cana, para no hacer nada vio... me gusta no hacer nada, no hacer nada y el fóbal. Entonces se me prendió la lamparita, ese hombre bien podría ser el sucesor vernáculo de del detective Holmes y yo sería su doctor Watson. Decidí observarlo y en una semana tenía preparada una lista de sus conocimientos; literatura: nada; filosofía y lógica: nada; derecho y legislación: nada; actualidad: nada; matemática: nada; medicina: nada; fútbol: cualquier cantidad. Pasé la lista en la computadora de un locutorio, metí el papel en un sobre y se lo envié a mi amigo el comisario Massari, un tipo que conocía desde la infancia y que hizo toda una carrera en la federal. A la semana nos citaron del departamento central de policía, empezábamos a trabajar. El preimer trabajo que nos asignaron fue aquél famoso del robo de un cheque, asunto que nos hizo salir en la tapa de los diarios y nos permitió ganar una notoriedad notable, si hasta el gordo Lanata nos recibió en su programa y recibimos felicitaciones del propio Verbitsky; luego siguió un impresionante raid televisivo que culminó en un talk show con Guido Suller, Jacobo Winograd, el señor Larva y Polino. Este asunto nos hizo perder un poco de seriedad y, aunque comimos como duques por tres o cuatro meses, tuvimos que llamarnos a silencio forzado. El caso que nos convoca adquirió relvancia en el verano de 199... . Massari nos llamó a nosotros porque realmente creyó que el caso no tenía solución, Puricelli, enardecido por la fama ganada con el anterior caso, aceptó y de esta manera nos metimos en el quilombo. Nos bajamos del colectivo en Entre Rios y Belgrano y caminamos hasta el Departamento de Policía, nos anunciamos en la entrada y le dijimos que teníamos una cita con Massari. Los canas nos miraban con sospecha por la pinta de Eusebio. De pronto, apareció una mujer y nos condujo hasta la oficina del comisario; un lugar espacioso con una ventana que daba a la avenida con una vista preciosa, Massari nos invitó a tomar asiento, Puricelli prefirió quedarse parado. Sobre la pared del fondo, al lado de la puerta, tenía un póster autografiado del equipo de Boca campeón en 1987. Eusebio se quedó mirandolo, duro como un pollo al espiedo. -Boca 1987, el equipo más sucio de la historia, creo que aún más que el Estudiantes del 69-70. Cabañas, Giunta, Marchesini, Hrabina...¡Qué yobacas! -Estamos jodidos, Lalo –senteció el comisario ignorando el comentario de Eusebio. -¿A qué te referís viejo? –pregunté intuyendo la respuesta. - A este caso de Néstor Calvo, el comentarisa depotivo, tan promocionado por la TV... -El ex jugador –intervino eusebio,- yo lo conocí a Calvito, inclusive compartimos alguna concentración, sabe, no era un buen tipo. Trepador, vió, capaz de aplastar un compañero para destacarse él, de esta manera gano relevancia. Si no me equivoco se retiró en 1984, en el Deportivo Italiano y se dedicó al periodismo, primero en Radio Belgrano, después en Rivadavia, ahora estaba en el cable, pero yo no lo veo porque no tengo recursos... –no lo dejé terminar. -Me enteré que lo asesinaron en San Bernardo, un asunto por demás complicado, mi viejo. -Exactamente –sentenció el comisario.- El tema es que se metió la bonaerense, borró pruebas, hizo un desastre y ahora no se puede hacer nada, de nuestra parte al menos. Y además se le dá al tema un cáriz mediatico que embarra la cancha y despista a los investigadores, para que no se sepa la verdad. El trabajo de ustedes será viajar a la Costa, con todos los gastos pagos por parte de la institución, indagar el asunto y elaborar sus conclusiones. Acá están los pasajes y los viáticos del hotel, Buena Suerte. Antes de volver a la casa, Eusbio adquirió en un kiosco un ejemplar de Gente para ponerse a tiro con las modas del verano. Tomamos el Rio de la Plata en Retiro, viajamos de noche, para que Eusebio no se enloqueciera por no poder patear. Llegamos a San Bernardo por la madrugada y nos hospedamos en el hotel del sindicato de Luz y Fuerza. El primer día lo pasamos en la Playa, el segundo nos pusimos a investigar. Supimos que el tipo era un asiduo concurrente al balneario Piluso y que pasaba horas jugando al Tejo, que se hospedaba en un chalet alquilado en la calle San Juan y Esquiú y que fumaba cigarrillos 43: todas boludeces, según Eusebio. A los cuatro día pudimos arrimar el bochín, mientras Puricelli disfrutaba de un picado playero, yo pude acceder a algunas informaciones vitales para resolver el caso. Los hechos sucedieron de la siguiente manera: Nestor Calvo llegó a la Costa a fines de diciembre, para pasar las fiestas junto a su familia. A mediados de enero, un encuentro casual derivó en una invitación a comer un asado en el chalet de un famoso productor de programas telelvisivos. Las casualidades no existen y, a partir de ese momento, las horas de Calvo estaban contadas. A las 18 horas del 17 de enero, Nestor jugó un partido de tejo en el balneario Piluso con sus vecinos de carpa. A las 19, se levantó fresco y decidió irse. Llegó a su casa a las 19,30 y se puso a escuchar el progarama de Mariano Closs, mientras tomaba unos matienzos con bizcochos de grasa. A las 20,15 se bañó y la vecina de enfrente lo vió pasearse en calzoncillos por la pieza, se sirvió un cognac y fumó un puro tirado en el sofá del living, se sabe por pericias que ojeó un ejemplar de la revista “Caras”. Finalmente, a las 21,05 se vistió y a las 21,20 salió en su coche rumbo al chalet del empresario. Llegó a las 21,30 y compartió una picada con los demás asistentes. El asado estuvo listo a las 22 y comió opiparamente. A los postres, hablaron de negocios y se fumaron cigarrillos importados. Nestor Calvo se retiró del lugar a la 1 de la madrugada, poco después que empezara a sonar la música y poco antes que llegara el servicio de escorts, cunado Calvo salió llegaban las primeras chicas. Lo que pasó después de ese asado es fundamental para comprender por qué lo mataron a Néstor Calvo. Nestor se subió al 205 verde que manejaba a la 1,10 condujo dos cuadras por una oscura calle periférica, cunado, de pronto, de atrás de los pinos salieron una decena de hombres que lo obligaron a detener el coche; dos tipos se subieron al Peugeot y le apuntaron con un arma, lo obligaron a poner en marcha el coche e hicieron un recorrido muy particular: se pasearon por la avenida Chiozza gritándole cosas a las chicas, desde atrás los otros los seguían en un Renault 12 beige. Luego se internaron el la oscuridad de alguana calle periférica, serían las 2, el coche se detuvo en un baldío cercano a La Lucila y allí maniataron a Néstor Calvo para luego matarlo a sangre fría. Eusebio escuchó el relato en el entretiempo del picado y pidió que lo dejara jugar el segundo tiempo para poder pensar, de hecho en ese tiempo Puriccelli jugó como los dioses, marcó cuatro goles y se cansó de gambetear rivales. Terminado el partido, compramos una gaseosa en un almacén de la costanera y allí Eusebio me dio su particular versión del suceso. -A Calvito lo mataron por llamarse Calvito, no se si me interpretás. -Para nada –le dije mientras le daba un beso a la Pepsi. -Escuchame una cosa, ¿sabés quien se hospeda a tres cuadras de allí, en un chalet de su propiedad en La Lucila? -Ni idea. -El diputado Gandolfo. -¿Y vos como sabés? -Lo leí en la revista Gente mietras esperabamos el colectivo en Retiro. ¿Sabés como le dicen los amigos y los partidarios a Gandolfo? -Pelado. El pelado. -Y bueno, ahí tenés la resolució del caso. Es un mensaje mafioso realizado por los adversarios del pelado Gandolfo y eligieron a Néstor, por el hecho de llamarse Calvo, no se si me explico. Todo lo demás que se diga: de la mafia de las entradas, de los barrabravas, de la interna televisiva y hasta de algún empresario inescrupuloso es todo verso. La posta la tiene Eusebio. De manera inmediata redacté un informe para Massari en una vieja máquina de escribir portátil y se lo mandé por fax. Decía: San Bernardo, 23 de enero de 199X Comisario Inspector Massari De mi mayor consideración En nuestra condición de investigadores independientes y considerando la labor encargada por la fuerza policial consideramos: 1.-Que el principal motivo de la murte de Néstor Calvo fue precisamente llamarse Néstor Calvo. 2.-Debe buscarse a los asesinos entre los opositores al diputado Gandolfo. 3.-Deben considerarse autores intelectuales de los hechos a los susodichos opositores de Gandolfo. Sin más se despiden de usted muy atentamente. Humberto RF Hamsklotbaver Eusebio Puricelli Sin esperar respuesta, a la mañana siguiente salimos para Buenos Aires. Puricelli hizo parar el micro en repetidas oportunidades tan solo para hacer jueguitos con la pelota pulpo al costado de la ruta. En la plataforma de Retiro nos esperaban tres policías que nos invitaron a viajar en patrullero. Aceptamos para ahorrarnos la guita del remís. A las pocas cuadras advertimos que no íbamos para casa si no para el Departamento Central de Policía. Massari nos esperaba desencajado. Tratamos de disimilar y le preguntamos que le pasaba. -¿A ustedes les parece manga de pelotudos?¿Qué es este informe, es joda? Y a vos Lalo, te digo que no trates de chamullarme porque nos conocemos desde hace mucho: todo el mundo loco por resolver el caso, yo los mando a ustedes dos y mirá lo que sale. Quiero una respuesta seria, no esta fantochada. Yo los mandé a San Bernardo a laburar, no de vacaciones. -Perdoname viejo –retruqué,- pero ese informe que recibiste no es ninguna joda. Es fruto de la inspiración de una de las mentes más brillantes del país y si me apurás un poco te digo del mundo. Acordate lo que hicmos con el caso de aquél cheque donde todos pensaban una cosa y finalmente apareció oculto en una obra de Federico Klemm. Un poco de respeto por nuestra amistad y por este pobre infeliz: Eusebio Puricelli. -Mirá, Lalo, tomatelás antes que haga un desastre y este informe que presentaste te lo podés meter bien en el... -No hace falta que lo diga –intervino Eusebio,- entendemos perfectamente las indirectas. Nos retiramos, pero sepa que se va a arrepentir. Una vez en casa, hablé con un conocido de mis épocas de diario y luego de tranquilizarlo diciendolé que no buscaba trabajo, le pedí que investigara la lista opositora al diputado Gandolfo en las internas partidarias. Tuve que esperar cerca de un mes para que empezaran a aparecer una serie de notas de investigación que develaba toda una trama mafiosa, de punteros bonaerenses metidos en lavado de dinero proveniente del narcotráfico, tráfico de armas y terrorismo en la lista opositora a Gandolfo y en la de Gandolfo mismo. Fue por entonces cuando Telenoche investiga puso en el aire una cámara oculta a un diputado que aseguraba haberse ocupado personalmente del tema Calvo. Esta vez fue el propio Massari en Pesona quien se apareció por casa con el equino fatigado. La vieja de Eusebio lo convidó con unos amargos y bizcochitos y mientras Eusebio practicaba su ya consetudinario frontón el comisario habló: -Les debo una disculpa, pero ustedes se adelnataron tres meses al periodismo y yo no les creí, parece mentira si una cosa no sale por TV no existe. -Ya ves, así son las cosas. Te acepto las disculpas y aprendé que nunca debés desconfiar de las palabrase de Eusebio. -Es que no era lógico el procediemiento de la deducción. -¡Y que esperaba jefe! –gritó Puricelli desde el fondo,- En la Argentina y en el fútbol la lógica no existe. Hernan Torrado, Buenos Aires 2002 para ver este cuento y otras cosas revisar este link Solo los usuarios registrados pueden ver los links. ¡Registrate ahora, es gratis! | ||
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