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Creado el 08.10.09 a las 16:39
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| Puse este cuento a concursar pero también me gustaría someterlo a la opinión de los aficionados a la literatura. Es mi primer texto (asique tengan piedad por favor). He aquí mi pequeño aporte: FINITUD Cuando Martín abrió la puerta, el olor a pescado invadió sus fosas nasales. “Otra vez pescado, ¿Por qué cocina pescado si sabe que no me gusta?”, pensó para sí. Ingresando a la cocina, divisó a Valeria, que preparaba los condimentos para el filete de merluza que estaba ya casi listo. Al advertir su presencia, no por haberlo visto u oído, sino simplemente por esa sensación que experimentamos cuando una nueva presencia se suma a la nuestra en un mismo ambiente, Valeria lo miró y, sin mediar saludo alguno, preguntó: -¿Fuiste a correr hoy? -No amor, no pude. Estoy con mucho trabajo. -Ay amor, sabés que tenés que ejercitar un poco. No sólo para bajar esa pancita que tenés sino también porque te hace bien a la salud. Ya lo hablamos y me prometiste que lo ibas a hacer. Sin contestar, Martín se fue a sacar la ropa. Se puso lo más cómodo que encontró: un short, y esa vieja remera ya desteñida que le había regalado su mejor amigo antes de irse a vivir al exterior. Se refrescó la cara, prendió un cigarrillo y cuando llegó al living la mesa ya estaba servida. -¿Otra vez fumando? -Tuve un día terrible Valeria… Dejá que me relaje un poco. -Fumar no es relajarte, fumar es matarte poco a poco. Reteniendo instintos casi asesinos, Martín apagó el cigarrillo y se sentó. Dio los primeros bocados de mala gana, sin emitir palabra alguna. Valeria lo observaba, casi sin prestar atención a su propio plato. Martín advirtió esta mirada casi inquisidora y espetó: -¿Qué pasa? ¿Qué mirás? -Nada. ¿No te gusta la comida que comés así? -Sabés que el pescado no me gusta y sólo lo como por obligación. -Y vos sabés que el pescado te hace bien. Luego de otro silencio, Valeria dijo en voz baja: “La que tendría que estar ofendida soy yo, por bancarme que uses esa remera roñosa”. Ante esta última frase, Martín sintió cómo un calor subía de lo más hondo de sus entrañas. Sus instintos, sus ganas de liberarse, de rebelarse, fueron creciendo y, rápidamente, vencieron las barreras de la prudencia y el raciocinio. -¡Basta! ¡Me tenés harto!. Laburo 10 horas por día como un negro para bancarnos, para pagar la maldita hipoteca y cuando vuelvo lo único que encuentro son reclamos, planteos… ¡Basta! Valeria no pudo más que callar. Nunca había recibido una respuesta así de Martín. Nunca en estos 3 años de casados, ni tampoco durante el largo noviazgo que los unió. No hizo más que mirar atónita como Martín se calzaba las zapatillas, agarraba las llaves de la casa y se iba pegando un portazo. Frente a ella quedaron los 2 platos, ambos a medio terminar, y la servilleta de Martín tirada en el piso. Pasaron unos segundos de atónita observación, hasta que por fin un par de lágrimas decoraron su bello rostro. Ya en la calle, mientras fumaba un cigarrillo, Martín reflexionaba. En un primer momento, sólo se sucedían en su cabeza pensamientos y sensaciones de descontrol, de rebeldía, causados por los agobiantes reclamos de su mujer. Sin embargo, con el correr de las cuadras y de los cigarrillos, su ira y su cólera iba mermando, dando lugar a la razón. “En realidad, casi todos los planteos que me hace Vale son por mi bien”, pensó sorprendido, incrédulo ante el hecho de haber adoptado para sí el argumento que Valeria proponía ante la resistencia de Martín a adoptar sus recomendaciones. Reflexionó aún más y advirtió que realmente era amor lo que sentía por ella. Recordó los buenos momentos, los inicios, el sexo, y esa adorable rutina que es el noviazgo. Recordó la fiesta del casamiento y las ilusiones, los planes, los proyectos. Y se arrepintió. Se arrepintió de su desplante, se arrepintió de su reacción. Cayó en cuenta de que nunca Valeria había utilizado formas amenazantes o injuriantes en sus planteos. Nunca. Y, avergonzado, advirtió que lo que verdaderamente le molestaba era que ella tuviera el suficiente valor como para marcarle sus errores, en un golpe directo a su orgullo. Tiró su último cigarrillo en el húmedo asfalto y comenzó el camino de vuelta. Volvería, pediría perdón y trataría de arreglar las cosas. Le diría que la amaba, cosa que era real. Y le propondría lo que tanto ella quería: tener un hijo. Estaba ya a una cuadra. Caminaba absorto, pensativo, pero con una sonrisa en la cara: este incidente lo ayudó a confirmar sus sentimientos hacia Valeria. Cualquiera que lo hubiera visto caminar pensaría que se trataba de un demente, pues caminaba con la mirada por momentos perdida en el horizonte, y por momentos fija en el suelo. Así fue como llegó caminando a la última esquina que le faltaba. Tan absorto en sus pensamientos iba Martín que no advirtió que un auto se acercaba a una velocidad considerable por la calle que estaba a punto de cruzar. Cuando puso su primer pie en el asfalto, el conductor del auto advirtió lo que iba a suceder. Sin embargo, ya era demasiado tarde. “Qué frío que hace, y yo en shorts y remera…” fue lo último que pensó Martín antes de morir. | ||
| El texto está bastante bien, aunque un tanto trillado. Por momentos usás bien las iteraciones (como el primer párrafo y el recurrente pescado). Pero tenés que tratar de relajarte un toque a la hora de escribir. Se complica un tanto la lectura con tanta frase grandilocuente. Fijate en este párrafo cómo hay varios factores que la complican: Reteniendo instintos casi asesinos, Martín apagó el cigarrillo y se sentó. Dio los primeros bocados de mala gana, sin emitir palabra alguna. Valeria lo observaba, casi sin prestar atención a su propio plato. Martín advirtió esta mirada casi inquisidora y espetó: Primero que nada, no es recomendable empezar una oración con un gerundio, pero podría zafar. Por cierto, yo la hubiera puesto a la inversa "Martín apagó el cigarrillo mientras retenía instintos casi asesinos, y se sentó". Algo así. Después, dos oraciones seguidas usan el "sin...". Y otras dos seguidas usan el "casi". Este tipo de iteraciones son molestas a la hora de leer. Y el verbo espetar es casi al pedo. Podrías haber sencillamente dicho "preguntó" y agregarle el adjetivo que más te guste. De todos modos, te repito, está bastante bien. Tenés un buen manejo de los tiempos narrativos, las pausas y la acción. No es poca cosa, eh. .yenseguidaloinvadelamaravillayestásegurodequesuhij oeselpararrayosdelahermosurayqueporsusvenascorrela químicacompletaconaquíyalláistasllenasdebellasarte sypoesíayurbanismosupadreloinscribeenprimeroinferi oryelniñoestácontentoentreotrospequeñoscronopiosfa masyesperanzassabequealasalidaloestaráesperandosup adrelolevantarálasmanosydirádiversascosasasaberBue nassalenascronopiocronopioelpequeñocronopioodiaasu padretambienellosodiabanasuspadresyhastapareceríaq ueeseodioesotronombredelalibertadodelvastomundo. | ||
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