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Tema Fantasma...

Bueno gente.. no opino mucho aca.. solo habia dejado un cuento antes.. ahora dejo el segundo que lo hice junto a una amiga.. mili espero les guste! son bien recibidas las criticas buenas y las malas.. ya que soy nuevo con esto de escribir jeje ¿Dónde está el túnel oscuro ...

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Viejo 19 de enero de 2007, 00:54
Melomano
 
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Predeterminado Fantasma...
Bueno gente.. no opino mucho aca.. solo habia dejado un cuento antes.. ahora dejo el segundo que lo hice junto a una amiga.. mili espero les guste! son bien recibidas las criticas buenas y las malas.. ya que soy nuevo con esto de escribir jeje



¿Dónde está el túnel oscuro con el destello de luz al final? Ni siquiera demonios o figuras extrañas que me arrastren hacia las tinieblas. Esto no es un sueño, no podría serlo.
La gran pregunta de la humanidad: qué pasa al final de la vida. Esta es la respuesta? Todo sigue siendo igual; nada cambió, sólo algunos detalles. No recuerdo nada… tal vez ahora la gran pregunta sería, ¿estuve vivo alguna vez o todo fue una triste ilusión? O peor aun, ¿estoy vivo ahora, o sigue siendo parte de la misma ilusión?

Sé que estoy acostado -pensé- aunque no pueda sentir el piso debajo mío. Pero puedo ver el cielo desde una perspectiva que sólo puede verse estando tirado sobre el suelo. Y puedo verlo nítidamente a pesar de tener ambos ojos cerrados.
Sería mejor pararme y abrirlos... Lo hice.
Al estar parado en una calle de adoquines, en una aparente mañana de otoño - aparente porque no consigo distinguir si el clima es frío o cálido - la calle no tiene veredas; a mis lados sólo hay casas antiguas. En la esquina se ve a un chico jugando con una pelota, concentrado, haciéndola rebotar contra un muro y esperando a que vuelva, sin demostrar mucho entusiasmo.
Mientras camino hacia él intento recordar algo, cualquier cosa insignificante que pueda hacerme entender cómo llegué a este lugar.
Me paro al lado del chico mirándolo, pero me ignora. Sigue pateando tratando de que la pelota pegue siempre en el mismo lugar de la pared, así vuelve directamente a él, y parece lograrlo ya que nunca da más de un paso en diagonal para volver a rematarla.
Desde una casa veo salir a una señora algo robusta de pelo corto y extremadamente maquillada, con un vestido celeste y una cartera. Le dice hace señas al chico llamándolo y éste se desconcentra un segundo y patea la pelota un poco mas fuerte, haciendo que rebote en un punto mas alto del muro, vuelva a rebotar en la calle, y atravesándome golpea contra la pared de enfrente.

Me quede estático sin poder creerlo, ¿esa pelota me atravesó o paso muy cerca y no lo note? No sentí que me haya rozado ni mucho menos que me haya tocado.
Cuando me recuperé. El niño, la pelota y la señora ya no estaban.
-¿Qué está pasando? – exclamé- aunque no oí mis palabras más que en mi mente, me quede un segundo mudo y luego empecé a gritar pero sin hacer ni un sonido: como si fuera una película muda.
Grité más y más fuerte hasta notar que era en vano, sin pensarlo corrí hacia el muro mirando fijamente la marca que había dejado la pelota que paso a través de mí.
Me golpeé fuertemente contra el muro y caí sentado en el piso, tomándome instintivamente el rostro a pesar de no haber sentido ningún dolor con el golpe.
Rápidamente me levanto y miro para todos lados, muy avergonzado tratando de que nadie haya visto la estupidez que acabo de hacer, pero a la vez muy asustando de no entender lo que sucede.
Cierro los ojos y me toco los párpados para ver si realmente están cerrados, ya que puedo seguir viendo. Me tapo con ambas manos el rostro y trato de recordar lo último que había hecho antes de aparecer en esa calle.
Siento un fuerte golpe, veo en mi mente una vereda y rápidamente comienzo a elevarme, más y mas alto a una gran velocidad. Saco mis manos del rostro y estoy sobre un edificio, parado en el borde del mismo. Miro hacia abajo y puedo ver la calle; doy un salto hacia atrás y me siento en el piso respirando agitadamente. Después de unos minutos de estar sentado, me calmo y sin saber qué fue lo que pasó, tomo el ascensor para bajar del edificio. Al abrirse las puertas me encuentro con Fernando.

-Fernando! Me acaba de pasar algo terrible! - clamo
Pero sin notar mi presencia, sube al ascensor, y pulsa el botón del 4to piso.
-Fernando!! - grito.
En mi exaltación no había notado que todavía seguía sin poder emitir sonidos. Empiezo a darme cuenta que, en conclusión, tampoco puedo ser visto.
“No puedo estar muerto”, pensé. Sentándome en una esquina del pequeño ascensor, sigo sin poder creer los que la razón me exclama. -Meditalo bien -, me digo a mí mismo, mientras Fernando se baja del ascensor y las puertas se cierran dejándome solo.
-Nadie puede escucharme, ni verme. Pero yo sé que existo porque estoy físicamente sentado en un ascensor, y pude abrir la puerta y tocar los botones para descender a planta baja: eso quiere decir que no soy un fantasma - aunque mi conocimiento sobre la muerte y lo fantasmal se relaciona a lo que vi en películas de terror. Así que no podía estar seguro de nada.

Me vuelvo a incorporar y vuelvo a presionar el botón de la plata baja. El ascensor comienza a descender y pienso que en toda la gente que se esfuerza en vano sin saber que van a terminar como yo, pero de pronto empiezo a darme cuenta de mis ventajas. Las cosas que puedo hacer sin que nadie me escuche ni me vea, los lugares a donde puedo entrar. Tal vez no es lo que me esperaba, pero debido a las circunstancias en que me encuentro, no tengo más remedio que utilizar mi situación para lo que más provechoso me resulte; o al menos hacer de la eternidad algo más aceptable.
Vagando sin rumbo por calles atestadas de personas (esos entes que se mantienen ocupadas en cumplir sus horarios, en ganarse sus sueldos, pagar sus deudas y conseguir energías para volver a empezar), observando, analizando; o simplemente parado en medio de una autopista viendo los autos pasar por horas y horas. Monótonamente intento adueñarme de mi eternidad. Sin importar a donde vaya, sin importar lo que haga, estaré atrapado en esta dimensión, especie de mundo paralelo, reduciéndome a un mero espectador. Quién hubiera pensado que parte del plan divino era, después de creernos toda la vida lo de aquél ‘mundo mejor’ del otro lado de un túnel iluminado en su final, una especie de treta, donde en vez de reencontrarnos con seres queridos ya fallecidos (y esperar a quienes tarde o temprano se unan a nosotros), sólo nos quedaba sentarnos y ver otras vidas pasar.

Mientras pienso en estas cínicas críticas a la vida, el mundo, la eternidad y la maldición de la muerte; sintiéndome estafado por el universo y la religión, empiezo a notar una luz intensa que recubre todo lo que me rodea. Lentamente el paisaje se desvanece frente a mi mirada curiosa, temerosa y expectante, y empiezo a divisar algo completamente diferente. Qué es, no puedo describir. Seguramente se despliega ante mis ojos lo más maravilloso que cualquier mortal pueda ver jamás. Las palabras no alcanzan para pintar el paisaje frente a mí; ninguna obra de arte en la tierra jamás será siquiera parecida a la belleza celestial que fervientemente admiro.
Finalmente comprendo: todo lo que me sucedió, estar atrapado entre la vida y la muerte, viéndola como una obra de teatro en donde un muerto ya no puede actuar, no fue más que una prueba. Comprendo que, como siempre fui un hombre poco reflexivo, este momento fue una especie de purgatorio donde pude llevar mi alma y mente a un lugar más allá de lo que pude ser en vida. Una vez que logré cuestionar, razonar, y por sobre todas las cosas, necesitar saber qué sucedería después; en el momento en que no acepté mi realidad y busqué más allá de lo evidente, entonces sucedió: pude pasar a aquel tan esperado y comentado otro lugar. Es allí donde me encuentro, donde la eternidad se torna una delicia, el lugar a donde todos desean ir. No caben palabras para que pueda explicar dónde me encuentro, tómese como el perfecto pretexto por lo que nadie nunca se lo pudo explicar o mostrar. Pero no hay que preocuparse, porque sin que uno lo espere llega. Solamente hay que saber disfrutar de la vida terrenal, para luego, cuando la eternidad nos alcance, tengamos la sabiduría para desafiarla... replantearse la realidad y luego así, de pronto nos encontramos en el lugar exacto que merecemos. Si quiere, llámele Paraíso; yo debo ahora llamarlo Hogar.
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