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  • 1 Mensaje de pumba y timon 3767

Viejo Yogui D. dijo: 06.09.13
Bajando del colectivo, un pequeño trecho que caminó sin prisas lo separaba del antro de la amiga con la que solía perder el tiempo por esos días. Una luz como de luciérnaga azotaba la vista de los transeúntes que se asomaban a la calle por esas horas. Al llegar al viejo edificio, tocó un timbre no tan viejo y esperó, mientras de su bolsillo sacaba unos cigarrillos. Atendieron la puerta un par de negros y sonrientes ojos que lo invitaron a entrar. Ella estaba por tomar una cerveza, le invitó un vaso caliente. Aceptó. La cerveza pronto se terminó y hubo que destapar una de sus hermanas, un poco más fría, y luego otra, y luego otra, y luego. Entre ellos, los espectros del humo de los cigarrillos densificaban la pequeña habitación en la que se encontraban. Alguien habló de comer una pizza, así también, un poco como de paso, salían a pasear, a desandar las calles. Al llegar a la pizzería después de unas pocas cuadras, y luego de pedir para llevársela, invitándola a ver en su corta existencia un poco más que aquel tugurio, se encontraron hablándose a través del espejo que cubría toda la pared del local: se debatían entre morisquetas y risas sobre si el dueño lo puso allí o si lo encontró ya puesto en la pared. Todo transcurría fluido, incluso la pizza, que llegó prácticamente enseguida. La cerveza roía sus entrañas mientras conversaban sin conversar. Volviendo al departamento, paraban cada cinco pasos para mirarse a los ojos, encendidos de quien sabe qué. Luego de entrar y de comer un poco, ya llenos sin probar casi bocado, con la tensión de la noche a cuestas, se pusieron a jugar juegos de manos como niños, y a ver si te sabés este y te acordás de este otro, hasta que por obscuras razones se aburrían y cada uno se dedicaba a lo suyo. Y así por largo rato y solo deteniendo la solemnidad inherente a sus actos por un buen trago. Eran como imanes, a veces el polo opuesto y se atraían, a veces el polo idéntico y se veían repelidos por fuerzas que escapaban su comprensión. Así estaban, hubo un periodo en la noche en el que se encontraron secreteándose a los ojos de nadie, hablando bajito, susurrándose al oído hasta que los sorprendió la ocurrencia. Física mediante, uno en cada rincón. El bebía su cerveza sobre la mesa mientras miraba la ventana, absorto. Murmuró algo acerca de irse. Ella se recostó contra la pared del extremo opuesto de la piecita. Y de repente el calor de la pared, se hizo tangible, palpable, allí donde su silueta se recortaba sonriente, expectante de lo que fuere a venir. Una súplica brotó de sus labios y se suspendió en el aire, vibrando entre las dos sombras que se retorcían imaginando un momento que para ser solo debía decantarse. El falso adiós y el abrazo en la pared, y el perfume violeta envolviéndolos y estrechándolos cada vez más, dejando visible el reluciente y blanco cuello del cisne-flor, abriéndose para él, estampado en el muro. Inevitable, entonces, la tentación. De la súplica al beso hubo un instante, y en ese instante pronto se halló perdido dentro del caos. En su cabeza no entraban pensamientos coherentes, más que el deseo compulsivo de que no termine nunca ese deseo mientras sus dos almas chocaban al compás de sus cuerpos. Del viaje desde el cuello interminable a los labios no hubo más tiempo, aunque hoy resuena en su frágil experiencia como una sucesión de momentos en realidad todo estaba pasando al mismo tiempo, tenían mil manos, innumerables labios y entonces así es que se sucedió anacrónicamente el cuello y los labios húmedos encontrándose, jugando mientras se soltaban de todo, primero el cabello, luego las ropas, y así todo, todo obstáculo fue venciendo su resistencia, cristalizándose, y no existió más nada que la contemplación fugaz de Eva y de Adán, primera vez Eva, primera vez Adán, y tal vez al final, después de nada, antes que nada, la venda de los ojos también cayó. El juego eterno. La súplica, el ruego en el roce de los ojos, el juego, se tornó más violento y demandó fusilamiento, y ahí nomas, fue herido de muerte el hermoso cisne-flor, que sin más que hacer se precipitó suicida hacia Nirvana. Y así, fugaz y para siempre, adiós. Ya sin ganas de mirarse, adiós, quizás porque no había más que ver, o tal vez porque si volvía a ver jamás saldría de la caverna. Así, sin verse, presintiéndose, se separaron del letargo y el asesino descendió a los infiernos. Y adiós. Resulta inagotable el lugar desde donde rescata uno las míseras muestras de poesía con las que adorna los espacios. Ese lugar, tan tierno y lleno de neblina, del que reptan los recuerdos que hoy, aquí y ahora, son nada más que eso. Ya ves, que esa palabra tan tan (nosotros, en voz baja y casi cerrando los labios), sólo existe mirando para atrás, y desde ahí, desde el fondo, brotan las flores de luz, desde ese rincón sin tiempo donde se acumula lo viejo y se entremezcla con lo que hubiera...

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Viejo pumba y timon 3767 dijo: 06.09.13
Muy bueno, me encantó!!!


El clima que creaste es genial, me hizo acordar al gran Woody Allen


Felicitaciones

+1
A Yogui D. le gusta esto.
Viejo Yogui D. dijo: 07.09.13
Muchas gracias, que bueno que te haya gustado! Lo cuelgo por acá para un poco aprender también.

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