- Arte, Comunicación y Cultura
- Literatura
- Inéditos
- Escritos Ociosos de MixerMax
Datos del Tema
Creado el 16.07.09 a las 21:40
- 0 Votos
-
0
Favoritos - 234
Visitas - 3
Mensajes
¡Tema agregado a Favoritos!
Ya tienes este tema en Favoritos
Error
¡Buen Tema!0 Votos Disponibles
¡Tu voto ha sido enviado!
Ya has votado por este tema
[Error]
No puedes votar tu propio tema
No puedes votar a usuarios baneados
No puedes votar en un tema cerrado
Temas Relacionados
| MixerMax | ||
| Esto lo escribí hace algún tiempo, cuando trabajaba de noche y buscaba que hacer con mi ocio. Es una historia que aún sigo escribiendo en los tiempos que voy teniendo libres. Sin más les presento: "Arturo" (título tentativo, o simplemente vago) Spoiler CAPITULO I: Aún tiene un nombre y un destino. El anciano le dijo al muchacho - Entra niño, ¿Esperas que el viento te cargue? Debes utilizar tus piernas para llegar a donde deseas ir. - - Gracias venerable señor. Debe saber que fui enseñado a nunca ingresar a la casa de alguien sin invitación, es por ello que no he avanzado del pórtico hasta que usted lo autorizó. - - Pues que me he caído del asombro, has de ser de los pocos niños que aún respetan las costumbres de los educados. - - Mi padre fue un gran señor y mi madre si bien amorosa fue muy estricta en cuanto a mi educación.- Tras una pausa para reflexionar y observar las expresiones del joven. - Tus padres... una verdadera desgracia lo que les ha sucedido. De no ser por el conde, tú hubieras compartido su mismo destino. – Sin permitirse expresar sus verdaderos sentimientos, el otro respondió: – Así es señor. Mi vida estuvo por llegar a su fin por medio del mismo incendio que les quitó la vida a mis padres y me convirtiera en huérfano; desposeído de todo objeto material a excepción de las ropas de entrenamiento que llevaba puestas en el momento en que el conde me instruía en las técnicas de batalla que algún día utilizaría para defender las tierras de mis vecinos.- - Una noble causa, si me permites y muy ambiciosa. Aunque de la nobleza no se come, ni de la ambición se bebe. – - Tampoco me ha servido, para proteger a mis seres más queridos… - Dijo y luego se dio la vuelta para no permitir al señor de la casa verlo romper en llanto. - Ya niño, componte. Tus lágrimas no cambiarán tu pasado, tampoco adornaran tu futuro. Debes usar tu energía no en sentir lastima, sino en forjar tu porvenir. De ahora en más podrás contar conmigo, pues es mi deber como amigo de tu padre y hermano de tu madre guiarte como lo hubieran hecho ellos para que seas el hombre que debes llegar a ser. – Por la puerta de entrada ingresa el hombre que le salvó la vida, llevando a cuestas un bolso con objetos varios. - He podido recuperar algunas pertenencias de tu familia antes de que el fuego lo consumiera todo. No es mucho pero tendrás ropas que vestir, y recuerdos de tu antiguo hogar. – - Muchas gracias mi señor, puede dejarlo en el arcón – dijo el anciano – gracias a usted mi joven sobrino tuvo la oportunidad de sobrevivir a esta calamidad y aún más se ha tomado el trabajo y el riesgo de recuperar parte de sus pertenencias. – - Es lo de menos que podría hacer por él. – - Muchas gracias señor, desearía poder pagarle por su esfuerzo para conmigo. – - Ya lo harás mi joven aprendiz, me pagaras con creces cuando me llenen de orgullo las historias que contará la gente del héroe del pueblo. – Hablando más para si mismo que para los presentes dice: - Menudo héroe seré… - y excusándose se retiró a la recámara que su tío le hubiera ofrecido para que sea suya durante el tiempo que estuviera viviendo con él. Una vez solos, los dos hombres adultos se dispusieron a conversar sobre lo que le depara en su vida al niño. - ¿Usted cree que algún día olvidara lo sucedido? – Preguntó el Conde. - Lo dudo, y espero que no suceda. Pues será el recuerdo de los padres y su amor por él lo que le dará la fuerza para seguir adelante. – - Pero no quisiera que se entere de la verdadera causa del incendio que lo convirtió en huérfano… no podría soportar ver que su ira lo haga dar pasos equivocados. – - Algún día tendrá que aprender la verdad, y ese día será en el que sepamos si todos nuestros esfuerzos por mantenerlo en el correcto camino fueron en vano.- - Tiene razón, espero por su bien que podamos ayudarlo y mantenerlo correcto y recto tal como hubiera querido mi maestro. – - El tiempo lo dirá, por ahora debemos preocuparnos por terminar lo que se empezó. Hay que enseñarle a Arturo todo lo que aún tiene que aprender. – - Espero que el destino en su infinita sabiduría haya escogido para él, un camino que no le provoque mayor sufrimiento... – Tras decir estas palabras y prometer que estará de regreso en unos días para continuar el entrenamiento de Arturo, el conde se despide del otro hombre y parte en dirección al norte. También tengo terminado el capitulo II, si llega a interesar también lo posteo. El capitulo III está casi terminado, y el IV bosquejado, pero puede pasar algún tiempo antes de que los publique. Editado por MixerMax: 03.09.09 a las 12:24 | ||
| Che, me intrigaría ver como sigue jajaja. No me desagradó del todo... parece bastante común la trama de todas maneras. Igual, justamente queria ver como seguia a ver que pasaba =P Search engines are for lazy users who don't have the fortitude to type random URLs until they find what they're looking for. | ||
| MixerMax | ||
| Que raro, no me llegó el aviso de que alguien había posteado. Sale el capitulo II. Si la trama es bastante común... No creo que pueda definir algo novedoso ya que es la primera historia larga que escribo. Sin más preambulo, el segundo capitulo: Spoiler de Capitulo II CAPITULO II: Un tesoro muy valioso, la amistad. El sonido de la sigilosamente colocada trampa rompió el silencio del calmado bosque al activarse. La liebre que una ves caminara apaciblemente por allí a quedado atrapada, a merced de su opresor. - Al fin te he atrapado escurridizo animal. Me has tenido toda la mañana a las corridas. Te convertirás en un suculento estofado, mi tío y yo comeremos bien esta noche. - - ¡Demonios! - Dice una voz desconocida acercándose desde los arbustos y continúa: - Que mala es mi suerte, pensar que mi presa era acosada al mismo tiempo por otro cazador. Ahora tendremos que luchar por ella, ya que no es mi intención quedarme con las manos vacías tan fácilmente. - - No tengo el menor deseo de luchar con usted, desconocido, por la presa. Ya que en buena ley, la presa es propiedad del cazador que la capture. - - ¡JA! Muchacho, no me hagas reír. Esa presa era mía desde que posé mis ojos en ella en horas del amanecer, no voy a dejar que partas con ella y yo tener que esperar otro día para saciar el apetito. - - Si usted caballero desea combatir, pues será en la ley de esta tierra de dios que usted será considerado un forajido y yo deberé cumplir mi obligación civil, derrotándolo y llevándolo ante los representantes de la justicia para que lo enjuicien, y encierren. - El desconocido hombre, con un gesto de fastidio burlón desenfunda espada y responde - Que así sea, aún no me ha enfrentado hombre capas de realizar la acción que mencionas. Si tu espada y tu habilidad con ella son tan afiladas como tus palabras, puede que tengas una ínfima oportunidad de lograrlo. Más no ligeramente superior a ínfima. - Sin decir una palabra más Arturo toma posición con la espada de prácticas que carga, sumamente gastada, en mano. Y tras depositar la liebre, que aún lucha por su libertad de la red tejida a mano con la que fue atrapada; una lucha sin mediciones toma lugar en medio del pacífico bosque. Sin permitir a su oponente avanzar más que dos paso seguidos ambos luchadores se enfrentan con gran fuerza y habilidad, descansando solo para permitirse analizar el siguiente paso del contrario. Enfrascados en una lucha feroz y agotadora cada uno de ellos intenta tomar ventaja del menor descuido del otro; con los metales causando reflejos en los troncos de los arboles y los rápidos movimientos de ambos cortando el aire, llegan a las orillas de un lago que no estaba más que a pocos metros de ellos pero que ellos consideraron apartado kilómetros al iniciar la batalla. Finalmente Arturo con un movimiento tan majestuoso como inesperado elude el arremetimiento del desconocido hombre y con otro movimiento aún más veloz le hace perder el equilibrio para posteriormente caer de cara al agua, lo cual lo deja perplejo y le quita las ganas de pelear. Tras evaluar su posición triunfadora, sin dejar de apuntar su arma al ahora mojado y avergonzado desconocido, Arturo dice: - Creo señor que al fin se ha enfrentado al hombre capas de derrotarlo. Me contentaré con llevar mi presa a mi casa para cenar con tío, no necesito llevarlo a la justicia a menos que usted siga con ganas de pelear. - - No será necesario, pues Traven de Pasterville reconoce cuando lo han vencido, así fuera por pura suerte... - Y envaina su pesada espada en su funda para demostrar su sinceridad. - Definitivamente hoy no fue el mejor de mis días. Primero esa condenada liebre logra eludir la única flecha con la que contaba y en mi carrera por perseguirla rompo mi arco; luego la encuentro atrapada en la red de otro cazador y ahora estoy humedecido de pies a cabeza. Aunque pensándolo bien, es el día perfecto para una semana perfecta... extiéndeme una mano niño, ayúdame a salir de este chapoteadero por favor. - Analizando la situación, Arturo decide que Traven es sincero al dar el pleito por terminado y extiende una mano para ayudarlo mientras dice: - Tenga, tome mi mano señor Traven de Pasterville, pero evite hacer cualquier movimiento sospechoso pues no temeré en usar mi espada. - - Muchas gracias. - dijo mientras tomaba la mano de Arturo, y para su sorpresa lo arrojaba al agua. - ¡JAJAJAJA! Ahora estamos ambos igual de mojados. - Disgustado por el hecho de haber caído en tan simple trampa y a la vez tranquilizado al ver que su oponente solo pretendía hacer una broma y no continuar el pleito se echa a reír también y piensa en lo fascinante que es este desconocido, Traven de Pasterville. Luego de reír juntos por un buen tiempo, ambos jóvenes que ahora se habían presentado comenzaron la caminata para retirarse de ese bosque sin olvidar llevar la presa que los había hecho conocerse, de la cual Arturo ofreció compartir una parte con Traven si este deseaba acompañarlo a la casa de su tío. Sin nada mejor que hacer y con un apetito muy grande, éste no se negó. - Todavía no logro entenderlo Arturo, eres un año mayor que yo pero te ves como un niño. - - Lo que yo creo es que tu te ves avejentado para tu edad, hubiera jurado que me llevabas al menos 7 u 8 años. - Con ese comentario, la cara de Traven se ensombreció, haciéndolo ver aún mayor. A lo que Arturo preocupado comentó: - Discúlpame si te ofendí, no fue mi intención. - - No, está bien. Creo que es posible lo que dices, quizás maduré muy pronto. Veras, mi pueblo Pasterville se encuentra alejado de las grandes ciudades que centran a la población del reino. Ya sabrás que en ese tipo de pueblos, los bandidos están a la orden del día, y los niños no podemos perder el tiempo en ser niños; especialmente después de perder a nuestro padre. - dejó las palabras colgando en el aire, al tiempo que dirigió su mirada al cielo y no continuó hablando. Arturo decidió que lo dejaría a solas con sus pensamientos, en lo que lleguen a la casa del tío donde tendrán tiempo para conversar antes del anochecer. En ese preciso instante se dio cuenta de que Traven es el primer joven de su edad con el que habló desde lo sucedido con sus padres y decidió que atesoraría cada momento que pasara con él, desde ahora y hasta que partan caminos. Al llegar a la casa, Arturo hace las presentaciones: - Tío, Traven de Pasterville "joven aventurero, espadachín y arquero excepcional". Traven, mi tío, "Sir Oswald de Anderston, dolor de cabeza y viejo cascarrabias". - - Mi señor es un gran placer, no todos los días se conoce a un viejo cascarrabias con título de nobleza. - dijo Traven al estrechar la mano del hombre entrado en años. - Igualmente joven arquero excepcional, veo que en Pasterville la gente sigue vanagloriándose de su habilidad con espada y arco. - - No es para menos tío, casi logra derrotarme en un encuentro amistoso que tuvimos en el bosque. De no ser por la instrucción que recibí del conde Leopoldo, me hubiera ganado. - - Tuvo suerte de que me encontraba hambriento y perdí mi balance, de lo contrario diferente hubiera sido la historia. Dígame, ¿Conoce a mi pueblo?. - - Así es, tuve la oportunidad de pasar por allí algunas veces en mi época, pero eso es una historia para otro momento. Arturo, ¿Conseguiste algo comestible esta ves? - - Si tío, mira que hermosa y alimentada liebre; pensaba en que podíamos asarla en estofado. - Así comenzaron los preparativos para la cena, que era doblemente especial porque había un invitado y porque Arturo había logrado atrapar por primera ves una presa por su cuenta Mientras cenaban, el grupo conversó de temas variados. - Arturo, mañana deberías ir al mercado. Se nos están acabando los ingredientes para cocinar. - - De acuerdo tío, ¿me darás una lista para el comisionado como siempre?. - - Si, no podemos dejar que vayas por ahí preguntando en los burdeles si ahí se compra tomate, ¿Verdad? - - ¡Tío! Dijimos que nunca más mencionaríamos el tema, ¡Y menos en presencia de extraños! - - ¡JAJAJAJA! - estalla Traven - Santo señor del cielo, por favor cuéntame eso. - - No hay nada que contar, fue un error que cometí cuando era niño. Un error que aparentemente me perseguirá por el resto de mi vida. - - Sin duda, deberé oír la historia completa algún día. Cambiando de tema Arturo, sobre lo que hablamos antes de llegar aquí, te quedaste callado... - - No quería molestarte haciendo preguntas, solo puedo imaginarme por lo que has pasado, pero conozco tu pena. - - Déjame que te explique. - Acota el tío, ya que Arturo perdió la voluntad de continuar con el tema - Arturo no suele hablar de ello con nadie, siquiera conmigo. Este suceso es la causa por la cual él vive conmigo en esta casa olvidada en el bosque. Cuando el era niño su casa fue asaltada e incendiada por forajidos que buscaron pleito con su padre "Sir Tomas de Ouberston"; sus padres no tuvieron la suerte que él. Por asares del destino, él se encontraba entrenando con el Conde Leopoldo en el momento del asalto. Supongo que por el mismo motivo que no habla de este tema con nadie, no quiso indagar en tu pasado. - Arturo mantuvo la mirada en el diminuto espacio entre sus pies, mientras su tío hablaba. - Entonces fue por eso... muchas gracias amigo mío por respetar mis sentimientos. - Al escuchar lo último Arturo se puso en alerta, "amigo mío" había dicho Traven. Saber que Traven lo consideraba un amigo tanto como él al otro lo llenaba de dicha. - Les contaré, pues mi relato si bien aún me entristece al tiempo me llena de orgullo: Mi padre fue el terrateniente principal de Pasterville, su nombre Broxo, fue el más valiente hombre y líder para mi pueblo en muchos años. Un día nos llegó noticia de que una banda de bandidos sanguinarios se dirigía hacia nuestro pueblo. Sin perder un minuto, envió un mensajero con un pedido de ayuda a la capital del reino; el cual volvió sin buenas noticias ya que se le dijo que la guardia del rey estaba en el momento ocupada con asuntos de mayor envergadura que la protección de un pequeño pueblo contra un ataque incierto. Al enterarse de esto, decidió que era la obligación del pueblo defenderse y organizó una fuerza de choque para enfrentarlos. Al llegar los bandidos, fueron repelidos, pero el cobarde hermano del líder caído en batalla tomó venganza con la vida de mi Padre. Es así que el nombre Broxo en Pasterville es ahora sinónimo de heroísmo y honor y me llena de orgullo ser su hijo. - Terminado el relato, los tres terminan su comida conversando de variados temas ajenos a los ya expresados. Luego de limpiar los utensilios utilizados, se retira cada uno a su habitación para dormir. A la mañana siguiente, Arturo y Traven se reúnen en la sala de la casa - Me dirijo al mercado del pueblo, hablé con mi tío y decidimos que puedes quedarte cuanto tiempo necesites para descansar de tus viajes. Por favor, siéntete cómodo como si fuera tu casa. - - Hmmm, una tentadora oferta, hace tiempo que no me dedico a holgazanear pero tengo la sospecha de que si me quedo a solas con tu tío mi salud mental puede peligrar. - - Entonces, ¿Esto es una despedida? - dice Arturo, no pudiendo ocultar su decepción. - Para nada, a un amigo no se lo abandona; menos después de que me invita a su hogar, me alimenta y me ofrece la posibilidad de crecer una barriga de pereza. No, iré contigo y así podremos conversar más. Y quien sabe, ahora que mi apetito está saciado y estoy descansado puede que te muestre porque ayer ganaste por pura suerte. - Ambos jóvenes ríen con gusto, al tiempo que marchan fuera de la casa y comienzan una carrera para medir quien puede imprimir mayor velocidad. Oswald los ve partir y piensa: "Que gusto que hayas conseguido tal tesoro Arturo, te hará falta en el futuro cercano." El tercero está en post-producción y revisión. (Por no decir que no terminé de corregir las faltas y horrores gramaticales) Editado por MixerMax: 03.09.09 a las 12:27 | ||
| MixerMax | ||
| Decidí cortar el tercer capitulo en 2 partes (por ahora) porque me dí cuenta que me faltó desarrollar un par de temas en esta escena. Spoiler de Capitulo III - Primera parte CAPITULO III: Visita a Ouberston. - Primera parte - - No está nada mal Arturo - Dijo Traven al acercarse al otro luego de recoger las flechas del árbol. - Pero por mucho sigo errando al blanco, a diferencia tuya. - - Tengo más años de experiencia y tuve como maestros a los que se consideran a si mismos los mejores del reino. Con práctica y paciencia lograras tirar igual o mejor que yo. Y a decir verdad, pensé que iríamos a perder la mayoría de las flechas que nos dio tu tío cuando me pediste que te enseñe a utilizar el arco. - Los jóvenes rieron. Y Arturo aún sonriendo dijo: - No creo que ayuden tampoco las pobres reparaciones que realizaste en el arco. Se nota que no se puede ser un experto en todo. - - En mi pueblo hay tantos carpinteros y herreros como guerreros y arqueros. No es necesario para la mayoría de los casos que todos sepamos arreglar un arco o pulir una espada. - Refutó con alegría Traven mientras le daba las flechas a Arturo - Ahora vuelve a intentarlo, esta vez relaja un poco más tus muñecas mientras apuntas. Accedí a darte clases de Arquería como premio por ganar la carrera, pero no quiero pasar toda la mañana en medio del bosque. Así que apunta a cualquier parte de la zona de blanco, no intentes un tiro de 100 puntos siendo un principiante - Arturo obedeció las ordenes de su nuevo tutor y siguió practicando. De repente ambos se pusieron tensos al escuchar ruidos en los matorrales. - ¿Qué clase de animal será? - Pregunta Arturo algo expectante. Probablemente fuera uno suficientemente grande para practicar el tiro contra éste en lugar de un árbol y de paso conseguir un buen almuerzo. - Desenvaina tu espada Arturo, esas pisadas son humanas. - Al ver la sorpresa en la cara de Arturo por la orden recibida continuó: - Ningún grupo de 5 o 6 viajeros entra a un área tan densa de bosque a menos que estén buscando algo. Y no creo que vengan a practicar el arco como nosotros. - Dijo calmado pero tenso Traven. Arturo aún sorprendido; acomodó el arco en una posición que no lo molestara y preparó su espada en posición de descanso. Se preparaba para lo que se viniera cuando ambos escucharon: - Los encontré, les dije que vi pasar dos viajeros por aquí. Rápido!! - De repente 5 hombres desarreglados, mugrientos y con expresiones de asesino aparecieron por donde Traven estaba esperándolos. - Vaya vaya, si son un par de monos jugando al soldadito. Por el saco de monedas que veo colgando del cinturón del pequeño diría que no le hicieron caso a papi cuando les dijo que fueran directo al mercado sin detenerse por nada. Ahora estoy obligado a mostrarles por qué los padres son tan temeros de lo que les puede pasar a sus hijos. - - Si usted caballero desea combatir, pues será en la ley de esta tierra de dios... " Comenzó a decir Arturo. Traven que ya había escuchado ese discurso, decidió ser misericordioso con los forajidos y ahorrarles el suyo propio. Con una sonrisa en la boca Arremetió contra el hombre que había hablado mientras mantenía a la vista a los otros dos más cercanos a él. - Arturo a la derecha! - Gritó. Arturo se encontró bloqueando un ataque del cuarto hombre que se acercaba por su punto ciego. Y Así comenzó la lucha. Traven atacaba sin dar cuartel al líder de la banda, mientras se defendía de sus otros dos atacantes. A la vez Arturo se defendía de sus propios atacantes uno cada vez, y ambos cuando estos buscaban desbalancearlo juntos. El golpe de espadas contra espadas y cuchillos se escuchó por otro rato, Hasta que por fin un grito de dolor rompió con esos sonidos. - Será maldito el mono - Comenzó a decir el hombre, mientras Traven retiraba la espada ensangrentada del cuerpo de su oponente. - El pequeño sabe usar su espada. - Esas palabras le quitaron las ganas de pelear a los otros cuatro, que se apuraron a correr por sus vidas. - Le recomiendo seguir el paso de sus valientes compañeros. Si llega con suficiente prisa al poblado más cercano podrán curar su herida. Eso si, yo no mencionaría las circunstancias de la misma. - Fue todo lo que tuvo que decir Traven para que el hombre diera media vuelta y apresurara su marcha siguiendo al resto de su asustado grupo. Aún vigilante y alerta Traven los observa marcharse, la experiencia de su Padre le enseño a nunca dejar de observar al enemigo que se marcha pues el maldito podría atacar nuevamente por la espalda. Arturo observaba a Traven y decide romper el silencio. - Ahora comprendo la suerte que tuve el día de ayer. - Intentaba aflojar la tensión que veía en la cara de su amigo, aunque también lo decía de celos al ver la habilidad de éste con la espada. - Toma las flechas que quedan en el árbol y vámonos. Algo de razón tenía ese maldito. Nos arriesgamos mucho, y muy lejos de una zona segura al practicar aquí. - No tuvo que repetir sus palabras. Arturo estaba obedeciendo sus ordenes antes de que terminara de decirlas. En parte por la admiración que sintió por su amigo y en parte por culpa de haberle pedido el favor de enseñarle y presionarlo a que lo haga antes de llegar al pueblo. Al terminar de recolectar sus pertenencias siguieron camino hacia el pueblo. - Ouberston, al fin. - Exclamó Arturo - ¿Ya habías parado aquí Traven? - - No he pasado por este pueblo hasta hoy. Aunque escuche mucho chisme respecto a sus habitantes; lo esperable de un pueblo tan grande. - - Como es el pueblo con gran mercado más cercano a la casa de mi Tío, nosotros solemos venir con frecuencia. Y hablando del mercado, vamos hacia allí. - Dijo indicando el camino. Los dos se dirigen en esa dirección y se detienen en la plaza del pueblo al ver que la gente se reunía alrededor del podio central. Se trataba del comisario, jefe de la guardia real en el pueblo. Estaba leyendo un anuncio al pueblo: - Se ha visto por las cercanías a varios grupos de bandidos y se presumen que son miembros del Becerro Negro. Por su seguridad se urge a lo habitantes del pueblo a no abandonar los límites del mismo en lo posible hasta nuevo aviso. También se recomienda que si tuvieran que viajar fuera del mismo por el motivo que fuera, lo hagan en grupos extensos y preferentemente junto a los grupos de mercaderes acompañados por las tropas de la guardia. - Una vez terminada su tarea, el comisario agradece a los presentes por su atención y solicita distribuir copias del anuncio en los edificios con alto tráfico de personas. - Haberlo sabido antes. ¿No? - Dijo casi sin expresión Traven, pero de repente su mirada se congela apuntando a la nada y en su rostro, por segunda vez desde que lo conoce Arturo, se veía la edad de una persona mucho mayor a la que realmente tiene. - Es probable que esos malditos que nos atacaron fueran becerros negros, ¡De haberlo sabido no hubiera tenido compasión alguna! - Arturo se asustó al escuchar esas palabras, y viniendo del amigo que hasta ahora consideraba bastante irresponsable y poco dedicado. - Traven ¿Por qué hablas de esa manera? - Le preguntó tímidamente. - Al Becerro Negro lo lidera el hombre que asesinó a mi Padre. - Dijo sin cambiar su expresión en lo más mínimo. Al escuchar eso, Arturo creyó ver una sombra de varias toneladas de peso sobre los hombros de Traven. Esto lo dejó helado y sin posibilidad de responder palabra alguna. - Sigamos camino. - Sugirió Traven recuperando la postura - Perdona mi cambio de actitud. - Y continuaron marchando hasta encontrarse frente al puesto del comisionado del mercado. | ||
- Arte, Comunicación y Cultura
- Literatura
- Inéditos
- Escritos Ociosos de MixerMax
| Herramientas | Buscar en este tema |
| |


