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Nico Aimetti -Cuentos y algunas otras cosas. en el foro de Inéditos:


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Viejo 26.04.09, 14:46
Buenas,

Quería invitarlos a pasar por mi blog:Solo los usuarios registrados pueden ver los links. ¡Registrate ahora, es gratis! en donde cuando el tiempo me lo permite suelo subir mis escritos. Comencé a subir cosas hace poco, así que aun no hay mucho material, pero la idea es de a poco ir publicando más cosas.

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Les dejo acá un cuento a ver que les parece.

Final Abierto.

El otro día me acordaba de la historia de una amigo y su chica que siempre me llamó la atención. Resulta que este muchacho se puso de novio hará un par de años más o menos. Una mina muy simpática, de esas personas con la que te podés pasar hablando toda la noche sin darte cuenta. En fin, no me acuerdo el contexto o la razón precisa del asunto, pero estaban mirando una película, o no, la primer película que miraban juntos si mal no recuerdo, y de repente, diez minutos antes del final, se cortó la luz, o algo así, y no pudieron terminar de verla. Entonces, ya en la cama, se pusieron a fabular acerca de los posibles finales de la película. Y que esto y lo otro, que hacía poco que empezaban a salir, romance y pavada, parece que el asunto resultó divertido, tanto, que esa misma noche decidieron que la cosa quedaría así, que jamás terminarían de ver la película en cuestión. Y así fue. Y la vida siguió su curso hasta el día en que se les dio por ver otra película, claro que está vez no se cortó la luz ni nada de eso, sino que cuando se dieron cuenta que la película estaba por terminar, no sé si a él o a ella, se les ocurrió ¿Y si la cortamos acá? Posiblemente cruzaron sus miradas en la oscuridad, apenas iluminada por la pantalla del televisor, y eso, y una sonrisa, les basto para saber que ese era su destino. De ahí en más nunca volverían a ver el final de ninguna otra película. Así se pasaban luego las horas imaginando finales para las películas que miraban. A veces, uno empezaba con algo y el otro completaba la idea, otras, cada uno construía su historia por separado y luego se las contaban el uno al otro. Los finales debían ser originales, pero también debían ser creíbles. A veces, cuando se abandonaban al influjo de las sustancias, estos podrían parecer increíbles a un extraño, pero sin duda ellos le encontraban su lógica. Algunas veces eran cortos y sencillos, otros, se alargaban tanto como el resto de la película, algunos incluso llegaban a incluir nuevos personajes que en el transcurso de la historia desarrollaban complejas personalidades, resolvían traumas de su pasado o terminaban apoderándose del protagonismo de la historia. No era sencillo seguirles la corriente, pero a ellos esto les encantaba, sin dudas eran felices realizando este ritual, y tenían sus cosas. Sin duda el mejor final de Blade Runner es el que una vez ellos me contaron. A veces de daba que uno de los finales a los que llegaban coincidía a la perfección con el final original de la película, pero si acaso uno siquiera llegaba a querer mencionar esto, las consecuencias podían llegar a ser desastrosas. Uno debía siempre cuidarse de no revelar nunca un final, así y todo ellos a su manera ya lo conocieran. Si bien al principio todos pensamos que al tiempo esto se les pasaría, que volverían a ver las películas como antes, pasados unos meses todos nos convencimos de que la cosa venía para largo. Y así siguió más o menos hasta que un día en el teatro, a mitad del último acto, uno de ellos se paró de golpe, como si se hubiera acordado de algo. Al segundo, aunque en realidad pareció más tiempo, el otro se puso de pie a su lado y segundos más tarde ambos habían dejado la sala. Quizás el haberse parado en el teatro se haya debido a un acto reflejo desarrollado de tanto mirar películas juntos, quizás ya lo tenían planeado, nadie estaba del todo seguro, lo cierto es que a todos nos dio un poco de miedo. De ahí en adelante sumaron a la costumbre de las películas la de no terminar de ver las obras de teatro. Y así siguieron hasta el día que fuimos a ver Hamlet. Se podría decir que hasta el tercer acto estaban disfrutando verdaderamente de la obra, que a decir verdad no tenía nada que pudiese ser objetado, pero ya al cuarto acto algo raro empezamos a notar. Empezaron por hablarse al oído el uno al otro, de vez en cuando se escuchaba alguna palabra de lo que discutían. Ya en el quinto acto ambos estaban nuevamente en silencio, con el semblante rígido. Ninguno de nosotros miraba ya casi la obra, todos estábamos expectantes de si dejarían la sala o no. Al caer el telón ambos seguían ahí. Sucedió que los dos conocían perfectamente el final de la obra, y si bien parecían no ponerse de acuerdo, al final terminaron quedándose, no tenía sentido el huir antes de tiempo. Y aquí fue cuando realmente comenzaron los problemas, porque a ella se le ocurrió que lo lógico, ya que nunca terminaban de ver las películas ni las obras de teatro, es que se comprometieran a no terminar de leer tampoco las novelas, cuentos u obras dramáticas que leyeran. Esa era la única forma que tenían de asegurarse que esto no les volviese a suceder. No sé bien como, pero terminó convenciéndolo. Luego, cuando alguno de los dos terminaba, esto entre comillas, una novela, le contaba al otro la misma, así como los posibles finales que se le habían ocurrido. Tenían lo suyo las exposiciones, hay que reconocerlo, pero la magia empezaba a desvanecerse. Porque contar una novela, a menos que uno tenga una capacidad similar al novelista, no es cosa fácil, y además, el otro nunca terminaba de entender del todo la historia. Y ni hablemos de querer narrar una novela como Ulysses para luego encajarle un final a gusto, en fin, creo que se entiende la idea. Ahí fue cuando empezaron a discutir cosas que antes se daban implícitamente de común acuerdo. Por ejemplo, un día él cerro una novela una página antes del final, era una novela corta, es verdad, pero una página era demasiado cerca del fin, dejaba muy poco a la imaginación, hay novelas en que incluso diez páginas antes del final los conflictos principales de la misma ya han sido resueltos. Esto generó una fuerte discusión, ella se sintió engañada. Entonces empezó a ponerlo a prueba todo el tiempo y la cosa fue empeorando. No lo dejaba terminar los platos de comida, cerraba el tablero de ajedrez en mitad del partido, o bien preparaba un postre sólo para tirarlo a la basura. En esas resignaciones comenzaba a residir la grandeza de su pacto, en ese fanatismo lleno de deseos sobrepuestos a la voluntad de no encontrarse con otra cosa que no fuera lo que habrían de imaginar, o quizás imaginado. A veces se bajaban diez cuadras antes del colectivo cuando iban a un concierto, o usando una guillotina le cortaban el cuarto inferior a un diario. Llegó un momento en que a él se lo notaba siempre excitado, se le caían las cosa de las manos, por cualquier cosa estaba sudando. El juego había llegado demasiado lejos. Es mi suposición, pero no sin fundamentos, que ella ya no lo dejaba ni siquiera acabar. No quiero siquiera imaginar la agonía. Ella llamándolo como una sirena, él siguiendo sus instintos más básicos, ella llevándolo hasta el límite para luego, como hacía ya con casi todas las cosas, negarle la consumación del acto. Es más que entendible que él decidiera alejarse. Al principio, cuando me comentó lo que venía pensando, aun la duda rondaba por su cabeza, pero con el tiempo se fue convenciendo. No quiero seguir entrando en detalles. La relación ya no funcionaba, el aun la quería, es verdad, pero la cosa no daba para más. Así que un día tomó coraje y la llamó, fue claro y conciso, Quiero que terminemos, le dijo. Pero claro, como era lógico, si hay algo que ella no estaba dispuesta a hacer, sobre todas las cosas, era a terminar.

Editado por nicoaimetti: 01.09.09 a las 17:52
Viejo 29.04.09, 02:39
Muuuuuy bueno!
Me gustó muchísimo!
Te felicito!
Ahora mismo me estoy fijando el blog!
Viejo 30.04.09, 12:55
Me alegro que te haya gustado Facundo, gracias por el comentario.
Viejo 30.04.09, 19:15
Para cuando algo más además de lo que tenés en tu blog?
Viejo 24.06.09, 00:07

El desdichado.
Canta, oh musa, la desdicha del Topo Aguirre; a quien el hado funesto trató con tal saña como pocas veces se ha visto.
Hubo en el principio un niño frágil e inocente que bajo el amparo de sus preclaros y dilectos padres
supo probar la ambrosía del amor y soñar un futuro brillante. Mas habiendo su padre descubierto a su madre gozando en manos del jardinero, plúgole a este quitarse la vida, pero no sin antes también arrebatársela a ella.
Lóbregos y siniestros hogares fueron testigos de sus pesares tras el acerbo suceso; en donde, a mal menor, fue pasto de los vicios y bajezas a los cuales se entregaban aquellos encargados de su guarda. Así y todo, hecho ya un hombre, y habiendo ganado el apodo de Topo amén a su habilidad para esconderse hasta debajo de la tierra cuando era necesario, logró arribar al mundo de extramuros con las esperanzas cuasi intactas, o al menos, no tan maltratadas como otras zonas de su alma, por no querer acordarnos de su vejado cuerpo.
Precario en habilidades, pero también en pretensiones, a fuerza de sudor y sangre fue consiguiendo hacerse un lugar, o más bien un hueco, en el que acomodarse por las noches y trabajar durante el día. Y así, trabajando trabajando, ciertas recompensas y premios fue ganando. Claro que estos no pasaron desapercibidos, de tal modo que la admiración de las mujeres, y la envidia de los hombres, dieron por fruto que estos últimos, siempre mezquinos, urgieran un plan para quedarse con sus prendas, arruinar su reputación y quitar de en medio su fastidiosa presencia.
El plan dio resultado. El Topo fue a parar a la Cárcel, donde su grácil figura, producto de las hambrunas y trabajos padecidos, le hicieron ganar el incomodo aprecio de los demás reclusos. Aprecio que por otra parte él no compartía. Sin embargo, durante este periodo, por primera vez en su vida de suplicios encontró un hombro fraterno en el cual apoyarse. Se trataba del Cholo Quinteros quien, al verlo partir nuevamente hacia la libertad, lo puso en contacto con su familia para que le dieran una mano.
En una humilde casa de adobe conoció a la madre del Cholo, quien le ofreció un guiso caliente y reconfortante que le devolvió el alma al cuerpo y le hizo olvidar sus penas. Conoció también al padre del Cholo, que lo recomendó para que trabajase a su lado en una obra. Y por último, conoció en detalle a la hermana menor del Cholo, de quién se enamoró perdidamente. Grande fue la sorpresa del Cholo al salir de la cárcel cuando su viejo amigo lo puso al corriente.
-¡Pero es una nena! - se oyó retumbar el vozarrón mientras ponía un puño en alto -. Trece años tiene nomas la pendeja. Te voy a matar, hijo de una re mil puta y la recalcada concha de tu madre.
Y así fue que, moretones más, moretones menos, el Topo Aguirre dio un paso al costado de aquella historia y volvió a salir en búsqueda de nuevas desventuras; las cuales fue encontrando: conoció la traición y el desengaño hasta el punto de poder distinguir entre sus variedades hasta la más ínfima de sus sutilezas. Probo el amargo sabor del fracaso tantas veces como algo se propusiera. Olfateo el terror y degustó el miedo con la misma maestría y detalle que un sommelier analiza un gran vino. Fue humillado, ultrajado y degradado a tal punto que el estoico más recio quebraría en llanto de tan sólo imaginar sus infortunios.

Feliz anda por la vida el Topo Aguirre. Feliz pues le encontró el punto flaco a su sino. Feliz porque entre tanta vileza y mentira logró aferrarse a la única verdad que no le fue traicionera. O como el diría con su tosca voz: No es que no tenga de que quejarme, vio. Pero prefiero aprovechar lo que hay, que mañana le aseguro que voy a estar peor.

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Aún no me termina de cerrar del todo este cuento, pero tampoco me parece que daba para darle más vueltas. Desde ya que agradezco sus comentarios al respecto.

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Saludos.


Viejo 24.06.09, 05:27
Realmente, parece que tenés buen manejo de la literatura. Lamentablemente el exceso de vocabulario me apelmaza las neuronas. En su decálogo, Abelardo Castillo dice:

Si tiene tendencia a escribir cristal, en vez de vidrio; rostro, en vez de cara; ascender, en vez de subir; o utiliza expresiones como ¡bingo!, pantaletas, carrusel, dése una vueltita por el mundo real.

En tu lugar lo tomaría como un consejo.
.yenseguidaloinvadelamaravillayestásegurodequesuhij oeselpararrayosdelahermosurayqueporsusvenascorrela químicacompletaconaquíyalláistasllenasdebellasarte sypoesíayurbanismosupadreloinscribeenprimeroinferi oryelniñoestácontentoentreotrospequeñoscronopiosfa masyesperanzassabequealasalidaloestaráesperandosup adrelolevantarálasmanosydirádiversascosasasaberBue nassalenascronopiocronopioelpequeñocronopioodiaasu padretambienellosodiabanasuspadresyhastapareceríaq ueeseodioesotronombredelalibertadodelvastomundo.
Viejo 24.06.09, 11:46
Gracias por el comentario David.

Es verdad que el estilo es un tanto forzado. La idea era cargar al texto, o más bien a las desventuras del protagonista, de cierto carácter épico (de ahí el principio emulando a la Iliada) que contrastase con con los episodios de carácter en si más lastimeros. Ahora, esa era la idea, que me haya salido, eso ya es otra cosa.

Acerca del comentario de Abelardo Castillo, del “dése una vueltita por el mundo real”, creo que dependiendo del genero y el público a quien uno se dirige puede estar bien o no. Muchas veces cuando agarro un libro es precisamente porque busco conocer, experimentar, o simplemente transitar por otros mundos, que no por no ser el “mundo real”, son menos reales.
Viejo 24.06.09, 12:31
Originalmente publicado por nicoaimetti Ver mensaje
Gracias por el comentario David.

Es verdad que el estilo es un tanto forzado. La idea era cargar al texto, o más bien a las desventuras del protagonista, de cierto carácter épico (de ahí el principio emulando a la Iliada) que contrastase con con los episodios de carácter en si más lastimeros. Ahora, esa era la idea, que me haya salido, eso ya es otra cosa.

Acerca del comentario de Abelardo Castillo, del “dése una vueltita por el mundo real”, creo que dependiendo del genero y el público a quien uno se dirige puede estar bien o no. Muchas veces cuando agarro un libro es precisamente porque busco conocer, experimentar, o simplemente transitar por otros mundos, que no por no ser el “mundo real”, son menos reales.
Sí, sentí que lo habías sobrecargado adrede... Y por momentos queda muy bien. Por eso te dije que se nota que tenés mano. Pero me da la impresión que te pasás un poco.
Respecto de Abelardo, es cierto que su frase es un tanto extrema. Son máximas nomás, buscan más impresionar que alexionar. De todos modos, siento que lo mágico o no de un texto no tiene que ver con qué palabras se lo exprese.
Saludos!
.yenseguidaloinvadelamaravillayestásegurodequesuhij oeselpararrayosdelahermosurayqueporsusvenascorrela químicacompletaconaquíyalláistasllenasdebellasarte sypoesíayurbanismosupadreloinscribeenprimeroinferi oryelniñoestácontentoentreotrospequeñoscronopiosfa masyesperanzassabequealasalidaloestaráesperandosup adrelolevantarálasmanosydirádiversascosasasaberBue nassalenascronopiocronopioelpequeñocronopioodiaasu padretambienellosodiabanasuspadresyhastapareceríaq ueeseodioesotronombredelalibertadodelvastomundo.
Viejo 24.06.09, 15:01
Originalmente publicado por saturno80 Ver mensaje
De todos modos, siento que lo mágico o no de un texto no tiene que ver con qué palabras se lo exprese.
Saludos!
Completamente de acuerdo. Lo mágico de un texto radica en cosas que están más allá de cualquier juego de palabras, forma, técnica o estilo, radica en algo que precisamente es mágico que porque no podemos podemos explicarlo.

Gracias por los comentarios.
Viejo 24.06.09, 18:16
Facundo: Hoy subí algo y calculo que para el fin de semana subiré una o dos cosas más. Perdón por la demora en la respuesta.

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