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Creado el 16.07.06 a las 23:55
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| “Cuando la noche es más oscura, se viene el día en tu corazón”... Todavía no se había dormido y ya peleaba con el malestar que probablemente la asecharía todo el día. El apuro la hizo saltar de la cama sin siquiera pensarlo, pero la luz que señalaba el baño ocupado la puso de vuelta en su cuarto. Eso le daría tiempo para meditar; cosa que necesitaba hacer siempre que tenía una noche revoltosa. Parecía que la suerte le sonreía cuando salió, para volver con las luces de otro día. Era una noche sorpresiva y audaz. El frío helaba las manos pero agitaba las ansias. Los bares estaban llenos de fanáticos reviviendo la final de la copa del mundo en Alemania; bebían cerveza a raudales, quizás para imaginar que yacían en tierras germanas. Ella caminaba con la gente, como siguiendo a su rebaño. El asfalto sucio y pegajoso marcaba las huellas que contarían historias por la mañana. Las calles se empezaron a hacer conocidas cuando todos se dieron por vencidos y dejaron de caminar. Ella solo buscaba dónde refugiarse de la crueldad de la noche. ((“No hay carteles para saber cuál será tu sendero...”))Luego de pensar en espiral, terminaron entrando a un boliche: silencioso, gris y gélido por fuera, bochornoso, escandaloso y adictivo por dentro. Todo un inframundo guardado entre paredes de concreto. El simple hedor del lugar era intoxicante y las miradas perdidas de los concurrentes hacían que ella se sintiera desorientada. Hacía mucho tiempo que había abandonado esos suburbios. El ambiente atormentado la dirigió con velocidad a la barra. Mientras una chica sacudía frenéticamente su coctelera con licores varios, ella se abalanzó para ordenar, ya que no estaba de ánimo para esperar. Manoteó rápidamente un par de cervezas y se alejó del tumulto. Hundiendo sus labios gruesos en el filoso borde del vaso, sorbió con energía, casi furiosa, todo lo que había. El fantasma seguía rondando. A pesar del tiempo y de los arduos intentos por retenerlo, ese maldito fantasma seguía asechándola. Ella ya no comprendía las razones de tal empresa. Ningún sentido tenía que esa sombra del pasado inmediato continuara pisándole los talones. Simplemente lo hacía, sin dejarla respirar. Ese pequeño infierno siguió albergando gente logrando que el espacio cada vez más reducido, borrara las líneas divisorias que existen entre la intimidad de cada uno. El aire se enviciaba más y más, causando en ella una sensación de ahogo indescriptible. Cada vaso de cerveza que bebía no hacía más que acrecentar el calor desafiante de su cuerpo en llamas. Sentía que debía detenerse, pero la euforia que se despertaba en cada trago era razón suficiente para enceguecer al sano juicio. Todavía sentía a aquel fantasma caminando tras ella, respirando en su nuca, buscando sus hombros, su cuello, su pecho... e intentando aprisionarla, manoseando su corazón para dejarla agitada, sin aliento y lista para un sorbo más. Las cosas a su alrededor empezaron a desvanecerse. Y por un momento sintió que la opresión en su pecho se aliviaba casi mágicamente, dándole instantes de paz. Tristemente, ese éxtasis pasmoso duró fracciones de segundos. En cuanto se incorporó, ella volvió a sentir el ambiente, con todo su sucio esplendor, cayendo fatigosamente sobre su cuerpo débil. Con cada nuevo trago, su garganta se incendiaba y parecía absorber el calor que aumentaba en su cercanía. El fantasma que simulaba haberse retirado, regresó con fuerzas renovadas. Tomándola por sorpresa y haciéndola caer en el abismo más oscuro e inimaginable, ella finalmente chocó con el fondo. La falta de aire y su incapacidad para reaccionar lograron el quiebre. Su rostro se transformó mientras lágrimas cargadas con mil emociones se deslizaban lentamente sobre sus mejillas. Esas lágrimas eran tan pesadas como bloques de concreto, bloques que constituían muros en su mente y en su corazón, muros que impedían que los sentimientos salgan a flote inmoderadamente. La mano fantasma oprimía con más ímpetu su pecho hasta que la tensión se dispersó en todo su cuerpo. El malestar actual sería duradero y ella bien lo sabía. Cuando su alma cansada dejó de tiritar, se incorporó en el ambiente híbrido una vez más. Miró a su alrededor, observó detenidamente a la gente y se retiró. Una vez fuera de aquella prisión nocturna, confesó para sí, que no quería volver a ese abismo frígido y metálico, solamente quería volver a casa... Con una angustia inexplicable se despertó luego de haber dormitado cinco minutos sobre el pantalón que no había terminado de colgar. Sabía con certeza que esa sensación volvería a repetirse con el correr de las horas ya que, en el camino de vuelta a casa, solamente se dignó a observar cómo, el fantasma que hizo de su noche un caos, dormía placidamente en el asiento trasero del auto. Eliana R. Z. : Son palabras nacidas de una noche de insomnio en la web... Nada personal. Tu arma es tu mente, No la desactives! | ||
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