| Ahora se que estás en la PC, sola, vulnerable. Toda mia.
No se si de ropa interior, vestida de trabajo o de entrecasa.
Te miro. Desde lejos y desde cerca, hasta penetrar de alguna forma en tu mirada, desnudándote y despertando tu líbido para lo mejor.
Tus pies fríos y descalzos toman contacto con el calor de mis manos. El contacto de nuestra piel lo sentís excitante. Froto tus dedos y las plantas de tus pies. Masajeo tus tobillos torneados, empezando un camino en que los cuerpos se empezarán a conocer, se estremecerán juntos. Y la piel se topará con más piel.
Tus pantorrilas se dejan hacer, y tus muslos son presa de mi lengua y mis besos que inundan tu sexo de calor y de humedad tu ropa interior. Besos, lenguas, caricias, tus muslos me pertenecen. Son míos nada más. El placer,en cambio, es todo tuyo.
Morderte los labios ayuda. Cerrar los ojos también, estirar tus piernas y dejarte hacer es nuestro juego en el que el deseo es el actor principal. Me agarrás la cabeza y me tirás el pelo cuando paso mi lengua por los bordes de tu ropa interior, mientras que en el medio, tu sexo, dilatado y encerrado, implora saciedad a gritos.
Puedo sentir tu deseo, tus dedos, tus manos, tus ganas. Yo siento que puedo seguir en pos de seguir deseandome más, hasta que ayudo a levantar tus caderas para liberar a tu sexo del pedazo de tela que lo recubre.
Prefiero masajearte un poco antes de acercar mi boca a tu sexo, para que mires, goces, y sentir tus gemidos, hasta que mi lengua se apodera de las acciones, y empieza a recorrer tus labios desde abajo hasta tu clitoris, que mediante un ligero y húmedo recorrido te lleva al éxtasis del placer. Tus piernas me atrapan, no me sueltan. Yo no suelto tu clitoris, tu fuente de placer y yo somos uno solo que trabajamos en unidad para satisfacer tus deseos.
Tu cuerpo recibe con ganas mi lengua, pero ya pronto tu cuerpo pide más y te paro. Desde atrás rápidamente sentís mi aliento y tus besos en tu oreja, tu cuello, tu espalda se estremece al recibirme, y me despide tristemente cuando llego a tus nalgas. Una vez que llego a mi nuevo territorio, mi mano empieza a explorar la humedad de tu sexo. Sin que puedas ver nada, y aceptando que tomo el control, tus piernas se abren lentamente y tus labios, tu pc, la mesa y la silla, son testigos de como comienzo tu masturbación.
Poco a poco comenzás a sentir el ingreso de mis dos dedos adentro tuyo. Lentamente, entran, salen, entran, salen, vuelven a entrar y vuelven a salir. Tu excitación te juega una maña pasada y no podés mantenerte en pie. Querés que te penetre.Lo pedís. Lo tenés. Me acuesto en el piso rápido y agarrandote de las caderas separás las piernas y mi sexo entra casi con violencia sin pedir permiso hasta que llega bien al fondo. Te sostengo de las nalgas, mi miembro erecto se mete adentro tuyo sin apoyarte lo que te provoca excitación.
Levanto las rodillas, mi sexo hace un recorrido más largo y tu placer aumenta. Me agarrás del pelo, yo no paro, quiero llevarte hasta el éxtasis y como tu cuerpo estalla de placer junto con el mio. Me agarrás fuerte de la espalda, yo de tus caderas y nuestro estremecimiento se siente en cada centímetro de nuestro cuerpo. Miro tu cara, tus ojos, es hora de decir adios. Un pequeño ruido en la ventana te despierta, otra vez te quedaste dormida en la pc y mañana hay que madrugar. Yo me voy alejando de tu edificio, perdiéndome en la oscuridad de la noche, para ser un amante más de la inmortalidad. |