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Creado el 27.05.08 a las 20:08
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| A Québec por Luciano Doti Hay un enclave francófono en el Norte, donde los vientos árticos alcanzan las costas de Latinoamérica. Allí, cada palabra pronunciada, en la lengua de Baudelaire, es un ejercicio de soberanía cultural que suena como una melodía cálida en medio de tanto frío. Desde Buenos Aires, la París sudamericana, a Montreal; desde estas pampas, fértiles como Québec, a Trois Rivières; desde el Plata al San Lorenzo; estamos unidos los latinos del Sur hispano con los del Norte galo. | ||
| Triángulo Dos triángulos, Sendas porciones de muzza y faina; Otro triangulo, El de tu tanga, Se asoma sobre tu cóccix Con vos sentada. Apuro un trago de moscato Para calmar la ansiedad. La pizzería está buena, Es como el triángulo de las Bermudas; Más de un hombre se pierde Ante tanto triángulo. Momento Ahora que el aire fresco entra por la ventana Emerjo de la somnolienta atmósfera surrealista En la que estuve atrapado. De la experiencia, Sólo palabras; Que ni cerca están De recrear el momento. Tacos Mi virilidad contenida (el arma), Mujeres de pantalones ajustados (el gatillo); Mi muerte está próxima, Y ellas (matadoras) Taconean impunemente. Segundo cordón Las calles del segundo cordón Tienen ese no sé qué: Tierra, barro cuando llueve, Polvorosa geografía atravesada por el viento. El frío del aire hiela la chapa, Debajo: calo-ventor, mate y torta frita. El neumático derrapa, Porque nos vamos rápido. Luciano Doti Triángulo Dos triángulos, Sendas porciones de muzza y faina; Otro triangulo, El de tu tanga, Se asoma sobre tu cóccix Con vos sentada. Apuro un trago de moscato Para calmar la ansiedad. La pizzería está buena, Es como el triángulo de las Bermudas; Más de un hombre se pierde Ante tanto triángulo. Momento Ahora que el aire fresco entra por la ventana Emerjo de la somnolienta atmósfera surrealista En la que estuve atrapado. De la experiencia, Sólo palabras; Que ni cerca están De recrear el momento. Tacos Mi virilidad contenida (el arma), Mujeres de pantalones ajustados (el gatillo); Mi muerte está próxima, Y ellas (matadoras) Taconean impunemente. Segundo cordón Las calles del segundo cordón Tienen ese no sé qué: Tierra, barro cuando llueve, Polvorosa geografía atravesada por el viento. El frío del aire hiela la chapa, Debajo: calo-ventor, mate y torta frita. El neumático derrapa, Porque nos vamos rápido. Luciano Doti Editado por Luc1977: 06.09.08 a las 14:22 Razón: DoblePost Unido | ||
| Dagas Estoy solo, Rodeado de gente. Entre la gente Hay chicas, Cada una porta Una daga; Ninguna me ve. Sobre mi pecho, Todas las dagas. Serpientes La primera vez que te vi El tiempo quedo congelado, Llevabas tu corazón Con las manos abiertas, Lo mostrabas a todos; Sonaba tu voz musical. A partir de entonces Hubo noches de insomnio, Sueños, dormido y despierto, Olvido y posterior recuerdo; Siempre se vuelve, Eso nunca se va. Eres lejana Y autosuficiente, Puedo ofrecerte todo Y nada. Nos une el signo De la serpiente; Anhelo poderte alcanzar. En parte escribo por ello, Como quien dice: Ya sé El camino a la fama No significa nada Si no hay una misión… Espanglish Te conocí en una lovli pari, E inmediatamente el paroxismo Inundó mi alma, Hasta volverme creici. Sos una terrífic wuman Llena de encantos. Quisiera permanecer contigo, Hasta fundirnos En una sola lengua Luciano Doti | ||
| te banco, sacando la mersada del final pisteaste como un champión en esta. | ||
| Que interesante, muy interesante. | ||
| Este está bien bueno... El triángulo de la tanga... y el de las Bermudas... los que no sollan mucho son los triángulos amorosos... terminan volviéndose círculos o puntos aparte... Me gustó bastante este. | ||
| Gusanos Luciano Doti Que cualquier carne tiene la capacidad de agusanarse es algo que sabemos todos, pero también tenemos conocimiento de que para ello debe haber una herida o un cuerpo sin vida. Existen diferentes tipos de gusanos, y no es mi intención usar estas líneas para clasificarlos; por otra parte, no sabría como hacerlo. Sólo sé que una persona puede agusanarse, que conocí a una persona que se agusanó, aunque en un primer momento no estaba herida ni muerta; he allí lo extraordinario del asunto. El tipo se llamaba Carlos, creo que ese era su nombre; para el caso da igual. Frecuentaba uno de esos copetines al paso del conurbano. Pendenciero él, tenía la costumbre de mirar a todos con cierto grado de altanería, de más está decir, absolutamente infundada. Tomaba una cerveza y de vez en cuando intercambiaba alguna opinión con los otros ocasionales parroquianos. Cualquier contrapunto, por insignificante que fuera, le generaba una tensión delatora de violencia contenida contra su interlocutor, que en ocasiones se aplacaba si el otro decidía hacer a un lado el incidente, por considerar absurdo el debate o devaluado a quién lo planteaba. Una noche, estaba yo con unos amigos compartiendo una botella de tequila en la calle, cuando pasó Carlos. La botella ya casi llegaba a su fin, por lo que se imaginarán cual era nuestro estado: nos hallábamos completamente borrachos, fuera de control y hasta pendencieros. Carlos nos provocó. Se acercó a nosotros de manera arrogante. No nos pidió tomar un trago uniéndose al grupo, quiso hacerlo a lo guapo. Nos arrebató la botella. Etílicamente envalentonados, nos íbamos a las manos, hasta que uno de nosotros, de manera atinada debo reconocer ahora, sugirió hacer a un lado el incidente, dado que ya en la botella quedaba poco. De hecho, nuestros hígados le agradecerían el robo, aunque el tema no era la botella en sí, sino el ultraje; pero tratándose de Carlos, no valía la pena la molestia ya que, como quedara dicho, se trataba de un personaje devaluado. En el interior de la botella, flotando en el poco liquido que quedaba, había un gusano. No sé si vivo o muerto. Tampoco sé si es algo que traen todas las botellas de tequila o sólo esa en particular. De algo no tengo dudas, Carlos bebió el contenido de la misma, completo; es decir, que al terminar no quedaba líquido ni gusano. Si estaba muerto, juzgo que revivió. Y se me ocurre que ya dentro del cuerpo de Carlos, el gusano comenzó a colonizar todo ese organismo, carcomiendo la carne desde adentro hacia fuera. Esos parásitos se alimentan de carroña, y a Carlos, tantos años sembrando odio y maldad, lo deben haber convertido en eso: pura carroña viviente. Al principio, su enfermedad se manifestaba como una especie de sarna, en la forma de lesiones o manchas cutáneas; pero poco a poco, a paso lento aunque inclaudicable, avanzaba progresivamente. Cada vez causaba mayor repulsión frente a la gente, incluso más que antes. La última vez que lo vimos, unos gusanos blancos danzaban sobre su rostro curtido e irreconocible. Después de eso, no apareció más por el bar que solía frecuentar. También abandonó la pieza que alquilaba en una revenida edificación de la zona, lugar en el cual, por esos días, se vio una cantidad inusual de gusanos. Solo los usuarios registrados pueden ver los links. ¡Registrate ahora, es gratis! Solo los usuarios registrados pueden ver los links. ¡Registrate ahora, es gratis! | ||
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