| Ver resultados: ¿TE SENTÍS IDENTIFICADA/O? TE PIDO ME OPINES | |||
| SÍ | | 8 | 72,73% |
| SI | | 0 | 0% |
| NO | | 1 | 9,09% |
| SI...PERO.... | | 2 | 18,18% |
| Encuesta de múltiples opciones. Votantes: 11. No puedes votar en esta encuesta | |||
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| Alejándome estratégicamente de la desesperanza (como los empleados del escrito de Borges que en un café del sur juegan un silencioso ajedrez), no sin agotamiento, no sin decepciones culposas, arribando a una natural amargura, arrastrando pesares, voy viviendo. Como alguien escribió: no llevaba demasiado la cuenta de los días, a veces era Tania en Beirut, a veces Felisa en Teherán, casi siempre su hermano menor en Roma. Iluso, a veces insensible en apariencia, desengañado de mí mismo, queriendo vivir un poco más trivial y solo logrando relacionarme con más intensidad, sin obligación de ocultar nada: disfrutando de la luz que ilumina mi interior con el solo cruce de una mirada. O como ese alguien siguió escribiendo: todo un poco borroso, amablemente fácil y cordial y como reemplazando otra cosa, llenando las horas antes o después del vuelo y en ese vuelo todo era también borroso y fácil y estúpido... Me desacomoda la rutina que interfiere mis silencios, que derruye, que congela mi compartir, que deteriora mis momentos de quietud, de soledad decorosa; atemporalmente observador, pienso, escribo y hablo. Porque tengo cosas para compartir que valen la pena. Reflexivamente verbalizo por creer que aún es posible inhumar lo infructuoso y así, cambiar lo que deba, sin desanimarme aunque sin estrategias, más que las del instantáneo instinto, alejándome de la regresión, del aburrimiento, de la apatía y sin dejarme sofocar, encontrar la salida del laberinto borgiano, y en mientras tanto intentar cultivar un jardín mientras agradezco que hay música en la Tierra como decía ese otro gran maestro aludiendo a Francois Marie Atouet. Muchas veces divertido recorro espacios vacíos, compulsivos si me congelan en la rutina, esa cíclica comida diaria aderezada con amargura, y que por costumbre llega el momento que no se deja cuestionar. Indiferente la consiento, por cansancio, por hastío. Diluyendo los grises, descubro la esperanza, y aunque cauteloso, tal vez escéptico, sigo intentando no quedarme en el querer y amarrar en el poder. En ese vivir aprendiendo, adquiriendo experiencia, incrementando la ya existente, no negando sistemáticamente, tratando de no reiterar el error de vivir solo cumpliendo años. Entonces en el sendero de la lucidez y la perspicacia lúdica avanzar risueñamente, casi grotescamente, hacia la conquista de mi ser menos impulsivo, menos salvaje, más carismático, más noble aunque simple y llano. Entonces el poder dar más es posible e inevitable. El vivir siendo. Alejándome del pobre y limitado intelectualoide, y acercándome al animarme crecer, aprender y mejorar. ¡Qué grande! ese alguien que sintió y escribió: hasta que llegue la hora de ir a inclinarme a la ventanilla de la cola, sentir el frío cristal como un límite del acuario donde lentamente se movía la tortuga dorada en el espacio azul...y entonces compartir esa idea de poner los pies en la tierra, de volver a ordenar mis tiempos, arrastrando la sospecha de un turbio presente, (¿Hoy pasado?). De evocar las figuras (por eso te evoco maestra) que inspiran respeto. Desdeñando las confusiones y el aparecer en un armario, fingiendo resignación, resignando errores, provocando desolación o (¡Qué grande maestro!) justificando o queriendo justificar un mal que nos han hecho..., pero siguiendo caminando. Pero ¡No! Como Alfonsina, la de los tacos torcidos y el vientre habitado por un hijo (de padre que no se hizo cargo) y su mente por poemas que comunicarían sus pesares, como esa música universal que es el tango, sensual danza como la voz femenina: la tanga..., como la Luna gigante que aquella noche luminosa se nos asomó lúdicamente mirándonos a la cara. Otras noches solitario la escudriño mientras soy analizado por miles de ojos luminosos, estrellas lejanas tanto como otra, tanto como lejos llegan mis pensamientos. Éstos que brincan uno tras otro y se amontonan en mi intrisiquidad. Me aparece el recuerdo de un San Telmo, tan misterioso que parece obvio, como mis arcanos, como un motel, motel, motel...de donde salen misteriosas parejas que incrementan utopías y envidias. Y aunque parezca que se juegan a todo o nada, no es lo que parecen, no echan falta envido, y tal vez para muchos orillen la marginalidad. Estos muchos que van para allá, mientras otros, con conciencia muy particular, venimos pata acá. Aquí compartimos piel, sentimientos y respiración. Y nos mutamos... sin mudas, nos sentimos especiales para el otro y generamos una catástrofe de sábanas. ¡Qué personajes que somos!. Nos incitamos a representarnos nosotros mismos, con mimos sin ser mimos, entre el brillo de las miradas cruzadas y el vaudevil de manotazos que acarician rostros, partes... e imprevistamente cachetean otras. Aleatorios y efectivos movimientos como técnicas de narración, como diría Borges: como acariciando un animal dormido. Observando y sintiendo halagados preguntarnos: ¿No existe la magia?. O como en esos diálogos certeros, inesperados e imaginativos, que solo se adormilan cuándo descansamos uno en el otro. Enigma que no requiere aclaración, atractivo desorden que desordena mis pensamientos más terrenos. Imponderables que suceden. Jamás imposible por fantástico. Sin decidir, sin insinuar, y sin guiños porque nos adivinamos. Azar que nos aleja de la vulgaridad posmoderna, que nos cruza sin llegar al hartazgo, que nos sube a la cúspide de donde no queremos bajarnos, aunque deliberemos en el desbarranco. Y aunque a veces irónicos, casi hirientes e inconstantes vandálicos en nuestra rebeldía desbocada, nos existimos. Nos recreamos en cada cita del pasado. Perfecta aunque seamos imperfectos. Y no nos conformamos con entrometernos solitariamente en el mar, ni en escribir poemas que cuenten nuestras nostalgias, sin exigir como condición única, la presencia predilecta del otro a nuestro lado. Es cuándo, como alguna vez sentiste y escribiste: vuelves sobre tus pasos. Hueles una flor salvaje. Tocas tu carne. Cantas la canción más triste. Ríes en sol mayor. Desafías tus mañanas y solo a la noche juegas a ser feliz. Pero como sé que vas a lograr de esto el epítome necesario, gracias a que te reconozco nula en estulticias, tanto como para dejar de ser mascarita acomodaticia pasiva por no atreverse a arriesgar, a volver a la vida y refrescarte en sus aguas, aceptando que somos parte de un caos mayor, pero que actúa como un desempañador de los cristales que alguna vez empañados disfrutamos, porque no había nada que ver afuera todo estaba adentro, donde nos identificábamos, nos vivíamos y nos afrontábamos, porque nada ganábamos con hacernos los indiferentes. ¡Qué simbiosis!, ¡Qué dicha instantánea!, ¡Cuánta oniricidad!, tanto que me desnudo ante vos para provocarte a que me opines, mientras sigo transitando en el solenoide, pero ya el café dejó la tasa vacía y es parte mía, y yo de él. ¿Perdió su naturaleza?, o el jaguar rugiente, o el felino agazapado o el domador de emociones, (Léase auto-boicoteador), rememora el reposo del guerrero después de haber descubierto y recorrido el arco iris de altas vibraciones que lo crecieron en plenitud gracias a esos ojitos de Luna que iluminaron un San Telmo y danzaron con los míos en ese gusano subterráneo como si fuese la tortuga dorada del cuento de Julio. Y para que todo lo anterior haya valido la pena en ser leído, me despido con una frase de Albert Camus: la vida será vivida mucho mejor si carece de sentido. Simplemente. Editado por *Anubis*: 31 de marzo de 2008 a las 20:59. |
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| Sentimientos encontrados. Heridas que no han cicatrizado y siguen supurando. ¿Por qué no nos atrevemos a cambiar de aptitud?. Puedo aceptar que estés de acuerdo conmigo, solo sí cuándo no lo estés, con la misma tranquilidad, me lo hagas saber. Muchas cosas que nos pasan, duelen, pero una existencia sin dolor, como alguien dijo, haría intolerable la muerte. Sepamos que son necesarios los caminos espinosos, aceptémoslo y a partir de ese instante podremos hacer algo para armonizar. Aunque atravesemos momentos de incertidumbre y contrastantes, es conveniente seguir en la búsqueda, o mejor, en el encuentro. Muchas cosas se nos pueden negar, hasta que pongamos orden de prioridades para que no nos recargue en las resoluciones. Una a una es la manera. Así nuestra habilidad se expande y se refuerza con nuestro ser profundamente constructivo, magníficamente humano. Aparecen los diálogos de gran envergadura y decrece nuestra ansiedad, condición importante para introducir cambios en todos los aspectos de nuestra vida de relación. Entonces hasta podremos soñar sin fantasear. Disfrutar hasta de los acontecimientos pequeños, lo que nos acerca al afianzamiento de nuestra personalidad. Nos sentiremos evolucionando, sin perder momentos ni perspectivas. Nuestra voluntad aumenta, y con esto, nuestros esfuerzos son compensados. De otra forma fomentaremos el inútil y absurdo aislamiento, pensando que de esta manera NO sacrificamos nuestra libertad. Lo contrario favorece la euforia y simpatía por nosotros mismos y con esto nuestra seguridad. Sentiremos que generamos un clima de comprensión y estima. Nos sentiremos con iniciativa y agudeza mental para resolver reflexionando en palabras y actitudes, pero naturalmente, casi por instinto. Nos veremos sorprendidos favorablemente, reconfortántemente, y esto nos afianzará en ser nuestro propio guía. Y aunque por momentos nos sintamos emotivos, nos encontraremos en que no tomamos todo a la tremenda y que esos estados de nerviosismo desaparecen. El brindar cariño y atenciones no nos costará un gasto extra de energía. Por el contrario, disfrutaremos de ello. Nos retro-alimentaremos. Todo se refiere a actuar convenientemente, con nosotros y con los demás. Lo turbio desaparece. Las puertas se abren. Seremos más constantes y arremetedores. Podremos comprometernos sentimentalmente y en éste poder, nos sentiremos maravillosamente relajados para disfrutar a cada instante. Acepto desde el proverbio que salva, hasta el salmo que me provee. Esperanza que me inunda. Como el agua, llegan los acontecimientos, la forma en que nos afectaran será según la del recipiente interno en que los coloquemos. Cuándo adolescente, tantas veces me enfrentaba a aquella Mujer de ojos de un profundo celeste, de piel suave y de cabellos rubios, pues me parecía que todo lo que me indicaba estaba mal, pues como yo quería hacer las cosas estaba súper correcto. Hoy educaría con sus mismos criterios. Hoy, que me comunico con mi maestro, que ve sin mirar, que como mi amigo, aquel que ve más allá, tal vez porque es ciego, y que además, escueto en sus comentarios, como mi madre, pero certeros como pocos, y cada uno con sus tiempos de reflexión y su nivel de educación, y sin embargo a la hora de argumentar, la tienen tan clara que no hay forma de rebatirlos. Quisiera mojarme en su sapiencia de vivir para poder llevar a cabo lo expuesto en la primera parte de este escrito, y tener la humildad de compartirlo, así como la madurez lúcida de mejorarlo. Ahora que la rubia Mujer de ojos celestes profundos, como sus escuetas conclusiones, ya no está físicamente a mi lado, mi maestro oriental lejos físicamente de mi entorno, puliendo su maestría a poco de trascender, y mi amigo el no vidente del espectro visible, ocupado en su luminoso interior, percibo, intuyo, que me están queriendo decir: ya es hora que te ocupes de vos, no te podemos acompañar en el sendero pues es muy estrecho, aunque siempre estaremos en vos y cuándo lo necesites puedes acudir a tu memoria y actuar en consecuencia. Sos un ser individual, con libre albedrío, tu misión es superarte a vos mismo, empieza ¡Yá!, el tiempo si no es poco es corto. No te arrepentirás. Pero tampoco te olvides de ayudar al menos al que tienes a tu lado. Cuándo se logra el centro, los contrastes despóticos desaparecen. Podría decir que llegamos a la madurez de sentimientos, equilibrio entre el pensar y el sentir. Dejaremos de condenarnos por apariencias. Dejaremos de sentir que somos los únicos golpeados por la vida. Dejaremos de perder la confianza en nuestras fuerzas al ser cada vez más honestos para con nosotros. Entonces la primavera que se aproxima será un continuo descubrimiento, porque ella será la misma, pero nosotros seremos distintos. En cada amanecer los pájaros recuperarán su cielo, porque nosotros dejaremos de volar para empezar a caminar. Nuestros pensamientos negativos entrarán en silencio. Entonces ya no seremos buenos para creernos felices, sino que seremos buenos porque somos buenos y felices porque nos atrevemos a vivir, con lo bueno y lo malo, asumiendo como adultos nuestra responsabilidad de no darle lo que nos sobra a otro, y tampoco sacarle lo que es de él. El tema es compartir. Compartir todo. Y disfrutar, aunque fatigados, libres y orgullosos, hasta que nos llegue el séptimo día. Dejaremos de ser míseros que se alimentan de sus miserias. Dejaremos de padecer el placer clandestino dando paso al burbujeante hormigueo que crece naturalmente recorriendo todos nuestros centros, como un río de ternura palpitando en nuestro ser. Dejaremos las místicas esperanzas, para convertirnos en espejos resplandecientes. Aventurándonos a la aventura de sentirnos vulnerables en todos nuestros sentidos, recorrer a gusto prodigiosos momentos, a sabiendas que la vida nos va a sorprender en cualquier instante, por lo que será un vivir esplendoroso que alumbraremos en nuestro ardor. Entonces no espantaremos a quien nos quiera querer. Podremos dar y recibir, sensación deliciosa que aumenta en intensidad y nos asemeja a la simbiosis existente entre el cielo y el mar, cuando un arco iris los mantiene conectados. Así podremos soñar sin fantasear sonambúlicamente. Editado por *Anubis*: 05 de marzo de 2008 a las 13:46. |
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| ANSIEDAD Y PENSAMIENTOS Mis deseson que puedas liberar tu energía intuitiva para que así puedas hallar la luz, mantener tus pensamientos y emociones bajo control y experimentar la armonía. Este estado de serenidad y gozo, puede ser nuestra misión. Que la explosión de luz te llegue para que puedas disfrutar del supremo conocimiento, o sea: compasión, amor, conocimiento e inteligencia. Meditando y contemplando en acción. Por algo la meditación es el fundamento básico de todos los senderos. Nuestra naturaleza original se pone de manifiesto cuando se pierde el ego, entonces se gana la libertad. Si nuestra mente estuviese bajo nuestro control, poseeríamos el mundo. Ya no importaría la mente, ni la imaginación, solo tendría interés la conciencia interior en estado de máxima comunión. Debemos aprender a neutralizar las influencias negativas. La concentración en un punto en buena para empezar, como también encontrar el ritmo, para lograr que la mente sea como un espejeo. Ahorraremos energía y podremos neutralizar con mayor efectividad las reacciones que nos juegan en contra de nuestro subconsciente. Ya no habrá contemplador ni contemplado, ni admiración, ni aprobación, que necesitemos y tal vez aparezca el intervalo que necesitamos, la llave mágica que abre todas las puertas. Si arrastramos un código con negatividades y tenemos mensajes que están esperando activarse en nuestra mente, entonces como aprendimos a pensar, ahora debemos aprender a dejar de pensar. Los maestros dicen que el mejor ayuno es el de la mente, esta se recarga, se recupera, sale del circulo nocivo de pensamiento tras pensamiento, y ahí si, puede captar el mensaje aletargado en dicha mente. Si mi empleador me pregunta: ¿Qué estoy haciendo? Y le respondo que estoy SIENDO, ¿Me respetara?, o su estado de ansiedad tal vez no lo deje ver la belleza de tal estado. Esa ansiedad que se siente cuando hay algo que no llegamos a tener y en muchos casos ni se sabe que es ese algo. Muchos maestros orientalistas fundamentan efectivamente el estado de no-posesión como “el camino”, pero tal vez nuestra mente este lejos de dicha perfección, por eso seguimos en la búsqueda de prestigio, poder etc. Nuestra mente se hace adicta al tener, le va ocupando la mayor parte del su tiempo y esto genera mayor ansiedad. Pero para nosotros que no perdemos las esperanzas de dominar a esta mente caprichosa, nos es importante él comunicarnos experiencias, métodos, caminos, logros, mas hoy en día que se nos facilita dicho intercambio por Internet. No debemos dejar de comunicar las enseñanzas que nos han legado los maestros. Ellos no querían que se las consideraran propias, sino que querían y quieren que las llevemos a la practica y que nos sean útiles para avanzar de estado en estado, de condición en condición y si es posible que encontremos los atajos. Nos hablan de paciencia, de no-prisa, de atemporalidad, nos dicen que nos conformemos con sentirnos menos inconformes, menos infelices, menos tristes y menos frustrados. Somos mucho más que esa mente que no para de parlotear, aunque quiero que se calle; ella no es quien manda, DEBEMOS LOGRAR QUE SE CALLE Y ASI LO HARA CUANDO DEJEMOS DE QUERERLO. Si me siento insatisfecho, significa que mi búsqueda va por buen camino. Debemos estar atentos al apaciguamiento en la búsqueda, no nos resignemos si no vemos la senda, o estamos en la búsqueda o estamos perdidos. Tratemos de no formar parte de esta última mayoría. |
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| Gente, el sub-foro de Psicología tiene otros objetivos... Cito de las reglas: "La intención de este foro es compartir información, opiniones y recomendaciones sobre todos aquellos temas que se refieran a la psicología humana y sus ramas asi como también el debatir y argumentar sobre los principios teóricos que la fundamentan." No es la idea que posteen un texto de tipo literario que nada tiene que ver con la psicología y sus principios. Lo muevo a Inéditos... [.movido.] |
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| El día no amanece, cacho... y debajo de mi almohada ni un insolente verso... vicio el de buscar el reposo para olvidar u ocultar como el fantasma de París. Pero parece que todo se complica, como a Focker sin ser De Niro, ni tener una mente siniestra. ¿Qué país quiero descubrir, si nunca jamás fui mar adentro?, ¿dónde estará la Electra que se una a mi misión?. Misión simple debe ser la mía, pues no soy ningún magno Alexander, ni pretendo llegar a la cumbre de la Colin-a, aunque me espere una Jolie. Pero uno siempre debe protegerse (aunque no tengo un Eastwood que me enseñe) de las posible Tiffany o Chuky, que te quieran vender que encontrar el tesoro perdido depende de un golpe de suerte. Entonces tratando de no ser una esponja, como Bob, para absorber los eventos desafortunados y que me encierren para dejar de ser o closer (intercambio), tratando de dejarme llevar por el deseo de sentirme algo mejor, algo más cómodo y algo menos pegajoso es que salgo disparado a aceptar la butaca de un acondicionado cinema, en este país de San Martín, en esta city de Rocha. ¡ Qué select-o que estoy!. Total La Plata que me requiere no es tanta, y me permite esto escribir, mientras, fumando espero... decidirme. Todavía puedo, porque todavía siento. Me daría bronca saber que ¡ya está!, ¡qué esto fue todo!... que ya no tengo más fantasías, que ese cielo azul que todos vemos, no es cielo ni es azul, que la gata, tímida y fatal, sin fe ni maquillaje, no ve de noche el color fiiiiiiiinallllllll. No importa la razón porque... la vida pasa. En el fetiche de un afiche de papel aparece cruel, pero no está en las salas del cine... ¿donde estará?, me produce penas de bandoleón, amarga sal del recuerdo que no me deja ser liberaaaaaado mientras se me arruga la piel por no poder mudar, ni atreverme a cambiar de alcohol, de prisión, de..., bien pero mal también... por que busco ¿no se qué?, si sé que ríe la vida... y ahora, capricho del tiempo, no quiero llorar leyendo postreros versos mientras la reja de bronce esta iluminada por aquel pedacito de cielo y la luna traviesa me hace un gesto al azar. El canario enjaulado no puede explicar los sueños perdidos, ni las pieles arrancadas, ni porque uno se miente. Y aunque primero he sufrido y después amado, aun me siento como un pájaró-n sin luz. La quieta calle me encuentra errante y con el pantalón mojado. No tan simplemente... la alegría en los ojos y en la boca, que una lágrima traidora moja. ¿Cómo correr un velo al pasado?. Bullanguero fantasma que fuma dejando cenizas en el corazón y arena en la garganta, que no se aclara con agüita del mar andaluz... no consigo... no consigo revivir al minutero de mi dulce vida, pero por más que parezca imposible el llamado, en la larga noche de miradas burlonas, la angustia, ese mal tan mío, no la puedo arrancar y eso que tengo ganas de alargar las noches para no gastar mañanas. Para no volver a empezar. Estoy anclado ¿en qué p-araje?. Quién hubiera dicho, muchacho amurado, mareado tal vez, maquillado con algún pedacito de cielo, que cuándo se mira al espejo se ve como dos extraños, con solapas desteñidas de mensajero, que sueña con un director de orquesta que está en el ; ; ; ; ; ; ; ; ; de mi vida, cerca del . final, junto a mi mesa, a mi vino y a mi pan. Leyendo un libro de traficante de ilusiones, vendedor de fantasías, con la foto en blanco y negro pegada en la vidriera y sonrisa gardeliana, que espera que le entiendan la vida que vive, sin intentar escapar de la ciudad caminando con las sombras del amanecer...¿A DÓNDE VAS?????...NO QUIERAS ESCAPAR A SER FELÍZ. Simplemente el MANEQUÍ VESTIDO DE SEDA.(*) (*)Ventarrón de Los Hornos, triste por que sí, bien, pero mal también, que busca no se qué... | Editado por Miguel Martiz: 24 de marzo de 2008 a las 10:28. Razón: INÉDITO |
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| Entre el aire puro de las sierras, me elevo, soledad enorme que me serena, me sosega y me acerca a ser lo que soy. Y allá abajo, libre, estoy yo. En mi búsqueda. Viaje hacia lo prohibido. Amordazado por la moral. ¿Cuántas verdades aguantaré?, ¿Cuántas cobardías trasmutaré en coraje?, ¿Cuánto para limpiar en mi casa. La poca luz me convierte en una penosa sombra. Hoy veo que las frutillas maduran a la luz del sol y a ras de la tierra. El ritmo de mis pensamientos me hace que el oír sea un privilegio. Seductor de mí mismo, escribo complicado por que así debo ser yo. Sin buscar enemigos, ni amigos, voy al encuentro de ambos, desinteresadamente para embriagarme con las enseñanzas del compartir. Muchas veces cuando busco, aunque no sé qué, me encuentro en gran soledad, solapado por la muchedumbre que me rodea. Aquí me convierto en un habitante de la torre de Babel. Me aflige. Voy siendo afable sin creerme estoico, voy aceptando mi destino y haciendo lo mejor que puedo, generalmente por los demás primero y luego por mí. Y tal vez esto sea lo mejor que puedo hacer por mí y por los demás. Sin mendacidad, simplemente por que soy parte de los demás. Por conducirme así, tal vez, solo tal vez, una cosa es la que escribo por pensarlo así, y otra, la que puedo llevar a la realidad. Expresión de deseos, no imposibles de cumplir, pero sí, ¡qué difícil de vivir viviéndolos!. Podes leerme, ¿Podés vivenciarme?. Pues si has vivido lo que escribo, podrás entenderme sin más. Entonces, si te tomas el trabajo de comprenderme, podrás, si así lo quieres, con tu riqueza, enriquecerme. Me quedo a la espera. Y aunque pueda ser absurdamente comprendido, no por ello me dejo de fascinar, sutilmente asombrado, de que tan poca agudeza intelectual o ingenio sean compartidos. Tal vez perdure orgullosamente la moral de unos refinados absolutistas, pero mis dedos son tan ágiles como jovial mi alma, como mi sentir experimental, que nada me importa de éstos rancios impersonales. ¿Estás con esos que no se animan a pedir permiso, o con mis osadeces. Si estás conmigo, entonces intérnate en los laberintos. Astutamente. Flexiblemente. Curiosamente. Embriágate conmigo en el descubrirse, libre de moralinas que producen falsos profesionales del vivir. |
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| manolo |
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| Cuándo uno es parte de los demás, está formando parte de la gran falsedad, al negar el uno mismo, o sea se adhiere a la masificación. De aquí pasaríamos a hablar de lo absoluto. En donde el término soluto del latín significa suelto, disuelto, disgregado, separado. Y el término ab es alejamiento, distanciamiento. O sea absoluto es solo. Terriblemente solo (Dolorosa la sola idea de vivir sin otro.). Él Yo heroico, el que no se aferra o apega a nada, el que nunca deja de crecer. “No quedar adherido a ninguna persona: aunque sea la más amada; toda persona es una cárcel, y también un rincón... No quedar adherido a ninguna compasión; aunque se dirija as hombres superiores, en cuyo raro martirio y desamparo un azar ha hecho que fijemos la mirada. No quedar adheridos a ninguna ciencia, aunque nos atraiga hacia sí con los descubrimientos más preciosos... No quedar adheridos a nuestras propias virtudes... hay que saber reservarse; ésta es la fuerte prueba de independencia”. (Más allá del bien y el mal de Nietzsche.) Toda corriente, sensación, energía, sentimiento, emoción, vivencia, experiencia o impulso que reciba el nombre de amor necesita de la existencia de por lo menos dos seres para manifestarse. Ninguna corriente, sensación, energía, sentimiento, emoción, vivencia, experiencia o impulso que hiera, desmerezca, descalifique, discrimine, elimine o destruya a quien lo experimenta o a quien lo recibe, puede nombrarse como amor. En los últimos cuarenta años ha habido profundas transformaciones en los roles de la mujer y empieza a haberlos en los del hombre. Esto afecta a la sexualidad, A la pareja, a la familia, pues los modelos femeninos y masculinos están en transición y esto necesariamente influye sobre las relaciones. A pesar de todo eso las ideas acerca del amor, la pasión y la pareja que fueron fundacionales de la mitología amorosa occidental siguen vigentes, impregnan profundamente nuestras creencias, conductas y sentimientos. Cuando podemos quitarnos la pesada carga de prejuicios, creencias y mandatos que se nos han inoculado acerca del amor, queda en evidencia nuestro profundo analfabetismo amoroso. Si no soy yo quien siente lo que siente, ¿Quién?. Si no soy yo quién vive lo que vivo, ¿Quién?. Si no soy yo quien habla por mí, ¿Quién?. Nadie está más autorizado que yo a hablar de mí mismo. Cuándo abandono el protagonismo de mi propia vida, no soy yo quién la cuenta. Para ser un relato de los otros. ¿Cómo me siento? ¿Qué pienso? ¿Qué quiero? ¿Qué necesito? ¿Qué deseo? ¿Qué puedo? ¿Qué tengo? ¿Qué sé? Cuándo empiezo a hacerme preguntas sobre mí, comienzo a conocerme, crece mi autoridad acerca de esta persona que soy y aparezco ante los demás con mayor certeza. Yo es el sujeto existente que, desde la conciencia de esa existencia, se diferencia de todo lo exterior a él y se percibe en un espacio físico, psíquico y espiritual intransferible. Cuándo digo Yo siento, quiero, no quiero, pienso, necesito, busco, espero, deseo, puedo, no puedo, doy, recibo, sé o ignoro, me establezco como sujeto de mi existencia. Cuándo digo Yo amo, el amor deja de ser una abstracción, algo que existe solo, una cosa que “les” pasa a “las” personas, la quimera que “uno” busca. Se encarna en mí, me convierto en amante y soy el protagonista de mi amor. El AMOR es posible a partir de dos que se aman, ante todo, en primera persona del singular. Cando yo soy, tú eres. Cuando tú eres, yo soy. Digo yo y escuchas tú, dices tú y escucho yo. La absoluta soledad en la que nazco y en la que muero carga de significado y de valor a mi existencia al convertirme en un ser único, irremplazable e irrepetible. Quien quiera reemplazarme en mi vida debería ser capaz de un imposible: reemplazarme en mi nacimiento y en mi muerte. Pero el tránsito entre el nacimiento y la muerte o sea el tránsito existencial, trasciende en la búsqueda del OTRO y en la consagración del encuentro. ¿A quién amo? ¿Por quién soy amado? ¿En qué pienso? ¿A quién deseo? ¿Quién me acompaña? ¿A quién recuerdo? ¿Por quién quiero ser recordado? ¿A quién quiero olvidar? ¿De quién espero? ¿A quién ofrezco? El amor es posible cuándo cada uno de dos que son únicos, singulares, irremplazables e irrepetibles en sus historias, en sus orígenes y en sus destinos puede reconocer en el OTRO a la condición imprescindible de su amor y pude presentarse ante él como OTRO. Entonces el verbo amar puede conjugarse, gracias al encuentro, en primera persona del plural. Porque somos diferentes somos únicos. Porque somos diferentes somos complementarios. Porque somos diferentes podemos encontrarnos. ¿Si solo podré amar de verdad a alguien igual a mí, y si sólo podré ser amado de veras por quien me reconozca como su igual, es necesario la existencia del otro en el amor, cuál es su sentido?. ¿No es lo que el amado tiene de distinto lo que me impulsa a la exploración de lo desconocido tal como se manifiesta en él; y no es ese impulso el que, transformándose en una energía permanente, hace del amor una experiencia de conocimiento?. ¿Qué es mío y qué no lo es en este vínculo?. ¿Lo mío es excluyente o es la parte de un todo?. ¿Qué deseo hacer con las diferencias que advierto?. ¿Solo me imagino las diferencias o son un registro de mi experiencia?. ¿Qué diferencias provienen de nuestras historias personales y cuáles de nuestros distintos sexos?. ¿Las diferencias nos convierten en adversarios?. ¿Las diferencias con la otra persona me permiten conocer en un ámbito de confianza aspectos para mí desconocidos de lo humano?. ¿Cómo sería este vínculo si no fuéramos diferentes, sería posible?. ¿La comprobación de las diferencias modifica mis sentimientos; de qué manera?. ¿No es lo que mi amado, o mi amada, tiene de diferente lo que despierta una y otra vez mi energía amorosa?. ¿No es el descubrimiento de sus nuevos aspectos distintos lo que me va impulsando hacia él, o ella, no son esos aspectos lo que lo hacen una y otra vez atractivo para mí?. ¿No es por aquello que me distingue de él, o de ella, por lo que me ama y por lo que una y otra vez vuelve a asomarse a mi profundidad?. El amor es posible cuando nace respetando las diferencias que cada uno de los amados amantes aporta para su existencia y cuando hace de la integración de esas diversidades una cuestión de principios innegociables e irrevocables. Si solo amo lo que conozco, ¿Mi amor es completo?. Si solo me aman por lo que conocen de mí, ¿Soy completamente amado?. Cuándo amamos, ¿No nos iluminan también las sombras?. Aceptar que las diferencias nos convierten en sujetos amorosos y que ellas son oxígeno que nutre el espacio de nuestro amor no es una razón valedera para intentar registrar y detectar a todas y cada una de ellas. Esta pretensión conspirará, probablemente, contra la consolidación amorosa. Por mucho y muy sinceramente que hayamos andado en el camino del mutuo conocimiento y de la discriminación, del reconocimiento y de la integración de nuestras diferencias, en el sujeto de mi amor y en mí quedarán siempre aspectos inaccesibles e incomprensibles, no porque nos lo ocultemos, sino porque así aparecemos y nos modificamos, en nuestro ser, el uno ante el otro. Esos aspectos son los misterios. Un misterio no es un secreto, pues el secreto es una ocultación. Tampoco un misterio es un problema. ¿Puedo reconocer las zonas misteriosas del otro?. ¿Puedo advertir que no son algo que me oculta a mí, sino que aparecen como parte de su ser?. ¿Puedo reconocer que hay en mí aspectos inexplicables para el otro, que no son producto de una ocultación o de una manipulación?. ¿Puedo privarme de intentar desentrañar los misterios del otro?. ¿Puedo confiar en que no seré violentado para explicar aquello de mí que es inexplicable e intransferible?. El amor requiere de la presencia y del reconocimiento de los misterios que forman parte de nuestro ser. Esos misterios afloran en su profundidad cuando, reconociéndonos como un Yo y un Tú distintos, permitimos que nuestras diferencias nos unan hasta llevarnos al borde mismo de nuestras zonas más esenciales y sagradas. Es en la manifestación de nuestros misterios en donde cada uno de nosotros, los amados, los amantes, aparecen en su dimensión más completa. Si amo a lo que eres, ¿Qué me impide amarte como eres?. Si amas al que soy, ¿Por qué no me amas como soy?. Si nos amamos para cambiarnos, ¿Por qué no cambiamos de amado?. Cuando en un vínculo del que formo parte alguien se proclama tolerante, lo tomo como advertencia. El tolerante se cree mejor que el tolerado, se siente un escalón por encima del otro, hace gala de su poder, crea un desnivel, más tarde o más temprano exige recompensas. ¿Cuándo la persona que amo dice que tolera ciertos actos, palabras o sentimientos de mí pone el acento en como soy o en como no soy?. ¿Cuándo digo que tolero a la persona que amo lo hago sin experimentar expectativas de que cambie?. ¿Cuándo la persona que amo manifiesta su tolerancia, me pide explicaciones acerca de aquello de mí que tolera?. ¿Cuándo me manifiesto tolerante con la persona amada espero recibir razones, pretendo entender por qué sus actos, palabras o sentimientos no se ajustan a mis expectativas?. ¿La persona que amo suele recordarme, con palabras o actitudes, sus actos de tolerancia?. ¿Cuándo he sido tolerante con la persona amada espero que ella lo reconozca; suelo ser yo quien se lo recuerde?. Tolerancia y aceptación no son sinónimas; sólo puedo aceptar al Otro si registro que es distinto de mí, que nuestras diferencias y singularidades nos hacen valiosos mutuamente y que ellas comprenden aspectos de cada uno que permanecerán y deberán ser conservados y celebrados en su misterio. La aceptación tampoco es sinónima de la resignación. Se diferencia de la tolerancia en que no genera ni cuentas pendientes ni desniveles, es diferente de la resignación porque abre las puertas del porvenir, celebra los misterios del amado como una anunciación permanente. El amor envuelve, nutre, sana y fortalece a los que se aman cuando en cada uno de ellos está hecha carne la aceptación del OTRO como alguien perfecto en sus imperfecciones, completo en sus carencias, presente en sus ausencias, comprensible en lo que tiene de inexplicable. La aceptación me libera de la tentación de cambiar al OTRO y me hace libre también del peligro de ser forzado a cambiar para convertirme en quien no soy. La aceptación, como condición del amor, bendice el encuentro entre dos que cruzan sus vidas para generar un vínculo único y sagrado desde sus bienaventuradas singularidades. El amor es un punto de llegada, no de partida. El amante y el amado cambian, esa es la magia del amor. Nada de lo que existe fue dado de una vez y para siempre. No puedo imaginarme vivo, no puedo volver sobre mi historia ni avanzar sobre mis sensaciones, sueños o fantasías si eso no ocurre con y en el tiempo. No puedo imaginarme vivo, me es imposible concebir lo existente, y mi existencia, si quito el tiempo de mi pensamiento y de mis sensaciones. Si no puedo desarrollar mi amor en el tiempo o si quedo atrapado con mi amante en su tiempo inmóvil, ¿Cómo podremos conocernos, mirarnos y aprendernos como diferentes, celebrar nuestros misterios a medida que se manifiestan, vernos evolucionar, adaptarnos, aceptarnos, redescubrirnos y volvernos a elegir?. Como construir un edificio, transformar el enamoramiento en amor, es un proceso que necesita tiempo.. Como para que el fuego de la pasión se convierta en brasas de amor. No empiezo enamorándome de la persona a la que amo. Termino enamorándome de ella al cabo de un proceso en el que nos vimos como distintos, conocí y fui conocido, aceptado y soy aceptado. Para cumplir la parábola que me lleva del enamoramiento o de la pasión al amor, preciso tiempo. Ese trayecto se cumplirá en la medida en que ambos permanezcamos allí para transitarlo. Es un tránsito que se desarrolla en el tiempo. Llego a amar a mi amada caminando hacia ella por el camino del tiempo. ¿Considero que la persona que amo será siempre como es hoy?. ¿Creo que el amor hace posible el cumplimiento instantáneo de las promesas, deseos y necesidades?. ¿Qué cosas han cambiado en mí, en la persona que amo y en nuestro vínculo desde el comienzo de nuestra historia común?. ¿Puedo aceptar que a un momento de lata intensidad amorosa en mi pareja sobrevenga un período de menor intimidad?, ¿Cómo aprendí a aceptarlo?, ¿Qué me impide hacerlo?. ¿Puedo escribir o contar la historia de cómo se produjeron las principales transformaciones en mi pareja?. ¿Recuerdo qué ocurrió y qué sentí cuándo en algún vínculo afectivo, necesité tiempo para cambiar y no lo tuve?. ¿Me doy cuenta de qué cosas no supe esperar en algún vínculo sentimental y cuál fue el resultado de esa actitud?. ¿Hice promesas amorosas “para siempre”?, ¿Las mantengo aún?, ¿Cómo me siento respecto de ellas?. ¿Qué me ocurre u ocurrió en mi biografía amorosa, (Ya sea estando solo o acompañado), cuando supe y pude esperar?. ¿Qué me ocurre o me ocurrió cuando no supe, no pude o no quise esperar?. ¿Qué cosas que temía en mi vínculo amoroso he dejado de temer?, ¿Cómo ocurrió?. ¿Qué fue necesario para que ocurriera?. 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| ¿Qué cosas que temía en mi vínculo amoroso he dejado de temer?, ¿Cómo ocurrió?. ¿Qué fue necesario para que ocurriera?. El tiempo es la condición del amor que permite a las otras condiciones manifestarse y desarrollarse. Es una condición necesaria del amor, porque los amantes se aman en el tiempo y porque cada uno de ellos llega al encuentro del otro proveniente de historias distintas, de trayectorias y búsquedas diferentes. Historias, trayectorias y búsqueda existen en el tiempo, son inconcebibles sin él. Como también lo son las personas, como los que aman y son amados. El tiempo es la condición del amor que hace posible sembrar, germinar y cosechar actitudes y sentimientos. Cuando actúa como condición del amor, el tiempo nutre y libera, da oxígeno, horizonte y esperanza. El tiempo en el amor tóxico, en el amor que equivoca su nombre y su destino, es una jaula que aprisiona, una mortaja. Cuando los que se aman comparten una relación de amor, el tiempo es libertad. Si solo busco para encontrar, mi búsqueda no es libre. La búsqueda termina cuando soy encontrado. Moverse no es sinónimo de buscar. Cuando me obligo a una búsqueda afectiva –impulsado por creencias, por presiones externas, por expectativas ajenas, por temores propios-, estoy “condenado” a encontrar. Desde el punto de vista pragmático mi experiencia habrá sido exitosa, aunque probablemente haya olvidado mirar al otro y mi búsqueda se convertirá en un círculo perfecto y riesgoso. Como el sediento en el desierto, puede ser que haya encontrado un espejismo, apenas el reflejo distorsionado de mis ansias. El encuentro puede ser uno de los resultados posibles de la búsqueda. Otro (No menos valioso) consiste en el sólo echo de explorar. No toda búsqueda que culmina en la fusión con otro, es exitosa. El verdadero encuentro nada tiene que ver con la simbiosis que elimina lo distinto y establece un espacio indiscriminado en donde alguna vez hubo dos potenciales sujetos amorosos. Hay búsquedas sin encuentro y hay encuentros sin búsqueda. Aquellas se repiten cuando insisto en creer que hay alguien destinado a hacerme feliz cubriendo mis expectativas amorosas y mis necesidades emocionales. Estos florecen cuando puedo ser mi propio soporte, tomando contacto con la integridad de mi ser, es decir con lo que tengo y con lo que no tengo; enraizado en mi presente, tomándome como eje de mi devenir, me encuentro con alguien que puede aparecer en cualquier punto del vasto horizonte existencial. ¿Estoy dispuesto a preservar, atravesando todo tipo de prejuicios, hasta encontrar a la persona de mis sueños, esté donde esté y sea quien fuere?. ¿Creo que los encuentros no deben posponerse?. ¿Aumento la intensidad y la velocidad de mis búsquedas cuando siento que no puedo estar solo?. ¿Creo que una persona tiene lo que siento que me falta?. ¿Busco a una persona determinada para hacerla objeto de mi impulso amoroso?. ¿Tiendo a adaptarme a las expectativas de alguien cuando creo que ésa es la persona que yo buscaba?. Como condición del amor el encuentro es un punto de coincidencia único y no predeterminado en la trayectoria que sus protagonistas transitan en la vida. El encuentro en el que se plasma un amor sanador no nace de una obsesión, no es hijo de la ansiedad, no proviene de la impaciencia, no es un disfraz del miedo a caminar solo. Se trata del fruto maduro del tiempo, de la aceptación del compromiso con el propio ser en el aquí y en el ahora. Los que se encuentran se encuentran en un único tiempo y lugar posible, no por fruto del azar ni de la estrategia, sino de sus propias transformaciones y aceptaciones. Si no puedo responder a mis actos, no debo cuestionar los tuyos. Si lo que me haces está antes de lo que me hago, no soy el timonel de mis actos. Si elijo por ti no soy culpable, si eliges por mí no eres culpable. Las ideas habituales acerca del amor en nuestra cultura refuerzan la creencia de que mi amante es el responsable de mi felicidad, y viceversa. Desde cualquiera de los dos lados que se mire esta afirmación, ella conduce a la conclusión de que la más importante es la otra persona, ya sea porque dependo de ella o depende de mí. Esta es una idea de la responsabilidad como obligación o dependencia. No puedo ser responsable por la satisfacción de la otra persona ni por hacerla sentir completa. No puedo ser responsable “por” el otro, pero el OTRO está incluido en mi noción de responsabilidad, porque ésta significa no dañar a sabiendas, no prometer lo incumplible, no manipular. Como condición del amor la responsabilidad es el oxígeno que alimenta el torrente emocional y afectivo de los que se aman, airea sus espacios, discrimina sus identidades, enriquece su diversidad y aliviana su equipaje permitiendo valorizar y cuidar lo esencial. La responsabilidad elimina el riesgo de que alguien crea que el otro puede ser “por” él, evapora la peligrosa ilusión de que hay una muleta humana y de que la otra persona, si me ama, será eso para mí. La responsabilidad conecta a cada uno con la totalidad de sí mismo (Con lo que tiene y con lo que no, con sus aspectos opuestos y disímiles, con sus potencialidades e impotencias) y le permite, enraizado en esa certeza, hacerse cargo de sus actos, palabras y pensamientos, responder por ellos, estar presente ante el amado de pie, sin manipulaciones, sin sometimientos ni ocultamientos, La responsabilidad es, en fin, la capacidad de hacerse cargo de la propia vida y, por lo tanto, de la propia participación y permanencia en un vínculo de amor. Si conozco mi camino, te encontraré. Si sabes a dónde vas, me encontrarás. Si no forzamos nuestro destino, nos acompañaremos. Si pienso que mi felicidad empieza cuando encuentro a otra persona, mi única búsqueda tendrá como fin ese encuentro. Ese “alguien” pasará a ser lo más importante, ya sea para capturarlo o para conservarlo. Mientras tanto, mis demás necesidades quedarán en el fondo del escenario. Lo que yo haga por mi felicidad-a partir de mis recursos y posibilidades y con respecto y atención hacia los otros- puede contagiar a alguien. Pero lo que yo haga para lo que imagino que es la suprema felicidad de otro, no se transformará necesariamente en un estado que me incluya. ¿Cuáles son mis valores y cómo se escalonan?. ¿De qué manera quiero vivir?. ¿Qué estoy dispuesto a hacer para vivir así?. ¿Cuáles de mis necesidades son perentorias en este momento de mi vida?. ¿Cuáles podría postergar?. ¿Cuáles de mis espacios no puedo o no quiero compartir hoy y cuáles sí?. ¿Dónde quiero vivir?. ¿De qué cosas (materiales, mentales, espirituales) necesito desprenderme en este momento y cuáles me estoy desprendiendo?. ¿Qué cosas (en todos los aspectos) están incorporándose en este momento a mi vida, y cómo me siento ante ellas?. Cuando me preocupo por encontrar quien me acompañe antes de saber hacia dónde voy corro el riesgo de que quien “debería” ser mi acompañante se convierta en mi carcelero, en mi obstáculo, en mi lastre, en mi culpador, en mi juez. Y es posible que nada de eso se deba a su voluntad ni a su mala intención, sino a mi propia actitud de no haber visto el camino ni haber registrado la dirección antes de dar prioridad a la compañía. Antes de elegir un bastón para caminar debo prestar atención al camino y a mis propias piernas; sin estos dos elementos no habrá marcha. La compañía es condición y confirmación del amor. La compañía es condición y jubileo del amor. La compañía es condición y celebración del amor. La compañía es consagración de los misterios y de la aceptación, de las diferencias y del tiempo, del encuentro entre un yo y un tú que se complementan con responsabilidad. Como condición del amor, la compañía es la respuesta luminosa a las dos preguntas fundamentales del aquí y ahora de nuestro tránsito existencial. Dos preguntas que necesitan verse expresadas en un orden único e irreversible. ¿Hacia dónde estoy yendo?. ¿Quién me acompaña?. Según sea la respuesta, encontraré mi definición personal y única del amor. Me he permitido hacer este extracto de un escrito de Sergio Sinay La Plata, enero 31 de 2004. |
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| Inmersos en la intensa etapa de cambios experimentales y atentos a los exámenes de la vida, vemos en el interior de las inspiraciones los fermentos de una insólita lucidez de visión. Analizando los indicios de la búsqueda, si estamos atentos, podremos ver toda la curva de la parábola. La condición del individuo, ajena a la sociedad que lo rodea, se traduce en una anticipación místico-visionaria de la humanidad futura. Formando parte de una colectividad improbable e ineficaz de hombres buenos, aquí voy. El saber inmediato tiene por contenido la verdad. (Hegel). La crisis del lenguaje es, el lenguaje de la crisis. Por tanto la causa que nos salve de esta sociedad asocial, no debe reposar en manos débiles. No más a lo relativamente bello o feo, si a lo que es justo o falso. La realidad social y los reflejos nos hacen dejar de lado esquemas pre-constituidos y nos acerca a situaciones concretas. Todo hombre tiene algo de artístico, no importa que sea joven o viejo, trabajador manual o de la mente, culto o inculto. No está mal pertenecer a una corporación, lo que está mal es que ello nos dé más beneficios que a los que no pertenecen, o sea que el hecho de ser un simple ciudadano. O sea o el pueblo pertenece a las corporaciones, o las corporaciones pertenecen al pueblo. Consciente de ser parte de esta civilización mal parida, y no dispuesto a escribir prólogos de obras inconclusas, hay veces que me siento como un unionista, o sea un protestante, entre los que me rodean. Pero la vida va pasando tenue, como la llovizna que hoy me hace escribir o la que acompañó a la revolución libertadora o los golpes de estado o a los funerales famosos. Todo arte, (Cómo el arte de amar), conlleva dos procesos: teoría y práctica, que se funden en uno que es la intuición y esto lleva al dominio del arte, según Erich Fromm. Pero si logro quedarme sin contaminarme con la vorágine social que corre y corre, valla a saber uno hacia donde, entonces podré tener la oportunidad de seguir viviendo en libertad e independencia interior. El amor es una acción, (no-pasión, no-compulsión), es un estado continuo; (NO un súbito arranque), es dar, sin esperar recibir. No es rico el que tiene mucho, sino el que da mucho y se siente desbordante, pródigo, vivo, por tanto dichoso. Rico no es el que más tiene, si no el que menos necesita. Por ello la pobreza extrema es degradante, pues priva al pobre de la alegría de dar. Quisiera contagiar mi amor, más no mis ansiedades. Podría hablar del tiempo, la muerte, el amor, el recuerdo, angustias, alegrías, expectativas, ansias... pero ahora me pregunto: ¿Qué me llena la vida?. Hasta donde la realidad y hasta donde la ficción. Porque fuera de la nada, nada. Hay veces que uno tiene poco para decirse con el otro, por ser demasiados reservados. Tampoco me gusta con mi compañera tener una fast food o una junk food. Por ello voy por la vida buscando el estado de equilibrio alerta. Así podré saber cuando estoy angustiado, irritado, y al estar consciente de ello, podré corregir y escuchar a mi voz interior, pudiendo aproximarme a un ser maduro y amante. Nuestra tradición cultural solo puede sobrevivir, si se basa, no solo en la trasmisión de conocimientos, sino también en la de rasgos humanos. Porque si es real solo lo que existe en mi interior, y el mundo exterior solo lo experimentaría como real cuándo tenga para mí, utilidad o peligro, sería un narcisista. Por lo tanto trato de hacer lo contrario, o sea, trato de ver a la gente y las cosas tal como son, dejando de lado mis propios deseos y temores. Tratando de ser objetivo y utilizar la razón, o sea tratando de ser humilde, lo cuál me puede llevar toda la vida, voy creciendo paso a paso. Pero también soy consciente que no equivocarse nunca, es en sí mismo una equivocación, quiero dejar de hablar de esos y tal vez esos pasen a ser ellos. Yá me cansé... |
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Miguel Martiz
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