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| Ver resultados: ¿TE SENTÍS IDENTIFICADA/O? TE PIDO ME OPINES | |||
| SÍ | | 8 | 72,73% |
| SI | | 0 | 0% |
| NO | | 1 | 9,09% |
| SI...PERO.... | | 2 | 18,18% |
| Encuesta de múltiples opciones. Votantes: 11. No puedes votar en esta encuesta | |||
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| BRISA QUE LLEGA Y ME DERRIBA por MARTIZ | |||
| Brisa que llega y me derriba. ¿Qué hace este espectador sobre el escenario?, si cuándo estoy en la planicie me siento en lo más alto. Cuándo me abro a la aceptación comprendo él por qué de esos sentimientos. En mi caso en donde el deseo ya no me quita el sueño, me pregunto,¿será el momento de ir concluyendo definitivamente?. Tratando de no desempolvar para no enturbiar la maravillosa Luna amorosa, con la mirada atenta y dejando hablar al corazón para descontar a lo errático, ¡qué importante la presencia de ese rostro frente al mío!. Mirándonos y mirándonos. Esa libertad en la que se intensifica la honestidad y se minimiza él sentirnos insatisfechos. El Tigris y el Éufrates inspiran genéticamente mis emociones. Embravecen mi pasión e incrementan mis ansias. Cómo un antiácido para la hiperclorhidria. Implacable secreción hormonal. Dichosa insatisfacción que acerca a esa otra cara. Como el amor que nunca puede surgir de la plenitud interior, sino de la carencia. Y cuándo se siente... ¿cómo eludirlo?. Cómo no buscar esa ola orgásmica, esa compleja trama de sensaciones entre miradas, caricias y compenetración carnal. Conjunción artística psicofísica. Con una relación así, no se cumplen años. Se cumplen momentos. ¡Qué finura, qué textura, qué deleite!, ¡cuánto placer, cuánta satisfacción!...todo en una sola mirada. Dejándonos fluir en el no exigir nada, para no esperar nada. Solo descubriéndonos hasta en él descubrirnos. Bronceándonos con caricias. Abiertos a la libertad volvernos cada vez más porosos al sentir, al pensar, al fantasear y al soñar. Místicamente, cósmicamente... pero sucede. Entonces ninguno será creación del otro. Contagiosamente feliz. Entusiasmados y energéticos. Sensibilizados pero equilibrados en el apasionamiento. Amorosamente, ardientemente, cálidos, con uniones armoniosas y profundas, plenas de erotismo, cuál faro que alumbra el sendero que aleja del hastío. Abundante fogosidad y apasionamiento. Recíprocos en el terreno amatorio. Hasta en el buscarse debajo de la ropa. Sin valijas con doble fondo. Alejándonos del tedio tuteando a la almohada. Sin códigos sociales; casi sin proyectos. Arrasándonos suavemente, recorriendo todos los rincones, todas las posiciones. Exiliándonos. Matándonos para renacernos. Subir al altar del placer entre piel y aromas. Orillando todos los rincones. Empolvándonos sin maquillarnos, y cómo una abeja probar el néctar y ver si es de nuestro agrado. Sutil roce, caricias y entrega suave y placentera. Aprendiendo. Eligiendo. Probando, exactamente experimentando. Defenestrando viejos prejuicios para poder hacerlo en libertad, abiertos a la aventura de vivir cada instante sin entregarle nuestro poder a nadie. Aunque ese poder nuestro, alguien nos lo halla hecho conocer, o nos ayudó a sacarlo a la luz, a disfrutar lo que siempre quisimos y tal vez no pudimos, no nos atrevíamos o no sabíamos que lo queríamos. Y esto lo podemos elegir cuándo hacemos uso de nuestra libertad de... lo que sea, pero siempre y en cuándo esa libertad no sea esclavizante. Esa libertad que nos inunda nos da un poder oculto en donde interaccionan tiempo y espacio. Esa fuerza interior que es una asociación de momentos chisporroteantes, fogosos, apasionadamente románticos y que nos llevan a una verdadera revolución, que es él revolucionarse. Aparecen las propuestas interesantes que llevan a un éxito coronado con astucia y deseo. Amalgama ésta que nos arriba a matices magnéticos, sueños y fantasías complacientes. Ensoñándonos en libertad para no sofocarnos con vacíos imprevistos. Finura que insinúa y terapeutiza. Sin osificarse. Sin petrificarse. Sin scannearse. Sin pegoteo gotístico, para no lamer gemidos opacos. Para no cargar una etiqueta en el dedo gordo del pie derecho. En este cafecito desvanecido, en este ahora que se fuga, y porque se fuga y lo sé, lo gozo con placer y dicha. Me sé libre. Puedo dejar la masa hormigueante, separarme del gran ruido que termina embotando, para intentar dejar el hastío para disfrutar el estío. Para no pertenecer a esa gran masa bombardeada con altos decibeles que terminan convirtiéndote en nadie. |
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| Re: Miguel Martiz | |||
| Leyéndote, me recordás al ave blanca de mis sueños, con sus alas extendidas intentando atrapar el Universo...Tan sólo inmensidad, tan sólo libertad... Compartía con Manolo, al leerte desde el principio, eso de "que triste vida llevas"... Realmente se te veía así. Pero hoy, al ver tanta pasión, tanto entusiasmo, tanta finura, deleite, sentimiento y libertad al reflejarte en esa otra mirada, me hace sentir mejor, por vos. Tu escritura deja de ser un lamento para transformarse en un canto al amor, al encuentro... Mil besos para vos... |
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| EN ESTE DEPARTAMENTO por MARTIZ | |||
| En este departamento donde habita la réplica de un hombre que se mueve entre sus cosas mínimas, y en donde de una sola mirada se ve lo evidente, pero que invita a la suave compenetración, a aquella que se suele adivinar para luego generar inolvidables momentos de disfrute lejanos de la suntuosidad y solo salvos por los mobiliarios persistentemente móviles, tanto como los pensamientos que viajan por intrincados vericuetos y que tantas veces no necesitamos explicar cuando nos perdemos en una mirada profunda. Comprendemos sinópticamente. Parece muy loco, pero nos solapamos en esencia, como si fuésemos un conjunto matemático, envidia de los orbitales moleculares, pero con tanta sensibilidad que se disfruta hasta del invierno que desnuda otras realidades, esas que siempre estuvieron y de las cuales ya teníamos sospechas. Es como que la vida real se vive aquí adentro y no en el remoto afuera. Cómo que se recuerda más el aquí adentro que lo hecho en el espacio exterior. Entonces, ¿dónde lo fantástico tiene lugar?, ¿debemos aspirar a la intimidad, ese aislamiento casi secreto para vivenciarnos?, ¿nos movemos entre espacios paralelos?. En el otro mundo que también es real, aunque siniestro y desgastante, nos minimizamos y vamos inconscientemente sufrientes, transitándolo. Solo los tenues atardeceres, o esas lluvias acariciantes diluyen esas sensaciones. En la intimidad nos amplificamos, persisten como un buen perfume, las fragancias de inexplicables momentos. Vivimos visible e invisiblemente, nítida o fantasmagóricamente intercambiando riquezas. Y en el altillo de la soledad, la presencia no se pierde, no se siente distante. Micro mundo que nutrimos con miradas, que por ser nuestros, nos susurran caricias, y nos llevan a escrituras inciertas que luego se amontonarán inciertamente, pero con la esperanza de algún día ser compartidas. Por ahora la luz tenue y las miradas encendidas, con levedad en las manos de movimientos suaves que van recorriendo el oráculo mágico, como mágicos son los momentos compartidos, que aunque agreguen confusión a nuestras vidas, nos convierten en dignos representantes, que sonrientes, pueden escuchar en silencio a un pájaro que trina. Y mientras escribo me olvido de todo, porque soy parte del todo, centrado, sin fin. Tal vez sea el fresco Malbec que me acompaña y agita una marea de recuerdos con tonalidades azulinas, rojas o verdes, que luego latirán como movimientos imperceptibles que alucinarán mi dormir y que me sacarán del círculo oscuro de la obsesión. Pensamientos que entran sin que los espere, o tal vez sí. Penetran sin vacilar, como la penumbra del atardecer que nos suele acompañar, como el suave rumor de otra respiración que agita la mía, y me proyecta su imagen reflejada en la mía, recuerdo inolvidable, nítido... y que siempre existirá en mis sueños semi-atontados. Avanzo con las eternas cadencias hornenses, no tan intactas, ni tan poco nobles, lo que me permite saltar como un arco voltaico iluminando como un Sol el vitreaux de mi ser. Entibio con sobrios colores la mirada que me apunta y me anuda con capilares hilos a las peripecias de mis sentimientos. ¿Cómo devanar?, si el ritmo acelerado, como una llamarada bajo mis pies, como un velero en la tormenta tropical sin travesías escapistas, me hace caer en la fascinación, me acerca a la narración con la presencia de esa sombra de contornos inequívocos, como su mirada que me aleja del estrabismo y permite convertir en presente una candente metáfora del destino. Aunque restringido ocasionalmente en esta actualidad, como actores en pausa, articulo momentos de vacilación comprometidamente confesionales. Volándome espiritualmente sin más, desbordante pero no adúltero, con la presencia que convulsiona mi sentir, sin agotar el inventar a cada instante una sinfonía sin partitura. Así se descubre constantemente sin saber como sigue, que es lo que viene después. Solo el ahora sin perder identidad. Épicos, gloriosos, minuciosos, honestos, despreocupados, masacrando el hastío, arribamos a la pasión amorosa. Atravesados, replegados, descansamos en la voz del otro. Compartimos la pitada y una copa que corona el estado de completud y que sintetiza las posturas acompasadas. Burlamos sabiamente legitimidades, protocolos que los declaramos en desuso, porque disfrutamos a nuestro modo. Por que sí, ¿por qué no?. Sin servilismos devotos. Sin perdernos ni un arco iris. Serenamente, armónicamente, como el desandar del tiempo, pero afianzando el aroma de la presencia, de la fluidez, de la danza enervada, enigmática como el pasearse de las nubes a la intemperie de los ojos del otro que nos alejan de la opacidad y nos recupera aéreos, ingrávidos, afines, abiertos, multiplicados en la sonoridad de los sentimientos que nos permiten llegar a la cima de los mismos. |
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| Re: Miguel Martiz | |||
| Tuve que leerte varias veces para empezar a comprender tus textos.Me resultaba difícil .Creo que buscaba las respuestas más cerca del suelo, y estabas demasiado alto.Maravillosa es la sensación de poder volar tan alto y sentir de esa manera.Creo que no es posible comprenderte cuando no se sabe de que hablás.Ahora sí.Gracias por tantas cosas hermosas. |
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| Martiz- Autoayuda- Amor No Correspondido | |||
| PASA EL TIEMPO Y EN ESE AMOR LIBRE QUE TANTOS LOS VOLÓ, ALGUNO DE LOS INTEGRANTES SE TERMINA INVOLUCRANDO... y cuándo es solo uno el que lo hace, aparecen los problemas... Personas que se quedan solas, por las circunstancias que sea y se vuelven centro de esa necesidad de los amigos de conseguirle compañía, tantas veces molesta situación de sentirnos centro en por ejemplo alguna fiesta, cuando nos quieren ENCAJAR a alguien a toda cosa, sin saber que tal vez queramos elegir por nosotros. Si sabemos de ese silencio metafísico que aparece cuando se exploran esas regiones donde la razón no tiene lugar. Sabemos de ese envolvernos en los brazos de ese otro, de dejarnos despojar con alegría y así ser libres, ligeros y por ello nos podemos inventar intensa y misteriosamente. Sabemos de esa levedad avasalladora. De ese sentir espiritual y pictórico que nos carnaliza. Y hasta sentimos latir lo femenino, esa sensual feminidad en nosotros, así seamos machos nos gusta sentirnos amorosamente reconocidos. Ese sentir que nos elevamos, nos pendulamos, inasible y receptivamente... ese sentirnos poseídos y poseedores. Fantásticamente, surrealisticamente. Oníricamente. Ese entrelazarnos sin ruido. En ese compartir hasta las lágrimas. Esas telarañas que nos nutren. O ese integrante de la pareja que ya cuesta que sea aceptado por la otra parte. ¿Por qué?, será que se desgastó, ¿quién sabe?. No se siente lo qué antes. Y si no se habla suele aparecer la agresión, esa acción violenta que surge por la impotencia de poner límites, del dolor de algún no-poder. Ese ¡No! que nos falta por no tener la convicción necesaria, o ese accionar al que no nos atrevemos. Internémonos en esa visión, pues las conductas antisociales no se corrigen con el castigo, sino con el ayudar a reconocer la verdadera identidad, única y particular para cada ser. Una vez que nos reconocemos todo deseo o necesidad antisocial se disuelve. Si no cuando creemos ser justos, estaremos siendo injustos, y si al ser injustos, nos justificamos, corremos el riesgo de creernos justos solo por conveniencia. Y aunque parezca que lo anterior no tiene que ver con el principio, pregunto, ¿te parece que no?. Una vez que se ve lo que es, la verdad, aparece la confianza y la seguridad. Si no aparece la desconfianza y la duda existencial. Astucia e inteligencia son ingredientes básicos. Acercamientos sutiles que parecen casuales y no lo son. Aparecen nuevas sendas. Aparecen como más claras, más precisas y sin tantos términos medios. Es como disfrutar de una muestra de arte aunque no seamos eruditos en ello. Maravillarnos, observar atentamente, complacidos, contemplativos y sobre todo receptivos. El abanico de posibilidades se abre para aclarar lo interior e incrementar el magnetismo que lleva a vivencias desconocidas. Lo conocido. Ese querer tener al otro, manejarlo, direccionarlo, y ese otro que quiere lo mismo de nosotros... cortocircuito. Incompatibilidad. Conflicto. Utopía de igualdad y libertad. Fachada de realidad. Angustia. Frustración. Hastío. Violencia. Ir siendo a turnos, desgraciados. Peligro de justificarnos para no perder el sobrevivir en lo poco conseguido. Para no sentir ese miedo a que aparezca la angustia por sabernos vulnerables. Podemos intentar cerrarnos a ello, pero permanecer abiertos a nuestros deseos. Y a medida que cumplimos años, tratar de realizar ilusiones y generar nuevas. Si no terminaremos definitivamente cansados y los recuerdos pesarán tanto, tanto, que no nos permitirán volar. Ese no perder la calidad de seguir soñando, nos asegura momentos de plenitud. Y así vamos sumando momentos. Y la vida es una sumatoria de momentos. El ir sembrando a partir de nuestros ideales hace que aparezcan las ideas necesarias. La claridad se presenta cuando dejamos de correr tras un sueño, o por darnos cuenta (¡Hay de este darse cuenta!), que si dejamos de lado ese sueño nos sentiremos sufrientes y en un estado de soledad, lo que indicaría que en nuestro interior, ese sueño, en realidad era una excusa ante algo más profundo. Ese estado subjetivo, sombrío, que nos inunda de preocupaciones, y al no encontrar el camino lógico, nos volvemos más exigentes, nos hace entrar en profundas inquietudes y nos llena la mochila de dudas. Injustamente criticado, voy aprendiendo a darle importancia solo a los que justamente me disienten. Lo que me crece. Mi generosidad pasa por compartir lo poco que tengo. Aunque trato de ejercitarme para incrementar mi inteligencia y así poder brindar más y mejor. A muchos no comprendo. Es entonces cuando, al menos por un tiempo, creo en ellos. Me gustaría que actuaran de la misma forma para conmigo, pues, es una manera de respetar y respetarme. De tomarnos el trabajo de tratar de comprendernos, así eliminamos ídolos y nos pondríamos en contacto con otros principios, otros ideales sin ídolos, y tal vez descubramos que sean más compatibles que lo que imaginamos. Me gusta contemplar las estrellas. Y en esa contemplación muchas veces se interpone alguien que sí vale la pena. Me molestan esas fronteras que ponemos y que nos mantiene aislados de esas personas tan simples y de verdades tan profundas. No todos somos válidos interlocutores, pero alcanza con que existan algunos. Por ellos y para ellos, y para mí, escribo. Me hacen descubrir lo sagrado y secreto. Como el conocimiento oculto de los árboles que me demarcan el camino. No hay fronteras que no nos permitan interrelacionarnos vibracionalmente, físicamente, emocionalmente, oníricamente y espiritualmente. En ese interrelacionarnos aumentamos nuestra sensibilidad e intuición. Y así podemos abrirnos más fácilmente a poderes superiores. “Lo que quise ayer lo tengo hoy, pero ya no es ayer”. “Aunque no soy como fui, soy lo que fui”, dos citas de J. Narovsky. Nada de esto es raro, ni alejado del diario vivir. Por eso lo expreso confiado y cómplice a la vez. Y sin necesidad de involucrar a la diosa celta Brígida, podemos llegar a convertir lo que deseamos en realidad. Se dice a mente libre, espíritu libre. En el arte de aprender a vivir viviendo, vamos encendiendo velas que van iluminando la oscuridad. Ésta que tanto temor nos producía, y que nos mantenía sobreviviendo. Y al ser partícipes de este arte, vamos siendo cada vez mejores artistas. Aunque los artistas no se hacen, son elegidos y solo deben perfeccionarse en la belleza de ser partícipes de la creación. No del amor en sí, no de las transgresiones que agregan adrenalina al amor. No de saber el ¿por qué?, Si no el de encontrar la senda para hacerlo cada vez mejor. Podemos descreer de ese amor que nos traicionó, ¡No! del amor. Aunque en esos momentos preferimos morir a sufrir. El tema es que durante el sufrimiento, solemos alejarnos del amor, ocupándonos, sino preocupándonos, por todo lo externo, y hasta nos hacemos cargo de cosas que no nos corresponden, y en ese accionar nos olvidamos de cambiar de dirección y ocuparnos de nosotros. Y esto sí, es preocupante, pues aumenta el cómputo de emociones negativas en nuestro interior. Como pequeños copos de nieve que se van acumulando hasta convertirse en un alud que arrasa un poblado, el nuestro. Regamos tanto hacia el exterior, que nuestro interior se seca. Respiramos tan superficialmente que nos cuesta expandir nuestros pulmones. El ser hijo único me da la posibilidad de elegir a mis hermanos. De apostar a cultivar dicha posibilidad y expandirme cuando soy elegido. Si puedes leerme y además tratas de entenderme, tendrás la posibilidad de ver lo oculto que hay en mí. Y esto me da alas que me llevan más allá de las montañas. Y si de ellas caigo, esas mismas alas amortiguarán mis pesares y así podré nutrir intuyendo, lo artístico de los artistas, y esa es mi forma de descubrir lo oculto que hay en ellos, más allá de lo biológico, psicológico o social. En lo profundo del ser. Interacciones profundas éstas, que pueden durar una eternidad. Y más allá de lo bio-psico-social, uno madura y crece, es entonces cuando a los sueños los vivo despierto. Es cuando una obra de arte me habla, me enseña a callar para que puedan escucharme. Y en la cima de la gran montaña me encuentro con el llano y con el bostezo de la naturaleza que acaricia mi cuerpo desnudo. O sea mi inconsciente actúa a pleno. Se hace visible lo nuevo, lo desconocido, y puedo contrarrestar la inmovilización que provoca la angustia, el sentirse no querido o poco valorado, lo que a su vez nos hace actuar a la defensiva, a través de los miedos, y genera la respuesta repulsiva de los que nos frecuentan. Y además puede hacerse presente la agresividad, pues ésta es una forma más de sus multiformas, más, es casi imposible que no aflore retrasando el crecimiento de la humanidad. No puedo asombrarme de esas mentes claras, sintéticas que por ejemplo escribieron algo así como que un esclavo retrasa a la humanidad o que una mano llena, es una mano perdida, o que hay esclavos que glorifican al tirano aunque éste les dé muerte. Cuanta velocidad mental, deseos, protagonismo, pasión e impulsos. Cuanto tiempo para valorar y analizar. Cuanta movilidad, flexibilidad mental, vínculos, sociabilidad, imaginación, profundidad, sensibilidad, fantasías e intuiciones. Cuanta claridad mental. Cuanta empatía. Cuanto por sentir... cuanto por conquistar en mi interior. Cuánto para dejar de estar en la búsqueda, pero no en el encuentro. Inmerecidamente ganador. Apariencias que lleva hacia la derrota, y ya no a lastimarnos, sino a desgarrarnos. Entonces esa obra de arte nunca podrá ser tan hermosa como quién la generó. Porque quien la generó, puede no haber cambiado, pero seguro abandonó los disfraces, al menos para el artista que vio más cuando cerró sus ojos y solo sintió. Fue como el tiempo, un vehículo, un gran poema de amor, pero nunca comparable con el que lo generó. Y así transparente e imprevisible sigue creando en libertad arriesgándome al desafío de unirse, fundirse y moldearse con apasionamiento. Así la posibilidad de crear una pieza única, estética y funcional para cada uno de sus integrantes, estará libre de dolores disfrazados de agresiones. Transitamos nuestra senda con la razón como timón, aunque muchas veces esas razones adolezcan de razón, y esto nos lleva a no encontrar las respuestas necesarias para continuar, o sea la crisis se manifiesta. Es entonces, cuando el ser preservantes y el no dejar de luchar, puede salvarnos. En camino por el diario vivir sigo abierto al encuentro de esa luz, mientras me muevo, casi al tanteo por la bruma que por momentos amenaza en disiparse. Encuentro verdades momentáneas por tropezar con su contraparte. Pues del diario vivir estoy hablando. Conceptos centrífugos y sus antagónicos centrípetos, no se evitan, no se esquivan, se dan de frente y es en ese compenetrarse en donde busco la resultante de ese movimiento continuo. Y en el mientras tanto conjeturo vacilante. Amparado en la lógica de mi ser sensible, descubro que no siempre mis creencias son las que presumía que tenía, pero que esta verdad me enriquece en lo reflexivo. Muchas veces el estar atento al rendimiento nos condiciona, y hasta nos anula el disfrute del placer. “Hay que inyectarse todos los días con fantasía para no morir de realidad.” Ray Bradbury.. |
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| Martiz-ante La Indecisión | |||
| Ante la indecisión, ¿Qué debería hacer primero?, ¿Qué es lo más importante para mí?. Hacer una cosa a la vez. Tomarlas como se presentan. Mantener las cosas simples, no darle tanta importancia. Éste es un antídoto perfecto para la confusión. Las cosas no salen como queremos, aparece la rabia, la frustración, nos descorazonamos, pensemos que nos llevó toda una vida llegar a sentirnos, digamos que enfermos, entonces dejemos la impaciencia, y démonos el tiempo necesario y empecemos "a vivir" nuestra propia vida”. Lo mejor que podamos. Sin criticar, sin reprimir . Si alguien hace algo que no nos gusta, esta bien él hacerlo notar. Ahora cuidado, pues lo que es bueno para nosotros, no siempre es bueno para los demás. Si al hacerlo notar, nos dicen que no es de nuestra incumbencia, dejémoslo. Forma parte del vivir y dejar vivir. Tanto el apego o al rechazo por alguien, nos hace entregarle el control de nuestra vida. NO debemos permitirlo. Nadie puede manejar o arruinar nuestras vidas. Tampoco somos responsables de la enfermedad o recuperación de otros. No podemos sufrir por el otro. Éste es el desprendimiento emocional, no es bondadoso, tampoco despiadado, pero nos ayuda a ver la situación real y objetivamente, y así podemos tomar decisiones inteligentes. No es falta de cariño o interés por el otro. Es simplemente que tenemos que recuperarnos nosotros de los efectos negativos sobre nuestra vida por la enfermedad del otro. Es un camino de armonía con el otro. Si abarcamos más de lo que podemos y además somos impacientes, seguro no podremos cumplir bien con todo y que pasa: aseguramos nuestra frustración. Cómo no somos imprescindibles, así también hay cosas que podemos dejar para mañana o más aun. Así podremos descansar y tomarle sabor a la vida. (Tampoco el extremo de caer en la pereza.). El secreto es aceptar, si no podemos... si podremos hacer como que lo aceptamos y dejémonos fluir. Hasta en los momentos más complicados podemos hacer como si nada, mientras nos serenamos. Muchas veces el estar confusos o enfadados, respondemos ante un inconveniente exagerándolo, otras veces éstos inconvenientes son de excusa importancia, que si se lo permitimos terminará en una triste experiencia. Aquí es donde debemos pensar, ¿Es realmente importante?, no sea cosa que el remedio que apliquemos por impacientes o enojados o excitados o confusos o irreflexivos, sea peor que la enfermedad. Ante un estado de depresión deberíamos llamar a un amigo que consideremos un interlocutor válido y contarle, no importa la hora, esto es fatal para la depresión. Ahuyenta a la depresión más intensa. Tratemos de ser flexibles y de mente abierta para pedir y aceptar la ayuda de un poder superior. Ahora mejor te encierras a solas a sufrir, o te vas sin avisar a nadie, no sea cosa que todo lo anterior de resultado y entonces el estado depresivo desaparezca y ya no tengamos excusa para sentir infelicidad. Si nos damos cuenta que podemos y debemos mejorar, debemos aceptar las críticas. La vida siempre compensa. Dejemos de dar lástima. No somos tan importantes como para que tengan consideraciones especiales para con nosotros. Nadie es del todo bueno ni del todo malo. Aprendamos a adaptarnos a los demás y convivir. Dejemos de lloriquear cada vez que sentimos que perdemos o nos derrotaron. No nos preocupemos demasiado por lo que no podemos cambiar. Abramos nuestras mentes para escuchar al otro. No busquemos en el otro todos los defectos. Planifiquemos con más tiempo. Ordenémonos. Tratemos de ponernos en contacto con el poder superior. Relajémonos, respirando y viviendo las emociones que se nos presentan en nuestra mente y cuando lo creamos necesario, involucremos nuestro cuerpo en esas vivencias o sensaciones llevándolas a cabo. Nada es pecado. El poder superior siempre ayuda, nunca castiga. Por algo sentimos lo que sentimos, aunque ahora no lo sepamos. No hay pasiones altas, ni pasiones bajas, solo hay hermosas pasiones. El no concretarlas, son como nudos en una manguera. Él boicotearnos solo produce frustración y perturbación emocional, dolor de cabeza, inseguridad, insomnio, soledad, miedos, ansiedad, depresión, que a lo largo hacen insoportable el vivir. Solo los que pasamos por esto, podemos saber que es sufrir así, en soledad, por no poder contarlo o concretarlo, ¿Por qué?, si es lo que nuestro Ser nos está reclamando. |
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| Asomado A La Buardilla | |||
| ASOMADO A LA BUHARDILLA. Entrando en la búsqueda de lo semejante me suelo enfrentar a lo diferente. Tratando de que me asistan Platón, Aristóteles, Descartes, Freud, Tchaikoysky, Debussy, Lennon, Charly, Shakespeare, Borges, Cortázar, Salvador Dalí, Safo, Aute, Sabina, Silvio, Pablo, Baglieto, Filus y todos eso monstruos que se dejan ver. Pues todos tienen un trasfondo común. Esa búsqueda de relacionarnos con amor, goce, deseo, placer, tratando de no ser abruptos. Terminantes. Sentir mis latidos cerca. Algunos nos alejamos de las moralinas. Pues no siempre natural es igual a normal. No quiero denunciar nada, ni ser un ave de rapiña, porque soy erróneo, falaz. Suelo equivocarme, pero trato de señalar sin injuriar, aunque aparezca como displicente, como multisímico, ( con m y no con n), y otras tantas monástico, estricto, severo, inquisidor, pero afronto las vicisitudes con la peripecia que mi ser amoroso me permite, muchas veces amorosamente erótico, y que me lleva hasta la solitariedad, ese estado en el que uno encuentra el placer de estar con uno. Acompaño a aquellos que viajaron al espacio, me vuelo en la inmensidad de estrellas, y luego regreso a poner mis pies en la tierra. En nuestro jardín que también es maravilloso aunque complicado, y tal vez allí esté lo majestuoso. No podría permanecer allí arriba tanto tiempo. Por incompleto necesito a los que me rodean. Ellos pueden vivir sin mí, no a la inversa. Sabiendo que la intencionalidad es fundamental pues ante un hecho se puede afectar de forma mala, aunque la intención sea buena. O sea, que apelando al mal menor, lo que debería importar es el afecto. No necesariamente buenas intenciones hacen bien. Muchas veces el tirano que llevamos dentro no nos deja hacer uso del libre albedrío. Es muy difícil compatibilizar nuestro universo humano. Decía Pirannello, el luigi, que uno puede ser actor o espectador. Si se elige un rol, se renuncia implícitamente al otro. Por ello, muchas veces me encuentro sentado en la cuneta cordón de la calle viendo pasar la vida, y otras, voy vivenciando, sintiendo que fluyo con ella. Con una escruposalidad sin escrúpulos, que me lleva a poner en palabras los gritos sordos. Gimoteantemente recombinándome. Me interno en la oscuridad del mí mismo y me descubro imperfecto, aunque perfectible. Allí en las alturas, en los valles de vibraciones más armónicas y puras, soy perfecto en soledad, tremenda soledad. Solemos luchar para mostrar lo que somos capaz de hacer y otras, para no mostrar lo que somos capaz de realizar. Algunas veces cariacontecido, mustiamente, como las plantitas que quedaron al Sol de este verano abrumador, otras burbujeantemente vital, como un caballo salvaje de Asia. Esos Mustang esplendorosos. Y si no puedo vaciar mi copa compartiendo con mis congéneres, ¿Cómo crecer interiormente?, ¿Cómo aprender de quién?, ¿Cómo cumplir con la tarea para la que he nacido?. Pero en positivo, aprender aprehendiendo y tratando de trasmitir, no vaciándome, sino quedándome como con una especie de microfilm que ocupen menos lugar en mi mente, y así ganar espacio para ser llenado con lo nuevo. Sin hondas virtudes de interpretación viril, sin interpretaciones críticas que confundan, sin temor a lo rotundo, sin ser solo necesidad de tematizar sobre algo nuevo, (arte que no me asiste), voy reuniendo a diario sensaciones viscerales que me permito y me permitan alejarme del ser torpe. No puedo quedarme solamente contando estrellas. Necesito vivir interesantemente. Alegremente, regocijarme. Aprendiendo. Y por ello necesito relacionarme con la mayor cantidad de energía viviente. Solaparnos. Compartirnos empáticamente. Alejarnos del querer más y más, de pedir y pedir por el solo hecho de pedir. Por ego. Vamos idealizando el vivir, lo que no significa que lo hagamos inteligentemente. Y si a esto le sumamos el que no somos seres tan simples, tan nosotros mismos, sino que somos una sumatoria de influencias sobre una matriz biológica, y aunque vallamos haciendo de nosotros lo mejor que podamos, solemos entrar en dicotomías íntimas que nos hacen escapar, huir, pero de nosotros mismos. En ese tener, que en realidad es no tener,, en ese relacionarnos en búsqueda del ir descubriendo que nos acerque a algo estable que nos permita poder proyectarnos hacia el futuro con alegría, de una convivencia erótica y platónica, vamos dilacerando y siendo dilacerados. Y a la vez ir reconociéndonos como una multiplicidad de personajes, a veces actores, otras espectadores, y a veces incoherentes. Cada vez que nos miramos en los ojos del otro nos vamos creando. Pero uno de todo se cansa. Y en ese cansancio puede aparecer el darse cuenta, lo que tal vez nos haga ir siendo en el sendero del encuentro y no actores en el de la búsqueda. Los senderos se van encontrando sin buscarlos. Si los buscamos difícilmente los encontraremos. Lo primero implica necesidad interna, y lo segundo, va montado sobre la creencia, que significa ceguera. Tal vez la próxima vez salga a caminar nuevamente solo, esté más receptivo a las cosas importantes que me muestra la vida. Diferente como después de cada orgasmo cuando se hace presente la diversión, el entusiasmo y el querer volver a repetir y mejorar. Y en el mientras tanto, dejarme fluir, tal vez hasta la mesa de un café. En conde ahora el sustituto sea solo el café. Mozo un irlandés por favor... (Aunque sería mejor poder pedir dos). Editado por Miguel Martiz: 10 de agosto de 2008 a las 18:30. Razón: MARTIZ-ASOMADO A LA BUHARDILLA por Martiz |
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| Asomado A La Buhardilla | |||
| ASOMADO A LA BUHARDILLA. Entrando en la búsqueda de lo semejante me suelo enfrentar a lo diferente. Tratando de que me asistan Platón, Aristóteles, Descartes, Freud, Tchaikoysky, Debussy, Lennon, Charly, Shakespeare, Borges, Cortázar, Salvador Dalí, Safo, Aute, Sabina, Silvio, Pablo, Baglieto, Filus y todos eso monstruos que se dejan ver. Pues todos tienen un trasfondo común. Esa búsqueda de relacionarnos con amor, goce, deseo, placer, tratando de no ser abruptos. Terminantes. Sentir mis latidos cerca. Algunos nos alejamos de las moralinas. Pues no siempre natural es igual a normal. No quiero denunciar nada, ni ser un ave de rapiña, porque soy erróneo, falaz. Suelo equivocarme, pero trato de señalar sin injuriar, aunque aparezca como displicente, como multisímico, ( con m y no con n), y otras tantas monástico, estricto, severo, inquisidor, pero afronto las vicisitudes con la peripecia que mi ser amoroso me permite, muchas veces amorosamente erótico, y que me lleva hasta la solitariedad, ese estado en el que uno encuentra el placer de estar con uno. Acompaño a aquellos que viajaron al espacio, me vuelo en la inmensidad de estrellas, y luego regreso a poner mis pies en la tierra. En nuestro jardín que también es maravilloso aunque complicado, y tal vez allí esté lo majestuoso. No podría permanecer allí arriba tanto tiempo. Por incompleto necesito a los que me rodean. Ellos pueden vivir sin mí, no a la inversa. Sabiendo que la intencionalidad es fundamental pues ante un hecho se puede afectar de forma mala, aunque la intención sea buena. O sea, que apelando al mal menor, lo que debería importar es el afecto. No necesariamente buenas intenciones hacen bien. Muchas veces el tirano que llevamos dentro no nos deja hacer uso del libre albedrío. Es muy difícil compatibilizar nuestro universo humano. Decía Pirannello, el luigi, que uno puede ser actor o espectador. Si se elige un rol, se renuncia implícitamente al otro. Por ello, muchas veces me encuentro sentado en la cuneta cordón de la calle viendo pasar la vida, y otras, voy vivenciando, sintiendo que fluyo con ella. Con una escruposalidad sin escrúpulos, que me lleva a poner en palabras los gritos sordos. Gimoteantemente recombinándome. Me interno en la oscuridad del mí mismo y me descubro imperfecto, aunque perfectible. Allí en las alturas, en los valles de vibraciones más armónicas y puras, soy perfecto en soledad, tremenda soledad. Solemos luchar para mostrar lo que somos capaz de hacer y otras, para no mostrar lo que somos capaz de realizar. Algunas veces cariacontecido, mustiamente, como las plantitas que quedaron al Sol de este verano abrumador, otras burbujeantemente vital, como un caballo salvaje de Asia. Esos Mustang esplendorosos. Y si no puedo vaciar mi copa compartiendo con mis congéneres, ¿Cómo crecer interiormente?, ¿Cómo aprender de quién?, ¿Cómo cumplir con la tarea para la que he nacido?. Pero en positivo, aprender aprehendiendo y tratando de trasmitir, no vaciándome, sino quedándome como con una especie de microfilm que ocupen menos lugar en mi mente, y así ganar espacio para ser llenado con lo nuevo. Sin hondas virtudes de interpretación viril, sin interpretaciones críticas que confundan, sin temor a lo rotundo, sin ser solo necesidad de tematizar sobre algo nuevo, (arte que no me asiste), voy reuniendo a diario sensaciones viscerales que me permito y me permitan alejarme del ser torpe. No puedo quedarme solamente contando estrellas. Necesito vivir interesantemente. Alegremente, regocijarme. Aprendiendo. Y por ello necesito relacionarme con la mayor cantidad de energía viviente. Solaparnos. Compartirnos empáticamente. Alejarnos del querer más y más, de pedir y pedir por el solo hecho de pedir. Por ego. Vamos idealizando el vivir, lo que no significa que lo hagamos inteligentemente. Y si a esto le sumamos el que no somos seres tan simples, tan nosotros mismos, sino que somos una sumatoria de influencias sobre una matriz biológica, y aunque vallamos haciendo de nosotros lo mejor que podamos, solemos entrar en dicotomías íntimas que nos hacen escapar, huir, pero de nosotros mismos. En ese tener, que en realidad es no tener,, en ese relacionarnos en búsqueda del ir descubriendo que nos acerque a algo estable que nos permita poder proyectarnos hacia el futuro con alegría, de una convivencia erótica y platónica, vamos dilacerando y siendo dilacerados. Y a la vez ir reconociéndonos como una multiplicidad de personajes, a veces actores, otras espectadores, y a veces incoherentes. Cada vez que nos miramos en los ojos del otro nos vamos creando. Pero uno de todo se cansa. Y en ese cansancio puede aparecer el darse cuenta, lo que tal vez nos haga ir siendo en el sendero del encuentro y no actores en el de la búsqueda. Los senderos se van encontrando sin buscarlos. Si los buscamos difícilmente los encontraremos. Lo primero implica necesidad interna, y lo segundo, va montado sobre la creencia, que significa ceguera. Tal vez la próxima vez salga a caminar nuevamente solo, esté más receptivo a las cosas importantes que me muestra la vida. Diferente como después de cada orgasmo cuando se hace presente la diversión, el entusiasmo y el querer volver a repetir y mejorar. Y en el mientras tanto, dejarme fluir, tal vez hasta la mesa de un café. En conde ahora el sustituto sea solo el café. Mozo un irlandés por favor... (Aunque sería mejor poder pedir dos). |
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| DIVAGUE UNO por MARTIZ | |||
| No soy un anacoreta pero suelo buscar la soledad. Tengo amigos paganos como pilares. A éstos primero me acerqué despacio y luego tuve acceso a ellos. Muchas veces no están conformes conmigo por mi manía de hacer notar lo que creo deberíamos corregir, y es que algunas veces he visto a queridos comerse los mocos y aprendí porque también yo me los he comido. Y la falta de cobertura de necesidades básicas se potencian en virtudes, que a muchos que solo leyeron del moco, les parecen mediocridades. Bendito los de arriba, los de bien arriba, porque no ocupan lugar aquí abajo. Éstos fariseos camuflados bajo el título de señor, sin pudores, impudicia que los enerva cuando se ven desnudados, ninguneados, boicoteados. Soy nimio por excesivo y minucioso, y no por insignificante o muy pequeño. Más que un áspid me siento como un aspidistra, pero si me corren me meteré entre los espinillos donde quedarán enredados sin poder salir. |
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