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Viejo delfina_07_yo dijo: 27.07.09
Este personaje es típico y característico de la Zona Norte, aunque tiene sus ramificaciones en otras localidades del Gran Buenos Aires.
Cual chaman enloquecido, este forro en cuestión cree que si se sienta a dos metros del agua del río, inmediatamente es poseedor de poderes que los demás mortales no comprendemos.
Atrofiado su cerebro de no ponerlo jamás a trabajar, el pelotudo este esta convencido de tener la verdad de la milanesa.
Le apasiona encontrar un grupito de adolescentes en celo para contarle sus exageradas historietas de la vida bohemia que lleva (Obviamente sustentada por un padre que conciente de las limitaciones de su hijo, prefiere mantenerlo antes que ponerlo a trabajar en su empresa y observar como este mandril destruye todo el esfuerzo de su vida) y sorprenderlas con sus sweaters peruanos y barba crecida.

Lo llamativo de esta raza es que en sus principios solo albergaba estupidos sin rumbo en la vida, pero que a través del río, por más loco que suene, habían encontrado la justificación a sus vidas.
Con el paso del tiempo, muchos idiotas en potencia comenzaron a emigrar hacia este decadente bando de la idiotez para nunca más volver. ¿Quiénes eran estos idiotas? Los estudiantes universitarios de buen pasar económico, que confundidos por el contacto del agua entre su jet ski, creyeron que ellos también podrían mamar esta vida bohemia.
¿A que me refiero con esto? A que si bien antes los pelotudos que debíamos tolerar en el río eran habitúes, solo tenían la intención de pasar un buen momento fumándose un porro y no jodian a nadie.
Sin embargo, cuando la ola de personas sin personalidad comenzó a creer en estos poderes del agua, de la noche a la mañana los locales de ropa de Cristóbal Colon comenzaron a poner franquicias hasta en los supermercados chinos.
El problema es el siguiente; los idiotas no supieron dividirse el río.
Por un lado, estaban los famosos hippies conocidos y ya nombrados que Vivian a las orillas de cualquier río.
Pero el problema comenzó cuando los idiotas de buen pasar económico comenzaron a volcarse hacia los deportes acuáticos. Fiel testigo soy de esto ya que muchísimos de mis amigos pasaron de la noche a la mañana a ser amantes del río.
Obviamente, como todo ritual, este tiene sus exigencias:
Hay que tener rastas.
Hay que usar zapatillas de Skater.
Hay que usar buzos grandes que digan “Quicksilver”.
Esta prohibido afeitarse.
Los pantalones deben ser anchos como si fuese a ponérselos María Marta Serralima.
Hay que aprender a saludar con los dedos, digamos a hacer el famoso “Todo Way”.
Hay que pronunciar la palabra “MEN” dos veces por oración.
No se puede trabajar.
Se debe escuchar obligatoriamente a Bob Marley o a Peter Tosh, afirmando haberlos comenzado a escuchar cuando apenas Bob tenia dos meses y lloraba en la cuna.
El Facebook debe estar atiborrado de fotos en el río u en el mar en su defecto.
Esta totalmente prohibido no usar anteojos de sol.
Por más que no te guste, tenes que tomar mate y si es amargo sos más poronga.

Estas son algunas de las indicaciones que uno debe seguir para convertirse en un “Boludito del Río”.
Ahora bien, lo más llamativo de todo, es la integración desesperada de las mujeres a este patético grupo social.
De golpe y porrazo, todas las mujeres hacen surf, kite, o lo que fuese desde los seis años de edad.

No contentas con el papelón infernal que ofrecen todos los veranos en la costa argentina y brasilera, estas mogolicas demenciales, están tan obsesionadas por diferenciarse del resto que han caído de a cantidades locas en la misma bolsa de la estupidez.
Como mosca al sorete, uno puede encontrar en la playa no una, sino mil personas al menos que debido a su vacío existencial, han decidido pertenecer a un grupo, a un deporte, o a una costumbre solo con el fin de ser consideradas chamanes de su grupo social.
Y para que quede bien clarito mi rechazo hacia esta nueva moda, la cual va a durar menos que un turista alemán en la cancha de chacarita, quiero que alguien me explique la sensación loca de estar cerca del río, ya que no puedo creer la experiencia que me estoy perdiendo.
Es agua, nada más. Cada vez que voy al río, me quedo preguntándome por que mierda no compre una botella de agua mineral y me quede en casa observándola.



escrito por :El Bobero

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