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Viejo Santi_Dove dijo: 16.03.11
Hola, no se si alguno de ustedes ha leído el libro El varón domado, por Esther Vilar. Es un libro escrito en 1971 que causó mucha controversia en ese momento, y aún también.
La idea general del libro es que la mujer no es oprimida por el hombre, sino que es ella quien controla al hombre en la relación para su propio beneficio y de lo que muchos hombres ni siquiera se enteran.
Por medio de tácticas a lo largo de la historia, la mujer utilizó al hombre para su propio beneficio, es decir, usó al hombre para que trabaje para ella, y premiando al hombre a treves de elogios y el uso frecuente de su vagina. La mujer no necesita ser inteligente porque su mayor meta en la vida es conseguir un hombre que la mantenga, y trabaje para ella. Las mujeres no buscan en un hombre cualidades físicas determinadas, ni lo considera bello, porque el concepto de belleza es usado solo para el mundo femenino, sino que buscan a una maquina, un especia de robot eficiente que lo gre hacer todo por ella. Otros conceptos resumidos que logré reunir son los siguientes:

Atraer a los hombres con el sexo, usando estrategias de seducción . Como su famosa frase dice:
"Los hombres han sido entrenados y condicionados por las mujeres, no muy diferente de la manera condicionada de Pavlov a sus perros, a convertirse en sus esclavos. Como compensación por sus labores de los hombres se les da uso periódico de la vagina de una mujer."

Use elogios para el control de los hombres por la administración con cuidado.
Estas definiciones tienen un elemento común: exagerar la noción de una niña emocionalmente y físicamente más débil que un niño, y un hombre más fuerte que una mujer. Como resultado, ellos usan esta excusa para dar licencia a una mujer para la construcción de reglas entre los sexos que atienden exclusivamente a sus necesidades sin tener en cuenta las necesidades masculinas.
Nunca se alaba al hombre cuando realiza algo que no es para la mujer, en cambio, cunado realiza una acción en favor de la mujer, es digno de alabanza.

El uso del chantaje emocional como medio de control:

Los niños son desalentados para el llanto, y aprenden a controlar sus conductos lacrimales a una edad muy temprana.
When an event causes a man to cry, it is because the emotional reaction makes it impossible for him to control his tear ducts.
Cuando un acontecimiento hace que un hombre a llorar, es porque la reacción emocional hace que sea imposible para él controlar sus conductos lacrimales
.
Por lo tanto, cuando los hombres ven las emociones extremas en las mujeres, creen que esta emoción es real en lugar de artificial (en calidad / falso).

El hombre ha sido domado desde su infancia, pues fue criado por su madre, minetras su padre trabajaba, y de esta manera la mujer tendrá absoluto control de su hijo, y lo educará para que en un futuro atienda las necesidades de otra mujer. Incluso los conceptos de valentía y caballerosidad fueron inventados por la mujer, pues educa al hombre desde pequeño para que siga estas reglas.
(...)
Tal vez los tiempos cambiaron mucho después de 40 años, pero creo que los conceptos son interesantes, y ojo, no estoy siendo misógino ni dicriminador, solo posteo un tema interesante para discutir, además el libro lo escribió una mujer.

15 Comentarios | Registrate y participá

Viejo capsita dijo: 16.03.11
Todos los conceptos los extrajiste del libro?

Yo no estoy de acuerdo en todo. Es cierto que hay muchas mujeres que no se de que forma controlan/manipulan, etc a "sus hombres", pero tambien sucede al reves.
Mi pensamiento respecto al texto es que lo que se plantea hace mas referencia a una relacion en donde no se si hay tanto amor si no conveniencia..( vos comprame ropa, manteneme, etc... Que yo te doy sexo...)
si es asi, mi postura es que no hay amor, o es un cariño muy superficial.

Respecto al chantaje emocional, hombres y mujeres lo hacemos, no solo a traves de las lagrimas se puede manipular una situacion..

Y la palabra domar.... Horrible...
Creo que es algo que, en general, o la mayoria de las personas esperamos de nuestros hijos/as..
Que sean caballeros, que se comporten como "señoritas", que no existan los maltratos.. Es algo logico para mi punto de vista, mas alla de si sos hombre o mujer...
Que una madre o padre eduque a su hijo/a ( nada de domar....) para que respete, va mas alla del sexo de la otra persona.
No es correcto que el hombre maltrate pero por ser mujer tampoco tiene derecho a hacerlo.

Los tiempos como dijiste, cambiaron mucho, y esta sociedad en la que vivimos no es la mejor, a mi parecer.
Creo que esta en nosotros mejorarla, e intentar darle a nuestros hijos un buen futuro, y respetar a nuestro pares, para asi ser respetados tambien..
Viejo scrub dijo: 16.03.11
La genética supera a lo social.
Lee "El gen egoísta".
Si se quiere, la mujer busca a un hombre "máquina" superior que pueda asegurar el linaje, pero lo busca inconscientemente en un gran porcentaje.
Viejo lunie dijo: 16.03.11
Como si fuera poco con el machismo que hubo y todavía está, leer este tipo de cosas, es lo único que me molesta debo admitir, no sólo me parece una exageración, que suena a teoría conspirativa.. sino que es injusto.
Hay un montón de cosas que eso dice que entonces también son reprochables para el hombre podríamos decir, un ejemplo choto ellos tienen que ser `caballeros` pero nosotras `señoritas`, modositas, y más en ese entonces en 1971 peor, me parece cualquiera.
Algunas cosas pueden ser parcialmente ciertas o dan para pensar, pero en sí me parece injusto y exagerado.
Y si nos agarramos de que el libro lo escribió una mujer, bue, hay muchas mujeres que dicen muchas pavadas o tienen el machismo y el sexismo tan metido en la cabeza que lo terminan siendo.

Editado por lunie: 16.03.11 a las 20:52
Viejo [ ZaLoo..xD ] dijo: 17.03.11
Originalmente publicado por scrub Ver mensaje
La genética supera a lo social.
Lee "El gen egoísta".
Si se quiere, la mujer busca a un hombre "máquina" superior que pueda asegurar el linaje, pero lo busca inconscientemente en un gran porcentaje.
En realidad, lo social también determina a la genética. Es un ida y vuelta permanente. En la evolución, no hay un factor que sea superior al otro.

Por lo demás, estoy de acuerdo con vos acerca de la búsqueda de la mujer por un hombre fuerte para asegurar su linaje.

El hombre humano está determinado para crear afinidades con mujeres fértiles relacionadas a su imagen, las minas lindas. Por otro lado, las mujeres tienen determinación en conseguir parejas masculinas que posean poder en sus círculos sociales y monetarios.
Por eso es común que las minas antes de una cita se arreglen tanto, para mejorar su imagen que atrae al hombre. Y el hombre suele alardear de todas las actividades que hace en su cotidianeidad frente a otras personas, para atraer hembras con su poderío.

Igual, lo que nuestros cuerpos poseen en instintos genéticos, no es toda la historia. La sociedad marca y desmarca, moldea nuestros comportamientos evitando que lo que mencioné sea una ley del comportamiento humano, pues no lo es. Son probabilidades grandes en la búsqueda de pareja. Sino lo genético no hubiera variado desde el primer homo sapiens sapiens en la tierra. Debido a las sociedades, se notan diferentes patrones de búsqueda de mujeres y hombres como aseguradores del linaje en las diferentes culturas.
Viejo Santi_Dove dijo: 17.03.11
Acá les van mas extractos del libro:

De vez en cuando un varón particularmente crítico se atreve a decir que las
mujeres no tienen dignidad, por la imprudencia con que exhiben su ignorancia
en todos los campos del saber. Pero al criticarlas así ese varón olvida que él
mismo debe al amaestramiento femenino sus propios conceptos de honor,
orgullo, dignidad humana, etc. Que él mismo es honorable, orgulloso,
caballeroso gracias a que lo amaestró una mujer. Y que esas cualidades que
constituyen su
virilidad y que tanto lo enorgullecen están tanto más sólidamente

Despreciando todo lo que ella hace, la mujer empuja al hombre a cargar con
todo lo demás, o sea, con todo lo que a ella no le divierte (la mujer preexiste,
como madre, al varón, y ha realizado ya todas sus elecciones). El varón se
siente desgraciado e inútil cuando tiene que realizar «faena de mujeres».
Muchos hombres llegan al extremo de fingir gran torpeza al realizar algún
trabajo doméstico, porque las mujeres celebrarán su intencionada incapacidad,
tan «viril». El varón que se cose un botón no es un hombre «de verdad». Y si
llega a la extremosidad de manejar el aspirador, es que tiene algo decididamente
raro... Esos argumentos y otros análogos sirven para puerilizar al varón (que se
siente capaz de cualquier cosa, excepto de hacerse una sopa) y le impulsan a
dejarse echar sin resistencia del lugar de trabajo menos exigente del mundo.
Sólo cuando ha rebasado un determinado estadio de su doma puede ser utilizado
sin peligro, como ayudante, para ciertos trabajos domésticos (en el curso de los
cuales tiene que obedecer, desde luego, estrictamente las instrucciones de la
mujer, puesto que él no entiende de eso). El varón tendrá siempre la sensación
de que esas tareas son deshonrosas, y no llegará nunca a darse cuenta de lo
agradables que son en comparación con su propio trabajo.
Le basta a una mujer con suspirar que, «por ser mujer», no está a la altura de
tal o cual trabajo para eximirse efectivamente del que sea. Cuando, por ejemplo,
desliza en una conversación -a poder ser con testigos- que su marido conduce
mucho mejor que ella, ya puede disponer de chofer vitalicio, sin más que esa
simple observación (las autopistas y carreteras abundan en mujeres con maridochofer).
Cuando una mujer dice que, «por ser mujer», no puede ir sola a un
determinado local (teatro, sala de conciertos), lo que no puede es dar una sola
explicación razonable de ello -pues las mujeres son atendidas en los restaurantes
tan bien o tan mal como los varones, y para no ser «molestadas», como ellas
dicen, les basta con no vestirse provocativamente-, pero esa confesión le vale un
lacayo que la llevará, como si fuera un estadista extranjero, de la puerta de su
casa a la del local o restaurante, le conquistará una mesa, le compondrá la
minuta, la entretendrá y al final le pagará la cuenta. También suele confesar la
mujer que no entiende nada de política, que, desgraciadamente, la mujer es
demasiado tonta para la política: basta eso para que un varón se ponga a estudiar
para ella periódicos y revistas políticas, soporte largas discusiones televisadas,
sopese los varios argumentos de otros varones y acabe llevándole para el día de
las elecciones una opinión lista y consumada.
arraigadas en su carácter cuanto más intensamente le sometió la mujer a su
doma. Él por sí mismo no ha hecho nada por conseguirlas.
Lenguaje cifrado:
Traducción:

Un hombre tiene que ser capaz de protegerme
Un hombre tiene que ser capaz de protegerme de todas las incomodidades. (¿Y de qué iba a
protegerla, si no? ¿de los bandidos del desierto? ¿De la guerra atómica?)
Quiero sentirme tranquila y cobijada junto a un hombre.
Quiero que no me moleste por nada del mundo con preocupaciones económicas.
Un hombre tiene que ser superior a mí.
Para que yo lo tenga en cuenta, un hombre tiene que ser más inteligente, más responsable, más
valiente, más fuerte, más trabajador que yo. Si no, ¿para que me iba a servir?
Si mi marido me lo pidiera, renunciaría a mi profesión sin vacilar.
En cuanto mi marido gane bastante dinero, dejo de trabajar.
Lo único que deseo es hacerlo feliz.
Me esforzaré lo posible para que nunca descubra cómo me aprovecho de él
.

Estoy dispuesta a descargarle de todas las preocupaciones mezquinas.
Haré lo imposible para que no se distraiga de su trabajo.
No quiero vivir sino para él.
Este que tengo tendrá que trabajar sólo para mí.
No viviré ya, más que para mi familia.
Nunca más en la vida volveré a trabajar, que se las arregle él
.

No me interesa para nada la emancipación de la mujer.
¡Como si fuera idiota! ¡Que él trabaje para mí!. ¡Es su obligación!.
¡A pesar de todo, vivimos en la época de la igualdad ante la ley!
¡Que no se crea que por ganar el dinero, el decide!
Para estas cosas soy muy torpe.
Este trabajo me lo tiene que hacer él. ¿para que está?
Mi marido sabe de todo.
Lo uso para todo, y lo puedo aprovechar como diccionario.
Cuando dos se quieren de verdad, no necesitan la bendición desde el primer día.
Todavía se resiste un poco, pero en la cama lo convenzo.


Hay muchas formas y muchas variantes en los métodos femeninos de doma,
y nos llevaría demasiado lejos el intentar aludir a todas ellas. Sólo distinguiremos
dos variantes más con una consideración algo más detallada: el método de
los «buenos modales» masculinos y el que tiene por objeto la represión de las
emociones masculinas.
Todo varón que quiera tener éxito con las mujeres (¿y qué varón no lo
quiere?) ha de exhibir, de serle posible, además de inteligencia, ambición,
aplicación, tenacidad, una calificación más: ha de saber cómo se tiene uno que
comportar en presencia de mujeres. Hay para ello unas normas precisas
inventadas por las mujeres: los buenos modales o buenas maneras. Este código
dice que todo varón que se respete ha de tratar en todo momento a toda mujer
como a una reina, y que, a la inversa, toda mujer que se respete ha de facilitar al
varón la ocasión de que la trate como a una reina.
Es cierto que bastará que un varón sea rico para que una mujer se case con
él. Pero si ella tiene la posibilidad de elegir entre un hombre rico de malos
modales y un hombre no menos rico de buenas maneras, preferirá naturalmente
este último. Pues el dominio de las normas de la buena conducta es para ella la
garantía de que aquel varón ha asimilado el valor ideal de la mujer -gracias a
esa serie adicional de normas de conducta- de un modo tan interiorizado que no
lo pondrá en duda ni siquiera cuando, al cabo de algunos años, ella sea mucho
menos atractiva para él. Los psicólogos dicen que la risa provoca alegría o que
la fe viene rezando. Eso es verdad, pero sólo respecto de los varones: tratan a
las mujeres como a seres superiores y éstas acaban siendo para ellos seres superiores.
Las mujeres, en cambio, distinguen mucho mejor entre la realidad y el
teatro.
Los «buenos modales» no son formas de condicionamiento arraigadas en la
psique profunda, como las demás operaciones de amaestramiento. Se enseñan
relativamente tarde a los niños, y por eso es fácil descubrir su carácter de
medidas de explotación femenina. Sorprende que trucos tan viejos puedan
seguir siendo eficaces hoy día.
Hace falta, por ejemplo, mucha cara dura a la madre que imparte a su hijo
recién salido del bachillerato los consejos siguientes, con ocasión de su primera
salida al teatro con una joven distinguida: «...paga
s el taxi, te bajas, das la vuelta
al taxi, abres la otra puerta y ayudas a la señorita a apearse... la conduces por la
escalinata dándole el brazo o, si no hay sitio suficiente, subiendo tú detrás de
ella, por si resbala... ábrele las puertas... Ayúdale a quitarse el abrigo... lleva el
abrigo a guardarropía y compra un programa para ella... al ir hacia la localidad
ve tú delante de ella abriéndole camino, y en el descanso llévale algo... »
Etcétera. A lo cual hay que añadir que ya por sí mismo el teatro es una tortura
para el varón, porque es un género artístico superado y porque prácticamente
todas las obras representadas (como la mayor parte de la «vida cultural» en
general) están cortadas a la medida del nivel intelectual de la mujer. El varón
podría sospechar que tanto él mismo, que acompaña a la mujer, como toda la
procesión de lacayos desde el administrador hasta los actores pasando por los
directores, no están en el teatro más que para facilitar a esa mujer y a toda su
banda un lugar en el que ellas puedan celebrar sus estúpidas orgías, consistentes
en exhibirse unas a otras sus grotescos disfraces ante el telón de fondo de los
caballeros vestidos de negro.
El aspecto más frívolo de los «buenos modales» consiste en que imponen al
varón el
papel de protector. La cosa empieza muy inocentemente, subiendo
escalinatas detrás de la mujer, cediéndole la parte interior de la acera, y termina
con la llamada a filas y, en su caso, la guerra. Hay, pues, una de esas normas de
conducta que dice: «Si la situación lo exige, el varón tiene que proteger a la
mujer de cualquier incomodidad incluso al precio de su vida.» En cuanto llega a
la edad requerida, el varón obedece a esa regla sin pensarlo siquiera: la doma ha
concluido mucho tiempo antes, de modo que en una catástrofe empezará por
salvar a las mujeres y a los niños, y luego pensará en sí mismo. Aunque le
cueste la vida.



La libido femenina
La sexualidad femenina desconcierta al varón. Pues en la mujer es difícil
comprobar la excitación sexual y el orgasmo, muy a diferencia de lo que ocurre
con el varón. Por eso los varones se encuentran sustancialmente limitados en
sus averiguaciones a las informaciones que las mujeres les facilitan
voluntariamente. Y como la mujer no tiene el menor interés por resultados
científicamente exactos, sino que sólo piensa en el beneficio inmediato, dirá
siempre exactamente lo que le parezca oportuno en tal o cual situación. Por eso
las numerosas investigaciones realizadas -por ejemplo, sobre la frigidez de la
mujer, sobre su capacidad de gozar en el acto sexual, sobre si tiene un orgasmo
comparable con el del varón- han llegado a resultados literalmente
contrapuestos (digamos de paso que ni siquiera Masters & Johnson se
enfrentaron con la mujer media). Por eso el varón oscila entre la suposición de
que la mujer no tiene impulso sexual alguno y que en ella todo es comedia y el
temor de que, en realidad, sea sexualmente mucho más potente que él (y no se
lo diga por compasión). Intenta llegar a conclusiones seguras elaborando
preguntas y cuestionarios nuevos cada vez y cada vez más sutiles, esperando
con toda naturalidad que las mujeres los vayan cumplimentando
concienzudamente por servir a la elevada causa. Pero esa expectativa es
engañosa.
La verdad anda, presumiblemente, más o menos por en medio: las mujeres
no tienen, en verdad, ninguna necesidad furiosa de satisfacción sexual (si la
tuvieran, habría mucha más prostitución masculina); pero, por otra parte,
tampoco les molesta el acto sexual, como muchos afirman.
La mujer existe en un plano animalesco : le gusta comer, le gusta beber, le gusta
dormir, y también le gusta el sexo, siempre que no pierda por él nada mejor y
que no le cueste demasiado cansancio. A diferencia del varón, no cargaría con
esfuerzos y contratiempos por llevarse la pareja a la cama; pero si ya lo tiene en
ella, no tiene en modo alguno inhibiciones o antipatía al acto sexual, siempre
que el varón asuma el papel activo y que ella misma no estuviera preparando
una de sus grandes acciones cosméticas o esperando un programa televisivo de
su gusto. Pues la bonita calificación de «activo» para el papel masculino y de
«pasivo» para el femenino no puede ocultar el hecho de que hasta en la cama -
como en cualquier otra esfera de la vida- la mujer hace que el varón la sirva. El
acto sexual, aunque procure placer al varón, no es, en última instancia, más que
un servicio prestado a la mujer, y el mejor amante es el varón que procura gusto
a la mujer del modo más hábil, inmediato y duradero.
Los hombres han sospechado -por lo menos- desde siempre que son ellos,
propiamente, los objetos de abuso en el acto sexual; por eso han tenido siempre
cierto miedo a la libido femenina. Ese miedo se encuentra en muchos ritos de
las culturas antiguas, en las obras filosóficas de Schopenhauer y de Nietzsche,
en las novelas de Balzac y Montherlant, en los dramas de Strindberg, Tennessee
Williams y O’Neill. Pero el miedo ha alcanzado formas ya histéricas al
inventarse el control de la natalidad mediante inhibidores de la ovulación -
mediante la píldora por excelencia-. Han aparecido ya libros enteros acerca de
si y hasta qué punto ha de temer sexualmente el varón a la mujer, y ramas
enteras de la publicística viven de vender a los varones consejos para conseguir
un papel superior en el trato sexual.
Pues con el invento de la inhibición farmacológica del embarazo el varón
(que es, naturalmente, el que ha inventado la cosa) ha arrojado el único as que le
quedaba: pese a toda su dependencia sexual; la mujer estaba en este punto a su
merced. Pero ahora es ella superior incluso en esto: puede tener los hijos que
quiera, cuando quiera y de quien quiera (o sea: del más rico), y puede practicar
el acto sexual cuantas veces le parezca conveniente para ella, aunque no abrigue
ninguna intención reproductora.
El fallo sexual es para el varón fallo total (hasta el punto de que, aunque sea
un científico brillante, ya no volverá a ser feliz).
La mujer lo sabe y distingue en ello varias posibilidades de aprovecharse:
a) Puede fingir que no sabe que su hombre es de escasa potencia, y
elogiarle por ella (éste es probablemente el método más utilizado).
b) Puede convencer al varón de que su escaso rendimiento sexual es un
grave inconveniente, y de que tiene que considerarse muy afortunado por
el hecho de que, a pesar de eso, ella no le abandone.
c) Puede amenazarle con ponerle públicamente en ridículo si no se
esclaviza suficientemente a ella. Y como el varón se reconoce más
gustosamente ladrón u homicida que impotente, se inclinará
siempre y hará lo que ella le exija.
Lo potencia sexual masculina depende de factores psíquicos en mayor
medida todavía que cualquier otra función somática: por eso una vez que tiene
la primera inhibición, se sume progresivamente en dificultades cada vez
mayores de su potencia. Entonces le exaspera el temor de no necesitar ya a la
mujer, pues, a causa de la doma de que ha sido objeto, identifica esa dependencia
con la virilidad. Hay que darse cuenta de lo absurda que es esta
situación: el varón hace a partir de este momento todo la imaginable para
conservar su dependencia de la mujer. Hace ya mucho tiempo que los
afrodisíacos -antiguamente vendidos bajo mano y preparados por charlatanesse
han hecho
fashionable y convertido en bestsellers de la industria farmacéutica.
Hasta en revistas de alta cultura se acumulan los artículos sobre
dificultades del coito, y los chistes «sólo para caballeros» -nacidos, como se
sabe, del temor masculino a la castración- están en su más alta coyuntura, pese
al poco chiste que suelen tener. Es seguro que el varón no se compra por gusto
las numerosas revistas pornográficas que viven de él -pues el varón se divertiría
mucho más en otros planos-, sino por la desesperada esperanza de que esos
intensos estímulos le mantengan siempre en forma, a la altura de su mito de la
virilidad.

Con todo eso sigue siendo víctima de su costumbre de aplicar sus propios
criterios a la estimación de la mujer. Ahora cree que, como la mujer cuenta con
un método anticonceptivo seguro, no va a tener más obsesión que la de
recuperar todo lo perdido y dedicarse exclusivamente a lo que él mismo -por la
eficacia de su doma- considera el más alto de todos los placeres, el sexo. Error
evidente. El sexo es, desde luego, un placer para las mujeres, pero no el mayor.
La satisfacción que produce a la mujer un orgasmo se encuentra en su escala de
valores muy por debajo de la que le procura, por ejemplo, una
cocktail-party o

la compra de un par de botas acharoladas de color calabaza.
Es, pues, absurdo el temor que tienen los varones a ser superados
sexualmente, o hasta físicamente debilitados, por la reciente libertad que la
mujer ha ganado con los anticonceptivos. Una mujer no pondrá nunca al
hombre que la alimenta tan fuera de combate que no pueda presentarse
puntualmente a la mañana siguiente en su puesto de trabajo. ¿Cómo va a aceptar
riesgos en este punto? La amada más fogosa limitará inmediatamente el
comercio sexual con su hombre a una medida exenta de riesgos en cuanto que
las agitadas noches inflijan a aquél el menor perjuicio en su carrera profesional.
Se puede decir que las mujeres ninfómanas existen casi exclusivamente en el
cine y en el teatro. El público tiene curiosidad de ellas precisamente porque son
muy escasas en la vida (por la misma razón son tantas las películas y novelas
que tratan de gentes riquísimas, cuya proporción en la población total es muy
baja).
Las mujeres se interesan -cuando se interesan por la potencia masculina
principalmente por razón de los hijos que quieren tener. La mujer necesita hijos
-como veremos más adelante- para poder realizar sus planes. Es de presumir
que muchas mujeres se alegrarían de que la potencia sexual de su marido se
agotara tras haber engendrado dos o tres niños. Esto le evitaría una enorme
cantidad de pequeñas complicaciones.
Que la importancia que da la mujer a la capacidad física del varón es escasa lo
prueba, finalmente, el hecho de que los varones que ganan o tienen mucho dinero
se pueden volver a casar y seguir casados con toda normalidad cuando ya
son impotentes (en cambio, es casi imposible imaginarse que una mujer sin
vagina tuviera posibilidad alguna de casarse con un hombre de predisposiciones
normales).

Viejo Thelperion dijo: 17.03.11
En la mayoria de las relaciones hay uno q se deja dominar, no solo pasa con mujeres sobre hombres.
Tambien esta la opcion de ser soltero y no hinchas las bolas con libros asi de.... poco utiles.
Iba a utilizar una expresion mucho menos feliz.
Viejo lunie dijo: 17.03.11
Pero no leas más ese libro! Es obsoleto y del año del pedo! Jaja dice unas burradas abismales y habla de mujeres como si hablara de seres inferiores conspiradores interesados.. me hace acordar a la biblia en algunos pasajes
Saludos
Viejo NIИ dijo: 18.03.11
Empecemos por decir que la tipa estudio: Medicina, Psicologia y Sociologia. O sea, no estamos ante una mina con alguna suerte de habilidad literaria, que un dia volco sus fantasias en un libro. Se puede apreciar un analisis de la conducta de algunos hombres, y tambien como aplica la logica y el sentido comun.

Ahora, supuestamente a la mina la amenzaron de muerte y demas cosas por haber escrito ese libro. Esta es una de las cosas que la mina dijo mas de 20 años despues:

"No me había imaginado el aislamiento en el que me encontraría después de escribir este libro. Tampoco había previsto las consecuencias que traería incluso para mi vida privada, las amenazas violentas todavía no acabaron al día de la fecha."

Sí es un libro controversial, pero tambien es el primer libro que escribe la mina y que apesar de todas las amenazas y demas, la hizo conocida, por lo que tambien me arriesgo a decir que la mina si sabia que iba levantar revuelo, es decir, logro su cometido.

Yo creo, que la mina no puso en practica lo que escribio en ese libro, muchos conceptos tienen como fuente la psicologia, por ejemplo cuando dice que el hombre aprendio a ser orgulloso, caballeroso y demas, gracias a su madre porque esta le enseño esos valores. Y asi como ese, hay muchos ejemplos mas, ella da por sentadas muchas cosas, por eso digo que la mina se baso solo en teoria, y no me puedo tomar en serio lo que dice.
Viejo scrub dijo: 18.03.11
Originalmente publicado por [ ZaLoo..XD ] Ver mensaje
En realidad, lo social también determina a la genética. Es un ida y vuelta permanente. En la evolución, no hay un factor que sea superior al otro.

Por lo demás, estoy de acuerdo con vos acerca de la búsqueda de la mujer por un hombre fuerte para asegurar su linaje.

El hombre humano está determinado para crear afinidades con mujeres fértiles relacionadas a su imagen, las minas lindas. Por otro lado, las mujeres tienen determinación en conseguir parejas masculinas que posean poder en sus círculos sociales y monetarios.
Por eso es común que las minas antes de una cita se arreglen tanto, para mejorar su imagen que atrae al hombre. Y el hombre suele alardear de todas las actividades que hace en su cotidianeidad frente a otras personas, para atraer hembras con su poderío.

Igual, lo que nuestros cuerpos poseen en instintos genéticos, no es toda la historia. La sociedad marca y desmarca, moldea nuestros comportamientos evitando que lo que mencioné sea una ley del comportamiento humano, pues no lo es. Son probabilidades grandes en la búsqueda de pareja. Sino lo genético no hubiera variado desde el primer homo sapiens sapiens en la tierra. Debido a las sociedades, se notan diferentes patrones de búsqueda de mujeres y hombres como aseguradores del linaje en las diferentes culturas.
A mi me parece que es al revés, que la genética te amolda a vos socialmente. Osea, un evento social no te puede cambiar los genes o el ADN.
En el post anterior dije "en un gran porcentaje" porque es obvio que lo social abarca una gran parte; osea, la represión que tuvo la mujer tantos años y la forma de conquistar al macho no es más que "social". Pero a su vez, el hombre elije a aquella que sigue una forma particular, osea el ancho de las caderas, aunque indistinguible, sigue estando de forma inconsciente por ejemplo.
Bueno, y muchas cosas más. Fijate si encontrás algo de info del libro es muy interesante.

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